Mostrando las entradas con la etiqueta Paz. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Paz. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de junio de 2024

Justicia balurda a la medida del criminal

Luis Guillermo Echeverri Vélez

Sin respeto a la dignidad de las víctimas jamás habrá justicia en Colombia. Amnistiar criminales de lesa humanidad tiene un insostenible costo social y jurídico, que se multiplica cuando la impunidad incluye llevarlos al parlamento y la presidencia de un país.

No habrá paz en Colombia mientras nuestro nivel cultural y educativo, y nuestra actitud indiferente frente a la violencia causada por el crimen organizado nos lleve a que algunas actuaciones de una justicia ideologizada se confeccionen a la medida del criminal, y sigamos victimizando a los delincuentes.

La cooperación nórdica ha terminado auspiciando el laboratorio social desde el cual se propaga el mensaje publicitario de la revolución y se promueve el amancebamiento de la izquierda con toda suerte de organizaciones criminales que se valen del terrorismo y de la comisión de delitos de lesa humanidad, para debilitar nuestros Estados y sociedades.

En política no hay casualidades. ¿Qué tan contaminada está nuestra administración de justicia de la ideología mamerta y de los mecanismos para encubrir criminales, que malversan recursos de la cooperación europea?

Viajó el mandatario a Europa, con la mentira de ir como líder regional a una conferencia de paz donde su militancia revolucionaria y su promoción del terrorismo no serían bienvenidas. Fue a Suecia, acompañado por grandes grupos empresariales que avalaron social y políticamente una misión revolucionaria en favor de un narcoterrorismo sanguinario, para buscar la complacencia de los mercaderes ideológicos que administran aquella gélida guarida de delincuentes subsidiados.

El viaje tuvo varios objetivos: invertir la realidad de la historia colombiana, ofrecer la compra de aviones Saab Gripen, traer los niños mutilados de Gaza al hospital militar, y promover que saquen al ELN de la lista de organizaciones terroristas internacionales, para poder esparcir su psicodélica utopía de “narco-paz total”. Quizás en búsqueda de comprar una nominación al premio Nobel de Paz.

Hace 42 años la ORP (Organización Revolucionaria del Pueblo) un movimiento terrorista urbano, financió con recursos nórdicos para la ANUC (Asociación Nacional de Usuarios Campesinos), el secuestro y asesinato de Gloria Lara de Echeverri, quien fue concejal de Bogotá, embajadora en la ONU, querida por todas las acciones comunales y las comunidades indígenas del país. Una verdadera líder social, que entonces era la directora nacional de la oficina de desarrollo de la comunidad Digidec, hija del empresario secuestrado y asesinado Oliverio Lara Borrero, y esposa de Héctor Echeverri Correa, presidente del Senado.

Este caso sigue impune jamás ha sido reconocido por el Estado colombiano como crimen de lesa humanidad. Los llamados a juicio como secuestradores y asesinos eran dirigentes de la ANUC y militantes del MNDP o DP (Movimiento Nacional Democrático Popular) y de su núcleo ideológico la ORP. Participaron como activistas en la campaña de Luis Carlos Galán, y consiguieron huir de la justicia colombiana cuando apelaron a su primer llamamiento a juicio en 1983, ayudados por la Embajada de Francia y el gobierno de la paz de Betancur y amparados por una gran campaña mediática a su favor que encabezaron, Galán, Enrique Santos, El Tiempo, TV-Hoy, 360 Grados, Semana, El Espacio y el Bogotano.

Mis tíos, Héctor y Gloria dedicaron gran parte de su vida y de sus recursos personales a hacer trabajo social en los barrios de Bogotá y en muchas comunidades necesitadas del país, llevándole a la gente salud y todo un abanico de ayudas que el Estado no les proveía.

Las pruebas efectuadas por la justicia indican que el objetivo político de la ORP era demostrar su capacidad para perpetrar acciones violentas, con el secuestro y asesinato de una verdadera y reconocida líder social, madre y esposa, que representaba la alta clase económica del país, para ganar reconocimiento, espacios y credibilidad ante el Partido Comunista Colombiano y las grandes organizaciones revolucionarias y guerrilleras que tanto han azotado con violencia al país.

Después de 42 años la familia sigue esperando justicia, y los imputados por secuestro y asesinato siguen ayudados por la mano invisible que financia la ideología revolucionaria; luego de confesiones, de una sentencia condenatoria, 14 procesos judiciales y varias solicitudes de la procuraduría, lograron que el caso prescribiera en 1998, y que no se considerara un crimen de lesa humanidad por la Corte Suprema en 2012.

¿Puede responder el Estado, por qué sí fue considerado crimen de lesa humanidad el secuestro y asesinato de José Raquel Mercado y el de Gloria Lara prescribió? Y ¿por qué el mandatario fue a Suecia a defender en una de sus alocuciones a quienes fueron señalados como secuestradores y asesinos de Gloria Lara y acusar a la familia de ese magnicidio y cobarde feminicidio?

viernes, 3 de noviembre de 2023

Todo tiene su tiempo

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.

En estos días, entrado a fondo el conflicto en Oriente Medio, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha rechazado cualquier posibilidad de un alto al fuego por considerarlo una derrota inaceptable ante Hamás, el grupo terrorista que propició la barbarie que estamos presenciando. Citando el texto bíblico de Eclesiastés 3, 8 ha recordado al mundo que hay tiempo para la guerra y tiempo para la paz” y que ahora es tiempo de guerra.

A este hombre nacido en Tel Aviv en 1949 se le nota que no vivió en carne propia el holocausto nazi, que no sabe lo que es vivir odiado, errante y perseguido por todo el mundo y que desconoce la trágica historia de sus antepasados, esclavizados en Egipto, desterrados en Babilonia, avasallados por persas, griegos y romanos, colonizados y maltratados por los grandes imperios y casi desaparecidos en la Segunda Guerra Mundial por un demente que juró eliminarlos de la faz de la tierra. No ha citado la ley del talión, pero la practica muy bien: “ojo por ojo, diente por diente”.

Los textos sagrados para judíos y musulmanes, Biblia y Corán, dan para todo y son citados según conveniencias e intereses en juego. Entendida de esta manera, se convierte así la religión, nuevamente, en promotora de conflictos, derramamiento de sangre y muerte: ¡qué desgracia!

Creo que el ser humano, nunca como ahora, ha logrado un progreso científico de manera exponencial. Nunca había demostrado tanta evolución y desarrollo y, a la par, nunca había sido tan rastrero y se había comportado tan estúpidamente. Increíble. Esa condición nuestra de la que hace poco hablaba en este espacio, es paradójica, contradictoria, incoherente, desconcertante. No aprendemos las lecciones históricas de la vida, pronto olvidamos el pasado, recurrentemente nos equivocamos, reincidimos en nuestros errores, nos negamos a la sensatez y la cordura.

Lo que hizo Hamas fue abominable y debe ser rechazado totalmente. Sin embargo, no fue gratuito: fue la respuesta violenta a otra violencia sistemática aplicada contra el pueblo palestino por décadas. La espiral de odio, venganza y muerte ahora encuentra nueva justificación para exacerbarse de lado y lado. La consigna mutua es exterminarse y no parar hasta lograrlo. ¿A dónde nos va a llevar esta locura?

La ONU nació en 1948, concluida la guerra que cobró 60 millones de muertos, entre ellos 6 millones de judíos, como un anhelo humano de construir un mundo mejor, donde todos tengamos cabida y nos miremos con respeto. No ha sido posible. Las pasiones humanas, los egos ensoberbecidos, la voracidad del querer tenerlo todo, la insaciabilidad del pretender dominarlo todo, nos conduce de nuevo a otra debacle. Tan inteligentes y tan brutos.

Es verdad, todo tiene su tiempo, pero ojalá estos fueran tiempos de paz, de perdón, de reconciliación, de amor… ¿Será que algún día lo lograremos?

viernes, 10 de septiembre de 2021

Verdad que podemos

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.*

Está concluyendo la 34ª Semana por la Paz, esa iniciativa que surgió como jornada bandera del Programa por la Paz de la Compañía de Jesús y que desde el comienzo contó con el apoyo de múltiples organizaciones de la sociedad civil. El dinero recaudado por la colonial joya de arte conocida como “la lechuga” se destinó enteramente a ese propósito y sus réditos le siguen apostando al deseo tan generalizado como desgastado de querer contar muy pronto y por fin con tan anhelado objetivo.

No es fácil. Como el pueblo del antiguo testamento, somos un pueblo de dura cerviz. No han sido suficientes los cientos de miles de muertos que han quedado tendidos en nuestros campos y ciudades y que han teñido de rojo nuestro suelo al punto de invertir simbólicamente el tricolor patrio para expresar qué tanto estamos patas arriba por el trastoque de valores.

Las heridas han sido muy profundas de lado y lado. Todas, producto de la inequidad y la injusticia en la que hemos estado sumidos por décadas y que ahora y de otro modo se manifiesta con la radical polarización política. El pueblo ha sido siempre el que pone los muertos. Los asesinos de rojo o azul, guerrilleros o paras, de izquierda o de derecha, sin excepción, menguan nuestra población y frustran nuestra esperanza.

De verdad que podemos. El asunto honestamente es si queremos. Porque querer es poder, pero pareciéramos no estar dispuestos a dar el brazo a torcer. Cada uno cree tener la verdad cuando en realidad posee una parte de LA verdad. Atrincherados en nuestras posiciones ideológicas, atornillados a nuestras convicciones, apoltronados en nuestros sentimientos más que en la razón, seguimos estancados y patinando en una guerra fratricida de nunca acabar.

La Comisión para el esclarecimiento de la verdad, se ha encontrado con esa cruda realidad. Cada expresidente, cada actor protagonista de ese conflicto, del bando que fuere, cuenta su verdad, pero ¿Cuál es LA verdad? Porque el asunto sería exponerla sin tapujos ni mentiras, con auténtica transparencia, pero parece que no, que sigue habiendo cartas debajo de la mesa, ases bajo la manga, oportunismos políticos electoreros, tajadas gananciosas por sacar, goles olímpicos por meter. Cualquiera que sea su conclusión será juzgada por sesgada, se dirá que está mediada por intereses oscuros porque, como bien dijo El Maestro de Nazaret, los hijos de la noche y de las tinieblas son más astutos y sagaces que los hijos de la luz y del día y hay muchos intereses creados para sostener indefinidamente el lucrativo negocio de la guerra.

Verdad que podemos. Seguramente moriremos anhelando un mejor mañana para todos, un mañana que no será mejor porque ganó el más fuerte de uno u otro lado, sino porque se impuso la verdad, la justicia inmaculada que no prostituida. ¿Y cuándo será eso? El día que se nos dé la gana, el día que queramos de verdad la paz. ¿Verdad que podemos?

martes, 28 de mayo de 2019

De cara al porvenir: 200 años de frustraciones


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
En el año del Bicentenario, la reflexión debería centrarse en sí hemos aprovechado o no estos 200 años para construir la sociedad que queremos en todos los órdenes, valorar lo alcanzado, y reconocer los fracasos para no volverlos a cometer.

Sea lo primero, aceptar que cuando dimos el Grito de Independencia por allá en 1810, no teníamos ninguna propuesta concreta de qué hacer con la presumida independencia alcanzada, y como era obvio, la Monarquía nos cogió con los calzones en la mano, y en medio de 6 años de “Patria Boba”, nos reconquistaron Sámano y Morillo, y nos dejaron peor de como estábamos.

Esto sirvió para que Bolívar iniciara la Campaña Libertadora, respaldada en su propia cosmovisión y después de derrotas y victorias, logramos la tan anhelada Independencia el 7 de agosto de 1819, fecha en la que se hicieron evidentes las posturas divergentes de Bolívar y Santander, de cómo organizar la nueva República, lo que nos impidió tener un proyecto nacional único que nos sirviera de punto de partida, hecho que, entre otras cosas, no ha sido superado hasta el presente.

Otro hecho frustrante es haber tenido en estos 200 años cerca de docena y media de Constituciones Políticas, sin que ninguna haya podido cimentar las bases de convivencia y de ciudadanía que se requieren para poder vivir en comunidad.

El hecho de que hayamos tenido caudillos más que verdaderos líderes, es una circunstancia frustrante y desafortunada.

La pérdida de Panamá y de cerca de 300.000 kilómetros cuadrados de territorio nacional con los vecinos, en este período, producto de la acción, de la omisión o de la corruptela, es otro hecho que no solo resulta frustrante, sino, además, imperdonable.

Nuestra relación consuetudinariamente sumisa hacia los Estados Unidos es otra actitud frustrante y vergonzosa.

El hecho de tener registrados 63 conflictos entre internos y externos en estos 200 años, habla muy mal y por sí solo, de nuestro espíritu pendenciero y proclive al conflicto.

El no haber podido construir en estos 200 años una cultura de la paz, de la tolerancia, de la equidad, de la solidaridad, de la justicia y de la previsión, es un hecho que habla muy mal del inadecuadamente llamado sistema educativo colombiano.

Los varios intentos fallidos por lograr la paz, con todos sus costos colaterales, son una realidad histórica frustrante que nos alerta sobre el futuro del proceso que en la actualidad queremos consolidar.

El haber tratado de integrarnos económica y comercialmente con los vecinos con proyectos incompletos o fallidos como la ALALC, el Pacto Andino, el ALCA, entre otros, es otro elemento de frustración.

La muerte de millones de compatriotas producto de las luchas internas y el asesinato casi sistemático de personajes ilustres, han privado a Colombia de un importante patrimonio humano, llenándonos de rabia, impotencia y frustración.

El aborto del Mundial de Fútbol de 1986, las especulaciones de Belisario con su tradicional retórica y/o verborrea alrededor de la hipotética ciudad llanera de Marandúa, comparable solamente con la Ciudad Atlante, habla a las claras de nuestros sueños fallidos y de cómo una frustración va seguida de otra frustración.

Obras que superan por cronograma a la construcción de las pirámides egipcias como la reconstrucción de los ferrocarriles, el Túnel de la Línea, la carretera Buenaventura-Bogotá, la recuperación de la navegabilidad del río Magdalena, la terminación de la carretera Marginal de la Selva, por solo mencionar algunas, nos hacen incrédulos con respecto a cronogramas y presupuestos que nunca se cumplen y que dejan muy mal paradas a las instituciones de educación superior que venden programas alrededor del diseño y la gerencia de proyectos.

A lo anterior hay que sumarle la corruptela y la corrupción creciente que nos ha acompañado durante toda nuestra vida republicana, haciendo que ya casi la veamos como un hecho normal en el quehacer de la administración de los recursos públicos y privados. ¡Qué gran frustración!

La falta de conciencia geográfica e histórica, el abandono tradicional de la Colombia insular, del Chocó, de la Guajira y de los anteriormente denominados Territorios Nacionales, es otro gran estigma de frustración.

No haber podido erradicar la aftosa, no cuidar el agua, ni los páramos, ni los bosques, ni  las selvas, ni a nuestros niños, es el complemento final de nuestra histórica cadena de frustraciones.

Ojalá este bicentenario nos sirva para reflexionar y para enderezar el rumbo.