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martes, 27 de septiembre de 2022

De cara al porvenir: la guerra de turno

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Hablar de que en este momento estamos presenciando una sola guerra, es no solo inexacto, sino irresponsable.

Se habla a través de la historia que luego de una peste, inevitablemente viene el hambre y luego a guerra. Lamentablemente en el estado actual de cosas, el orden de los factores es cambiante dependiendo la latitud donde nos ubiquemos y de las causas generadoras de los conflictos que analicemos.

Obviamente los titulares de los diferentes medios de comunicación se concentran en el episodio bélico más atractivo y que más rating produce, que es el conflicto entre Rusia y Ucrania.

Personalmente estoy de acuerdo con la aseveración expresada recientemente por el papa Francisco en entrevista de principios de mayo a El Corriere della Sera para señalar al responsable de que se hayan precipitado los acontecimientos. Dice el Papa que “es posible que el origen de la invasión de Putin a Ucrania se deba a los ladridos de la OTAN a las puertas de Rusia” y es claro que Rusia reaccionó.

Pero no nos quedemos ahí. Es muy llamativo que una indiscutible potencia militar como Rusia no haya podido conquistar un país relativamente débil al cual las otras potencias han ayudado de manera tímida, y que un conflicto calculado para 3 meses ya vaya para 9 meses y que territorios en teoría conquistados por Rusia estén ahora siendo recuperados por Ucrania, a cuya dirigencia y población hay que reconocer su fortaleza de espíritu y su amor por la patria.

¿Qué es lo que pasa? Mi teoría es que países que tienen armamento militar atómico y armas de última tecnología no las pueden usar sino para maniobras de disuasión, pues a estas alturas del partido y asumiendo que tienen dirigentes medianamente inteligentes, responsables y sensatos, pues su uso efectivo estaría dando inicio a una hecatombe que no tendría reversa, razón por la cual por ahora –y afortunadamente– solo les permite emplear armamento convencional, lo cual les resta capacidades y ventajas competitivas efectivas contra enemigos en teoría más pequeños. Lo anterior lleva al uso intensivo de sanciones económicas por parte de los amigos del otro bando y de ayudas por parte quien apoya a la contraparte.

Norteamérica pierde la guerra con Vietnam y con Corea. Norteamérica y la Unión Soviética salen con el rabo entre las patas de Afganistán. Norteamérica arma el despelote y sale a hurtadillas de Irak, Siria y Libia en una estruendosa derrota de su denominada “guerra preventiva”, la Unión Soviética implosiona y se genera una diáspora alrededor del Pacto de Varsovia, cuyos países miembros, en su mayoría, poseen arsenales atómicos. Rusia trata de reconstituirse como potencia, pero ve amenazada su seguridad con el coqueteo de la OTAN a varios de sus vecinos, antes aliados a la fuerza.

Mientras tanto China crece, crece y crece en todos los sentidos y su presencia planetaria cada vez es más significativa. Apoya a Corea del Norte, quiere asegurar su propiedad sobre la antigua Formosa hoy más conocida como Taiwán, incrementa la construcción de islas artificiales alrededor de Japón, reconstruye la histórica “Ruta de la seda” empleando los más modernos ferrocarriles de alta velocidad, compra enormes extensiones de tierra en África, financia y construye proyectos de infraestructura en todas partes del planeta y tiene aproximaciones cada vez más cercanas y frecuentes con Rusia. Es quien mejor supo aprovechar las distracciones internas en Norteamérica, su desacomodo institucional y la incertidumbre y debilitamiento externo que ocasionó el gobierno de Trump.

China sabe que es potencia y que requiere comportarse y atender sus requerimientos y exigencias como potencia, pero sabe también de sus debilidades, entre las cuales se encuentran su excesiva población, el riesgo de una hambruna o de una peste como las tantas que han tenido y que pende sobre su cabeza como la Espada de Damocles –hoy más que nunca con el COVID-19–, el riesgo de sequias extremas debidas al cambio climático que hoy padecen al secarse el gran río Yangtsé, el más importante y extenso del país, el tercero del mundo, que atiende a casi un tercio de la población. Sabe también que tiene un vecino incómodo y desconcertante como la India y que su rica cultura y sus tradiciones, en un mundo signado por los desarrollos tecnológicos pueden ser o potencializadores o lastres para sus desarrollos.

Por ahora habrá que esperar a que los jugadores muevan sus fichas y a que los peones caigan como ha sucedido casi siempre a través de la historia.

jueves, 14 de julio de 2022

Vigía: Venezuela, ¿a la ofensiva estratégica?

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda*

En la parada del 5 de julio, día de la firma del acta de independencia y de la Fuerza Armada Nacional detallamos, bajo la tutela de un Bigotón inflable, las últimas adquisiciones armamentísticas de los militares venezolanos.

Lo nuevo

Además de los ya conocidos tanques T-72, las plataformas de defensa aérea s-300, los Zukhoy, helicópteros de ataque M-35 y radares, destacamos los sistemas iraníes móviles de lanzacohetes múltiples Haseb de 107 mm, fundamentados en el sistema chino Type 63: 11 tubos, cada proyectil con cabeza explosiva de 8 kilogramos y 9 kilómetros de alcance. Los tales lanzadores, montados en los vehículos tácticos 4x4 Tiuna, están desplegados a lo largo de la frontera colombiana. Los otros Haseb están afincados en las lanchas Damen Interceptor 1102, de alta maniobrabilidad, construidas en un astillero holandés y asignadas a la Brigada de Infantería de Marina en Puerto Cabello. (No olvidemos la crisis de la corbeta Caldas en agosto de 1987 cuando se estuvo a punto de escalar la disputa en el golfo de Venezuela. Eran presidentes Barco y Lusinchi. Y sí, aún tenemos disputa fronteriza en aguas jurisdiccionales).

El otro detalle que nos llamó la atención fueron los nuevos drones ANSU-100 y ANSU-200, basado en el Mohajer-2 (“migrante”) iraní, un vehículo aéreo no tripulado que se utiliza para espiar instalaciones militares y posiciones enemigas. También puede usar armamento guiado por láser hasta sus objetivos. Para no mencionar los drones rusos Orlan 10 B/E, asignados a un batallón de Caribes, en cercanías de La Victoria, Estado Apure. ¿Cuántos de esos drones estarán vigilando los 2.219 km de frontera?  

Con la misma estrategia de Moscú frente a Ucrania, en el 2014, cinco batallones de infantería son entrenados por instructores rusos a solo 40 kilómetros de la frontera. Tres de ellos están acantonados en los Fuertes Mara, estado Zulia, Morotuto, Táchira y Carreño, Apure. “Unidades tácticas de armas combinadas…”, preparadas en guerra regular, espectro electromagnético y ciberinteligencia.

¿Contra USA / Otan?

Que los gobiernos venezolanos desplieguen sus fuerzas militares mostrándole los dientes a Colombia, es algo corriente desde Rómulo Betancourt (1964). La gran riqueza petrolera del hermano país le ha permitido estar siempre muy por encima de las capacidades armamentísticas colombianas y la crisis económica que vive no ha impedido su rearme mucho más ahora que el presidente electo Petro ha descartado la compra estratégica de aviones, lo que pone en estado de indefensión disuasiva a su país. La confianza está en el “uncle Sam”, que la semana entrante le enviará al presidente electo sus emisarios para hablar de eso, de seguridad.

Del 29 de julio al 1 de septiembre en Fuerte Terepaima, estado Lara, Venezuela acogerá ejercicios militares en los que participarían Rusia, Kazajistan, India, Vietnam y China, entre otros, y que podría convertirse en un bloque para hacer contrapeso a USA y la OTAN. «Las naciones VRIC —Venezuela, Rusia, Irán, China— se están preparando para hacer una fuerte declaración de que la región está lista para abrazar la fuerza multipolar», dijo Joseph Humire del Centro para la Seguridad de la Sociedad Libre y el general venezolano en retiro Manuel Cristopher Figuera recabó: “La idea era la convergencia en la región de otras potencias para quitarle fuerza a la influencia de EE. UU. …”

Miraflores tiene un aliado incondicional: el ELN, que entrena a cerca de 1.000 jóvenes terroristas venezolanos para apoyar el Plan Campaña Independencia, en previsión de una invasión de US, activación de grupos armados internos, ataque contra cabecillas del narco cartel y golpe de estado. “Cuente con el Ejército de Liberación Nacional hasta la muerte”, dijo alias Edward. Eso de “hasta la muerte” está por verse, viniendo de una organización dedicada al narcotráfico y a la minería ilegal. Y desde hace meses, emisarios mexicanos merodean en ambos países buscando la unión de las disidencias de las FARC, justo cuando Perú se anuncia como primer exportador mundial de cocaína.

A todo lo anterior, se agregan 18 "megabandas" (Tren de Aragua, Tren del Llano, Tren de Guayana, Tren de la Muerte, los Meleán, Yeico Masacre, entre otras), 28 grupos armados irregulares (ELN y FARC incluidos), y 22.500 personas delinquiendo en los estados de Zulia, Táchira, Apure, Bolívar, Amazonas y Falcón, con técnicas de irregulares colombianos, que son otro problema de seguridad interna del vecino país.

Ante este panorama, no nos queda sino evaluar el espíritu de combate de los militares venezolanos frente al de los colombianos, que completan más de 60 años de conflicto interno. En la evaluación del poder relativo de combate, nos preguntamos ¿intentarán atacar?

martes, 8 de marzo de 2022

De cara al porvenir: la guerra y la paz

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Una vez alcanzada la independencia, hasta el momento presente, los colombianos conocemos y hemos padecido conflictos del orden interno, de larga duración y con centenas de miles de muertos a cuesta. No sabemos del conflicto externo, aun cuando hayamos participado de manera marginal en la Guerra de Corea en el decenio de los cincuenta.

Obviamente los muertos, la destrucción y las tragedias humanas no se fijan en nomenclaturas, sino que reflejan la realidad que se vive. Las balas cumplen la misma función sea cual sea el escenario en el cual se empleen.

Para las legiones romanas, “soltar los perros” significaba darle rienda suelta a la fuerza de estos animales para que atacaran con fiereza al enemigo, iniciando las batallas. Después de soltados o liberados los perros no había retroceso posible y la sangre y la fuerza tratarían de compensar y darle concreción a lo que no se había podido lograr con el uso de la razón.

Para Nicolás Spikman, la paz se define como “El período de tiempo entre dos guerras”, dando a entender que el estado normal de los humanos es la guerra, el conflicto.

Ante los sucesos recientes alrededor de Ucrania, teniendo como actores principales a Rusia y a la OTAN, uno podría fácilmente tomar partido, definiendo para cada uno la víctima, el victimario y el posible salvador, análisis que finalmente resulta subjetivo, pues la lógica del poder trata de comprender los intereses ocultos o explícitos de los involucrados, para lo cual no necesariamente se cuenta con la información veraz y adecuada.

Ninguna guerra es justificable, pero todas las guerras se pueden justificar y finalmente son justificadas por quienes resultan triunfadores y son quienes además determinan la verdad oficial aceptada o impuesta por la historia.

Ante la pregunta de ¿quién es el malo o quién tiene la razón? Las respuestas pueden ser múltiples, todas ellas parcializadas por la subjetividad y la influencia de los medios de comunicación alrededor de sus intereses particulares, pues debemos recordar que todos los medios de comunicación, sin ninguna excepción, defienden los intereses de sus dueños, lo cual es legítimo, pero no por ello quiere decir que hablen con la verdad o se soporten en el análisis y la razón con argumentos valederos.

Los muertos en Croacia son iguales a los muertos en Libia, en Irak, en Siria, en Afganistán y en los otros países donde los poderosos del planeta han intervenido para defender sus intereses particulares.

No importa que se hable de “guerra justa”, de “legítima defensa” o de “guerra preventiva”, el problema no es de lenguaje sino de irracionalidad y del uso desmedido o controlado de la fuerza.

Para más o menos entender los orígenes de cualquier conflicto nos debemos remontar a los orígenes históricos, a los sucesos y a los personajes que han determinado la evolución de los acontecimientos. No podemos obnubilarnos con los sucesos de coyuntura, que como “florero de Llorente” sirven para justificar el inicio de las prácticas de guerra.

Ante las tensiones que se viven en las relaciones entre los diferentes actores, cualquier situación por grave o inocua que sea puede ser empleada como justificación para iniciar una operación bélica.

Cuando el conflicto es entre países peones dentro del ajedrez geopolítico mundial, son los reyes o las reinas quienes definen lo que va a pasar en el tablero y finalmente el destino de los peones involucrados.

Pero cuando son los reyes quienes entran en conflicto, toman decisiones autónomas, sopesan diferentes escenarios e inician las tácticas y a las estrategias que incluyen, en la mayoría de los casos, acciones paralelas de manejos diplomáticos y de acciones militares en los distintos teatros de batalla.

Como siempre, los perdedores inmediatos y quienes más sufren los impactos de la lucha armada son los integrantes de la población civil, lo que remedio no tiene. Pensar en “humanizar la guerra”, después de haber “soltado los perros”, es ingenuo. Llegará un momento en que, por cansancio, por temor a resultados negativos a los intereses en conflicto o por pragmatismo, las partes se sentarán a conversar y a plantear salidas no bélicas al conflicto, como ha sido, es y será a través de la historia a lo largo y ancho del planeta.

La lógica del poder, las pasiones, las descuadernadas y anacrónicas ideologías actuales, la aparición de nuevos actores de poder, los antecedentes históricos, la soberbia de los gobernantes de turno, los conflictos al interior de los diferentes países pueden llegar a exacerbar los ánimos de la población y a alborotar los nacionalismos que permanecen agazapados, y están permanentemente a la espera de la oportunidad de desfogarse.

Esta situación radicaliza las posturas y le da fuerza emotiva a las decisiones que se comienzan a tomar a partir de la euforia o la locura colectiva que comienza a azuzar y presionar a sus líderes particulares.

Le preguntaban a Freud, ¿por qué si estaban en un escenario de relativa placidez en la Europa de comienzos de siglo pasado, se habían metido en un conflicto que conocemos como la Primera Guerra Mundial? y palabra más, palabra menos, con su tradicional agudeza respondió que los europeos estaban cansados de tanta tranquilidad y que necesitaban una guerra para entretenerse.

Las épocas han cambiado y la amenaza nuclear sirve como elemento de presión o como elemento de disuasión, ya que quienes intervienen en el conflicto y poseen arsenales nucleares, saben que, si los usan, pues finalmente no habrá vencedores ni vencidos, sino simplemente suicidas a escala planetaria.

domingo, 21 de marzo de 2021

Las carreras de los Estados nación

Santiago Cossio
Por Santiago Cossio*

Desde hace muchos años se viene hablando sobre la carrera armamentista y la carrera espacial. Unas competencias de los países por figurar y sacar provecho de una "mejor" posición en lo militar y la conquista del espacio. Se podrían ampliar esas competencias sumándole lo que podría ser la carrera económica y la carrera cultural y sus implicaciones para un creciente Estado - nación como Colombia.

La carrera armamentista era la obsesión de tener el poder por la fuerza con un obvio trasfondo económico. La postguerra fría convirtió a La OTAN y al consejo de seguridad de la ONU en un selecto grupo de niños cada uno con un botón rojo mirándose feo, todos sentados en la misma mesa.

Obviamente viendo el sufrimiento de la humanidad después de dos guerras mundiales, no creo que sigamos tan ignorantes para caer en una tercera guerra mundial.

La carrera espacial va más allá de la conquista de la Luna y Marte. Lo vivimos mes a mes cuando nos llega un mensaje vía satélite que pagues la factura celular. La hegemonía tecnológica por las comunicaciones nos dejó rezagados a ser creadores de contenido. (El bazuco electrónico absorbe al planeta y aún nadie habla del electro narcotráfico). Hay que reconocer que es difícil para Colombia competir con los veintiún satélites que tenemos.

La carrera económica por inalcanzable que parezca siempre hay que dar la pelea. Significa mejorar el producto y pasar de ventajas comparativas a competitivas y luego, a ventajas creativas. Hay que mejorar la balanza comercial, crear un sistema alimentario nacional abundante y mejorar la distribución interna. La carrera económica es buscar la "libertad financiera nacional" y generar una sociedad de riquezas y abundancia.

La carrera cultural es a todas luces, la carrera que debe ganar nuestro proyecto social. Los países, más que dinero y poder, lo que buscan es tener un equilibrio de bienestar con abundancia sostenible. La carrera por la felicidad es lo que buscan todos los ciudadanos y es aquí donde Colombia tiene todo para conquistar el nuevo orden cultural del planeta tierra.

El turismo, la gastronomía, las artes, la identidad y la felicidad social confabulan a un bienestar que no lo da ni el dinero ni el poder.

Soñábamos con ser Suiza, pero es mejor soñar con ser una mejor Colombia.

P.D. Pasamos de la patria boba y post pendeja a la patria cultural dónde nos debemos valorar como nación y eso comienza con un cambio cultural de mentalidad colectiva.