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lunes, 10 de agosto de 2026

Al viejo hospital de los muñecos, llevaron a Colombia malherida…

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Empieza un nuevo gobierno y recibe un país que está como cuando “al viejo hospital de los muñecos llevaron a Pinocho malherido, porque un espantapájaros bandido, lo sorprendió dormido y lo atacó”. Aquí el terrorista chupasangre deja varias cargas implosivas económicas activadas.

Una es la crisis financiera: inflación 6.5 %, intereses 13 %, déficit fiscal 6.5 % / PIB, 120 billones de gasto sobre el recaudo tributario, y deuda pública ± $1200 billones, el 60.5 % / PIB. Otra, la crisis sin precedentes del sistema de salud. “Drácula y sus vampiros” lo dejaron infartado, moribundo, con la yugular desangrada, ya no vale quirófano ni hada protectora que le ponga un corazón de fantasía; es preciso invocar “el primer milagro”, uno como el de Lázaro que lo reviva y lo saque de la morgue. La deuda acumulada del sistema de salud es de 50 billones, con un déficit de 20 billones y una siniestralidad de las EPS que supera 110 %. La tercera bomba del gobernarte del Cartucho es la pérdida de la institucionalidad en todas las áreas del Estado donde metió el hocico; especialmente en la salud donde en las entidades técnicas y especializadas reemplazaron galenos y profesionales por ladrones y revolucionarios ideologizados llenos de resentimiento.

¿Cuántas vidas se van a perder por el capricho ideológico de cambiar un sistema que era uno de los más eficientes en Latinoamérica y según la OMS fue líder regional y puesto doce en el mundo en el manejo y operación de la pandemia gracias a la capacidad, el valor heroico y profesional del personal médico y administrativo del país?

Se perdió la confianza en el sistema de salud y, recuperarla y estabilizarlo será cuestión de varios gobiernos pues se requiere rediseños institucionales en el Ministerio, despolitizar la superintendencia, eliminar el cabildeo entre EPS e IPS con el Congreso y Hacienda, y encontrar los responsables y ponerlos a disposición de la justicia para que respondan por el gran daño que causaron con sus ideas progresistas asociadas al SSXXI.

Presenciamos un naufragio humano multitudinario, millones de familias viviendo un drama lúgubre sin esperanza, la gente se ahoga sin salvavidas, 10 millones de casos de salud sin resolver, suspendidos y desatendidos: sin medicamentos, por tratamientos suspendidos, en espera de autorizaciones, por servicios descontinuados, por hospitales quebrados, personas con enfermedades ignoradas que se volvieron crónicas, una costosa carga adicional que va a ser muy difícil estabilizar.

Teníamos un sistema de salud imperfecto pero funcional que hoy está convertido en tragedia, una masacre genocida provocada y demandable por el efecto real del “chu-chu-chu”, la intervención a las EPS que tienen el 80 % de la deuda del sistema y que en lugar de mejorarlas fueron estatizadas, burocratizadas, saqueadas e ideologizadas, lo cual resulta más letal que la suma de las muertes violentas del crimen organizado, la violencia intrafamiliar, el alcohol, el tabaco y la drogadicción. Y de ñapa nos puso al vampiro “pinturita” a administrar el banco de sangre.

Somos una nación de ingreso medio de 52 millones que en materia de salud se ha dado el lujo de tener cobertura universal y la dualidad de un régimen contributivo propio de la formalidad (44 %) y uno subsidiado y de excepción que suman un (56 %) según SISPRO a febrero de 2026, y que comparado con 2025 presenta una contracción de medio millón de contribuyentes, lo cual sumado a los problemas previos del sistema, le propinó una herida de muerte a su sostenibilidad financiera. La cobertura universal está respaldada por el pago de la Unidad de Aporte anual del Estado (UPC) a las EPS por cada persona afiliada en materia de consultas, medicamentos y cirugías. El ADRES es la entidad que paga desde Minhacienda, y gira conforme a lo que cada EPS le diga de acuerdo con su medición de la siniestralidad, y el meollo del problema es que el valor de las UPC no alcanza para cubrir los costos del sistema.

A la crisis de los medicamentos, se le suma que entre 2022 y 2025 las tutelas se duplicaron y el gasto de bolsillo en salud se incrementó en el 57 %.

Es crítico transparentar y equilibrar las relaciones entre el régimen contributivo, el subsidiado, el Gobierno y las EPS, y que los usuarios tomadores de seguros sean empresas o personas, colaboren no abusando del sistema dual, esto es, pagando de manera solidaria de acuerdo con su capacidad económica y el número de beneficiarios, con lo cual se fortalece el régimen contributivo, se alivia al subsidiado y se mantiene la universalidad.

Se requiere un corte o punto final con decisiones de fondo a conciencia que no dan espera, en las que contribuyamos todos o la pérdida en vidas va a ser inconmensurable. Hay dos formas de atacar este cáncer terminal que causó Gustavo Petro: con aspirina y los santos óleos, o con acciones inmediatas y extraordinarias con cargo al Gobierno, las EPS y las IPS que inyecten liquidez en el sistema, acoten el plan de beneficios, que los aportes suban todos mínimo un punto porcentual, que se cree un fondo de garantías acompañado de una gran política nacional de prevención, que la DIAN cruce las cédulas para determinar evasores, y que se ayude a que los hospitales regionales de nivel de complejidad 2 y 3, estén bien dotados para que no creen más congestiones en las capitales agravando más el problema de desatención que se deprende del entuerto económico que tiene a los hospitales prácticamente quebrados por bien administrados que estén, pues su cartera llegó a niveles insostenibles.

Ninguna de estas medidas va a ser políticamente correcta, pero si hay la voluntad política del Gobierno entrante en reclamar y convertir la estabilización del sistema de salud en la principal urgencia del país y se hace un gran esfuerzo entre todas las partes del sistema para reestablecer un adecuado flujo de recursos, se cumple el fallo de la corte que reconoció la insuficiencia sincerando y conciliando deudas, y se buscan los créditos internos, externos, de la multilateral, y se utilizan regalías buscando eficiencia operativa y administrativa, aún es posible soñar con transparencia y equidad en pro de la salud de todos los colombianos.

viernes, 30 de enero de 2026

Corrupción: el mejor instrumento de la izquierda para ganar

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Lastimosamente, el ejercicio del poder, en todos los tiempos y en todas las latitudes, ha atraído la corrupción. Así se puede constatar en la historia de todos los pueblos.

Con la aparición del comunismo, la maquinaria del Estado fue creciendo desmesuradamente a medida que su influencia llegaba a todos los aspectos de la vida en sociedad, hasta convertirse en una máquina totalitaria que en todo interviene y que exprime hasta la médula los recursos de la población para atender a su propia subsistencia.

De ahí que sea la conquista del Estado el primordial objetivo de la izquierda. Su lema, bien conocido, es la utilización de todas las formas de lucha para lograrlo.

Durante mucho tiempo apeló el partido comunista a la más cruel violencia para imponer sus falaces doctrinas: la invasión armada, los golpes de Estado, los movimientos guerrilleros, las purgas dentro del partido, las masacres en nombre de la “revolución”. Luego, su estrategia introdujo otras formas de apoderarse del Gobierno, infiltrándose en los sistemas democráticos, gastando enormes sumas de dinero en una batalla cultural para manipular la opinión pública y, por supuesto, invirtiendo en el mejor negocio del mundo: comprar el resultado de las elecciones para perpetuarse en el poder.

Colombia, por desgracia, es ahora víctima de este infernal mecanismo de la compra de los resultados electorales como forma de lucha para la toma del poder por la extrema izquierda. El Consejo Nacional Electoral, pese a las presiones ejercidas por el régimen, dictaminó que en la campaña presidencial de Gustavo Petro se violaron los topes financieros fijados por la ley con gastos por valor de $5355 millones de pesos, entre los que se cuentan aportes no declarados de la Unión Sindical Obrera y de Fecode, publicidad en Caracol Televisión y en testigos electorales. En el proceso fueron sancionados el gerente de la campaña, Ricardo Roa, premiado con la gerencia de Ecopetrol, y varios subalternos suyos. Los movimientos que llevaron al poder a Petro, Colombia Humana y Pacto Histórico, fueron multados cada uno con la suma de $1000 millones de pesos. Quien fue elegido de forma tan irregular permanece en el cargo pues goza de fuero presidencial, ya que la Comisión de Acusaciones, organismo competente para juzgarlo, se ha negado a actuar de conformidad con el acervo de cargos presentado. Hasta el hombre de confianza de Petro, Armando Benedetti, confesó por audio conocido en todo el país que había conseguido para la campaña cerca de $15000 millones de pesos y que cuando lo comunicara a las autoridades se irían todos a la cárcel. Igualmente, el hijo de Petro confesó haber recibido dineros no declarados ante el Consejo Nacional Electoral. Presentó la ciudadanía, ante la Comisión de Acusaciones, una demanda solicitando la separación del cargo de quien lo usurpa, en ejercicio del art. 109 de la Constitución, juicio que no recibió el respaldo de los dirigentes políticos de la oposición, más interesados en sus propios intereses que en la suerte del país.

Estos antecedentes han propiciado el inicio prematuro de la campaña de la extrema izquierda para elegir al heredero de Petro, el recalcitrante Iván Cepeda, quien se ha caracterizado por perseguir al expresidente Uribe Vélez, comprando testimonios en las cárceles que ha visitado y por defender a los narcoterroristas de las FARC, responsables de los crímenes más crueles de nuestra historia.

Desde el comienzo del Gobierno han sido múltiples los escándalos de corrupción por parte de los subalternos del presidente y la entrega de dineros a legisladores para que aprueben los proyectos del Ejecutivo y autoricen los excesivos gastos oficiales. Tanto el presidente del Senado como el de la Cámara de Representantes fueron procesados por recibir dineros de la corrupción rampante que se tomó al país.

Pilares de esta campaña de recolección de dinero para fines electorales han sido la toma de recursos del sistema de salud que tiene a los colombianos a las puertas de la muerte por falta de atención hospitalaria, las nóminas paralelas de contratistas independientes sin otro oficio conocido que respaldar la campaña de continuismo del régimen, el decreto de emergencia económica sin que exista motivo sobreviniente que lo justifique, y el aumento del IVA a licores y cigarrillos, fuentes mayoritarias de ingresos de las entidades territoriales.

Lo aterrador de esta demoníaca estrategia es que no importa ya el desprestigio del petrismo por su pésima gestión, ni el rechazo mayoritario de la sociedad colombiana al odio de clases, a la inseguridad, al despilfarro en los dineros públicos, a la destrucción del sistema de salud, al empobrecimiento general de la población. Sin darnos cuenta, ya el régimen tiene asegurado el resultado para arrebatar a los colombianos la democracia y para instalarse en el poder por varias décadas sin que nadie pueda enfrentársele. Las cifras lo demuestran:

En las últimas elecciones obtuvo Petro, por los irregulares métodos explicados, 11291987 votos en la segunda vuelta. Es lógico presuponer que en las próximas elecciones se requerirá una cifra mínima de 15000000 de sufragios para obtener la victoria. Fuentes de la mayor credibilidad procedentes de varias regiones, nos informan que los activistas de Cepeda están ofreciendo entre $700000 y $1000000 a quienes depositen su voto por Cepeda y que serán transportados en buses hasta la mesa de votación.

Quiere decir, que para asegurar los 15 millones de votos requiere el régimen la cantidad de 15 billones de pesos. Ya vimos algunas de las ilícitas fuentes de financiación que ha puesto en marcha el régimen desde el inicio de su gestión. Pero la guinda del pastel la pone el endeudamiento externo que sin freno ni respeto por la normatividad y por la salud financiera del país, se está contratando. En diciembre de 2025 expidió bonos por 15 billones de pesos y otro tanto en enero de 2026, para un total de 30 billones de pesos. Esto es el doble de lo que se requiere para comprar los 15 millones de votos necesarios para hacerse dueños del país por varias décadas. Con la totalidad del poder en sus garras no habrá ni Congreso, ni Cortes ni organismos de control que investiguen cómo se invirtieron los préstamos o los beneficios de la corrupción.

En esta espantosa coyuntura para nuestra querida Patria duele que algunos colombianos honorables, que se supone sean conocedores de nuestra tragedia, insistan en alentar la división de quienes buscan satisfacer su vanidad a sabiendas de que no cuentan con los recursos y los votos para dar la cara a tan monumental amenaza.

Seamos lógicos, tengamos un poco de rigor y desprendimiento en nuestro análisis y procedamos como lo espera Colombia: Apoyemos en la primera vuelta a Abelardo. No le demos un aire ficticio a una consulta que no tiene sentido ni busca ninguna unión. Su interés no es otro que sacar a Abelardo de la segunda vuelta para colocar a cualquiera de los del “club de los hunos”.

miércoles, 17 de febrero de 2021

Hacia el punto de no retorno

Por José Alvear Sanín*

Nunca ha estado la economía colombiana en situación peor: menor ingreso fiscal, de unos 80 billones de pesos… servicio de la deuda, de unos 60 billones… déficit en balanza de pagos, de unos 15.000 millones de dólares… endeudamiento externo total de 147 billones de dólares… desempleo del 25% y más, y juvenil, del 40%... dependencia cambiaria de las exportaciones ilegales…

Este panorama es aterrador y uno no puede dejar de admirar la calma de las autoridades económicas, ajenas al pánico. Desde luego, si el presidente y el Minhacienda manifestaran la angustia que deben sentir, la situación sería mucho peor.

Tampoco nunca antes ha sido más urgente un plan integral de recuperación económica. A veces los ministros hablan de reactivación a base de inversiones gigantescas en ambiciosos proyectos, públicos, privados y mixtos, pero la Tesorería está desfondada y el sector privado, exhausto. Sin embargo, no se considera nunca el adelgazamiento del Estado, la austeridad en el gasto y el aplazamiento de erogaciones suntuarias.

Finalmente, el gobierno anuncia un alza masiva de impuestos bajo la manida etiqueta de “reforma tributaria”, para recaudar unos 20 billones de pesos, suma que no alcanza para equilibrar las finanzas; y también aparece una fórmula mágica, la compra de ISA por parte de Ecopetrol, que no puede lograrse —aun si fuese tan benéfica como se dice— sin grandísimo endeudamiento de la petrolera, es decir, con más pasivos exteriores, así sean indirectos, del Estado.

Pero, en realidad, el gobierno no puede dejar de endeudarse inercialmente hasta donde le presten, porque sabe: 1. Que, en un país arruinado por la pandemia, el alza de impuestos rendirá apenas una parte del mayor recaudo precalculado. 2. Que el congreso no aprobará esa reforma tributaria; apenas, si mucho, una partecita. 3. Que la eliminación de las exenciones no dará mayor recaudo, pero pondrá contra las cuerdas a una multitud de empresas, agravará el desempleo y ahuyentará nuevas inversiones.

Y lo más grave: Si apenas con el anuncio de un IVA del 19% sobre toda la canasta familiar, al iniciarse la administración en un país relativamente próspero, los índices de aprobación del gobierno se fueron al suelo para nunca recuperarse, ¿qué pasará ahora con el sol a las espaldas y en un país depauperado?

Nada habría más grave que un gobierno sin el menor apoyo popular, a pocos meses de unas elecciones que pueden traer la revolución castro-chavista, porque un pueblo con hambre y desesperanzado se aferra a cualquier promesa, por absurda que parezca a las gentes de los estratos 5, 6, 7 y 8…

Alguien me observaba que con el IVA de 19% sobre los víveres, el gobierno poco gana pero Petro gana todo.

¿Habrá llegado el momento  de prepagar deuda externa apelando a las reservas del Banco de la República, de 59.000 millones de dólares, para aliviar la Tesorería?

No dudo que en Iberoamérica todos los gobiernos atraviesen situaciones similares. ¿Será que deben reunirse todos los presidentes, desde México hasta la Patagonia, para poder decidir acciones conjuntas frente a esta crisis, decretando una moratoria colectiva para  renegociar, reprogramar y refinanciar conjuntamente la deuda continental?

Estamos en momentos de suprema urgencia, porque el tiempo se agota y no aparece el líder que reclama la situación.

Con excepción de Petro, nadie tiene la solución de la crisis. En cambio, él ya ha anunciado que esta se conjura con emisión de 15 billones.

¿Una, dos, tres o más?, pero las personas corrientes, el 90% del electorado, no se dan cuenta de que esa es la solución venezolana… unas quincenas con los platos llenos y el hambre y la opresión durante los siguientes 60 años.

En todo caso, Petro no oculta con prudencia sus planes demenciales. Aprendió de Hitler que un electorado famélico, esperanzado con promesas seductoras, no analiza las locuras anunciadas… y en sus oídos resuena aquel inmortal canto gaucho: ¡Pícaro o ladrón, queremos a Perón!

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¡Après moi le déluge!

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¡Reconstrucción o catástrofe!