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jueves, 13 de mayo de 2021

Vigía: indígenas, redes sociales y zozobra en Colombia

Coronel John Marulanda (RA)
Por John Marulanda

Con 2,78 millones de colombianos descendidos a la pobreza extrema y 3,6 millones a la pobreza, como consecuencia inmediata de la pandemia del coronavirus chino, el plato está servido para los truculentos profetas, los falsos redentores y los sociópatas de siempre. Jóvenes, en su mayoría de la clase media, se han convertido en idiotas útiles de avezados propagandistas, agitadores no tan jóvenes y de hábiles manipuladores de redes sociales. Gracias a ellos, la emoción y no la razón está arruinando a Colombia, un país que durante más de sesenta años soportó el ataque de bandas de la izquierda extrema manteniendo su debilitada democracia, a pesar de todo.

Extranjeros y redes sociales

Ya lo señalaron 41 asociaciones de militares retirados quienes en un comunicado advirtieron: “rechazamos cualquier intervención extranjera, provenga de donde provenga, que, a través de redes sociales o medios cibernéticos, apoye las acciones de perturbación y desestabilización del país y difunda falsas informaciones para crear un ambiente internacional hostil al gobierno elegido democráticamente y a las fuerzas armadas legítimas y legales de Colombia”. 24 horas después de este pronunciamiento, Bogotá expulsó al primer secretario de la embajada de Cuba por actividades indebidas. Hace cuatro meses expulsó a dos espías rusos, el año pasado expulsó a varios agentes del Sebim y la Dgcim venezolanas, y también a miembros del G2 cubano. La presencia de activistas venezolanos en las células de terrorismo urbano es frecuente, según los informes policiales.

Si algo identifica la actual turbulencia colombiana, es la guerra cibernética y de medios, característica fundamental de una guerra de quinta generación. Mentiras convertidas en realidades a golpe de repetición, como lo recomendaba Goebbels y utilizando las redes sociales, tecnología que ha cambiado la alienación colectiva. La mamertería parasitaria de organismos internacionales, que no es poca, desinteresada en el destino de estos países accesorios a los intereses de las potencias, repite sin rubor los titulares de videos mentirosos y noticillas amañadas en documentos y declaraciones oficiales que crean matrices de opinión dañinas para el país.

La propia ONU, la OE, la Unión Europea, el Parlamento alemán, el New York Times y los matasietes de siempre como Vivanco, Borrel, Menchelon, Bachelet y otros, han desconocido ramplonamente a los patrulleros asesinados a cuchillo, de las instrucciones de “ofrecerles café con veneno” a los policías, del intento de quemarlos vivos en su cuartel. La simplificación bizca de lo que está en desarrollo, forma parte de la estrategia de desestabilización.

Como nunca, las redes y los medios han sido los protagonistas de la protesta de una sociedad agobiada por el desempleo y la pobreza, pero manipulada por una minoría violenta que logró venderle al mundo la imagen de un gobierno dictatorial y una policía masacradora de inocentes, algo muy alejado de la realidad.

La experiencia de Cali

El sitio y la toma de Cali, por parte de “mingas” indígenas y sus guardias paramilitares, además de células armadas del ELN y activistas extranjeros, es solo el ensayo de una táctica callejera de pequeños grupos sembrando la zozobra ante las miradas impotentes de policías y soldados, con sus armas inutilizadas por magistrados cómplices o jueces despistados, ausentes de la realidad.

Mientras los ciudadanos desesperados ven sus residencias, bienes y comercios vandalizados, caciques prevalidos de su “indigenismo” y con su característica tozudez, se movilizan en lujosas camionetas último modelo, blindadas y escoltados por congéneres armados. Tiranuelos coloridos llegados de feudos establecidos sobre los cultivos ilícitos de coca más grandes del mundo. Observadores anotan que la amenaza de fumigación de su negocio, es el verdadero motivo de sus desafueros.

Otro aspecto capital que señalan los militares y policías retirados en su comunicado es la advertencia de “graves riesgos de rechazo social violento por parte de la gran mayoría de ciudadanos cansados de tantos actos violentos absurdos que están causando desabastecimientos, crispación, aumento de la crisis pandémica y muertes”. Contra esas minorías que están arruinando la vida de millones, ya se ven asomos de reacciones comunitarias violentas que podrían terminar en una confrontación civil mayor, con consecuencias que pueden ser terribles y de largo aliento para toda la región.

Pero la izquierda no cede. Sus capataces, desde sus lujosos apartamentos y fincas, ven fracasar la retoma del poder que se inició con el asalto a las calles a finales del 19. Un año después y pandemia de por medio, en Chile no es claro que la izquierda vaya a obtener su constitución socialista; en Perú, la balanza se inclina fuertemente hacia la Fujimori; en Bolivia, el evismo perdió bases electorales en más provincias de las esperadas y en Ecuador no cuajó el regreso de Correa. Queda Colombia, la “joya de la corona”. El asedio a su sociedad y el ataque a sus fuerza militares, tiene que continuar so pena de un fatal ostracismo político del imbecilismo comunista, socialista.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

¡Estos inconoclastas!

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

El derribo de la estatua de Sebastián de Belalcázar, conquistador y fundador de Popayán y Cali no debe pasar como una noticia entre tantas, que a la siguiente semana se olvida, porque en el mundo globalizado, la nueva iconoclastia, que apenas comienza en Colombia, ya hace terribles estragos en Europa y los Estados Unidos.

Para justificar ese acto de barbarie se han dicho todas las tonterías usuales. En primer lugar, algunos declaran que fue asesino de indios y de niños negros, lo que hace execrable su memoria. Lo primero tiene que ver con la Conquista, que lamentablemente ocasionó enfrentamientos y muertes, como ha ocurrido a lo largo de siglos y continentes siempre que un pueblo pobre y atrasado se encuentra con otro más avanzado y expansivo, choque del que van surgiendo naciones y Estados a medida que se mezclan las etnias, y en cuanto a los niños negros, nadie  sabe cómo pudo Belalcázar matarlos, 44 años después de su fallecimiento, porque solo en 1595 empezó la trata de adultos africanos hacia América, cuando los peninsulares se pusieron en contacto con los comerciantes africanos de esclavos, que ya los suministraban desde hacía siglos a los árabes.

Imposible discutir con vándalos sobre la diferencia de la colonización española, basada en la evangelización y el mestizaje, de otras racistas y excluyentes, como la inglesa, o exterminadoras, como la de los gringos en su conquista del Oeste. Nuestros iconoclastas están a la moda y al igual que sus modelos nórdicos, en su afán por borrar toda la civilización anterior acuden a la demolición de estatuas como tantos obcecados y fanáticos, desde los pioneros de Bizancio, los ironsides de Cromwell, las turbas de la Revolución Francesa, los anarquistas españoles del siglo XX y los talibanes, para no dar más ejemplos de los peores bárbaros.

Por tanto, estamos frente a una amenaza contracultural y global que hay que reprimir con la máxima energía, antes de que se vuelva “viral”. Si las autoridades se descuidan, seguirán con los demás próceres, salvo, por ahora, con Bolívar, mientras —contrariando a Marx, que lo odiaba— el castrochavismo lo mantenga impúdicamente como ícono, y ¿por qué no seguir con las bibliotecas, llenas de literatura y arte “blancos” y supremacistas?

Nada sería más grave, por ejemplo, que dejar sin vigilancia los monumentos, a pesar del recargo de trabajo que esto significa para la perseguida policía, y tolerar la acción de estos picapedreros, si esta se produce dentro de las marchas y protestas pacíficas con teas y cocteles molotov, que conmueven a los magistrados, o con el envío a la justicia tribal, donde se sancionan esos actos bien sea con una felicitación o con una palmadita en la muñeca.

Esto hay que decirlo, porque el derribo de la estatua ha sido estimado como un hecho menor, y aun en el Valle del Cauca algún escritor lo ha encomiado, para obtener un lugar en la línea progre-social-bacana-cultural-marxista, que seduce a una juventud occidental indoctrinada en el odio y estimulada hacia la destrucción de un legado de siglos.

Uno de los lugares comunes más repetidos es aquel que hace de la pobreza la principal causa de la revolución, ignorando que Francia era el país más rico y poderoso de Europa en 1789 y que la Rusia de las postrimerías del siglo XIX se estaba desarrollando aceleradamente. Sin embargo, en ambos países prendió la chispa, no por la pobreza, que obviamente no se había superado, sino por el predominio de las ideas disociadoras entre los jóvenes privilegiados. Quien se detenga a pensar en la expresión Inteligenzia, para referirse a los egresados de las universidades rusas a partir de 1880, convertidas en focos de inculturación marxista, entenderá el peligro que se corre por haber tolerado, a partir de 1936, la progresiva toma de las universidades en Colombia por cábalas disociadoras.

Y esto no ocurre solo en nuestro país. John A. Perricone, en un excepcional artículo en Crisis Magazine, septiembre 23/ 2020 (https://www.crisismagazine.com/2020/occupy-harvard), dice:

(…) aterradoras escenas de saqueo, vandalismo y muerte en nuestras principales ciudades, en los pasados meses, traen el problema de la educación superior a nuestra atención. La mitad de los revoltosos son jóvenes blancos, criados en la riqueza y los privilegios. ¿De dónde les viene esa ferocidad contra América y las bases de la civilización occidental? La evidencia de décadas nos dirige directamente a los salones de clase. Durante más de medio siglo una penetración a la vez subrepticia y decidida, en todo el sistema educativo, se ha completado. Su raison d’ être ha sido antioccidental en todo aspecto: económico, filosófico, literario y artístico. Es sorprendente que todo esto se haya efectuado sin ninguna queja de las gentes ordinarias y haya sido sufragado por los propios padres (…) Nuestras escuelas primarias y secundarias, universidades y escuelas de postgrado, incuban un nuevo bolchevismo (…) Un puñado de universidades privadas ha escapado a la larga mano de la revolución, pero de 5.300 universidades y colleges, apenas 27 ofrecen el currículo tradicional. ¡No es mayor consuelo!

Atroz perspectiva es la de que, así como sucedió en Rusia en 1917, pueda presentarse pronto la revolución en los Estados Unidos. ¡No están, entonces, mejor que nosotros!

jueves, 25 de julio de 2019

Y el corredor estratégico del Sur


Por coronel John Marulanda*

Coronel John Marulanda
Arranca de los Estados Amazonas y Bolívar, fronteras con Brasil y Guyana, suroriente venezolano, pasa por Guainía, Guaviare, Meta, recala en Caquetá, se fortalece especialmente en Putumayo y desemboca en Nariño y Cauca, costa pacífica colombo-ecuatoriana. Es un pasaje abierto, aunque disperso, directo aunque difícil, sin control de ninguno de los gobiernos. No tiene un punto articular entre Colombia y Venezuela, como el Catatumbo en el corredor estratégico del Norte.

Es una ancha avenida periamazónica caracterizada por la presencia de muchos ríos y en especial el Putumayo que conecta cuatros países: Colombia, Ecuador, Perú y Brasil. Es el Magdalena del narcotráfico. FARC y ELN, además de operar miles de narco laboratorios, explotan y contrabandean oro, coltán, diamantes y otros metales del Arco Minero venezolano, bajo la mirada complaciente de la dictadura madurista.

En esa franja, alias Gentil Duarte intenta federar los carteles de las FARC y aliarse con los del ELN, que vienen aumentando sus efectivos y su armamento. Enfrentando a alias Chichi, su enemigo declarado, Duarte planea controlar el narcotráfico de Cauca – Nariño – Putumayo, el mayor emporio de cultivos de coca del mundo y su proyección hacia la cuenca del Pacífico, en donde vive el 40% de la población total y se produce el 45% del PIB global. Agresiva visión comercial del crimen organizado transnacional, superior a la de los gobiernos.

Cali es la ciudad capital de este amplísimo y abandonado corredor estratégico del Sur, Putumayo su corazón y el Mira uno de sus puntos críticos. Buenaventura, Tumaco, y Esmeraldas en Ecuador, son los dientes la flamígera boca del dragón por donde sale más del 70% de la cocaína colombiana, en una geografía que recuerda al delta del Mekong, en la guerra del Vietnam.

En esa esquina suroccidental colombiana, delinquen unos 1.200 hombres armados, dedicados a las diferentes funciones de la cadena del narcotráfico y la minería ilegal, en sociedad, y con el apoyo y consejería de los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación. Alias el Paisa, Iván Márquez, Santrich, Romaña, John 40, Iván Mordisco, Eldiver y otros cabecillas, se mueven por esta zona recelando a cada paso un agente de inteligencia, una emboscada o un bombardeo, únicos antídotos eficaces para desarticular su empeño refundacional. En esta franja binacional la fuerza dominante es fariana, concediéndole la razón, a medida que avanza el tiempo, al expresidente comunista Correa cuando dijo que Ecuador no limitaba con Colombia sino con las FARC.