viernes, 30 de octubre de 2026

El hijo prodigo y el regreso a los valores

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

No todas las parábolas conservan una vigencia como la del hijo pródigo. El hijo menor reclama anticipadamente la herencia, abandona la casa paterna y parte convencido de que la libertad consiste en vivir sin restricciones. Quiere independencia sin normas, consejos ni responsabilidades y cree haberla encontrado, pero termina descubriendo que toda libertad tiene consecuencias.

No es difícil encontrar paralelos con nuestro tiempo: insistimos en los derechos, pero se eluden los deberes; reivindicamos la libertad, pero se eluden los límites éticos necesarios para ejercerla.

El resultado es evidente: la corrupción se justifica como astucia; la mentira se disfraza de estrategia; los principios se acomodan a las conveniencias y deja de importar si son correctos cuando resultan útiles.

Por eso la crisis no se explica desde la economía o la política. Detrás de las dificultades existe algo más profundo: la pérdida de referentes morales y desaparecen los acuerdos sobre la verdad y el bien común.

La parábola propone una reflexión que trasciende la fe. El hijo pródigo toca fondo cuando comprende que se ha alejado de lo que daba sentido a su vida y decide regresar. Ese retorno no es una derrota, es un acto de lucidez. Reconocer el error exige más valentía que persistir en este y esa es la enseñanza más profunda del relato evangélico.

Las naciones, al igual que las personas, pueden equivocarse de camino, pero también pueden rectificar. Ninguna sociedad está condenada a permanecer indefinidamente en la crisis si conserva la capacidad de examinar, corregir y recuperar los valores que hicieron posible la convivencia.

La fuerza de esta parábola radica en que no termina con el fracaso del hijo, sino con su reconciliación. En tiempos marcados por la polarización, el desencanto y la desconfianza, conviene recordar su mensaje: siempre existe la posibilidad de regresar a los principios perdidos, porque no consiste en avanzar, sino en hacerlo correctamente y, la decisión más sabia, es encontrar el camino de regreso.

Esta es la razón por la cual queremos felicitar al gobierno de Abelardo de la Espriella que, en menos de noventa días y pese a las enormes dificultades heredadas, está contribuyendo a que Colombia retome al camino correcto.

El Rincón de Dios

“Volver a Dios no es una derrota, es la oportunidad de comenzar de nuevo. El abrazo del padre al hijo prodigo nos recuerda que nuestros errores no agotan su misericordia: reconocerlos y dar el primer paso de regreso abre un camino de reconciliación”.

Anónimo

jueves, 29 de octubre de 2026

Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a los perros

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Las noticias están cada vez más desalentadoras. La tolerancia parece disminuir, los asesinatos de mujeres y personas LGBTIQ+, los de líderes sociales siguen ocupando los titulares, el secuestro vuelve a aparecer en la actualidad, los grupos armados utilizan drones para atacar y las decisiones sobre la explotación minera reabren discusiones sobre el territorio y sus consecuencias. A esto se suman los enfrentamientos en redes sociales, la corrupción entre quienes gobiernan y la falta de respeto por quienes piensan diferente.

La lista podría continuar. Basta con revisar los titulares de los periódicos para encontrar nuevas razones de preocupación. Cada día aparece una noticia que nos enfrenta a alguna de nuestras contradicciones, como si nos estuviéramos acostumbrando a vivir entre la indignación de la mañana y el olvido de la tarde.

Sin embargo, al caminar por el centro de Medellín en las primeras horas del día, me encontré con una imagen que parecía sacada de un cuadro. Al detenerme a observarla, recordé una frase que había escuchado varias veces y que hoy quiero compartir: «Plus je connais les hommes, mieux j’aime les chiens». En español: «Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a los perros».

Una versión de esta frase apareció publicada el 13 de noviembre de 1822 en la revista francesa Tablettes Historiques et Littéraires, atribuida a una mujer cuyo nombre no fue identificado. Se trata del registro histórico más antiguo localizado, aunque eso no significa que sea necesariamente el origen de la expresión.[1]

La fotografía que acompaña esta crónica ayuda a entender por qué, después de tantos años, la frase sigue encontrando eco en nosotros.

A las 5:07 de la mañana, la ciudad todavía no termina de sacudirse la noche. La luz de la calle cae sobre el concreto y dibuja una franja blanca alrededor del lugar donde duerme un hombre mayor. No sé si el brillo que aparece en la imagen es producto del alumbrado público o del reflejo sobre el suelo. Lo cierto es que la luz hace más visible una escena que, a esa hora, podría pasar inadvertida para cualquiera que camine apurado.

Un perro de pelaje claro descansa sobre el pecho del hombre. Una de sus patas delanteras reposa sobre la mano de su compañero. Ambos parecen haber encontrado, en medio del concreto, una forma de atravesar la madrugada. No conozco sus nombres ni se las circunstancias que los llevaron hasta allí. Tampoco necesitamos inventar una historia para reconocer lo que transmite la imagen: la cercanía de dos cuerpos que comparten el mismo refugio.

Al verla, la frase cobra una fuerza especial. Pienso en la lealtad de los perros, en su manera de acompañarnos, en aquellos que nos escuchan sin exigir explicaciones y nos esperan incluso cuando hemos tardado más de la cuenta. Pienso también en las personas que encuentran en ellos una compañía difícil de explicar con palabras.

Al mismo tiempo, escucho a quienes dicen que los jóvenes de ahora ya no quieren tener hijos, sino perros; que prefieren llamarse padres perrunos y compartir con sus animales un afecto que antes imaginaban reservado a la familia. No sé si esa afirmación describe realmente a toda una generación. Lo que sí me llama la atención es el contraste: mientras discutimos sobre el lugar que deben ocupar los animales en nuestras vidas, muchos seguimos preguntándonos cómo hemos llegado a tratarnos de ciertas maneras entre nosotros.

Quizá no se trate de elegir entre querer a un perro o querer a una persona. La pregunta es otra: ¿qué estamos buscando en esos compañeros de cuatro patas que a veces nos cuesta encontrar en nuestras relaciones humanas?

Las historias de algunos perros han convertido esa pregunta en algo difícil de ignorar. Hachikō[2] esperó durante años a un hombre que nunca volvió. Togo atravesó el hielo para llevar medicamentos a quienes los necesitaban.[3] Swansea Jack se lanzó al agua para rescatar a personas en peligro. Cada historia tiene sus propias circunstancias, pero todas nos recuerdan que los vínculos entre humanos y animales pueden estar hechos de una entrega que supera la comodidad y, en ocasiones, pone en riesgo la propia vida.

Y entonces uno mira alrededor y se pregunta en qué momento nos acostumbramos a pasar de largo. A ver a alguien caído y sacar el teléfono antes que la mano. A prometer compañía mientras todo marcha bien, a hablar de lealtad con la misma boca con la que traicionamos, a medir el valor de una persona por lo que puede ofrecernos.

Quizá por eso conmueven tanto las historias de los perros. No porque sean incapaces de equivocarse ni porque los seres humanos hayamos perdido toda bondad, sino porque su manera de acompañarnos nos enfrenta a nuestras propias contradicciones.

Hay perros que esperan a sus muertos. Personas que abandonan a sus vivos. Animales que se lanzan al agua por alguien en peligro y seres humanos que calculan si vale la pena detenerse. No se trata de condenar a toda la humanidad ni de idealizar a los animales, sino de reconocer que la lealtad, la compasión y el cuidado no siempre aparecen donde esperamos encontrarlos.

No sé si la humanidad va de mal en peor. La historia está llena de crueldad, pero también de personas que han dedicado su vida a cuidar a otras, defender a quienes no tienen voz y ayudar sin esperar nada a cambio. Sería injusto olvidar a quienes todavía hacen el bien en medio de tanta noticia desalentadora.

Lo que sí sé es que, a veces, basta con mirar a un perro echado en una acera, compartiendo el frío con alguien que tampoco tiene mucho, para entender que la nobleza no siempre necesita palabras. Y que, mientras nosotros seguimos discutiendo qué significa ser una buena persona, ellos, sin escribir tratados ni pronunciar discursos, saben quedarse.

Quizá no sea que los perros sean mejores que nosotros. Quizá sea que, después de tantas palabras, todavía nos conmueve encontrar un ser vivo que demuestra su cariño quedándose.

Esta historia está dedicada a cada uno de nuestros amigos peludos, a los que nos esperan detrás de una puerta, a los que nos acompañan en silencio y a los que convierten cualquier rincón de la casa en el mejor lugar del mundo, simplemente porque estamos allí.

Y sí, lo confieso, después de mirar esa fotografía y pensar en todo lo que pasa a nuestro alrededor, la verdad es que quiero más a mi perro.

Gracias, Lincon, por recordarme que, a veces, la mejor compañía no necesita decir una sola palabra.

miércoles, 28 de octubre de 2026

Conversatorio con Daniel Carvalho


En esta primera entrega de un nuevo conversatorio de El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. dialoga con el excongresista Daniel Carvalho Mejía sobre su trayectoria política, sus principales logros en Medellín y los desafíos de la ciudad en materia de movilidad sostenible, cultura, medioambiente y servicios públicos. Te invitamos a ver esta charla y conocer sus reflexiones sobre el presente y el futuro de Medellín.

¡Cuando los paracos son mejores que los gobernantes!

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Antes de la construcción de los sewers de Londres, por Bazalgette, y de los égouts de París, por Belgrand, por las avenidas y calles de todas las ciudades discurría en paralelo el albañal inmundo, impregnando todo el ambiente, día y noche, de nauseabundos olores, mientras proliferaban terribles plagas.

Nada puede imaginarse peor, en el orden físico, que el colapso de los alcantarillados, situación extrema que en el orden moral se está dando en Colombia con el destape de la cloaca de Petro, con la diferencia de que nada hay más conveniente, hoy, que la revelación del poder adquirido por los bajos fondos que controlaban el Estado, la política y la economía.

Después de la cuidadosa construcción mental y jurídica de un alcantarillado oficial para la disposición de los desechos de la diaria corrupción, y de la trasgresión sistemática del derecho penal, la colosal abundancia de porquería rompió los diques, y las aguas negras de la letrina oficial invadieron el torrente de la vida nacional.

No hay duda de que las denuncias del Libro de la Verdad, seguidas por las de Angie Rodríguez, Eva Ferrer, Melquisedec Torres, Carlos Ríos y otros muchos, no serán las únicas, porque ya no hay dependencia del gobierno que pueda seguir conteniendo su chorro represado de pus.

Todo lo anterior hace casi irrespirable el aire, y por eso, algunos, asqueados, preferirían que esas voces fueran acalladas, para retornar a la tranquila resignación en la que el país pudo vivir durante el inmundo cuatrienio, pero el destape de los hechos infamantes de la banda presidencial es necesario para iniciar la depuración que debe arrancar con la salida de la fiscal de bolsillo, cómplice y encubridora, que hasta ahora, con su silencio y engavetando los procesos, ha impedido el esclarecimiento de los hechos y el castigo de los responsables.

Ante las irrecusables denuncias, las respuestas vagas, lacrimógenas y acomodaticias de Petro, de la Verónica —que no tenía para la carne ni para las matrículas escolares—, de la Sarabia y de un chulo travesti, que intentan desmentir lo inocultable, son recibidas por la opinión pública con risas, o con indignación ante tanto cinismo.

La revelación de los acontecimientos que rodearon el fracasado “pacto de Valledupar” indica claramente algo increíble, que los paracos eran mejores que el gobernante.

Agrego que la fiscal, el procurador, el contralor, los numerosos magistrados, jueces y congresistas, comunicadores, empresarios, y hasta jerarcas de la Iglesia, fueron cómplices, por acción o por omisión, de un gobierno cuya historia horripilante superó ampliamente, desde la primera semana, todo lo imaginable en materia de corrupción, depravación y destrucción de un país.

Yo hoy no entiendo a los críticos del presidente Abelardo

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Flaco y traicionero servicio le están prestando a Colombia quienes critican con lupa rastrera y malintencionada al presidente Abelardo.

Yo, como colombiano, agradezco a Abelardo por haber derrotado al desastroso comunismo petro-cepedista, desconocedor, en compañía de todos sus irresponsables e indignos cómplices, de todas las atrocidades que cometieron contra nuestra nación.

Hoy, más que nunca, todos los colombianos que tengamos algún sentimiento de amor por nuestro país estamos en la obligación de respaldar y ayudar a quien logró derrotar a tan nefastos y diabólicos personajes.

La mala leche de los críticos injustos y malagradecidos los hace ver como cómplices y alcahuetes de todos los desastrosos hechos conocidos y por conocerse, que tienen al país al borde del punto de no retorno.

Pero tenemos a Nuestro Señor Jesucristo a nuestro favor, protegiéndonos e iluminándonos para evitar que los idiotas útiles sigan empujando al país por el despeñadero por el que nos tiraron los comunistas petro-cepedistas.

No nos vamos a dejar. Creemos que el milagro de la patria se está dando, es el camino que elegimos la mayoría de los colombianos. No vamos a ser tan pendejos como para perderle tiempo a los críticos inútiles de hoy.

Yo estuve antes de primera vuelta escéptico frente a Abelardo. Poco a poco me fui convenciendo de que era la única alternativa para sacar a los diablos de nuestro país y por eso terminé votando por él. Y siquiera ganó. Y creo que está haciendo bien la tarea: trabaja duro, explica claro, actúa rápido, está conectado con las regiones, está gobernando para todos los colombianos, le duele el país, es responsable, da buen ejemplo, cree en la familia y, lo más importante, cree en Dios y respeta sus preceptos.

Siento mucha tristeza viendo amigos equivocados, creyendo que criticando al que nos salvó van a obtener réditos políticos. Con el corazón y el cariño que les tengo, les pido que no se sigan equivocando, que reflexionen y aterricen. Ahora lo importante es sacar al país del atolladero, con lo que tenemos.

Dios mío, ilumínalos por favor.

martes, 27 de octubre de 2026

EPM debe regresar al acuerdo municipal original

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Cuando en los años 1996 y 1997 estudiamos en el Concejo de Medellín el proceso de transformación de EPM en empresa industrial y comercial del estado de capital 100 % público, como lo obligaba la Ley 142 de Servicios Públicos Domiciliarios, definimos un límite de reparto de excedentes del 35 % del total generado. Hoy, otro acuerdo permite transferir hasta el 55 %.

Lo primero que debe hacerse es regresar al 35 % y revisar, con lupa, cuánto de los gastos de EPM se está contabilizando como inversión para nivelar las cuentas de lo que son realmente utilidades operacionales. Me late que hay mucho gasto social que se lleva como inversión social. El cálculo actuarial debe ser muy alto y creo que lo asume directamente la empresa.

Segundo: revisar la relación endeudamiento versus ventas anuales de servicios. En mi sentir, el endeudamiento está en niveles muy altos y los requerimientos de capital de trabajo y de inversión en generación y transmisión de energía, más los temas de acueducto, alcantarillado, aseo y sus correspondientes plantas de tratamiento, exigen capitales inmensos que la compañía no tiene y que podría conseguir vía capitalización por acciones, abriendo la compañía al capital privado, lo que requiere estudios serios y, por supuesto, acuerdo municipal. Los créditos baratos cada vez son más costosos y si las calificadoras se nos voltean, serán mucho más complejos los cierres financieros.

Estas medidas, aparentemente simples, deben ser materia de análisis por la actual administración, inclusive considerando lo que está sucediendo con Afinia, que si no hubiese caído en manos del grupo político de los hermanitos Q., estoy seguro de que habría salido adelante con los programas de reposición de redes, control al contrabando de energía y al no pago que inició la primera gerente designada. Recordemos que en su primer periodo de operación produjo rentabilidad. Preferiblemente no deberíamos volver a hablar de excedentes extraordinarios, es un error garrafal.

Las posibilidades de generación y transmisión de energía, frente a las necesidades del país y la región, son costosas y urgentes. Además, debemos aprovechar al nuevo presidente, amigo de la inversión privada, del desarrollo, del orden y de la seguridad, condiciones requeridas para este tipo de inversiones.

Que Nuestro Señor Jesucristo ilumine a nuestros gobernantes para que nuestras EPM no se vayan a quedar atrás y terminen convirtiéndose en un riesgo en este mundo de tan acelerado desarrollo.

De cara al porvenir: acciones inaplazables

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Dentro de la agenda de actividades pendientes por definir y realizar en Colombia, en el corto plazo, traigo a colación, como ejemplo, las siguientes:

Un país que se ufana de tener una geografía privilegiada, con abundancia de agua y con todos los pisos térmicos disponibles durante todo el año, es apenas obvio que pueda llegar a pensar en convertirse no solamente en autosuficiente y soberana en términos alimenticios, sino, además, en ser despensa para el planeta.

Para esto debe garantizar que los insumos básicos estén bajo su control, de modo que no dependa de factores externos para poder sacar adelante tan loable propósito.

Por ello, es conveniente que seamos autosuficientes en la producción de fertilizantes, para lo cual deberíamos adquirir la totalidad de la empresa Monómeros S. A. cuya breve descripción presentamos a continuación. También podemos considerar en crear una empresa mediante asociación público-privada para garantizar el aprovisionamiento permanente de este insumo vital.

Monómeros Colombo Venezolanos S.A. es la principal empresa de fertilizantes e insumos agroindustriales en Colombia, atendiendo a más del 80 % del campesinado nacional y proveyendo cerca del 40 % del mercado de fertilizantes. Fundada en 1967, su sede principal e infraestructura portuaria se ubican en Barranquilla, generando más de 1600 empleos directos.

Características clave de la empresa:

* Origen y propiedad: es una empresa de integración binacional filial de la Petroquímica de Venezuela S.A. (Pequiven).

* Impacto en el agro: produce insumos y fertilizantes vitales para la caficultura, la siembra de palma de aceite y la producción de papa, siendo fundamental para la soberanía alimentaria del país.

* Disputa por su control: Dada su importancia estratégica, el Gobierno colombiano ha buscado recuperar el control accionario mayoritario a través de Ecopetrol, especialmente tras intentos previos de privatización que fueron frenados por las autoridades colombianas.

Otro asunto importante es el establecimiento universal de una tarifa única de energía eléctrica para todo el territorio nacional, tal como en su momento lo consiguieron la Gobernación de Antioquia, la Alcaldía de Medellín y Empresas Públicas de Medellín para todo el territorio antioqueño.

Las tarifas de energía se unificaron en el departamento de Antioquia en el año 2008.

Este proceso se consolidó luego de que las Empresas Públicas de Medellín (EPM) adquirieran y liquidaran la Empresa Antioqueña de Energía (EADE), logrando unificar el costo del kilovatio-hora para todos los municipios del departamento.

La equidad y la eficiencia en la prestación del servicio solo se logrará si te toma el toro por los cachos. Solo la solidaridad democrática nos permitirá salir del berenjenal en el cual nos encontramos hoy en muchas partes del país.

Otro elemento sería aumentar la capacidad de refinamiento de petróleo, de modo que podamos aprovechar nuestro patrimonio petrolero satisfaciendo la demanda de productos con valor agregado.

La preservación del recurso hídrico debe ser considerado como un objetivo nacional. Es el producto más importante para la vida y todas las proyecciones de futuro advierten crisis mundial por escasez, lo cual atentaría contra la supervivencia de la especie humana y otros tipos de vida.

Imposible pasar por alto el remedio definitivo a los problemas de La Mojana y del Canal del Dique.

Por último, es necesario preservar, explotar y proteger racionalmente nuestros minerales estratégicos, desde la bauxita en el Urabá Antioqueño, el uranio en el Chocó, el coltan en el Guainía, Vichada y Vaupés (por ahora) y las tierras raras en la Orinoquía y en el Vichada. Sin olvidar nuestro oro y nuestro platino, así como el carbón, el ferroníquel y el cobre.

Solo una verdadera conciencia geográfica e histórica nos ha de permitir aprovechar adecuadamente la exuberancia de las riquezas naturales con las que la providencia nos dotó.

Requerimos eso sí de gobiernos y gobernantes idóneos, pulcros y con visión de futuro para poder sacar el país adelante, así como de un sector privado pujante.