Andrés de Bedout Jaramillo
Los
vehículos eléctricos Tesla han entrado con fuerza a Colombia y al mundo, con
fábricas de carros y camiones impresionantemente grandes y con una tecnología
que ha superado, en buena parte, la utilización de tierras raras para disminuir
la dependencia de China. Muy pronto nos sorprenderá con robots y quién sabe con
qué más bienes y servicios en este mundo de tecnologías avanzadas, apuntándole
siempre a la movilidad vehicular autónoma.
Lo
que casi nadie sabe es que Tesla es el apellido de un científico serbio Nikola que
se educó en Croacia, en Karlovac, una tranquila y pequeña ciudad donde estudió a
finales del siglo XIX. Entre muchas otras ideas, o mejor, inventos brillantes,
como el del carro eléctrico y la transmisión de la electricidad sin cables
—donde la primera ya es una realidad casi dos siglos después y la segunda
todavía se estudia sin éxitos tangibles—, lo único cierto es que el científico
Tesla debió ser la inspiración para convertir este apellido en una marca
símbolo que hoy está a la vanguardia de los más grandes avances tecnológicos.
Es
allí donde Elon Musk está construyendo, tal vez, el conglomerado empresarial
más grande en materia de movilidad terrestre y aérea, transmisión satelital,
inteligencia artificial y almacenamiento de datos en el espacio, entre otras
muchas actividades que nos sorprenden día a día. La dependencia de nosotros,
los humanos habitantes del planeta Tierra, de los bienes y servicios que hoy y
en un futuro próximo nos brindarán las empresas de Musk, nos pone a pensar que nuestro
hogar, cada vez, estará más gobernado por poderosas corporaciones privadas que
por gobiernos legítimamente constituidos. Incluso me atrevo a opinar que la
vigencia y legitimidad de los gobiernos solo será otorgada por estas
corporaciones privadas, en las que los Estados deberán tener pequeñas
participaciones para no quedar del todo por fuera del inmenso poder económico
de empresas como Tesla, que influirán directamente en nuestro futuro.
El
homenaje que hoy se le hace al científico e inventor Nikola Tesla —quien, dicho
sea de paso, fue muy mal administrador y no logró canalizar ninguno de sus
inventos para construir un patrimonio económico importante, ni siquiera cuando
se asoció con el señor Westinghouse, quien se convirtió en una poderosa marca
de electrodomésticos— es más que merecido.
Qué
gran contrasentido: Nikola Tesla murió prácticamente sin dinero y quien hoy
capitaliza sus inventos, Elon Musk, es la persona más rica del mundo, según la
revista que escalafona a los dueños de los grandes capitales.
Cuando
lleguen los robots con I. A. a reemplazar la mano de obra humana, los bienes y
servicios bajarán sustancialmente de precio y las rentas universales soportarán
las necesidades individuales. Las ciudades se construirán en torno al cuidado
del medio ambiente, donde el verde de la naturaleza, el regreso de las especies
animales y el azul del agua pura serán la prioridad; el transporte será
eléctrico y público, con un servicio ininterrumpido.
Poco
a poco me he ido metiendo en este mundo loco de la tecnología; me gusta y me
voy defendiéndolo.
Que
nuestro Señor Jesucristo nos ilumine y nos dé las fuerzas necesarias para
aprender cada día más y poder ser útiles a la sociedad.
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