Hasta los más
insensibles habitantes de esta adolorida patria se sienten horrorizados con el resurgir
de la violencia en sus formas más crueles. En tan solo 72 horas los grupos
de hampones de las FARC perpetraron 28 atentados que han dejado 20 civiles
muertos y 48 heridos, la peor masacre en los últimos 20 años.
No podemos eludir
nuestra responsabilidad como ciudadanos ante tan despiadada crueldad en contra
de inocentes compatriotas, muchos de los cuales viajaban en un bus escalera por
la vía Panamericana que fue volado con poderosas cargas de explosivos.
Todos sabemos que este
lamentable hecho es una consecuencia del crecimiento del narcotráfico,
base económica de la criminalidad, y de la impunidad que el Gobierno de
Petro y la JEP otorgan a los hampones que están destruyendo a Colombia. Son
llamados “gestores paz” y prohíben su captura aún en caso de flagrancia, como
ocurrió con alias Calarcá, el mismo que está incrustado en los servicios de
inteligencia del Estado.
No podemos esperar, en
consecuencia, una severa acción de combate contra esos grupos por parte del
régimen, que negocia con ellos la paz total sin exigirles nada a cambio. La
fuerza pública, diezmada por la reducción del pie de fuerza, la decapitación de
sus más experimentados oficiales y la limitación de sus recursos operativos
está en desventaja frente a estos grupos alimentados con los monumentales
ingresos del narcotráfico.
Nos obliga lo anterior
a tomar decisiones apoyadas en la razón, no en las pasiones ni en la propaganda
política pagada. Acostumbrémonos a votar por los programas que más
benefician al país, no por los candidatos que basan sus méritos en su
capacidad de recoger adhesiones de las viejas castas politiqueras, mandadas a
recoger.
Y los programas que se
requieren para devolver a los ciudadanos la seguridad a la que tienen derecho, son
muy claros:1) Fumigar hasta la última mata de coca. 2) Recuperar, con la
asesoría de USA y con armamento y tecnología de punta, todo el territorio que
se encuentra bajo el dominio de los grupos ilegales (más de 150 municipios). 3)
Suprimir la JEP. 4) En lugar de más diálogos, aplicar rigurosamente la ley a
los bandidos, encerrarlos en verdaderas cárceles de seguridad, y 5) derogar
todos los decretos que fomentan la delincuencia (ordenar la vigencia de órdenes
de captura suspendidas, cumplir con extradiciones pendientes, aplicar
expropiación exprés a los activos de los facinerosos, restablecer el orden
urbano , impedir bloqueos de carreteras o de sistemas de transporte, suspender
subsidios a vándalos para que no delincan y a cultivadores de coca, etc.)
Por supuesto, esto nos
indica a las claras que un programa de esta naturaleza no va a ser aplicado por
el heredero de Petro y candidato de las FARC y nos corresponde encargarnos de
que no llegue a la Presidencia.
Tampoco podemos pensar
que quienes dicen llamarse “de centro” pero en su seno tienen fichas del
traidor Santos, artífice de la entrega del país a las FARC y simpatizantes de
la JEP, de los diálogos de paz y de la permisividad frente a la delincuencia,
son los llamados a dar una batalla contundente contra el terrorismo y el
crimen.
Necesitamos a quien
tiene el conocimiento, el talante y la firme voluntad para dar tranquilidad a
los colombianos: Abelardo de la Espriella. Leamos con cuidado su plan de
seguridad para devolver la tranquilidad a los habitantes de las ciudades para
que puedan salir sin temor a la calle, que sus hijos puedan disfrutar de
parques y canchas deportivas sin la presencia de jíbaros, que sus empresas no
sean extorsionadas como ocurre en todo el territorio nacional, que no sean
víctimas de los miles de atentados que vivimos.
Sabemos que tú, como
todos los colombianos de bien, queremos un mejor futuro para la patria y para
todos nuestros compatriotas. Ayúdanos en esta hora decisiva y deja por un
momento otras preocupaciones. Dios, la patria y tu familia te lo agradecerán.

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