viernes, 13 de marzo de 2026

Colombia significa el país de las palomas

Luis Guillermo Echeverri Vélez

Luis Guillermo Echeverri Vélez

Ante el gobierno más corrupto que haya existido, está el país político convertido en una selva y el escenario electoral en un zoológico. Invito a los lectores a una corta fábula que describe la naturaleza de la paloma, el caballo, el avechucho, el lobo y el tigre.

Del griego clásico en que se concibió la democracia fuente de la civilización occidental, surgió el latín donde “Columba” es paloma, genérico que destaca el femenino sin desconocer el masculino, y de allí viene Columbus, Colón en español, y de éste el nombre de Colombia o territorio de las palomas, símbolo del poder de la mujer y por tanto de ilusión y de esperanza.

La paloma ha significado la bondad, la libertad propia de la enseñanza de las aves que vuelan libres, porque piensan que pueden volar. La paloma ha sido a lo largo de la historia aliada de la humanidad, la mensajera que contra toda adversidad ha llevado en la distancia ideas, mensajes salvadores de vidas y factores de progreso que han saldado diferencias entre naciones desde la era en que no teníamos otra forma de comunicarnos.

La paloma encarna la orientación propia de la sabiduría de los seres que conocen el camino y siempre saben cómo volver al nido. Ha sido el animal que simboliza el bien y que encarna la espiritualidad por sus virtudes naturales, así algunos ilusionistas hayan tratado de apañarse de su imagen para vender la fantasía de una falsa paz, desconociendo que la convivencia es solo el justo resultado de la lucha contra las inevitables instancias del mal.

El caballo es el ser que se opone al fatídico símbolo del mal y la destrucción, está dotado de nobleza y fortaleza, que entregó al servicio y el desarrollo de la humanidad a lo largo de la historia ayudando al hombre a construir la civilización hasta la llegada del motor. El caballo simboliza el poderío y la medida de una infinita fuerza constructiva y transformadora gracias a la cual sobre sus lomos prosperaron las naciones. Su naturaleza representa la unidad y el equilibro dentro del deber ser y la legalidad.

El avechucho encarna la degeneración del imaginario demonio maligno que se apodera de la inseguridad de las personas y las engaña con falsas promesas a fin de que le vendan el alma y luego las condena a la miseria y la pobreza.

El lobo es un depredador astuto, frío, silencioso y violento que pertenece a la misma ralea de asesinos que siempre atacan en manada, y que como la taimada zorra se vale del engaño y la marrulla para entrar a destruir la existencia y el progreso de seres indefensos. Es así como la dialéctica demagógica propia del populismo embauca al ciudadano ingenuo o ignorante con el atraco que representan las promesas de espejismos e ideales como una paz que jamás se alcanzará, otorgando impunidad a terroristas disfrazados de humanistas.

El tigre es un depredador de innegable y destacada presencia entre todos los felinos que, por su naturaleza corpulenta, sus garras, colmillos y el tronar de sus rugidos, despierta tanto miedo como admiración, sin dejar de ser un peligroso y solitario cazador, que no, un protector ni defensor como los canes que vigilan y cuidan con sus vidas la casa donde les dan de comer.

Volviendo a la vida real, está Colombia abocada a atender a un show comunicacional que se difunde en los medios digitales, y está el país a punto de perder el “sistema operativo” que representa sus libertades ante la amenaza de una dictadura constitucional modelo SSXXI.

Los votos son el producto de las emociones, no les pertenecen a los políticos ni a los partidos que los canalizan, no son transferibles ni endosables de una elección a otra. Hay que trabajarlos para cada elección y se causan por convicción, engaño, pago o amenaza, pero solo existen en las urnas. Nadie los guarda en el monedero, son de los electores. Las maquinarias, los partidos y los políticos solo mueven el 19 % de los ciudadanos que integran el potencial electoral. Ello confirma que el mercado a convencer de votar por el bien es el 81% decepcionado y hastiado con la politiquería, el clientelismo y la corrupción.

Moraleja: Debemos todos desde nuestros celulares hacer una gran campaña de unidad por la libertad, por los valores patrios, por poder elegir el bien y no el mal, comprendiendo que aún tenemos derecho a elegir el destino de la nación y determinar si queremos un país democrático donde podamos trabajar bajo el amparo de la justicia y la legalidad, evitando caer en la opresión propia del sistema totalitario neocomunista controlado por las organizaciones criminales que viven del narcotráfico que solo corrompe y mata.

La república de las fobias

Fredy Angarita
Fredy Angarita

El 15 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra la Islamofobia[1], una fecha creada por las Naciones Unidas desde el 2022, para recordar que el miedo también puede transformarse en discriminación. ¿Será que en estos catorce días que lleva la guerra se va a tener presente esta fecha?

Las fobias no solo viven en los conflictos religiosos. También parecen haberse instalado en la política. Vamos a hacer un breve recuento de algunas de ellas.

En Colombia la política se parece cada vez más a un diccionario de fobias
[2]
. No de esas que se estudian en los manuales clínicos, sino de las que se incuban en los pasillos alfombrados del poder, donde el miedo no se diagnostica, pero se practica todos los días.

Hay miedo a perder el cargo, miedo a perder la influencia, miedo a perder la próxima elección. Y en ese inventario silencioso aparecen viejas palabras que describen mejor la política que muchos discursos: demofobia, el temor a la gente cuando deja de aplaudir; diquefobia, el miedo a la justicia cuando esta comienza a tocar la puerta, y atiquifobia, el miedo a fracasar cuando el país empieza a mirar con lupa a quienes gobiernan.

Mientras tanto, el escenario político colombiano se reorganiza como una partida de ajedrez que todavía no revela todas sus jugadas. Las fórmulas vicepresidenciales se insinúan como pactos que buscan tranquilizar regiones, equilibrar partidos o domesticar electores inquietos. No siempre nacen de la afinidad política; muchas veces nacen del cálculo.

Al mismo tiempo, en el Congreso se libra otra batalla, menos visible, pero igual de feroz: la de quienes entran y la de quienes van a salir. Cada elección legislativa despierta una ansiedad que, en términos médicos, podría llamarse atiquifobia electoral: el miedo a que el apellido ya no alcance, a que la maquinaria se oxide.

Y en medio de ese movimiento hay algo que pesa más que cualquier estrategia: las sillas vacías. No solo por la ausencia física de algunos congresistas salpicados por el escándalo de la UNGRD, sino por el símbolo que dejan. Porque una silla vacía en política nunca está realmente vacía. Está llena de sospechas, de silencios y, sobre todo, de esa vieja compañera del poder: la diquefobia, el miedo a que la justicia deja de ser un rumor para convertirse en destino.

En la política colombiana abundan las fobias al pueblo, a la justicia y al fracaso. La única que parece haber desaparecido es la catagelofobia: el miedo a hacer el ridículo.



[1] Islamofobia: miedo, odio, prejuicio o discriminación sistemática hacia el Islam y los musulmanes.

La alegría de la Cuaresma

José Leonardo Rincón, S. J.

José Leonardo Rincón,S.J.

Quizás el color morado de los ornamentos de este tiempo litúrgico era lo que me hacía pensar desde niño que la cuaresma era un tiempo lúgubre, asociado a silencio, ayuno de carne, abstinencias exigentes y otras prácticas que nos iban preparando para la Semana Santa cuyo culmen era el viernes santo.

Por cierto, los viernes se rompía la dieta ordinaria y se nos obligaba a consumir pescado. El panorama metereológico de estos meses de marzo y abril (aguas mil) contribuía a la escenografía: poco sol, frío, muchos nubarrones negros, lluvias pertinaces cuando no aguaceros con truenos y rayos, mejor dicho, todo dado para inducir al arrepentimiento y la penitencia. ¿Y qué decir de la semana mayor?  La programación en las emisoras se alteraba, la música festiva se cambiaba por clásica, hasta el cine relanzaba las tradicionales cintas taquilleras de siempre: el mártir del calvario, Ben-hur, los 10 mandamientos…

Para colmos, ya jesuita, los ejercicios espirituales de la tercera semana retomaban el tema de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. No había cabida para pensamientos alegres. Todo tenía una tonalidad grisácea y cuasi trágica.

 Esta manera de ver y de vivir la cuaresma tocó a su fin ya entrado en años. Cuando implementamos el sistema de gestión de calidad en nuestros colegios, ese andamiaje metodológico, sumado a la práctica pedagógica ignaciana, me ayudaron a hacer una analogía existencial: Dios nos quiere caminando en la senda de la mejora continua: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. Y perfecto es reflejo de calidad. Claro, eso no se logra de la noche a la mañana, siempre nos encontramos con no conformidades mayores (pecados mortales), no conformidades menores (pecados veniales) y oportunidades de mejora.  El examen de conciencia no es otra cosa que un ejercicio de auditoría interna. La idea no es rajarse sino obtener la certificación, es decir, realizarse en la vida, alcanzando el propósito, ser felices. Los parámetros están dados y más que un cumplimiento (cumplo y miento) de requisitos de normas  hay que descubrir la razón y el sentido que lo inspira, es todo un espíritu, una manera de ser y de proceder.

 Después, cuando hice la tercera probacion, que es como un segundo noviciado, en la perezosa tercera semana que ya mencioné, nuestro instructor nos invitó a repetir no una sino hasta cuatro veces las oraciones que me sabían a cacho pero que, al final, me terminaron gustando. Si. Hubo un cambio de fondo en la mentalidad y comprensión del asunto. La cuaresma es otra cosa. La cuaresma es un tiempo privilegiado para entrar al taller y hacer una revisión (no ya tecno-mecánica) sino estructural y comprehensiva de la propia vida y el poder apretar tuercas, hacer ajustes, ordenar la casa interior, eso es motivo de alegría profunda y enorme satisfacción, porque ¿Quién no se alegra de poder crecer, evolucionar, madurar? Así las cosas, la cuaresma se transforma en antesala de la pascua, esto es, de ese paso triunfante de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz, de la tristeza a la alegría.

jueves, 12 de marzo de 2026

La lección de Guillermo León Valencia sobre el orden público

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

Entre muchos grandes recuerdos de juventud conservo los referentes a los orígenes del Frente Nacional, la Presidencia de Guillermo León Valencia y correrías políticas que hice con Ignacio Valencia López por caminos de Antioquia.

Quizá por eso vuelve una anécdota del presidente Valencia: al periodista que le pregunta si es partidario de los diálogos con los alzados en armas, responde:

Sí, desde luego. Ese intercambio debe tener lugar en una oficina pública, donde el juez interroga al guerrillero, y luego, de acuerdo con la Ley, le impone la pena correspondiente a los delitos cometidos.

La dignidad en el país de las sillas

Rafael Uribe Uribe

Rafael Uribe Uribe

En Colombia, la dignidad humana dejó de medirse por los derechos y comenzó a medirse por el mobiliario en los centros de salud. Esta dolorosa realidad se hizo evidente cuando mi hijo, en fase terminal de cáncer, tuvo que pasar cuatro días sentado en una silla, porque no había camillas. Durante ese tiempo, el dolor era una constante, y la respuesta de las instituciones se repetía como un mantra: no hay, no alcanza, no se puede. Así, la resignación parece haberse convertido en una política pública. Después de mover cielo y tierra se logró su traslado a una habitación compartida mientras puede remitirse a otra clínica de cuidados paliativos, si es que la suerte ayuda con una habitación disponible.

En una de mis visitas a la clínica, la desesperación me llevó casi al infarto. Por los pasillos había más de cien pacientes en camillas y sillas en un espacio colapsado que recordaba a un escenario de guerra. El país entero se ha transformado en una sala de espera interminable. Como tantos otros, mi hijo fue condenado a una silla, porque el sistema así lo decidió. Se trata de una verdadera tragedia, un crimen de lesa humanidad.

Lo que presencié es la consecuencia directa de un sistema de salud que está siendo desmantelado pieza por pieza. No hace falta ser un experto; basta con entrar a una clínica y percibir el colapso. Mientras se habla de “transformación”, lo único que de verdad cambia es la desesperación de los enfermos. Las promesas de “salvar el sistema” solo salvan el discurso, y se culpa al pasado, el presente se deteriora en los pasillos de los hospitales.

La destrucción del sistema de salud no es una metáfora, es una realidad tangible. Se manifiesta en la falta de insumos, la improvisación permanente, la burocracia asfixiante y la incapacidad de garantizar lo mínimo indispensable. En cualquier país civilizado, lo mínimo sería que un paciente terminal no tuviera que pasar cuatro días en una silla.

Lo que vi fue una radiografía brutal: un Estado que juega a la revolución poniendo en riesgo la vida de los ciudadanos, un sistema que se desangra y una ciudadanía obligada a agradecer lo que antes era básico. La silla de mi hijo dejó de ser una simple anécdota para convertirse en un símbolo del derrumbe de un país, donde la ideología prevalece.

Duele escribir estas palabras, pero duele mucho más vivir esta experiencia. Duele ver que la vida de un ser querido depende de un sistema que ya no funciona. Duele saber que, mientras los discursos se inflan, los pacientes se sientan, y esperan, y esperan, y esperan.

A pesar del colapso y la precariedad, la clínica a la que acudimos sobresale por la calidad de atención y el compromiso de médicos y enfermeras, quienes se esfuerzan diariamente por ofrecer el mejor cuidado posible a los pacientes. Sin embargo, su labor se ve gravemente dificultada por la falta de recursos, la burocracia y la decadencia del sistema sanitario, que impide el cumplimiento de lo mínimo necesario.

El Rincón de Dios

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación” Mateo 5:4.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Elecciones: lo bueno, lo malo y lo feo

José Alvear Sanín

Los comicios del 8 de marzo serán, es obvio, objeto de infinidad de comentarios, no solamente por el necesario análisis de los resultados. La dinámica política, lógicamente ha cambiado, y el debate presidencial se decanta, como consecuencia de las opciones que resultan de las consultas.

Me atrevo a hacer algunos comentarios a vuelapluma:

Lo bueno

1. Estancamiento electoral del comunismo: a pesar de cuatro años de preparación del fraude —treinta y pico de billones de contratación indebida para “aceitar” las elecciones, multitud de bodegas y 74 frecuencias radiales de la Radio Nacional de Colombia y de centenares de municipios entregados a guerrillas, combos y narcos—, los resultados para el Pacto Histórico, en torno al 24 % de los votantes, son los habituales para Congreso.

2. Recuperación del Centro Democrático: no solo crece en Senado y Cámara, sino que su débil precandidata presidencial sale convertida en una posible opción presidencial, porque en la Gran Consulta obtuvo un espléndido resultado, con mayor número de votos que el Pacto Histórico en el Senado. Paloma es la gran vencedora de la jornada.

3. Mientras afortunadamente desaparecen de la escena personajillos como Juan Manuel Galán, Juan Carlos Pinzón, Mauricio Cárdenas, Viki Dávila, Enrique Peñalosa, Aníbal Gaviria y David Luna, se queman figuras valerosas, como Lina María Garrido y Miguel Polo Polo. Pero en cambio, emerge Daniel Briceño, joven de innegable porvenir, posible candidato vicepresidencial ahora y probable aspirante presidencial para 2030.

4. Después de estas elecciones se puede prever que, en mayo 31, el primer lugar se lo disputarán Abelardo y Paloma, relegando a Cepeda al tercer puesto. No debemos desconocer que los votos de Paloma en la Gran Consulta superan los que obtuvo Cepeda en el simulacro de consulta que lo hizo candidato a finales del año pasado.

Lo malo

1. A pesar de la importancia que revestía la elección de Congreso en los momentos más críticos de la historia patria, la abstención electoral fue lamentable. La participación en 2018 fue de 49.3 %; de 48.45 % en 2022, y ahora retrocede al 42.1 %. En un país donde se abstiene el 51.9 % del censo, el futuro de la democracia sigue siendo incierto.

2. La fragmentación del Congreso con varios partidos y muchas clientelas, hará imposible al próximo gobierno sacar adelante las reformas necesarias para la reconstrucción nacional, sin tener que repartir algún tipo de mermelada.

Lo feo

1. La emergencia de una apreciable fuerza política basada en la orientación sexual de los votantes.

2. El predominio electoral del comunismo en el suroeste del país, debido al constreñimiento, la minga y los grupos armados terroristas y mafiosos, que responden a la estrategia revolucionaria del actual gobierno.

3. La obstinación de Petro, propia de su talante de rufián, en impugnar los resultados en unas elecciones diáfanas.

Espumas que se van

 Pedro Juan González Carvajal

Pedro Juan González Carvajal

Ahora que estamos celebrando los 350 años de la fundación de Medellín, y rescatando del olvido ciertos establecimientos que sirvieron como escenario de variados tipos de reuniones alrededor de una muy buena comida y una muy buena atención, traigo los nombres de algunos restaurantes y cafeterías que en su época marcaron verdaderos hitos y que hoy ya hacen parte solamente del pasado.

Entre algunos de los restaurantes y cafeterías famosos se encuentran: El Salvatore, Doña María, Los Tambos, Manhatan, Las Cuatro Estaciones,  Los Cristales, Finale, La Orquídea,  La Fragata,  El Cardesco, Montenevado, Fuente Azul, El Colmado, Guadalajara, El Peñazco, La Tranquera, Choza Mar, El Postillón, El Candil, La Sombrilla, El Tonino, La Yerra, La Estación, Los Recuerdos, Acuarius, Tramezini, La Tratoria, San Jorge, El Palacio Egipcio, Zorba, Boogaloo, Julios, El Bar de la 21 y obviamente, Palazetto, La Margarita, Podestá, El Ché, Hatoviejo, Salón Versalles, Mondongos, Café le Gris, Bupos y el exquisito Frutos del Mar aún en funcionamiento.

Sobreviven afortunadamente Santa Helena, Santa Clara, y El Astor como reposterías emblemáticas y simbólicas.

El pollo también ha tenido su evolución pasando por La Sorpresa, La Caldera, Pollos Mario, Pollos Frisby, Pollos Maruja, Pollos Claudio y KFC.

La aparición de productos como Helados Mimos, las pizzerías, los submarinos, y los Pasteles de El Tejadito.

Discotecas como La Tranquera, 2001, El Camello Verde, Fujiyama, El Tambo de Aná, Chupa Chups, El Templo de la 70, Aquarius, Kevins, entre otras, eran punto de referencia los fines de semana.

Bares como El Vesubio, El Ganadero, Las Américas, La Bastilla, Morabar, Las Brisas, eran verdaderos referentes de la época.

Lugares de dudosa reputación como Lovaina, Marta Pintuco y la Cueva del Oso.

Grilles como Grill de las Estrellas, Ali Kan, Jardin Clarita, Claro de Luna, El Jordán, Dino Rojo, eran infaltables.

Lugares de tango como El Abasto Tango, La Casa Gardeliana, El Patio del Tango, El Rancho de Irusta, Málaga, Homero Manzi.

Establecimientos juveniles como Camasuelta, Cocodrulo, Flot, Lauros, Julios, dieron mucho de qué hablar.

Cantantes emblemáticos como Carlos Arturo, Fernando González, Fausto, Jaime Galé y Lorena, entre otros.

Conjuntos musicales como los Ayer”s, Los Médicos, Los Éxitos, Los Golden Boys, Los Graduados, Los Black Stars, Edmundo Arias, Fruko y sus Tesos, Los Hispanos, El Combo de las Estrellas, entre otros muchos. 

Igualmente, Clubes sociales como el Club Unión, El Rodeo, el Club Medellín, el Cazadiana, Los Ánades, el Club de Ejecutivos, Club de Profesionales, fueron testigos de grandes sucesos sociales, políticos y económicos, convirtiéndose en centros de decisión de la época.

De igual manera teatros como el Bolívar, el Junín y el Pablo Tobón Uribe sirvieron de escenarios para grandes eventos artísticos y culturales, teniendo hoy como epicentro al Metropolitano.

Teatros de cine como El Cid, El Ópera, el Avenida, Colombia, América, Rívoli, Tropicana, Odeón, Libia, entre otros, hacían parte de la labor de entretenimiento habitual.

Hoteles como Nutibara, Amarú, Europa Normandie, Eupacla, Salvatore, Ambassador, Gran Hotel, Intercontinental sirvieron de punto de llegada a los distintos visitantes.  

Cementerios como San Lorenzo, San Pedro, Campos de Paz y Montesacro.

Así mismo, almacenes de cadena como El Tía, Caravana, El Kilo, El Ley, y otros como Xócimos, Flamingo, La Primavera, Citanova, abrieron paso a la llegada de grandes establecimientos como Almacenes Éxito.   

Tímidamente fueron llegando los centros comerciales, siendo San Diego y Oviedo los pioneros.

En vehículos el R-4, el Simca, el Zastava, Topolino, Comando, entre otros, estaban a la moda.

Hay que mencionar que el haber sido la sede de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1978 sirvió como detonante para la modernización y la construcción de escenarios deportivos.

Hitos como la Copa Libertadores del Atlético Nacional en 1989, la fundación de INEXMODA, la generosa donación del Maestro Botero y la habilitación de un bello espacio histórico para albergar parte de su obra, así como la inauguración de La Alpujarra, de TELEANTIOQUIA, de TELEMEDELLIN, del METRO, de las sedes de  EPM y BANCOLOMBIA, de los METROCABLES, del TRANVIA, y las varias ampliaciones del Estadio Atanasio Girardot, por solo mencionar algunas obras físicas, dan cuenta del liderazgo y la pujanza con la que hemos potenciado nuestra ciudad.

Ni que hablar de la pujanza empresarial y de las organizaciones sociales que han impulsado la economía y el tejido socio político económico de la ciudad.