Luis Alfonso García Carmona
En muchos países se ha
acudido a la reforma agraria, como instrumento para incrementar la
productividad y, de esa manera, contribuir al desarrollo del país.
Casi siempre terminan
estos intentos en rotundos fracasos, porque son manejados como simples mecanismos
ideológicos para estigmatizar el capital y profundizar el odio de clases,
partiendo de la falsa idea de que la tierra, por sí misma, genera riqueza. En
otras ocasiones se ha incurrido en el craso error de repartir títulos de
propiedad sin que existan previamente las condiciones mínimas para la
explotación agropecuaria (sistemas de riego, vías terciarias, asesoría
técnica, créditos blandos, facilidades para el mercadeo de los productos, etcétera.
Por fortuna esa etapa
de mediocridad e improvisaciones ha terminado en la era del “tigre”. No nos
preocupa enzarzarnos en inútiles discusiones sino en situar al sector
agropecuario como uno de los principales motores del desarrollo en la Patria
Milagro. Contamos con suficientes razones para ser optimistas en que lo
conseguiremos: grandes extensiones que no son explotadas como corresponde,
variedad de suelos y de climas donde podemos producir una gran oferta agropecuaria
y una población campesina dispuesta a aportar su esfuerzo de la mano del Gobierno,
en la medida en que la seguridad y la tranquilidad avancen en todo el
territorio nacional.
“Sin agua, drenajes,
energía, vías, crédito, asistencia técnica y acceso a mercados, la tierra es
apenas un activo improductivo. Por eso, repartir tierra sin infraestructura
productiva equivale, muchas veces, a repartir pobreza.” (Miguel
Ángel Laucouture Arévalo, Contexto ganadero)
La designación del doctor
Indalecio Dangond, profundo conocedor de los temas agropecuarios, como ministro
de Agricultura, es una prenda de garantía para que emprendamos la revolución
del campo sobre estas bases:
1. Implementación
de polos de desarrollo para la producción agropecuaria que satisfaga
la demanda nacional e internacional. Mediante una juiciosa planeación se
determinan los cultivos con mayor potencial, así como las zonas donde se
producirán, utilizando tecnología de punta y equipos para la mecanización de
las distintas operaciones de siembra, riego, cosecha, y el cumplimiento de
estándares exigidos por los mercados externos. El Estado, a través de sus
distintas dependencias, proporcionará los sistemas de riego y obras de
infraestructura, y pondrá al servicio de los productores la red de embajadas
para la comercialización internacional. Para los grandes proyectos se convocará
a empresas e inversionistas nacionales e internacionales, y se impulsarán las
alianzas estratégicas con productores nacionales y la transferencia tecnológica.
2. Impulso y
preparación de los pequeños productores agropecuarios para
elevar su nivel de vida y el de sus localidades. No olvidemos que ellos
producen la mayor parte de alimentos para el mercado interno y absorben gran parte
de la mano de obra en las zonas rurales. ¿Cómo hacerlo? Mediante una rigurosa
planeación, el Ministerio seleccionará las zonas donde se desarrollarán los
programas de establecimiento de pequeñas unidades de producción. Primero, se
asegurará de que cuenten con suministro de agua para el riego, vías de
penetración, créditos para su emprendimiento y asesoría técnica para el
desarrollo productivo. En lugar de títulos de propiedad se entregarán los
terrenos a título de comodato, con la condición de que se formalizará el
traspaso de la propiedad si, cumplido un plazo de 5 años, el proyecto no ha
fracasado por culpa del adjudicatario o en el caso de que este haya transferido
o cedido en usufructo sus derechos. De acuerdo con numerosos estudios
disponibles, es lo ideal que la parcela tenga de 1 a 3 hectáreas, para que se
pueda explotar con productos para el consumo familiar y quede un espacio
suficiente para la producción de otros que tengan mercado natural en la zona o
sean consignados a una cooperativa de mercadeo. La granja puede suministrar
proteínas vegetales y animales, cereales, verduras, frutas, alimento para aves,
conejos y otras especies menores y aprovechar los materiales de desecho para la
preparación de compost y ahorrar en la compra de insumos. La asesoría técnica
deberá preparar un esquema de actividades para cada productor, supervisarlo y
asesorarlo. Finalmente, el Estado, directamente o con la colaboración de
cooperativas de mercadeo, prestará el apoyo necesario para el mercadeo de la
producción destinada a su comercialización.
Con estas elementales
tareas podemos construir la verdadera revolución del agro, la de la Patria
Milagro. No requerimos de ampulosas reformas constitucionales ni crear más
burocracia, Por el contrario, debemos concentrar la planeación y la adopción de
decisiones en unos pocos.
No nos quejemos de la
pobreza, de la inflación o de que tenemos la nevera vacía cuando nuestro suelo
está a nuestra disposición para ponerlo a producir todo lo que necesitamos.
Confiemos en la Patria Milagro y en su líder, Abelardo de la
Espriella, que no descansará hasta cumplir su promesa de hacer de Colombia
un mejor país para todos.

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