viernes, 6 de marzo de 2026

La barbarie más espantosa de nuestra historia

Luis Alfonso García Carmona

Luis Alfonso García Carmona

Me ha estremecido la admisión colectiva y sin ninguna duda de los miembros del Secretariado de las FARC de la responsabilidad de su banda criminal en la comisión de 18.000 casos de reclutamiento forzado de menores, muchos de los cuales fueron sometidos a violaciones, abortos forzados y vejámenes físicos y psicológicos que han afectado sus vidas.

Durante 10 años los cabecillas de esa narcoguerrilla, desalmada y violenta, se han empeñado en negar las denuncias e informaciones sobre sus infames secuestros de menores de edad para convertirlos en máquinas de guerra, utilizarlos como escudos contra los bombardeos y como esclavos sexuales de sus jefes.

Hasta ahora sus aliados y defensores, comenzando por Iván Cepeda, su candidato a la Presidencia, han negado toda participación de las FARC en los crímenes de lesa humanidad que acaban de confesar sus autores,

De la misma manera, la JEP, ese remedo de tribunal creado por el farcsantismo para garantizar a las FARC su impunidad, ha cumplido su cometido con la mayor eficiencia.  Sistemáticamente se negaron a escuchar las voces de las víctimas supervivientes o a prestarles la debida protección.

No cumplieron los victimarios con las únicas obligaciones que en el claudicante acuerdo les impusieron: Confesar sus delitos, reparar a las víctimas y comprometerse a la no repetición de sus criminales actuaciones. No hubo reparación con la peregrina excusa de que carecían de fondos; desde la firma del acuerdo hasta nuestros días no se ha interrumpido la práctica del reclutamiento forzado de menores. El cuento de que la firma del espurio acuerdo era para poner en primer plano el resarcimiento a las víctimas fue un puro cuento del “Tartufo” Santos. No se conformó con ello, sino que, además, premió a los victimarios con curules gratuitas en el Congreso desde donde vienen aprobando las leyes de la República y posando de Padres de la Patria. Mientras tanto, las sobrevivientes a esta horrorosa humillación son acosadas por sus enemigos, ignoradas por la JEP y por el gobierno.

Me sorprende que la sociedad en general haya callado ante semejante injusticia. No conozco las voces de protesta de los dirigentes políticos, los candidatos a la Presidencia, los medios de comunicación (con las honrosas excepciones de La Hora de la Verdad y de Vélez por la mañana).

No deja de conmoverme la impasibilidad de los facinerosos de las FARC en su discurso de aceptación de culpa. Pareciera que estuvieran confesando el hurto de una bolsita de azúcar en la cafetería, Nada de emociones frente a los terribles daños causados. Tampoco la más mínima preocupación de cómo resarcir a los sobrevivientes o cómo pagar los beneficios gratuitos recibidos de los últimos 3 gobiernos, colaborando para que no se repita en el futuro este execrable crimen.

Nada de eso, Sólo un tenebroso reflejo de sus oscuras personalidades y de su vil existencia dedicada al terrorismo y la violencia,

Es el momento de reaccionar, estimados compatriotas. No podremos cambiar esta podredumbre moral hasta que no tengamos al frente del gobierno a un líder con voluntad para hacerlo, respaldo electoral suficiente y fervor por esta noble causa. Lo tenemos a la mano y muchos, obnubilados por intereses personalistas o por caprichosos gustos, pretendemos desconocerlo. Unámonos generosamente con Abelado de la Espriella para la Presidencia y con Salvación Nacional para el Congreso. No nos distraigamos con las consultas armadas para reunir grupitos de aspirantes sin fuerza electoral, pero con desmedidas aspiraciones que sólo generan confusión y favorecen a las izquierdas al acecho para repetir período  y acabar el proceso de destrucción iniciado por el Camarada Petro.

Vote bien, no bote su voto

José Leonardo Rincón Contreras, S. J.
José Leonardo Rincón,S.J.

Hay que salir a votar. No importa si el día es soleado o lluvioso. No se confíe en las encuestas creyendo que son apodicticas y no hay reversa. No permita que otros decidan por usted. Deje de lado la pereza dominical y ejerza su derecho ciudadano de participar y elegir. La historia ya nos ha dejado lecciones que no se pueden repetir. 

Cada coyuntura es importante y tiene sus particulares preocupaciones. Esta que vivimos ahora no lo es menos y lo sabemos. El contexto global es cada vez más complejo. Nuestros destinos como nación tienen que ser regidos autónomamente con una amplia manifestación democrática, respaldada por la decisión de un pueblo libre que quiere expresar su voluntad inclinándose por éste o aquel candidato.  Cuando el rio está revuelto la ganancia es de los pescadores. Cuando hay anarquía o las multitudes son indiferentes y apáticas, otros aparecen para tomar el control y hacerse fuertes con la debilidad de los otros.

Botar el voto es no informarse oportunamente y rayar un tarjeton señalando cualquier casilla, o rayándola mal para hacer que el voto sea nulo, o votando en blanco porque no se sabe a quien elegir. Es verdad que nos falta formación sociopolítica y nos dejamos llevar por lo que otros dicen, por las tradiciones familiares, por las apariencias engañosas, por discursos elocuentes pero mentirosos y, qué vergüenza que la práctica subsista, por la compra de votos.

Votar bien implica indagar por los aspirantes, conocer sus currículos, haberse enterado de sus propuestas, saber de sus realizaciones, tener la conciencia crítica para no tragar entero todo lo que de ellos se dice. En el juego sucio que se alborota por estos días, a algunos los demonizan y a otros los canonizan, sin más, solo para desprestigiar, para hacer daño. Absurdo. No hay que ser ingenuos. Claro, discernir no es fácil, tomar distancia buscando ser objetivos cuando alrededor los ánimos se exacerban y las pasiones se recalienten, no es fácil. Con tantas decepciones pasadas, con tantas desilusiones vividas, la pregunta es si al perro lo pueden operar varias veces. ¿Otra vez?

La jornada electoral de este domingo es doblemente importante:

-        Vamos a elegir nuestros representantes en las corporaciones públicas de la rama legislativa. Hay que mirar bien a quienes vamos a escoger porque después no habrá excusa para quejarnos si no nos hemos manifestado.

-        Y también podemos participar en las consultas partidistas que pretenden escoger, dentro de varias opciones, los respectivos candidatos presidenciales.

Ambas elecciones son tan delicadas como importantes. A veces nos despreocupamos del tema, porque finalmente todo seguirá siendo lo mismo. Ahí está lo grave. En comernos ese cuento arrastrados por inercias históricas. Cuando uno participa y lo hace en conciencia puede tener la frente en alto y mirar de frente. Se puede ganar, se puede perder, pero se habrá podido participar y esa es la esencia de la democracia.  ¡Pilas, pues!

jueves, 5 de marzo de 2026

Cómo perpetuar a Petro en el poder

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Según la reciente encuesta de Invamer, la favorabilidad de Petro se elevó al 49,1 % mientras descendió su desfavorabilidad al 46,1 %. Quiere ello decir que Colombia se volvió petrista o que, la mayoría de los encuestados, que representan la opinión de la población, están de acuerdo con la gestión de la extrema izquierda en el poder. La tan “criticada paz total” parece ser la solución indicada para los problemas de inseguridad; las reformas al sistema de salud están garantizando los servicios asistenciales con eficiencia y prontitud; vivimos un florecimiento económico pues no se ha perjudicado el sector privado, ni las finanzas del Estado, ni ha aumentado el costo de vida con el aumento del salario mínimo a niveles nunca vistos. El que piense lo contrario seguramente no ha leído la encuesta o no ha comprendido sus conclusiones.

Este promisorio futuro que se desprende de la favorabilidad de la gestión se intensificará con la probable elección de su sucesor, el candidato de las FARC, Iván Cepeda, que entra también dentro de las predicciones de Invamer.

Nos toca, en consecuencia, garantizar la perpetuidad del régimen petrista, en cabeza de su sucesor, quien ha manifestado que su programa de gobierno consiste en continuar y profundizar las reformas de su socio Petro. ¿Cómo podemos perpetuar el mandato de Petro en las próximas décadas? De tres maneras:

a. Votando en elecciones de Congreso por el Pacto Histórico y en las Presidenciales por el sucesor de Petro, Iván Cepeda:

b. Votando las consultas partidistas que distraen los votos y evitan que tome más fuerza la candidatura de Abelardo de la Espriella, único que podría evitar la llegada de Cepeda al poder; y,

c. Abstenerse de votar en las elecciones, quedarse en casa, salir de paseo, no preocuparse por la política, y permitir que sí lo hagan los partidarios de Cepeda, quienes votarán por nosotros.

Cualquiera de estas conductas garantizará que se perpetúe el régimen petrista para que sigamos viviendo sabroso y respondiendo a las encuestas afirmativamente sobre la favorabilidad del régimen comunista de Cepeda.

La república del estanque

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Este 8 de marzo son las elecciones legislativas y algunas consultas. La invitación es a que hagas uso del derecho al voto. No importa tu partido político ni tu preferencia: solo hazlo.

Por este motivo les quiero compartir una palabra, algo larga, cuyo origen se remonta a un relato de la antigua Grecia, tradicionalmente atribuido a Homero, aunque estudios modernos lo consideran una obra anónima. Batracomiomaquia (Βατραχομυομαχία) significa literalmente “la batalla de las ranas y los ratones” (de batrachos = rana, mys = ratón, maché = batalla).[1]

No toda guerra comienza con una bala, algunas empiezan con un malentendido.

En la antigua Batracomiomaquia, una rana invita a un ratón a cruzar el agua sobre su lomo. Aparece una serpiente, la rana se sumerge por instinto. El ratón muere ahogado, lo que pudo ser un accidente se convierte en traición. Lo que fue miedo se interpreta como perfidia. Y el estanque se transforma en campo de batalla.

Nada más humano.

Colombia no es un estanque, pero a veces se comporta como uno. Aquí también sabemos convertir el sobresalto en agravio histórico. Una frase mal dicha se vuelve ofensa estructural. Una reforma torpe se lee como conspiración. Un error político se narra como acto deliberado de destrucción nacional, no discutimos hechos: discutimos relatos.

En el poema, los ratones se reúnen en asamblea. Pronuncian discursos inflamados, Invocan el honor. Las ranas hacen lo mismo. Cada bando se siente víctima legítima, cada cual eleva su versión a categoría de epopeya. La escena es ridícula: cáscaras de nuez como cascos, espinas como lanzas. Pero el tono es solemne, casi sagrado, como si se tratara de una nueva Ilíada.

Y ahí está la ironía.

Porque el problema no es el conflicto. El problema es el tono.

En Colombia hemos aprendido a hablar en modo épico. Todo es definitivo, todo es histórico, todo es el fin o la salvación de la patria. La política ya no se ejerce como administración imperfecta de lo posible, sino como cruzada moral contra el enemigo.

Y cuando el adversario se convierte en enemigo, el diálogo se vuelve traición.

En la Batracomiomaquia, los dioses observan desde lejos. Solo intervienen cuando el combate se desborda. En nuestra realidad, esos “dioses” adoptan otras formas: la economía global, los mercados, las decisiones judiciales, la presión internacional, la opinión pública que cambia de humor como el clima de montaña. Mientras aquí nos declaramos guerras simbólicas, fuerzas más grandes deciden silenciosamente el desenlace.

La batalla termina en un día. Pero el absurdo permanece.

Tal vez la enseñanza más incómoda del poema no es que las ranas o los ratones sean ridículos. Es que lo toman demasiado en serio. ¿Será ese nuestro espejo?

No porque la política colombiana sea trivial —no lo es—, sino porque la sobredimensionamos narrativamente hasta que cualquier diferencia se vuelve abismo. Elevamos el desacuerdo a tragedia nacional, hacemos de cada estanque una Troya imaginaria.

Mientras tanto, la vida cotidiana sigue: la gente trabaja, ama, sobrevive, improvisa. El país real no siempre coincide con el país épico que gritamos.

Tal vez necesitamos bajar el volumen

aceptar que no toda retirada es traición,

que no todo error es conspiración

y que no todo opositor es enemigo.

La épica tiene algo embriagador: nos hace sentir protagonistas de la historia. Pero también nos vuelve incapaces de convivir.

A veces la verdadera valentía política no consiste en ganar la batalla, sino en negarse a convertir cada diferencia en guerra.

Porque cuando croamos demasiado fuerte o roemos en la sombra con sospecha permanente, el estanque se enturbia. Y en aguas turbias, nadie cruza al otro lado.

Conversatorio con Marco Antonio Velilla Moreno


Antonio Montoya H.
En el conversatorio de la semana de El Pensamiento al Aire, el invitado es el jurista colombiano Marco Antonio Velilla Moreno, candidato al Senado de la República, quien nos comparte sobre sus logros profesionales y su visión de lo que se puede hacer por el país desde el Congreso. No dejes de verlo.

Cuenta con una amplia trayectoria en el ámbito del derecho público y económico. Es abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana y realizó estudios de posgrado en Francia, entre ellos una maestría en Derecho Civil en la Universidad París II y una maestría en Derecho Económico en la Universidad de Orléans. En el campo profesional se desempeñó como magistrado del Consejo de Estado durante ocho años, donde participó en decisiones relacionadas con servicios públicos, competencia económica, propiedad industrial y protección de los consumidores. También ha sido asesor de entidades públicas y privadas, de la Presidencia de la República y de la Superintendencia de Industria y Comercio, además de ejercer la docencia universitaria. Velilla ha participado en procesos para altos cargos del Estado, entre ellos la terna para la elección de Fiscal General de la Nación, y ha desarrollado una labor académica y de investigación en temas jurídicos y regulatorios. Su trayectoria combina experiencia en la función pública, el ejercicio del derecho y la actividad académica.

Colombia no es una país comunista

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Lo que no haga uno mismo, nadie lo hace por uno. Evitemos que los criminales sigan en el poder. Aprendí de mi padre que ser inteligente es: “ser capaz de aprender de los errores de los demás sin tenerlos que cometer uno mismo”. Llegó el momento en que todos los colombianos que queremos vivir en un país libre votemos por Colombia sin caer en el error que cometió Venezuela hace 31 años cuando decidió experimentar con un modelo comunista.

Votar a conciencia es una obligación con la patria y con uno mismo. Y por eso todos debemos participar en la batalla digital contra el establecimiento de una dictadura comunista disfrazada de democracia constitucional, invitando a nuestros contactos a votar bien.

Colombia no es comunista, pero está gobernada por el populismo comunista revolucionario y destructor aliado del narcoterrorismo que está en el poder desde 2022, y por militantes del brazo civil de la ideología operativa de las organizaciones criminales para quienes las leyes existentes son ilegítimas y su ejercicio del poder sobrepasa la legalidad.

Colombia cae al abismo del SSXXI a manos de un gobierno genocida que destruyó el sistema de salud, que tiene quebrantada la separación de poderes, que se roba el erario y los ahorros de los colombianos para crear “la falsa ilusión de un mayor ingreso real” en los estratos 3, 2 y 1 que es donde están más del 70 % de los votos, utilizando todo el aparato propagandístico del Estado autocrático que ignora la ley de garantías y con nuestros impuestos paga la pauta en sus propios medios y en los privados, y financia toda la primera línea digital de Bolívar que paga todo tipo de impulsores o mercenarios digitales.

El 85 % del potencial electoral no cree ni confía en los políticos ni en los partidos debido a los altos niveles corrupción del gobierno actual, y a la incertidumbre electoral se suma el terror que ejercen las organizaciones criminales en las vías, las fronteras y en 2/3 del territorio nacional.

La clase política en su gran mayoría nos ha defraudado y solo nos queda como en el caso del referendo a los falsos acuerdos de paz del 2016. Que sea la voluntad popular la que de forma orgánica salga en defensa de Colombia y vote contra la dictadura de un gobierno populista opresor que ha llevado el Estado a su peor versión en toda la historia y no merece continuar.

No somos un país comunista. Somos gente libre y verraca y por eso, a pesar de los violentos hemos sido por más de 220 años una democracia, con defectos, pero fiel a los valores fundacionales de libertad y orden que hoy tenemos que defender.

Al país laborioso solo le queda unirse como nación y salir a votar contra quienes han venido sentando todas las bases para implantar un modelo opresor neo - narco - comunista. Aún estamos a tiempo, tenemos la obligación de votar y luego exigirle a los elegidos.

Tenemos de aquí a las presidenciales para que los colombianos luchemos por nuestros celulares motivando amigos, conocidos y familiares a votar bien, a apoyar a quienes defienden la democracia y son oposición al gobierno de Petro, Cepeda, las FARC-EP y el ELN, a quienes están en contra del mísero progresismo que trae bajo la ruana la puñalada trapera de la subversión conquistando el poder para condenar a toda la nación al mismo empobrecimiento de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Colombia se merece que le demos la oportunidad de seguir siendo un país libre. Habla con tu gente diles que voten bien, que no se dejen engañar más, que escuchen a Uribe, el gran colombiano que ha sido siempre consistente con su lucha por una mejor Colombia y por solucionarle los problemas a la gente y darle al país un mejor nivel de vida, una economía dinámica y creciente y una seguridad tangible.

Entre todos podemos conservar la libertad con el voto de apoyo a las propuestas de Uribe el 8 de marzo y el voto por la libertad de nuestras familias en las elecciones presidenciales.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 137


En su nuevo editorial para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H., reseña los siguientes hechos: las guerras de Ucrania y Rusia, entre Estados Unidos, Israel e Irán, la de Afganistán y Pakistán, el cambio de Gobierno en Venezuela, Cuba y la presión americana para derrocar a sus líderes, cuestionan la estabilidad del mundo; el conflicto arancelario entre Colombia y Ecuador; la muerte del narcotraficante Mencho; la alarma por el rebrote de sarampión en México; los decretos de Petro sobre la declaración de emergencia en Colombia por las afectaciones invernales; la crisis en la salud que reorganiza las operaciones territoriales del las EPS, y al final comenta las consultas y elecciones al Congreso de Colombia. No dejes de verlo.