viernes, 12 de junio de 2026

De Madrid a Barcelona

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Mucho es lo que uno puede contar, así que me voy a detener en lo que más me ha impactado.

Toda esta primera semana ha estado enmarcada por la visita de León XIV a España. Hemos coincidido los primeros seis días, tanto en Madrid como en Barcelona. La afluencia de gente ha sido multitudinaria a todos los eventos programados. Lo he visto a través de la tele en su total sobriedad y sencillez, pero calando con su mensaje. Inéditos los 7 minutos de aplausos en el parlamento español donde hubo para dar y convidar a unos y a otros, y todos quedaron contentos. He visitado los mismos sitios por dónde iba a pasar o ya había pasado. Me ha admirado la organización y pulcritud en todo. Finalmente, he estado cerca suyo en la Sagrada Familia, esa majestuosa obra de arte diseñada por Gaudí y que se ha tomado cien años en concluirse. Escribiré capítulo aparte.

Les decía que me he movido en trenes todo el tiempo. Trenes de alta velocidad, los normales y los metros. Excelente la red ferroviaria, precios razonables y distancias largas que se acortan. Maravilloso.

En Zaragoza me encontré con dos amigos de vieja data, Delvys, colombiano, que me acogió en su apartamento y José Luis, aragonés. Ambos de mis tiempos de trabajos en escuela católica. Ya había estado allí hace años, pero fue bueno ir de nuevo al Pilar y concelebrar la eucaristía en tan bello santuario mariano. Tarde me enteré de que la hija de Luis Guillermo trabaja allí. ¡A pocos metros y no sabía! Conocer el edificio del antiguo seminario y enterarme de que fue regentado por la Compañía hasta la supresión. Dos figuras que pasaron por allí me emocionaron: Baltasar Gracian, reconocido hasta hoy por las escuelas de administración del mundo entero y José Pignatelli el santo que ayudó a la restauración de la Compañía. En su iglesia contigua supe que se ordenó José María Escrivá y pude constatar el enorme influjo que la Obra tiene en Aragón y en derredores. Admiré las instalaciones de nuestro colegio del Salvador y quedé fascinado por la belleza de la ciudad. Mis dos desayunos fueron los tradicionales chocolates con churros y volvería feliz al restaurante de sushi donde pude degustar todo lo que quise gracias al “tenedor libre” (mensaje subliminal para ir con Félix).

En Barcelona, en la estación de Sants, me esperaba mi maestro José Ma. Rambla, jesuita catalán que fue mi instructor de Tercera Probación, a quien encontré intacto en su apariencia y con admirable agilidad para los 92 primaveras que tiene encima. Sobre la estadía con él también escribiré líneas aparte pues tuve una “actualización” Ignaciana en mi sistema, que jocosamente llamamos Cuarta Probación. Fue grato encontrarme con Diana Constanza, prima que reside y labora allí desde hace dos años.

Así las cosas, antes del capítulo de Valencia a Badajoz, les contaré entonces dos apartados del primero: Baño de Ignacianidad / Gaudí fuera de serie. Lo haré en estos días, de modo que no habrá que esperar hasta el viernes. ¡Hasta pronto!

¿Para cuándo la reivindicación de los buenos?

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Nunca habrá avance social mientras el ciudadano, que nada debe, le tenga que temer a la injusticia a manos de la justicia. La ausencia de justicia es el mayor desastre de una sociedad. En medio de una exuberancia de individualismos, engaños y envidias atadas a la perennidad de un trópico infernal lleno de pestes y malezas disfrazadas de personas, hemos llegado al extremo de que sea la justicia la que más atropella lo justo y más ignora y machaca la verdad.

Aquí las Cortes cometen injusticias abusando por plata o ideología, y los entes de control están totalmente politizados. Perniciosamente conviven con la corrupción política afectando moralmente la sana convivencia, el desarrollo y el crecimiento humano que deben enmarcar la cultura de toda una nación, olvidando que existen para defender la constitución y el derecho.

Para la justicia ya no son malas las violaciones a la ley si las hace la criminalidad de botas y fusil, la pistolera o la que viste traje y está enjambrada en las instancias del poder central capitalino y su reflejo regional. Aquellos ya no tienen culpa porque son parte del pluralismo populista, la tolerancia y de la mal llamada justicia social progresista que aprieta la tenaza de la combinación de todas las formas de lucha. Aquí los que le salimos debiendo a la clase política corrupta que nos gobierna, somos los ciudadanos que acatamos la ley y pagamos impuestos.

Está pendiente en Colombia el debate y el enjuiciamiento al daño causado por la subversión. El Estado le debe al país, a las generaciones presentes y futuras el juicio político, social, económico y moral al daño que han hecho las narcoguerrillas, las organizaciones criminales y sus cómplices desde el Estado, la práctica torcida del derecho, y los partidos políticos e instituciones que dicen defender y representar el pueblo, pero que se han vendido a contratistas corruptos y a los intereses del gran negocio de la droga, que a tantos mata.

Sin ese juicio jamás podremos recuperar ni avanzar como sociedad civilizada. Mientras no haya consecuencias punibles sino impunidad, no habrá futuro ni esperanza en este país y seguiremos viviendo de la mentira, y en la negación de la mentira, y un pueblo que ha sido libre pasará a ser esclavo de un totalitarismo constitucional opresivo que solo favorecerá a los pocos que ejerzan el poder bajo las formas estatistas del SSXXI.

La nata podrida del poder de la capital, las cortes, la fiscalía y los demás entes de control han defendido cuantos procesos de paz les ha dado la gana de instaurar a los presidentes, pero nunca han permitido un enjuiciamiento a quienes agreden de manera violenta a toda la sociedad.

Los procesos de paz solo son formas injustas de obviar el sometimiento a la ley, de mantener las apariencias y esconder la impunidad negociada clandestinamente con todo tipo de organizaciones criminales que atracan, roban, atacan, extorsionan, matan y secuestran, violan, embarazan, hacen abortar niñas campesinas indefensas y convierten en sicarios a seres humanos inocentes.

Aquí hubo “Para-política” pero nunca FARC - política, pues para poder infestar el país de falsa paz, lo que se estila es la impunidad total. Nunca llegaremos a nada como sociedad mientras no se cumpla el deber democrático de hacerle el juicio político y legal en los propios estrados judiciales que no están ocupados por mérito sino por la plaga del vil clientelismo, y gran parte de nuestra clase política ha sido la validadora de las acciones de todo el crimen organizado. ¿Son esos los que queremos reelegir?

En el caso colombiano tras el biombo de la Justicia Especial para la Paz, (JEP) está desnuda la perniciosa vergüenza de las demás Cortes que se dejaron montar un negocio paralelo para proteger criminales, una inquisición moderna para moler la coercibilidad del derecho y el Estado gendarme, y para operar una lavandería selectiva de delitos de lesa humanidad.

Como dice el narco libretista, aquí los malos han sido los buenos que se tienen que aguantar los violentos, “los hijueputas policías”, y las familias que han entregado sus hijos para que los maten defendiendo la ciudadanía, los cientos de miles de personas que trabajamos para que medre a placer el progresismo que acomete la destrucción sistemática institucional de las arcas del Estado y de la riqueza que generamos los particulares.

Le han vendido al citadino y a la juventud el cuento de que quienes trabajamos y vivimos en el campo somos “paracos”. Pero ¿se han preguntado los políticos quiénes les dan de comer?, pues aquí no todo lo que llega a la mesa es importado. Se han preguntado al legislar ¿cuáles son los problemas con los que tenemos que lidiar quienes producimos para mantener a todos los que viven del Estado?

Parece que aquí solo van a enjuiciar y a expropiar a los empresarios que han generado empleo y puesto sus patrimonios a riesgo. Aquí gana el malo y lleva del bulto el que tenga una tierra y la trabaje, sea patrón, empleado, viva en la ciudad o tenga el valor de vivir en el campo para proteger su propiedad con su vida o con el alto costo de un secuestro, un asesinato o una extorsión.

Un Estado que no provea seguridad, justicia, no de ejemplo de austeridad ni provea servicios de agua, salud, energía, gas, sistemas de comunicación y transporte, y que no ofrezca confianza a la inversión, no tiene derecho a cobrarle un peso más al ciudadano que trabaja y tributa honestamente para mantener un negocio, que da empleo y sostiene otras familias.

Pongámonos de acuerdo para ir a las urnas el 21 de junio a manifestar nuestra determinación de votar por seguir siendo una nación libre y un país democrático en el que podamos construir algo mejor para las generaciones que vienen, evitando que Colombia se consolide como un narco Estado bajo el modelo Castro-chavista.

jueves, 11 de junio de 2026

La terquedad de creer que esta vez sí

Fredy Angarita
Fredy Angarita

En este momento es difícil no hablar de la situación del país y de la campaña electoral que estamos viviendo. Estamos divididos, juzgándonos unos a otros. Desde que me interesan los procesos democráticos, no recuerdo haber visto uno como el actual.

Crecí con la idea de que los políticos colombianos parecían haber aprendido una vieja lección de los romanos: "Pan y circo para el pueblo" (panem et circenses).

Quizá por eso siempre me llamó la atención una coincidencia recurrente. Cuando el país debía tomar decisiones importantes en el ámbito político, muchas veces estas parecían coincidir con los Juegos Olímpicos o Mundiales de Fútbol. Durante años, eso alimentó el mito de que el entretenimiento servía para distraer a los ciudadanos de los asuntos verdaderamente importantes.

Hoy lo llamo mito porque no creo que la FIFA piense en la distracción de los colombianos cuando organiza un mundial. Sin embargo, la coincidencia existe y vale la pena recordarla.

Año

Presidente electo

1958

Alberto Lleras Camargo

1962

Guillermo León Valencia

1966

Carlos Lleras Restrepo

1970

Misael Pastrana Borrero

1974

Alfonso López Michelsen

1978

Julio César Turbay Ayala

1982

Belisario Betancur Cuartas

1986

Virgilio Barco Vargas

1990

César Gaviria Trujillo

1994

Ernesto Samper Pizano

1998

Andrés Pastrana Arango

2002

Álvaro Uribe Vélez

2006

Álvaro Uribe Vélez

2010

Juan Manuel Santos Calderón

2014

Juan Manuel Santos Calderón

2018

Iván Duque Márquez

2022

Gustavo Petro Urrego

2026

?

En total, diecisiete elecciones presidenciales colombianas han coincidido con años mundialistas, desde 1958 hasta 2026.

Desde 1994 hasta 2018, las segundas vueltas presidenciales se realizaron prácticamente al mismo tiempo que la fase de grupos o los primeros cruces de los mundiales. En 2026 vuelve a ocurrir: la eventual segunda vuelta presidencial se celebrará el 21 de junio, en pleno mundial.

Si se observan las campañas presidenciales que coincidieron con los mundiales, aparece una especie de evolución simbólica:

• Entre 1958 y 1986 se votaba principalmente por el partido.

• Entre 1990 y 2002 se votaba contra el miedo.

• Entre 2006 y 2018 se votaba por la imagen del líder.

• Entre 2022 y 2026 se vota por relatos, emociones y algoritmos.

Después de hacer este pequeño recorrido, me doy cuenta de que la campaña actual es una de las más desgastantes a nivel social. No solo por las propuestas o los candidatos, sino por los relatos que construye, las emociones que despierta y los algoritmos que amplifican cada discusión.

Todos nos estamos dividiendo. Al fin y al cabo, es algo que nosotros mismos hemos construido.

Mientras tanto, el país sigue mirando dos pantallas: una donde rueda un balón y otra donde se disputa el poder. En ambas se promete la victoria. En ambas se alimenta la esperanza colectiva. Y en ambas, cada cuatro años, millones de colombianos terminan preguntándose si esta vez sí cambiará el resultado.

Entonces recuerdo una frase de José Eustasio Rivera en La Vorágine:

"¿No crees, Alicia, que vamos huyendo de un fantasma cuyo poder se lo atribuimos nosotros mismos? ¿No sería mejor regresar?"

A veces pienso que esa pregunta sigue vigente.

Porque en Colombia, cada cuatro años, se cruzan dos rituales colectivos capaces de movilizar emociones masivas: la esperanza política y la pasión futbolera. Mientras unos votan por el futuro del país, otros miran una pantalla esperando un gol.

Tal vez el verdadero punto de encuentro entre las elecciones y los mundiales no sea el calendario.

Es la esperanza, esa terquedad tan colombiana de creer que el próximo gobierno sí resolverá lo que los anteriores no pudieron. La misma que nos hace pensar que el próximo partido sí terminará en celebración. Y aunque la historia nos obligue a ser prudentes, cada cuatro años volvemos a intentarlo. Quizá porque un país también se construye con sus esperanzas. Incluso con aquellas que nunca llegan a cumplirse.

 

miércoles, 10 de junio de 2026

Respuestas a una inquitud nacional

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Se preguntan los colombianos, con escasas excepciones: ¿cómo es posible que el candidato Iván Cepeda, esté a poca distancia del ganador de la primera vuelta presidencial, Abelardo de la Espriella?

Representa el “continuismo” del peor régimen que ha gobernado al país en su historia republicana; su programa de gobierno, casi desconocido, se limita a profundizar los programas del guerrillero-presidente, los cuales tienen a la nación al borde del abismo en todos los órdenes de la gestión pública; se regirá en su eventual Gobierno por su propia formación política, es decir, el comunismo más recalcitrante; está respaldado por los grupos de narcoguerrilleros de las FARC, de los cuales ha sido siempre su defensor y cómplice; no se preocupa por ninguno de los gravísimos problemas de la sociedad colombiana, como la seguridad, la corrupción, el desbarajuste fiscal, la crisis de la economía, la pésima calidad de la educación, la falta de salud y el recorte presupuestal a los programas de beneficio para los más vulnerables; en toda su trayectoria, fuera de vivir a costillas del erario público, no ha realizado una sola obra en beneficio de los menos favorecidos; agréguese a lo anterior que carece de las condiciones mínimas de liderazgo, carisma y generación de credibilidad que deben acompañar a un candidato a la presidencia.

¿Cómo puede, entonces, tener Cepeda serias posibilidades de ser nuestro próximo presidente? Por el patrocinio del camarada presidente, quien ya no se preocupa por disimular su propósito de perpetuarse en el poder a través de su marioneta, Iván Cepeda. Las estrategias que utiliza para tal efecto son:

1.- Constreñimiento a los electores. Si se observa en el mapa de Colombia las regiones con influencia guerrillera, se concluye que coinciden exactamente con las zonas donde Cepeda obtuvo mayoría en las urnas. Son múltiples las quejas de ciudadanos amenazados de muerte por los ilegales armados si no comprueban que votaron por Cepeda. En algunas mesas Cepeda obtuvo el 100 % o un porcentaje muy cercano, lo cual es un resultado totalmente atípico. La Confederación Alianza Reconstrucción Colombia, Alianzarc, presentó derecho de petición para trasladar las urnas de las zonas rurales a poblaciones con mayor vigilancia de la fuerza pública. Inexplicablemente, ni los gobernadores ni las autoridades correspondientes han adoptado las medidas solicitadas. https://alianzareconstruccioncolombia.org/respaldo-colectivo-virtual-del-pueblo-colombiano-a-las-tres-peticiones-de-alianzarc-resumida/

2.- Compra de votos. Con fondos del presupuesto nacional, recursos de crédito y extorsión a contratistas del Estado, se adelanta una compra masiva de votos en todo el territorio nacional, Además, se ha apelado a caciques electorales reconocidos ampliamente por su intermediación en este sistema de fraude electoral, algunos de los cuales ya han sido denunciados públicamente por el candidato Abelardo de la Espriella.

3.- Participación indebida en política por el presidente y altos directivos del Estado. En forma generalizada y sin tapujos se lleva a cabo esta punible práctica ante los ojos de los entes de control, la rama judicial y los organismos de investigación. Se capturan cómplices con dinero efectivo en sobres con los nombres de los destinatarios, pero son liberados. Para guardar las apariencias solamente se han iniciado investigaciones por parte de la Procuraduría contra 9 funcionarios, En la Comisión de Acusaciones permanecen archivadas varias denuncias contra el presidente Petro por estas transgresiones, pero los miembros de esta comisión prefieren incurrir en prevaricato que adelantar cualquier investigación contra el jefe del Estado.

4. Incremento de la guerra sucia. Utilizando al máximo los recursos técnicos (Inravisión), las bodegas pagadas por el Estado, y los medios y comunicadores fletados con dineros públicos, se inició una guerra sucia inventando toda clase de mentiras y engaños para desfigurar la imagen del candidato De la Espriella y desprestigiar su propuesta a los colombianos.

5. Suplantación de identidad de los electores. Se denunció en la primera vuelta que los votos de algunos fueron suplantados por otras personas. Ello ocurre por la inoperancia de la identificación biométrica. Presentó la Confederación Alianza Reconstrucción Colombia, Alianzarc, derecho de petición al registrador para implementar este sistema como medio eficaz para evitar la suplantación del votante, sin resultado hasta la fecha.

6. Hackeo del sistema de conteo de votos. Según lo ha denunciado el medio virtual El Expediente, planea el Gobierno hackear los resultados electorales con un entramado en el que participarían Andrés Mauricio Angel Peña (alias Angelita), funcionario de Coljuegos, la empresa española Mnemo, los ciudadanos españoles Xavier Vendrell, Manuel Grau Pujadas y Ramón Devesa González, el coronel Erick Siegert Cerezo, excomandante del Comando Conjunto Cibernético de las Fuerzas Militares, Jairo Navarrete y Luis Eduardo Rodríguez, entre otros. El operativo al parecer proviene de Rusia, país al cual viajaron varios de los involucrados.

¿Cómo podemos los colombianos abortar estas macabras estrategias diseñadas para darle fin a nuestra democracia y convertirnos en esclavos del sistema comunista?

No hay sino una solución: no podemos sentarnos a esperar que alguien venga a salvarnos ni confiar en que los resultados nos serán favorables como en la primera vuelta.

Tenemos que convertirnos cada uno de los 10 000 000 de “Defensores de la Patria” en jefes del debate electoral y garantizar 5 votos cada uno de nosotros por el “tigre” Abelardo. Si sólo alcanzamos a llevar 2 en promedio por cada uno de nosotros, seríamos 30 000 000 de votos. La victoria tiene que ser contundente, para vencer a la trampa y el fraude monumental que se está adelantando en contra de nuestra amada y dolorida nación. Para asegurarnos de lograrlo, no dejemos de rogar al Señor Jesucristo y a la Santísima Virgen que nos ayuden en esta hora crucial para nuestro futuro. Son los únicos que nunca nos abandonarán y que siempre nos amarán.

martes, 9 de junio de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 130


En un nuevo capítulo de Sucesos de la Semana para www.elpensamientoalaire.com, Antonio Montoya H. analiza los resultados de la primera vuelta presidencial en Colombia, el avance de Abelardo de la Espriella hacia la segunda vuelta, las controversias por las denuncias de fraude electoral, la participación de funcionarios del Gobierno en actividades políticas y el debate sobre el futuro de la democracia colombiana. Además, comenta el endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos contra el régimen cubano, las perspectivas de la economía nacional, el nuevo festivo en honor a la Virgen de Chiquinquirá y otros acontecimientos de actualidad nacional e internacional. Invitamos a nuestros seguidores a ver este análisis semanal y conocer la visión del autor sobre los temas que marcan la agenda informativa del momento.

De cara al porvenir: patriotismo vs. patrioterismo

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Decir “yo amo a mi país” puede significar dos cosas opuestas. En un caso, expresa un vínculo maduro con la comunidad política a la que se pertenece. En el otro, es un grito que busca silenciar, excluir y justificar abusos. La primera actitud se llama patriotismo. La segunda, patrioterismo. Confundirlas es peligroso: bajo la bandera del amor a la patria se han cometido tanto los actos más nobles como los más vergonzosos de la historia. Distinguirlas no es semántica, es una defensa de la democracia.

1. Patriotismo: amor crítico y responsable

El patriotismo es el afecto por la propia comunidad política, pero no es un amor ciego. Tiene tres componentes clave:

a. Apego a valores, no a símbolos: el patriota ama la libertad, la justicia y la igualdad que su constitución promete, no solo la bandera o el himno. Por eso puede criticar al Gobierno de turno cuando traiciona esos valores. Ama al país que debería ser, y trabaja para acercar el país real a ese ideal.

b. Incluyente: entiende que la nación es plural. Cabe el indígena, el inmigrante, el opositor, el que piensa distinto. La patria no es de un partido ni de una raza. El patriotismo suma, no resta.

c. Responsabilidad: se traduce en deberes concretos: pagar impuestos, respetar la ley, votar informado, defender al débil, cuidar lo público. El patriota pregunta “¿qué puedo hacer yo por mi país?”, no solo “¿qué me da el país?”.

El patriotismo acepta la autocrítica. Reconocer los errores históricos como la esclavitud, violencia, corrupción no es traición, es el primer paso para repararlos y no repetirlos.

2. Patrioterismo: el uso instrumental de la patria

El patrioterismo es la deformación del patriotismo. Toma sus símbolos, pero vacía su contenido ético. Sus rasgos:

a. Apego a símbolos, no a valores: reduce la patria a trapos, himnos y fechas. Exige ponerse la mano en el pecho, pero no exige honradez ni respeto a la ley. Confunde forma con fondo.

b. Excluyente y tribal: define la patria como “nosotros contra ellos”. Quien critica es “vendepatria”, “traidor”, “apátrida”. Sirve para crear un enemigo interno y justificar la persecución. El patrioterismo necesita un chivo expiatorio para mantenerse vivo.

c. Acrítico y obediente: No tolera el disenso. “Mi país, con razón o sin ella”. Defiende al Gobierno no porque sea justo, sino porque es “el nuestro”. Se usa para blindar al poder de cualquier control.

d. Chovinista: Cree que su país es superior por naturaleza y que los demás deben someterse. De ahí al expansionismo y la xenofobia hay un paso.

El patrioterismo es ruidoso. Se manifiesta en discursos, desfiles y arengas. Busca aplauso, no transformación. Es rentable políticamente porque apela a la emoción más básica: el miedo al otro.

3. Diferencias clave en la práctica

Ante la crítica: la escucha y la usa para mejorar. La censura como “traición”.

Ante el extranjero: coopera y aprende. desprecia y teme.

Ante la ley: la respeta, aunque le duela. La viola si “conviene a la patria”.

Ante la historia: reconoce luces y sombras. Inventa un pasado glorioso sin manchas.

Objetivo: construir un país más justo. Mantener al grupo en el poder.

Lenguaje: “Nosotros podemos mejorar”. “Ellos nos quieren destruir”.

4. Por qué importa la distinción

El patrioterismo ha sido la coartada favorita de dictadores y corruptos. ¿Cómo cuestionas un robo si se hizo “en nombre de la patria”? ¿Cómo defiendes derechos humanos si el que los exige es “enemigo de la nación”? Alemania nazi, las dictaduras latinoamericanas y varios nacionalismos actuales usaron patrioterismo para suspender libertades.

El patriotismo, en cambio, fue el motor de las independencias, de los derechos civiles y de la resistencia contra tiranías. Cuando un ciudadano denuncia corrupción -porque ama a su país-, ejerce patriotismo. Cuando un político llama “apátrida” al periodista que lo investiga, ejerce patrioterismo.

La patria no necesita hinchas de estadio que solo gritan y agreden al árbitro. Necesita ciudadanos adultos que la cuiden, la critiquen y la empujen. El patriotismo es incómodo: obliga a mirar los defectos propios. El patrioterismo es cómodo: siempre la culpa es del otro.

Una república sana fomenta el primero y desconfía del segundo. Porque el amor verdadero a un país se demuestra corrigiéndolo, no tapando sus vergüenzas con una bandera gigante. Y porque sin patriotismo crítico, la patria se queda solo con patrioterismo. Y eso ya no es patria: es pretexto.

viernes, 5 de junio de 2026

Vuelta a España

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

No propiamente en bicicleta. Será en tren que, por cierto, aquí funcionan maravillosamente en una verdadera red ferroviaria que incluye máquinas de ritmo tradicional pero también los de alta velocidad. A propósito, me dio nostalgia del tren colombiano que alcancé a disfrutar varias veces (el Expreso del Sol o en el que uno bajaba a Girardot) y que los transportadores de carga erradicaron. “¡Que su carga vaya en tren!” Fue la postrera invitación que nos hicieron y que no funcionó ante tamaña ofensiva de tractomulas y camiones.

Ya estoy en Madrid. Aquí todo luce y media ciudad está bloqueada porque ya llega León XIV. Se esperan muchedumbres colmando el paseo de la Castellana y el Santiago Bernabéu. Para que no hubiera colapso total decidimos que él llegaría mañana. Luego nos veremos en Barcelona, pero de eso ya les contaré en ocho días.

Aquí estoy, pues, en mi primera estación. Disfrutando de mis vacaciones, de este país hermoso, de su capital tranquila y cada vez más grande y, por supuesto, de la compañía de mis familiares y amigos, porque como lo dejé bien claro, no vengo a hacer turismo sino a conversar con esos seres queridos que hacía tiempo no veía. Ya hoy cumplí ese propósito al encontrarme con Pablo, exalumno ignaciano y hoy día financiero en importantes entidades y luego con Andrea, amiga que participaba en mis eucaristías de La Soledad. Por cierto, me estoy quedando donde Álvaro, compañero de clases en mis tiempos de filosofía, hoy doctor de la Complutense y presidente de una ONG que apoya a inmigrantes. Mañana será un día con él para “adelantar cuaderno” y ver qué se puede hacer frente al cierre que mi tocayo Leo ha generado y que se suma a la que hiciera el conejito malo con sus conciertos y el suscrito con su periplo de vacancia (¡ojo! que no vagancia).

En nuestro próximo capítulo les hablaré de la ruta: Zaragoza – Barcelona – Valencia, donde les contaré de la iglesia del Pilar, la misma que fue primero sinagoga y luego mezquita antes de ser catedral. También de mi encuentro con Leo, las ordenaciones presbiterales, la inauguración de la Torre de Jesús en la Sagrada Familia y la estancia en tierras valencianas, las mismas de las deliciosas naranjas y exquisitos arroces y paellas. ¡Hasta pronto!