jueves, 10 de septiembre de 2026

Mientras discutimos qué deben pensar, ¿quién les enseña a pensar?

Fredy Angarita
Fredy Angarita

El 8 de septiembre llegó una de esas fechas en las que un país mira una cifra durante unos minutos, se indigna, busca un culpable y, casi siempre, vuelve a lo mismo.

La OCDE publicó los resultados de las pruebas PISA 2025. Más de 760.000 estudiantes de 15 años, pertenecientes a 91 países y economías, se sentaron frente a una prueba que intenta medir algo bastante sencillo de decir y bastante difícil de conseguir: qué tanto saben nuestros jóvenes, qué tanto comprenden lo que leen, cómo utilizan las matemáticas y qué tan capaces son de aplicar la ciencia para resolver problemas de la vida real.

Colombia obtuvo 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias. En las tres áreas estuvimos por debajo del promedio de la OCDE, frente a 2022, matemáticas cayó dos puntos, lectura nueve y ciencias aumentó tres. Sin embargo, ninguno de esos cambios fue estadísticamente significativo. Quizá el número sea lo menos importante.

Porque detrás de ese número hay un muchacho que no pudo resolver un problema matemático, Una joven que leyó un texto y no logró encontrar su idea principal.

Otro estudiante que sabe utilizar un teléfono con una habilidad que muchos adultos envidiarían, pero que todavía puede tener dificultades para distinguir entre una opinión y un hecho. Ahí empieza la verdadera historia. En matemáticas, apenas el 29 % de los estudiantes colombianos alcanzó el nivel mínimo de competencia. En lectura lo hizo el 46 % y en ciencias, el 50 %. Dicho de otra manera: aproximadamente siete de cada diez estudiantes colombianos no alcanzaron el nivel básico de competencia matemática que PISA considera mínimo. Y eso debería dolernos más que cualquier discusión pasajera.[1]

Hay algo curioso en este resultado. Mientras el mundo educativo comienza a preguntarse cómo enseñar en la época de la inteligencia artificial, nuestros estudiantes ya llegaron a ella. Colombia aparece entre los países con mayor utilización de herramientas de inteligencia artificial para actividades escolares. El 56 % de los estudiantes reportó utilizar chatbots de IA semanalmente o con mayor frecuencia para ayudarse a aprender, frente al 46 % del promedio de la OCDE. Cerca de cuatro de cada diez dicen utilizarlos para resumir textos o redactar trabajos.

Es decir, tenemos muchachos que pueden preguntarle a una máquina cómo resolver un problema antes de intentar resolverlo ellos mismos. Y aquí aparece una paradoja que merece más reflexión que escándalo. Estamos entrando rápidamente al futuro tecnológico mientras seguimos teniendo dificultades con algunas de las herramientas más antiguas del conocimiento: leer, comprender, escribir, argumentar y calcular.

La pregunta, entonces, no debería ser si nuestros estudiantes deben utilizar inteligencia artificial. La pregunta debería ser si saben pensar antes de preguntarle a la inteligencia artificial.

Aquí es donde aparece la política. Durante años hemos discutido apasionadamente sobre la educación. Sobre los manuales de convivencia, sobre la educación sexual, sobre la identidad de género, sobre la orientación sexual, sobre los valores, sobre Dios, sobre la familia, sobre lo que una escuela debe o no debe decirle a un niño. Todas esas discusiones pueden tener un lugar.

El problema aparece cuando terminan ocupando todo el lugar porque mientras nosotros discutimos qué deben creer nuestros hijos, alguien debería estar preguntándose qué están aprendiendo. No se trata de quitar la formación humana, emocional, sexual o ciudadana. Tampoco de desconocer la dignidad, las diferencias o los derechos de los estudiantes. Se trata de poner cada cosa en su sitio.

Un niño debe aprender a respetar al otro, Pero también debe aprender a leer. Debe aprender que nadie merece ser discriminado, Pero también debe aprender a resolver una ecuación.

Debe poder construir su identidad con libertad, pero también debería poder escribir correctamente una página, comprender un argumento, interpretar una gráfica y distinguir una fuente confiable de una mentira. Porque una cosa no debería excluir a la otra.

Tal vez el problema colombiano no sea que hablemos demasiado de ciertos temas, puede que sea que hablamos muy poco de lo esencial. Preguntémonos, por ejemplo, qué sabe hacer un joven de 15 años cuando termina su jornada escolar.

¿Puede leer cinco páginas sin mirar el teléfono?, ¿puede explicar con sus propias palabras lo que acaba de leer?, ¿puede escribir una página sin copiar de internet?, ¿puede hacer una operación matemática sin preguntarle inmediatamente a una aplicación?, ¿puede cuestionar una respuesta que le entrega una inteligencia artificial?, ¿puede defender una idea sin repetir la opinión de un influencer?, ¿puede escuchar a alguien que piensa diferente sin convertir la conversación en una pelea? Esas también son preguntas sobre educación.

Hay otro asunto que llama la atención cuando uno mira quiénes han ocupado el Ministerio de Educación durante los últimos años.

Los últimos diez titulares de la cartera muestran que Colombia ha puesto al frente de la educación nacional a personas con formaciones muy diversas: economistas, ingenieros, abogados, sociólogos y profesionales de otras áreas. Y eso no necesariamente es un problema.

Un ministro necesita capacidad administrativa, política, económica y de gestión. Necesita entender el Estado, el presupuesto, las regiones, los docentes, las universidades y las necesidades de millones de estudiantes. Pero hay una pregunta legítima que sí deberíamos hacernos:

¿Cuánto pesa realmente el conocimiento especializado en educación cuando se escoge a quien dirige la educación de un país?

Porque una cosa es administrar un sistema educativo y otra muy distinta es comprender profundamente cómo aprende un niño, cómo se forma un adolescente, cómo se enseña a leer, cómo se desarrolla el pensamiento matemático o cómo se construye una política docente capaz de transformar un salón de clase.

Diferentes perfiles, diferentes maneras de mirar la educación y los estudiantes siguen sentándose en el mismo pupitre.

¿Estamos logrando que aprendan más? Para mí este puede ser el verdadero problema. Cada gobierno llega con una idea de país.

Unos hablan de calidad, otros de cobertura, otros de equidad, otros de inclusión, otros de transformación, otros de valores, otros de derechos, otros de acceso. Y todos tienen algo de razón. Pero el estudiante no necesita discursos. Vive dentro de un salón, tiene un profesor, un tablero, un cuaderno, un computador, si tiene suerte, una familia, una realidad económica y, cada vez más, una inteligencia artificial dispuesta a contestarle casi cualquier pregunta.

Ese estudiante no necesita que los adultos le entreguemos solamente nuestras batallas culturales. Necesita herramientas. El mundo que lo espera no le va a preguntar cuál era la posición política de su ministro de Educación, le va a preguntar qué sabe hacer.

Tal vez se ha cometido un error cuando hablamos de educación. La hemos convertido demasiadas veces en una batalla entre adultos.

Mientras tanto, los muchachos esperan que alguien les enseñe, que alguien les exija, que alguien les diga que sí pueden, que la escuela sea una puerta. Sí, una puerta para el muchacho de un barrio de Medellín, para la niña de una escuela rural, para el joven que no tiene computador en su casa, para quien nació en una familia con recursos y para quien tuvo que compartir el teléfono de su madre para hacer una tarea.

La educación no debería decirle a un estudiante hasta dónde puede llegar. Debería darle las herramientas para llegar más lejos. Quizá sea hora de que Colombia deje de preguntarse solamente qué deben pensar nuestros hijos y empiece a preguntarse algo mucho más difícil: ¿les estamos enseñando a pensar?

Porque las creencias pueden acompañar una vida, los valores pueden orientarla, la identidad puede ayudarnos a comprender quiénes somos, pero, para abrirse camino en un mundo cada vez más competitivo hay algo que nadie debería quitarle a un muchacho: la posibilidad de aprender.

Y esa puerta, por ahora, todavía tenemos tiempo de abrirla.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Los temas en la Tertulia de Antioquia

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

En las últimas semanas, La Tertulia de Antioquia ha venido escuchando a los precandidatos a la Gobernación de nuestro departamento que han renunciado a sus cargos para lanzarse a la competencia, como siempre lo ha hecho durante los últimos 50 años de existencia.

Estas reuniones han sido muy productivas. Los precandidatos han podido retroalimentarse del conocimiento de los contertulios, que se conocen a este departamento al derecho y al revés, y con toda claridad han puesto sobre la mesa los temas a discusión.

Por ejemplo, cuando se plantea el proyecto del tren que se reactivará entre Caldas y Barbosa, impulsado en forma definitiva por las actuales administraciones municipal y departamental, surge inmediatamente, con visión más futurista, la necesidad del tren a Urabá, que permita sacar la carga a los puertos de la zona, construidos y por construir, únicos capaces de recibir embarcaciones de gran calado que no pueden ser atendidas ni por Cartagena ni por Buenaventura.

Surge la más ambiciosa de las propuestas ferroviarias: unir, como canal terrestre alternativo al hoy deficitario Canal de Panamá, el Atlántico con el Pacífico por vía férrea.

Cuando se habla de la importancia de Hidroituango, en la hoy deficitaria generación de energía a la que nos sometió el gobierno de Petro, con claridad y lógica se plantean los nuevos proyectos que, aguas arriba y aguas abajo, podrían desarrollarse aprovechando lo ya hecho en esta hidroeléctrica, además de varias pequeñas centrales que podría soportar nuestro departamento, para contribuir con energías limpias, constantes y de bajo costo al consumo energético que día a día aumenta en nuestro país. El desarrollo requiere de mucha energía y, si se orienta a la implementación y aplicación de nuevas tecnologías, con mayor razón requerimos de un mayor suministro. Y lo mejor: Antioquia puede soportarlo.

Ojalá, EPM y el Departamento de Antioquia, luego de haber podido conciliar el pleito por la situación desafortunada que implicó la inundación y destrucción de la casa de máquinas, se puedan poner de acuerdo en levantar la restricción que tiene en su objeto social de solo poder participar como sociedad donde el Departamento de Antioquia tiene el 51 % en Hidroituango y no en los proyectos que se posibilitan aguas arriba y aguas abajo. Es fundamental seguir aumentándole los ingresos al Departamento para que pueda cumplir una misión más eficiente en el desarrollo de los 125 municipios que lo conforman.

En cuanto a la integración, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, configurada por 10 municipios, ha sido una importante experiencia que alienta el Área Metropolitana del Oriente Antioqueño, hoy destrabada y con consulta popular programada para octubre de 2026, con la participación de todos los municipios del Oriente cercano —a excepción, tristemente, de Marinilla—, algo similar a lo que sucedió en su momento con Envigado cuando se configuró el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. Envigado solo entró al cabo de los años, cuando vio la necesidad de integrarse a los beneficios que implica la planeación y el desarrollo conjunto en la conurbación. Luego vendrá la conformación del Área Metropolitana de Occidente y la asociación de las tres áreas metropolitanas: Valle de Aburrá, Oriente y Occidente antioqueño.

En el tema vial, lo que se está construyendo y lo que se planea construir en materia de vías urbanas y rurales de las redes primaria, secundaria y terciaria, salta la necesidad de aplicar nuevas tecnologías de construcción que permitan agilizar temas urgentes como los viaductos y pensar en un nuevo túnel que conecte el sur del Área Metropolitana del Valle de Aburrá con el Oriente Antioqueño.

El tema de la segunda pista en el Aeropuerto José María Córdova no da espera. Demorarlo más puede imposibilitarlo físicamente, en momentos en que cada vez está más cerca el final del Olaya Herrera y cuando van muy adelantados los trabajos del sector privado en la explanación y construcción de más de 20 súper hangares para el mantenimiento de la flota aérea de varias compañías, entre ellas la más importante y grande que tiene el país: Avianca. Esto generará más de 3000 empleos directos de calidad, que ayudarán a potenciar aún más la importancia de los municipios del Área Metropolitana del Oriente cercano, que deben profundizar en su planeación y desarrollo conjunto. Por algo será por lo que Rionegro ya es el segundo municipio de Antioquia, con un presupuesto que se acerca al billón de pesos. Los proyectos de vías, trenes y cables hacia el aeropuerto se deben agilizar.

En fin, podríamos seguir hablando de un sinnúmero de temas de nuestra querida Antioquia que hoy se debaten en esa alianza Alcaldía - Gobernación - sector privado - academia, donde el nuevo Gobierno Nacional está teniendo una participación y definitiva que abre oportunidades muy importantes para el futuro de Antioquia. Esta lucha frontal, necesaria y definitiva, contra el narcotráfico deberá reemplazar cerca de un 30 % de la economía que hoy soporta la ilegalidad, según estudio reciente de EAFIT, que será tema de un próximo artículo.

En las elecciones regionales próximas no podemos equivocarnos. Debemos llegar con candidatos únicos a Gobernación y Alcaldías. La configuración de alianzas fuertes entre Centro Democrático, Defensores de la Patria, Creemos y otros partidos debe planearse para tener figuras definidas, entre las posibles: encuesta, consultas, acuerdos, etc. Con la explosión de precandidatos que estamos teniendo, debemos estar de acuerdo con los mecanismos, que deberán incluir también a los que lleguen por firmas y compartan los estilos de Federico y Andrés Julián, que hoy nos gobiernan bien. La continuidad es muy importante.

Si a usted le interesan estos temas, queda cordialmente invitado a los almuerzos de trabajo que realizamos todos los lunes en el Club Unión, entre las 12:30 p. m. y las 2:30 p. m.

Que nuestro Señor Jesucristo nos ilumine siempre.

martes, 8 de septiembre de 2026

De cara al porvenir: el desarrollo de Medellín

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal

Medellín tiene fama de “ciudad innovadora”, pero arrastra una deuda histórica de obras que llevan 20, 30 y hasta 80 años en el discurso. Son los cuellos de botella que frenan su salto a ciudad global. Aquí van las principales:

1. Movilidad: sacar a Medellín del trancón eterno

* Metro de la 80: 13,25 km entre Aguacatala y Caribe. Es la obra más esperada hoy. 35 % de avance físico en 2025, entrega entre 2028 - 2029. Se habla desde los 90. Es la columna vertebral del occidente que nunca tuvo metro.

* Tren del Río / Tren de Cercanías: conectar Barbosa – Girardota – Bello -Medellín – Itagüí - La Estrella - Caldas por el corredor férreo. Medellín tuvo tren hasta 1961. Recuperarlo sacaría 200.000 viajes diarios de la Autopista. Lleva 40 años en estudios.

* Conexión al Urabá en 4 horas: Túnel del Toyo más Autopista Mar 1 y Mar 2. El Túnel del Toyo sería el más largo de América. Sin eso, Medellín sigue de espaldas al mar. La obra se contrató en 2015 y ha tenido 5 aplazamientos.

* Segunda pista del Aeropuerto José María Córdova: Rionegro está saturado. En horas pico no cabe un avión más. Sin segunda pista, Medellín no puede ser hub internacional. Se promete desde 2010.

* Vía perimetral por el oriente para que las volquetas y tractomulas no crucen por la 33 y Las Palmas. Descongestionaría El Poblado y Envigado. Plan desde 1980.

* Retomar el Proyecto de las circunvalares, desechado hace varios años por Consulta Popular.

* Garantizar conexiones adecuadas con los distintos corregimientos.

2. Agua y ambiente: deudas de 100 años

* Saneamiento del Río Medellín Fase II: el río ya no huele a alcantarilla, pero el 30 % de las quebradas siguen contaminadas. Falta conectar los barrios altos de las comunas 1, 3, 8 y 13 al interceptor. Es la deuda ambiental más vieja.

* Acueducto y alcantarillado en la periferia: 200 000 personas en Bello, Itagüí y borde urbano de Medellín aún tienen agua por horas o sin alcantarillado. EPM es ejemplo mundial, pero no llega a todos.

* Control de inundaciones en quebradas: La Iguaná, Santa Elena, La Picacha. Cada invierno hay tragedias. Llevan 50 años con obras parciales. Falta canalización y parques del río en cada quebrada.

3. Equipamientos que nunca llegan

* Biblioteca España, Santo Domingo: símbolo de la “Medellín social”. Cerrada desde 2015 por fallas estructurales. Se anunció recuperación para antes de 2023. En 2025 abrieron licitación. Cajas 1 y 2 estarían en feb 2026, Caja 3 en mayo 2026. 11 años cerrada.

* Remodelación total del Atanasio Girardot y Complejo Deportivo: Es de 1953. Se anunció inversión de $700 000 millones para estadio FIFA. Lleva 3 administraciones prometiéndose. Debe estar en 2027.

* Hospital del Norte de tercer nivel: Las comunas 1, 2, 3, 4 tienen 600 000 personas sin hospital de alta complejidad. Todo va al General o San Vicente. Se pide desde 1990.

* Gran Parque Medellín: 200 000 millones para parque con “mar y playa artificial” en el norte. Polémico, pero es la apuesta para equilibrar el sur con espacio público. Debería estar en 2027.

4. Conexión regional: Medellín encerrada en el valle

* Túnel de Oriente completo con 2 tubos: solo opera 1 tubo. El segundo daría la capacidad real para conectar con el aeropuerto y Oriente. Sin eso, en 2030 colapsa.

* Vía a El Hatillo - Bello doble calzada: Salida al norte hacia la Costa. Es una trocha colapsada. El desarrollo del Norte del Valle de Aburrá depende de ella.

* Conexión férrea al Pacífico (Puerto Antioquia): Sin tren a Urabá, el puerto nuevo no sirve. Medellín necesita salida propia al mar sin pasar por Cartagena. El tren está en diseños hace 15 años.

¿Por qué son “deuda histórica”?

1. Se planearon hace décadas: El Metro de la 80 está en el POT desde 1999. El Tren del Río, desde 1985.

2. Sobrecostos brutales: El Puente de la 4 Sur pasó de $70 000 a $300 000 millones. El de Juanchito Cali - Candelaria, de $27 000 a $690 000 millones. Pasa igual en Medellín.

3. Desequilibrio Norte-Sur: El Poblado tiene 3 estaciones de metro, 2 túneles y el 70 % de la inversión. El norte sigue esperando hospital, universidad pública, espacios públicos y metro.

4. Medellín crece, las obras no: en 1995 éramos 2 millones en el Valle de Aburrá. Hoy somos 4 millones. Pero la malla vial es la misma y el inventario de carros, motos, motocicletas, bicicletas y patinetas ha crecido de manera desbordada.

Las más urgentes si se quiere ser ciudad-región global:

1. Metro de la 80 más Tren del Río: sin eso, la movilidad colapsa en 2030.

2. Túnel del Toyo más Tren a Urabá: Sin mar propio, Medellín no compite.

3. Saneamiento 100 % del Río Medellín más quebradas más acueducto en periferia: sin agua y ambiente, no hay equidad.

4. Doble calzada Medellín - Bogotá: Unir las dos principales ciudades del país.

5. Garantizar el funcionamiento (ojalá también nocturno) del Aeropuerto local Olaya Herrera, cuyo lote es apetecido por voraces constructores y/o por gobernantes cortoplacistas y miopes.

No podemos acostumbrarnos a que la única manera de que algunas obras que implican cofinanciación de la Nación, finalmente, por orgullo o por la necesidad de desatrancar su ejecución, sea que el departamento y la capital asuman compromisos económicos y financieros que no le corresponden, pues esto es alcahuetear el incumplimiento de los Gobiernos centrales.

La altillanura con futuro

Rafael Uribe Uribe
Rafael Uribe Uribe

En 1962 asumimos la dirección de la Subgerencia de Fomento de la Caja Agraria. Cada subgerencia tenía un comité directivo presidido por un miembro de la Junta Directiva y tuve la fortuna de que el nuestro lo encabezara el expresidente Mariano Ospina Pérez.

Firmamos con el BID un plan ganadero para impulsar el desarrollo pecuario de los Llanos Orientales y escogimos como referencia la hacienda La Libertad, propiedad de José Mejía Salazar, miembro de la Junta Directiva, quien la ofreció gentilmente, aunque no estaba financiado por el BID. Tenía unas treinta mil hectáreas, adelantaba un excelente programa de mejoramiento ganadero, contaba con infraestructura e instalaciones de calidad y disponía de varias pistas que facilitaban la visita a los hatos.

Ese conjunto de condiciones la convertía en un modelo propicio para invitar ganaderos y mostrarles el potencial del plan. Allí nació mi interés por el desarrollo de la altillanura.

En 1967, Paolo Lugari buscaba tierras para un proyecto innovador que consolidó en 1971, la Fundación Centro Gaviotas. Aunque ya me había retirado de la Caja Agraria pude apoyarlo desde la Junta del Incomex de la que hacía parte en ese entonces.

Gaviotas se convirtió en un laboratorio de innovación para el trópico: creó una comunidad rural autosuficiente, reforestó ocho mil hectáreas de sabana, desarrolló proyectos de energía solar y eólica, diseñó bombas de agua de bajo costo, molinos de viento, arietes de alto rendimiento, produjo el biodiesel para sus necesidades, sistemas de potabilización, e impulsó la producción agrícola y el manejo sostenible del mayor bosque biodiverso de la región en ese entonces, recuperó la fauna y realizó otros proyectos para una explotación totalmente autónoma y sostenible.

La experiencia de Gaviotas confirmó que el desarrollo de la altillanura no podía depender solo del entusiasmo e iniciativas aisladas. Su transformación agropecuaria exige proyectos de gran escala capaces de sostenerse durante muchos años y apoyados en infraestructura, investigación, tecnología y crédito. La propiedad del predio no es mandatorio.

Debe ofrecer seguridad jurídica, facilitar la asociación de otros propietarios y reglas estables para la inversión, algo que hace un tiempo fue satanizado. Los proyectos agroindustriales de envergadura allí requieren cuantiosos recursos iniciales, retornos de largo plazo y la confianza para comprometer capital que integren las comunidades vecinas y protejan el medio ambiente.

Celebro que el Ministerio de Agricultura haya anunciado el impulso que esta región merece para garantizar la seguridad alimentaria y estimular la exportación agropecuaria y, por qué no, la de bonos de carbono de proyectos forestales a gran escala.

El Rincón de Dios

“El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.” Eclesiastés 11:4

lunes, 7 de septiembre de 2026

Editorial: sucesos de la semana No. 161


En una nueva entrega de “Sucesos de la Semana”, Antonio Montoya H. recorre los principales acontecimientos de la agenda nacional e internacional: la renovada tensión por las Malvinas y el petróleo venezolano, la visita de Marco Rubio a Colombia, la controversia por los pasaportes, la eliminación de los distritos mineros y la ofensiva militar contra los grupos armados, entre otros temas que marcan la actualidad. No dejes de verlo.

Pensar en grande, hacer más y hablar menos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

La conclusión esencial de “La Rebelión de Atlas de la filósofa Ayn Rand”, es que la mente humana y la libertad son el motor del progreso, y la sociedad colapsa cuando los gobiernos y sus burocracias ideologizadas por el colectivismo explotan a quienes producen.

Sin duda la libertad es el motor del progreso y el desarrollo social al que se oponen los populismos que se alimentan de las ideas progresistas y wokistas como extensiones de la anticultura marxista y la teoría crítica de la escuela de Frankfurt que durante más de un siglo ha embrollado las definiciones de trabajo en equipo, lealtad y apoyo mutuo con el estatismo, y confundido las nociones del interés general y el bien común con el control de las metas de una sociedad en manos de una ideología revolucionaria y de los intereses individuales de unos pocos dispuestos a todo por controlar el poder político.

Los mamertos sínicamente se preguntan de donde sale tanta polarización extrema, mientras a las naciones se les pierden generaciones enteras escuchando a una clase política habladora de paja, y viendo el espectáculo grotesco y bizarro de una multiplicación partidista de ocasión donde quienes se precian de legítimos servidores, cohabitan y pernotan como loros en las ramas del poder público con pájaros estafadores y cuervos que son criminales reencauchados.

Solo generando confianza se puede evitar la polarización propia del aislamiento del ciudadano que hoy, con toda razón, desconfía de las instituciones, los partidos políticos, las ONG, el multilateralismo, la tecnología y de los medios de comunicación. Las redes sociales están convertidas en guillotinas manejadas por influenciadores prepago y los medios por pauta o activismo aniquilan reputaciones, mientras la justicia no se percata ni se da por aludida de la flagrancia delincuencial. La propia corte habla de un 6 % de efectividad de la justica, entonces, la inoperatividad del sistema representa la bicoca de un 94 % de impunidad. El delito paga, pues es menos riesgoso mangar y mamar que tener que tomar decisiones sanas, duras, complejas e impopulares.

En una democracia funcional el sistema judicial tiene que ser el eje que soporta la independencia, operatividad y balance de poderes donde el ejecutivo administre, no reine, y el legislativo mejore las leyes sin vender su conciencia en el bazar clientelista donde se transan altas posiciones políticas en favor de los intereses de los grandes contratistas estatales.

¿Cuál es la esperanza de una nación, si la justicia no se ocupa con nombre propio de los verdaderos culpables de la degeneración y la corrupción estatal, y si no se sacan los gusanos del plato de lentejas del que medra el sector público? La judicialización de los corruptos es la única forma para lograr la inversión de la carga burocrática, liberando la mente humana y la sociedad entera en función su desarrollo.

Estamos inundados de dólares recalentados, ensangrentados, inflacionarios, revaluadores, especuladores y exterminadores de la formación de capitales lícitos, de la industria exportadora y la competitividad productiva. Está funcionando a todo vapor la lavandería financiera como una nueva especie de “ventanilla siniestra” y la insolvencia del fisco es inevitable si no se toman medidas drásticas contra el narcotráfico, el lavado, el contrabando, el dumping, las remesas, la llegada de capitales golondrinas y las organizaciones criminales que financian la economía informal, mientras acrecientan las brechas sociales, económicas y la corrupción.

Si el poder se le sube a la cabeza a nuestros gobernantes y no se hacen las obras y la tarea de recuperar la justicia y optimizar del funcionamiento del Estado, si no hacemos más y dejamos de hablar tanta paja, si no neutralizamos a los incendiarios, traquetos, lavadores, violadores, secuestradores y asesinos empezando por los promotores del caos que a todo costo quieren mantener la anarquía, en cuatro años se nos pierde lo que queda de esperanza en el jarro de Pandora e iremos como ovejitas al matadero.

El salario mínimo debe ser el motor del empleo…

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Y de la formalidad en las relaciones laborales

La llegada del mes de septiembre ha significado para los colombianos que estamos cerca de diciembre, y que pronto podremos enjugar el dolor de las tragedias que vivimos con la celebración en familia de la Natividad del Señor, disfrutar de unas merecidas vacaciones y festejar la llegada de un nuevo año pletórico de esperanzas para nuestra querida Patria.

Al mismo tiempo, constituye un llamado de atención para que nos preparemos para las presiones de toda índole encaminadas a reincidir en la peligrosa senda de decretar un salario mínimo que nuestra economía, quebrantada por la torpe gestión del pasado cuatrienio, no está en condiciones de soportar.

No hay que desconocer que temas de la más apremiante urgencia demandan ahora las preocupaciones del gobierno: la catástrofe del terremoto, los dolosos incendios iniciados a partir del 7 de agosto para hacer “invivible” el país, la oleada terrorista, el monumental problema de la salud, el déficit fiscal que cada vez muestra cifras más escalofriantes, el saqueo del Estado revelado por el Libro de la Verdad… y la noche que llega.

Sin embargo, es típico de los líderes, no solamente enfrentar los retos con coraje, sino también convertirlos en oportunidades para enmendar las malas prácticas políticas y gubernamentales. Como lo ha reiterado el “tigre”: vinimos a cambiar la mala política para siempre”.

Que sirva este largo exordio para proponer que, para la fijación del salario mínimo del 2027 se tengan en cuenta las siguientes reflexiones:

1. Que sea un instrumento para motivar la generación de nuevos empleos, no para desestimularla como tradicionalmente ha ocurrido. La caída del crecimiento económico y las tragedias que afectan a un tercio del territorio, así lo imponen.

2. El salario mínimo debe corresponder al nivel económico del patrón y al grado de desarrollo de la región donde esté ubicado. No se puede comparar la capacidad de una empresa como Bavaria en Bogotá, con una tienda de barrio en Cajibío, Cauca. Con un salario unificado para todo el país, el salario deja de ser justo.

3. El salario no puede ser inflacionario, porque los más perjudicados con la inflación no son los más poderosos, ni la clase media, ni los que ganan sueldos por encima del mínimo. Son justamente, los pocos trabajadores que ganan el salario mínimo.

4. La fijación del salario mínimo debe depender de criterios eminentemente técnicos, no políticos y basarse en datos estadísticos que permitan tomar la decisión más acetada para el bienestar del trabajador y la subsistencia económica del país.

5. Durante décadas venimos discutiendo sobre la necesidad de formalizar las relaciones de trabajo, sin éxito alguno. Son tan pesadas las cargas laborales, parafiscales y tributarias que soporta el pequeño empresario, que lo obligan a permanecer en la informalidad. Con la fijación de un salario justo, técnico, flexible y basado en la realidad nacional, se podrá llegar a esa formalidad, si se acompaña con rebajas en los gastos parafiscales, cargas tributarias, etcétera, y supresión de inútiles trámites.

6. El meollo del asunto está en que tanto empresarios como trabajadores y gobierno, estén dispuestos a negociar un salario sobre las parámetros aquí mencionados o seguiremos con la misma fórmula de siempre.

7. Nos queda la duda razonable de cómo lograr que en el futuro no vuelva a ser aprovechada esta coyuntura con fines politiqueros, y no se nos ocurre sino una sola alternativa. Mediante una reforma normativa, señalar la fijación del salario mínimo a una entidad que cuenta con la mejor información sobre la realidad económica del país y es absolutamente independiente: El Banco de la República. No sería una función extraña a sus poderes constitucionales ya que el principal objetivo de la política monetaria es preservar la capacidad adquisitiva de la moneda, es decir controlar la inflación, en coordinación con la política económica general. Y, ¿qué mejor manera de preservar el poder adquisitivo de la moneda y controlar la inflación que fijando un salario mínimo legal que cumpla a cabalidad con tales objetivos?