En una nueva edición de los Sucesos de la Semana para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. analiza algunos de los temas que más preocupación generan en Colombia y el mundo: las tensiones entre campañas de la derecha colombiana, el levantamiento de órdenes de captura a integrantes de grupos criminales, la crisis del sistema de salud, el conflicto comercial entre Colombia y Ecuador, las alertas internacionales por un brote de hantavirus y la propuesta de paz presentada por Irán a Estados Unidos. Los invitamos a ver este completo análisis y a reflexionar sobre los hechos que hoy impactan el rumbo del país y del escenario internacional. No dejes de verlo.
lunes, 11 de mayo de 2026
Editorial: sucesos de la semana
En una nueva edición de los Sucesos de la Semana para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. analiza algunos de los temas que más preocupación generan en Colombia y el mundo: las tensiones entre campañas de la derecha colombiana, el levantamiento de órdenes de captura a integrantes de grupos criminales, la crisis del sistema de salud, el conflicto comercial entre Colombia y Ecuador, las alertas internacionales por un brote de hantavirus y la propuesta de paz presentada por Irán a Estados Unidos. Los invitamos a ver este completo análisis y a reflexionar sobre los hechos que hoy impactan el rumbo del país y del escenario internacional. No dejes de verlo.
¿Podemos creer en las encuestas?
Rafael Uribe Uribe
Las encuestas de
ahora parecen un sainete, cada una imagina su propio relato, elige
protagonistas y afirma revelar “la verdad”; pero hay algo que muchos
ignoran, no solo miden la realidad, sino que algunas la fabrican, como en
cualquier encargo, “el que pone la plata pone las condiciones”.
No queremos
aseverar que las encuestadoras manipulan los resultados burdamente, es más
sutil, los datos los determinan la selección del territorio, el tipo de
muestreo, la manera de formular las preguntas y hasta el orden en que se hacen
y, eso, puede inclinar la balanza sin alterar los números. Una encuesta hecha
en estratos 4, 5 y 6 contará una historia diferente a la realizada en barrios
periféricos, municipios donde dominan los grupos armados ilegales o zonas
rurales donde la gente desconfía de cualquier persona con un formulario y,
hasta del joven que las hace; pueden ser “técnicamente válidas”, pero no
representan la realidad del país.
Se suma lo que
rara vez se discute, las encuestas son financiadas por campañas, medios o
grupos económicos con intereses definidos y, aunque las firmas serias insisten
en su independencia, el cliente influye, así sea indirectamente en el enfoque
y, este, en política, es casi todo.
El problema no
es que existan encuestas, radica en la fe ciega con la que muchos las leen, lo
hacen como si fueran radiografías del país cuando en realidad son fotografías
tomadas desde ángulos distintos, en fechas diferentes o con intenciones distintas.
Una encuesta puede ser rigurosa y útil, o puede convertirse en un instrumento
propagandístico que no dice “vote por X”, pero sugiere que “todo el
mundo ya lo está haciendo”.
En un país
desigual como el nuestro, donde la opinión no es uniforme sino dividida u
obligada por los grupos armados, la pregunta no es qué dice la encuesta, sino
dónde se hizo: ¿a quién escuchó?, ¿qué territorios se incluyeron o evitaron?,
¿qué silencios se ocultaron?, ¿quiénes y cómo se tomaron los datos?
Para confiar
en una encuesta, debemos analizarla con profundidad y buen juicio, ¿quién la
realizó?, ¿la muestra representa la diversidad del país? y, para ello, es
fundamental tener el acceso a los datos completos para evitar interpretaciones
torcidas, solo así se podrá valorar su credibilidad.
Las encuestas
seguirán existiendo e influyendo, lo mínimo que podemos es mirar la honestidad
de la encuestadora, la metodología y la transparencia, lo demás depende de
nosotros. El refrán es claro: “no comamos cuento”, revísemoslas con
seriedad y a fondo.
El Rincón de Dios
“La verdad es
como un río, cuanto más claro, más profundo.” San Agustín
La salud en estado comatoso
Luis Alfonso García Carmona
Vivir en Colombia
significa no sólo arriesgar la vida y la integridad física, amenazadas
por las masacres que a diario cometen los grupos ilegales aliados del Gobierno,
sino también sufrir la falta de tratamientos, cirugías o entrega oportuna de
medicamentos por cuenta de un sistema de salud que se encuentra totalmente
colapsado por incumplimiento del gobierno en el pago de sus obligaciones a
las EPS.
“La suspensión temporal
de servicios de la Institución Prestadora de Salud (IPS) Liga Colombiana Contra
el Cáncer en Bogotá, - anota Portafolio- pone en
evidencia una situación financiera crítica derivada de la falta de pagos
oportunos por los servicios prestados.” Pero no es este un hecho
aislado, sino que responde a una política de Gobierno. Desde el comienzo de su
gestión se propuso apoderarse del sistema de salud para tener acceso a los
enormes recursos que lo sostienen. Para lograrlo, ha optado por el tortuoso
camino de frenar los pagos a las empresas prestadoras del servicio y,
peor aún, por intervenir algunas para conducirlas a la bancarrota.
Las deudas, que superan
los $25 billones con la red hospitalaria provocan colapso en la atención,
especialmente en EPS intervenidas como la Nueva EPS. Clínicas
Cardio VID y el Hospital Alma han reportado cese de atención a afiliados de
la Nueva EPS debido a deudas millonarias. La posible
liquidación de siete EPS intervenidas pone en riesgo a más de 12 millones de
usuarios. Se reportan deudas con hospitales públicos y privados que
ascienden a más de $25.7 billones, con alto impacto en la red pública.
Las quejas de los
pacientes por la falta de citas y tratamientos crecen, señalando una crisis en
la atención fundamental. En otras palabras, este régimen de clara orientación
marxista-leninista, ha preferido imponer por la fuerza a los colombianos su
adhesión a esta fracasada ideología y a la candidatura continuista de su heredero,
Iván Cepeda, antes que cumplir con su deber constitucional de garantizar la
vida, la integridad y la salud de sus gobernados.
En este aspecto
fundamental para la seguridad y el bienestar de la población no deja de
sorprendernos cómo, a pesar de la enorme responsabilidad que le cabe al Gobierno
en tan monumental catástrofe, siga apareciendo su candidato con un 37 %
en la intención de voto de los colombianos para la primera vuelta presidencial.
¿Pueden algunos ser tan desaprensivos, es decir, tan carentes de
escrúpulos, para prestarse a la continuidad de tan desastroso régimen a cambio
de la venta de nuestro voto, o de un aumento de salario o de un mísero
subsidio? ¿Tan poco vale para ellos la patria que nos vio nacer, que la venden
por un plato de lentejas?
Lo mismo podría
predicarse de quienes escogieron la vía del engaño y la trampa para evitar la
derrota de Cepeda, pues prefieren ser ellos los escogidos, y si no son
ellos, castigarán a los colombianos con la continuidad del régimen en
cabeza del candidato de la guerrilla, Iván Cepeda. Quien todavía tenga alguna
duda al respecto, basta con que observe en las redes cómo los partícipes de la
consulta mal llamada “de centro” han anunciado públicamente que, en caso de
no pasar a la segunda vuelta, no apoyarán a Abelardo de la Espriella y
preferirán votar por Cepeda. ¿Dónde les quedó el patriotismo, la coherencia
con los principios, y su responsabilidad con los colombianos que arriesgan su
vida con este régimen maldito?
Por fortuna, cuenta el
país con Abelardo de la Espriella, un verdadero líder, sin intereses
políticos, independiente de las roscas de los de siempre, con capacidad,
coraje y voluntad para salvar el sistema de salud de su profunda crisis y garantizar
que no mueran más colombianos por falta de atención o de medicamentos.
La propuesta de salud
de Abelardo de la Espriella se basa en un "plan de choque de 90
días" para estabilizar el sistema. Propone inyectar $10 billones de
pesos de inmediato para salvar clínicas, hospitales y asegurar la entrega
de medicamentos, frenando la crisis de liquidez y la atención represada. El
objetivo es estabilizar el sistema en 90 días para evitar más muertes por
falta de atención. Incluye la formalización, estabilidad, y un enfoque en
salvar el sistema sin reformas profundas iniciales. Ley de punto final: busca
saldar la deuda histórica de más de 50 billones de pesos mediante acuerdos
entre EPS, IPS y aseguradoras. Enfoque de "Ni una muerte más":
priorizar al paciente y asegurar el suministro de medicamentos.
El plan también
menciona la necesidad de atender las causas de la crisis de salud,
incluyendo la mejora en la alimentación infantil y la reducción de la
congestión asistencial provocada por accidentes de moto.
Es hora de que dejemos a
los de siempre con sus jueguitos electorales y chantajes al electorado que
pertenecen a la vieja politiquería. Enfoquémonos en demostrar al camarada
Cepeda que Colombia es una tierra estéril para el comunismo. No
olvidemos que las FARC intentaron adoctrinar a las gentes de todas las regiones
durante 60 años mediante el terror y la violencia. Cuando firmaron el pacto con
Santos y participaron por primera vez en unas elecciones solamente obtuvieron
50.000 voticos. A Cepeda, por más que le ayude su patrón Petro y los grupos
narco-guerrilleros que lo acompañan, le ganaremos en la primera vuelta,
Votemos con fe en la Divina Providencia y hagamos de Colombia la “patria
milagro” que queremos para nuestros hijos.
viernes, 8 de mayo de 2026
Terminar etapas, cerrar ciclos
José Leonardo Rincón, S. J.
Así
vivamos muchos años, a la hora de la verdad la vida es corta, por eso nos han
enseñado que hay que vivirla a plenitud disfrutando cada instante. El famoso “¡carpe
diem!” que tantas veces he mencionado aquí.
Esa
vida, si se puede decir de esta manera, está dividida por etapas: la niñez, la
adolescencia, la juventud… cuando hablamos a nivel etareo, o por épocas: de
formación, laboral, jubilación… Todo tiene un comienzo y tiene un fin. Cada una
de esas etapas también tiene sus propios momentos, fragmentos de tiempo, ciclos.
Como alguna vez me lo dijo Alba Liliana, una amiga, psicóloga ella, esos ciclos
hay que abrirlos, pero también hay que cerrarlos bien. O como nos lo dijera
tantas veces el maestro Julio Jiménez, a propósito del arte de orar: hay que
saber comenzar y saber terminar. Las cosas hay que hacerlas, saberlas hacer y
hacerlas bien. Nada más satisfactorio que concluir una misión con alegría, con
la frente en alto y con la satisfacción del deber cumplido.
A
propósito, por estos días, siento que están concluyendo dos ciclos muy
importantes en mi vida: la pascua de mi madre cerró el ciclo de su vida física y
abrió el de su incursión en la vida eterna, dos planos existenciales
cualitativamente valiosos ambos, también muy diferentes pues cambia nuestra
manera de relacionarnos sin que se pierda la esencia. Y en estas dos últimas
semanas he estado realizando el empalme en el que ha sido mi trabajo estos ocho
años y cuatro meses como administrador provincial. Tiempo laboral, tiempo de
servicio, tareas retadoras en múltiples frentes, problemas por resolver todos
los días, por suerte rodeado de un muy buen equipo.
Coincidieron
cronológicamente los dos. Y ya sabemos que los tiempos de Dios son perfectos. Él
sabe cómo hace sus cosas y en qué momento las presenta. Así lo he sentido y
vivido como hombre de fe. Viene ahora un breve receso para el descanso,
necesaria ocasión para rehacerse, poner al día asuntos pendientes, reencaucharse
espiritualmente, ordenar la casa interior… y en medio de la expectativa por lo que
pueda venir, ponerse en las manos de Dios, disponerse con apertura y
generosidad frente a la nueva misión, con sus nuevos retos.
Me
siento bendecido en esta coyuntura. Muy rodeado, arropado, apoyado, querido,
por muchos. Alguien me lo dijo con afecto y firmeza: se cosecha de lo que se ha
sembrado. Entonces me sereno y acepto que he querido hacer las cosas honestamente
buscando lo mejor para todos, con sincero afecto, tratando de hacerlas con la
excelencia que inspira nuestro magis ignaciano. “El Señor ha estado grande
con nosotros y estamos alegres”. Solo hay gratitud humilde. Lo que Dios
quiera. Siempre será lo mejor y más conveniente no solo para uno sino para
todos. Esa convicción vuelve a tranquilizarme. Estamos en las manos de Dios,
ese es nuestro consuelo y también nuestra esperanza.
jueves, 7 de mayo de 2026
Después de nosotros... un planeta que resiste
Fredy Angarita
Cuando les digo el término antropoceno, inmediatamente nos
remite a la escuela, cuando se hablaba de épocas geológicas. Su significado la
define como una nueva era, que se caracteriza por el impacto global, drástico e
irreversible de las actividades humanas sobre los ecosistemas: la pérdida de
biodiversidad, la contaminación y la proliferación de tecnofósiles.
Empecé por definir este término para relacionarlo con un
hecho que sucedió hace 40 años, más exactamente el 26 de abril de 1986, y que
fue catalogado como la peor catástrofe nuclear de la historia por fallas
humanas: Chernóbil, ubicado entre Ucrania y Bielorrusia.
Todavía sigue siendo un lugar demasiado peligroso para los
humanos, pero la fauna silvestre ha regresado. Caballos salvajes de Przewalski,
ciervos rojos, osos pardos y linces han ocupado un territorio donde el ser
humano ya no puede estar.
En estos años sin presencia humana, los cambios son
visibles: brotan árboles en edificios abandonados y las carreteras desaparecen
entre la vegetación. La naturaleza no pidió permiso: volvió.
Svetlana Alexiévich, en Voces de Chernóbil,
reconstruyó más de 400 testimonios humanos que narran la desaparición de
especies —pájaros, gatos y perros— tras la catástrofe. Hoy, décadas después, el
paisaje parece corregirse solo, pero no por conciencia, sino por ausencia.
Aun así, ni siquiera ese “equilibrio” es definitivo. Deutsche
Welle[1]
reporta que los combates, la actividad militar y los incendios —muchos
provocados por drones— están reactivando el riesgo: dañan los bosques y pueden
liberar nuevamente partículas radiactivas. Incluso donde el ser humano no
habita, sigue interviniendo.
Entonces la pregunta deja de ser ambiental y se vuelve
incómodamente política, ética y humana:
¿Somos capaces de habitar sin destruir?
¿Entendemos realmente las consecuencias de lo que hacemos?
¿O solo reaccionamos cuando ya no hay nada que habitar?
Chernóbil no es solo una tragedia del pasado. Es un ensayo
permanente de lo que ocurre cuando el ser humano desaparece: la vida regresa.
Es una advertencia más clara que cualquier discurso
climático: el planeta no nos necesita.
La verdadera duda no es si la Tierra va a sobrevivir. La duda es si nosotros vamos a estar cuando ella se recupere.
Extrema invecilidad vs. extrema coherencia
Luis Alfonso García Carmona
Seamos conscientes de
que estamos frente a unas elecciones atípicas, en las que no se decide
solamente sobre el relevo de un partido en el Gobierno o el cambio de
presidente. Seamos claros: lo que está en juego es la clase de país que
queremos. La continuidad del régimen narcocomunista, el deterioro de la
seguridad, el caos en la economía, la exacerbación de la corrupción, el colapso
de los servicios de salud y la falta de ética en el manejo de los asuntos
públicos, o, por el contrario, la lucha sin pausa contra la droga, el desarme
de los grupos narcoguerrilleros, la implantación de una verdadera
justicia, la recuperación de la economía, la rebaja de las cargas
tributarias, la generación de empleo y el bienestar para todos.
Los partidarios del continuismo,
es decir, el régimen neocomunista, con sus aliados guerrilleros,
narcotraficantes, sindicalistas de Fecode y fanáticos del Pacto
Histórico, a falta de argumentos para justificar el pésimo legado de su
“desgobierno” se han inventado una serie de falacias que aquí vamos a desnudar:
1. Todos los desastres
que ocurren por acción u omisión del régimen, de inmediato son atribuidos a
otros, principalmente a lo que ellos denominan la “extrema derecha”. Todos
los colombianos de bien nos conmovimos ante la crueldad de las masacres
cometidas en el Cauca, donde asesinaron más de 20 pasajeros de un bus y dejaron
48 heridos de gravedad. ¿Saben qué dijo el candidato de las FARC y de Petro? “Resulta
profundamente preocupante que estas acciones terroristas se presenten en
regiones del sur del país donde existe un amplio respaldo ciudadano a nuestro
proyecto político. Surge una inquietud legítima sobre si, además de causar daño
y zozobra en la población, estos hechos buscan generar un clima de miedo que
favorezca intereses de sectores de extrema derecha empeñados en desestabilizar
el país y entorpecer el desarrollo democrático del proceso electoral.
Solicito a las autoridades esclarecer con rigor este contexto y posibles
motivaciones".
¿De verdad cree eso el
señor Cepeda, o es que nos cree absolutamente imbéciles a los colombianos, que
sabemos que la responsable de la violencia en el Cauca es las FARC, el mismo
movimiento que apoya su candidatura? Mientras se perpetraba este horrible
genocidio, Petro celebraba su cumpleaños con sus amigotes y no cumplió ni con
el deber elemental de preocuparse por esta trágica violación del orden
público, como es su deber constitucional. Pero, sin tener ninguna prueba,
al lunes siguiente, durante el consejo de ministros, profirió la siguiente
acusación: “No me extraña que los grupos del Cauca estén tratando de
sabotear elecciones. ¿Qué es lo que quiere la junta del narcotráfico? “Que
la extrema derecha gobierne a Colombia como en Ecuador”. Vuelve con la
historieta de la “extrema derecha” y repite su referencia a una “junta del
narcotráfico “que sólo existe en su calenturienta imaginación. Como dice el
refrán popular, primero cae el mentiroso que el cojo. Las disidencias de las
FARC (Estado Mayor Central), bajo el mando de alias 'Iván Mordisco',
reconocieron su responsabilidad en el atentado con explosivos en la Vía
Panamericana (Cauca, Colombia) que dejó un autobús de pasajeros y otros
vehículos afectados, resultando en al menos 20 civiles muertos. El grupo armado
admitió que el ataque, perpetrado con un cilindro bomba en el sector El Túnel
(Cajibío), fue una acción de su estructura armada. En un comunicado,
calificaron el asesinato de los pasajeros como un "error táctico sin
justificación". ¿En qué quedan, entonces, las falsas acusaciones de
Cepeda y Petro contra lo que llaman “la extrema derecha”?
Aclaremos de una buena
vez que en Colombia no existe una extrema derecha, Ese es el adjetivo que
utilizan los enemigos del país para estigmatizar a quienes no sigan sus maléficas
doctrinas. En los presentes comicios hay tres tendencias con alguna posibilidad
de llegar al poder: a) Los “Defensores de la Patria” que propugnan por
el orden, la seguridad, la protección de la familia, la recuperación del
sistema de salud, el castigo a los criminales. b) El continuismo del
régimen narcocomunista de Petro, encarnada en su heredero Iván Cepeda,
candidato de las FARC y c) Los que se autodenominan “de centro” con su
candidata Paloma Valencia. Aquí la única extrema que existe es la de la
izquierda coherente con su ideología marxista y con postulados como el de la
lucha de clases, el totalitarismo y la eliminación de las libertades.
2. Se ha utilizado para
engañar a los incautos la bandera de la paz. Así lo hicieron para
vendernos el humillante Acuerdo de La Habana, que no nos ha dejado sino
violencia, miseria, corrupción e impunidad. Ya descubrimos que la paz total de
Petro no era para conseguir la convivencia entre los que pensamos diferente
sino para milicianizar al país, sembrar el terror en campos y ciudades, y
perpetuar a la extrema izquierda en el poder. No somos tan estúpidos como nos
creen estos campeones de la mentira y el engaño.
3. No solamente el petrismo
acude a estas falacias para engañar al electorado. También entre quienes
debieran hacer oposición cerrada al régimen, se busca captar votos con el
truco de la polarización. Empecemos por precisar que la polarización exige
dos bandos enfrentados violentamente. En Colombia solamente tenemos un agresor,
el régimen petrista que, en lugar de gobernar para todos los colombianos
como lo establece la Constitución, se ha dedicado a perseguir a todos los que
no comparte su ideología y a destruir todos los sectores de la sociedad. Ante
ese persistente ataque a nuestras instituciones y nuestras creencias, tenemos
derecho a defendernos, pero ello no constituye, de ningún modo, una
polarización.
4. Asimismo, se ha
echado mano de la unión y del pluralismo como panaceas para
conseguir el país ordenado que ansiamos todos. Estas no dejan de ser otras
peligrosas trampas con un oculto propósito. La unión no es, por sí misma, una
garantía de mejoramiento. ¿Cuántas coaliciones, alianzas, acuerdos partidistas
han resultado un fiasco? Lo que importa no es la unión, sino para qué se pacta,
cuáles son sus objetivos, con quiénes se debe pactar y con quiénes no es
posible hacerlo. Eso ya lo aprendimos sobradamente los colombianos. Lo mismo
ocurre con el pluralismo. Sumar en un amasijo a representantes de
diferentes corrientes para que sean estos los que gobiernen en el caso de que
triunfen en las elecciones no haría sino aumentar el caos. ¿Cómo se puede
garantizar la seguridad y la lucha contra la impunidad con representantes del santismo,
padre del Acuerdo de La Habana y de la JEP? ¿Se podrá revertir los daños
causados por la administración de Petro con representantes de los partidos que
hicieron parte de la coalición de Gobierno y aprobaron las reformas a la salud,
a las pensiones, al régimen laboral, y autorizaron a Petro a incrementar el déficit
fiscal? Todos esos partidos que ahora apoyan a Paloma fueron los socios de
Petro para destruir al país y ahora dizque hay que apoyarlos en nombre del
“pluralismo”. Si lo hacemos, incurriríamos en la extrema imbecilidad y
no estamos preparados para ello. Preferimos pertenecer a la extrema
coherencia con nuestros valores cristianos, con nuestros principios democráticos,
con la rigurosa aplicación de la ley a los delincuentes, con la protección al
niño y a la familia, con la ayuda al pequeño emprendedor y al gran empresario
para que puedan generar empleo, con la eliminación total de los cultivos
ilícitos, con la aplicación de una justicia honesta y oportuna, con la
persecución al contrabando y la corrupción y con la creación de la patria
milagro” en la que podamos trabajar y progresar todos los colombianos.


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