En su nuevo editorial de la semana para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H., comenta los siguientes hechos que hicieron noticia: los eventos climáticos extemos; lo no continuidad del tratado que limitaba la producción del armamento nuclear; Cuba y el cerco energético impuesto por Estados Unidos; los atentados contra altos mandos militares en Rusia; el movido ambiente político en Colombia por consultas de candidatos para presidente y elecciones de Congreso y concluye con el inicio de operaciones de Puerto Antioquia. No dejes de verlo.
lunes, 9 de febrero de 2026
Editorial: sucesos de la semana No. 134
En su nuevo editorial de la semana para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H., comenta los siguientes hechos que hicieron noticia: los eventos climáticos extemos; lo no continuidad del tratado que limitaba la producción del armamento nuclear; Cuba y el cerco energético impuesto por Estados Unidos; los atentados contra altos mandos militares en Rusia; el movido ambiente político en Colombia por consultas de candidatos para presidente y elecciones de Congreso y concluye con el inicio de operaciones de Puerto Antioquia. No dejes de verlo.
Sin unión no hay paraíso
María Cristina Isaza
*Lo diré
claramente: en mi concepto la mejor propuesta (seria, desinteresada, que sí
estaba en pro de salvaguardar a Colombia) fue la de los expresidentes Gaviria y
Uribe, cuando propusieron una gran consulta en la que participaran todos juntos:
desde Abelardo, hasta Fajardo. Ese claramente era el camino.*
Colombia parece empeñada en
repetir sus errores. Y lo más inquietante es la incapacidad del espectro
político y ciudadano del centro a la derecha para entender la magnitud del
momento histórico que vivimos.
El escenario que se está
configurando para 2026 lo veo peligrosamente similar al de 2022: egos
desbordados, ciudadanos comportándose como barras bravas defendiendo personas
en lugar de modelos de país, fuego amigo (entre candidatos y entre equipos) y
una profunda incapacidad para priorizar el modelo de país sobre las
aspiraciones individuales.
La ironía brutal, es que mientras
tanto, el proyecto de izquierda radical ha avanzado, disciplinado, cohesionado
y con objetivos claros. (Aunque esa cohesión se fragmentará con la no
participación de Cepeda en la consulta, inevitablemente se armará el bloque que
rodee a Cepeda y el que apoye a Roy, quien en este panorama es el gran
opcionado).
Las similitudes al 2022.
Fragmentados, otra vez:
Por un lado, un centro–centro
izquierda que minimiza la amenaza y desprecia el riesgo sistémico, y por otro,
un bloque del centro a la derecha fragmentado, ruidoso y más ocupado en
atacarse que en construir una mayoría viable para ganar presidencia y tener un
buen Congreso.
El resultado es predecible:
dispersión del voto, una segunda vuelta favorable al continuismo que ya
exacerbó la feria burocrática, que hizo la gran movida irresponsable y
populista de un aumento desmedido del salario mínimo (sin importar las
consecuencias para el empleo formal e inflación). Además, el candidato del
continuismo goza de ser “suavizado” por algunos sectores, a pesar del peligro
real que representan sus ideas para la economía de mercado y la democracia
(apoyó todas las reformas nefastas de Petro, ve con buenos ojos a Cuba y la
Venezuela del chavismo).
En 2022, Rodolfo Hernández logró
capitalizar el hastío y pudo desligarse de la etiqueta de “derecha,
establecimiento”. Hoy eso no es posible. Abelardo, quien se denomina como “anti
establecimiento”, carga con símbolos, amistades, alianzas y estilos que le
dificultan enormemente la ampliación hacia el centro y centro izquierda. Y en
política, sin ampliación muy difícil la victoria. Le ayudaría buscar una
alianza para Vicepresidencia con alguien del centro político. También parece
que los candidatos del centro a la derecha (los de la consulta, Abelardo y
demás) están concentrados en hablarle al votante de derecha, que es el que
tiene más que claro que no quiere continuismo.
El “extremo centro” con su
abstención moralista y la renuncia a su responsabilidad histórica.
Hay algo especialmente
preocupante en el comportamiento del llamado “centro bien pensante” (también se
comporta como un extremo). Ese sector que, ante la disyuntiva histórica,
siempre opta por la “abstención moralista”, el voto en blanco o “irse a ver
ballenas” antes que asumir una decisión incómoda; aunque lo que esté en juego
sea el modelo político y económico.
Se repite el mismo patrón: se
subestima la amenaza, se relativiza el daño y se acusa a quienes alertan de
“extremistas que asustan con el comunismo”. Exactamente el mismo error que
cometió buena parte de la élite intelectual venezolana en los primeros años del
chavismo.
La historia es terca: los
procesos autoritarios no llegan de golpe. Llegan paso a paso. Empiezan
reformando la Constitución, debilitando contrapesos, capturando instituciones,
destruyendo empresas estratégicas y normalizando el clientelismo.
Decir hoy que “esto no se volvió
Venezuela” no es un argumento: es una negación peligrosa. Venezuela tampoco lo
era en 1999 (solo hasta el segundo período de Chávez comenzaron las
expropiaciones, en 2007 anunció el “socialismo del siglo XXI”, en 2009 se estableció
la reelección indefinida, en 2012 comenzó crisis económica, social y política;
en 2016 estalló la hiperinflación y comenzaron los éxodos masivos).
*Un proyecto que ya tiene el
camino abonado*
El petrismo no está improvisando.
Tiene estructura, tiene narrativa y tiene objetivos claros. Ya dieron el primer
paso para una Asamblea Nacional Constituyente (ya pueden comenzar a recoger
firmas). Ya han presionado al Banco de la República para que emita y aplique
políticas no ortodoxas. Ya han promovido que debieran aplicarse controles de
precios. Ya han debilitado a Ecopetrol, replicando el mismo libreto con el que
Chávez destruyó PDVSA: expulsar técnicos, politizar la empresa y convertirla en
fortín burocrático.
Colombia ha resistido, no por “lo
bueno del Gobierno”, sino a pesar de él:
* Gracias a instituciones que aún
se sostienen.
* A un empresariado resiliente
que ha soportado ataques constantes.
* A condiciones macroeconómicas
favorables.
* A instituciones que han hecho
contrapeso como el Banco de la República, las Cortes y el Congreso (aunque el
clientelismo y la corrupción hicieron mucha mella en el último)
*Aquí no es sobre personas, ¡es
sobre el modelo!*
Este no es un debate entre
nombres propios. Es un debate entre dos modelos de país: uno basado en la
libertad de mercado, la institucionalidad y el progreso. El otro, basado en el
estatismo, el clientelismo y la desconfianza hacia la empresa.
Un segundo mandato de
irresponsabilidad económica y políticas anti empresa podría ser letal.
La elección que no estamos
entendiendo
En este contexto, apostar todo a
una segunda vuelta es un error estratégico grave: hay presión armada en
múltiples territorios (aunque en este sentido nos sirvió la reunión con Trump,
quien le puso reglas claras, y ya vimos que ordenó bombardeo al ELN), tienen el
poder político, presupuesto… además no olvidemos la posible compra de votos y
fraude electoral (en lo que pienso también nos pudo incidir positivamente la
reunión con el presidente Trump). La mejor posibilidad real de frenar este
proyecto es ganar en primera vuelta, o al menos llegar con una ventaja clara y
una coalición sólida.
*Lo diré claramente: en mi
concepto la mejor propuesta (seria, desinteresada, que sí estaba en pro de
salvaguardar a Colombia) fue la de los ex presidentes Gaviria y Uribe, cuando
propusieron una gran consulta en la que participaran todos juntos: desde
Abelardo, hasta Fajardo. Ese claramente era el camino.* Pero unos candidatos
(por ejemplo Vicky), se dedicaron al “fuego amigo” a estigmatizar a Abelardo
como de “extrema derecha” y a atacarlo constantemente. Por otro lado Fajardo y
Abelardo se negaron a participar cuando ya fueron formalmente invitados :
Fajardo aludiendo a que la consulta “polariza”, es de “extremos” y Abelardo
porque “tiene un mandato popular y la consulta genera gastos innecesarios”.
Lamentable…
Hoy podríamos pagar el costo de
la falta de cohesión y de no entender el verdadero objetivo. A Venezuela le ha
costado 26 años unirse. Ojalá, al menos en segunda vuelta, prime finalmente el
país sobre los egos y se rodee al candidato que sea pro mercado, pro seguridad
y no simpatizante de las dictaduras cubana y venezolana. Esos son los acuerdos
mínimos fundamentales.
Hoy veo con preocupación que, de
los candidatos de la gran consulta, solo Paloma ha sido directa en decir que
apoyaría a Fajardo o a Abelardo en una eventual segunda vuelta sin el ganador
de la consulta. Si estos dos candidatos hubieran sumado a la gran consulta, los
demás participantes tendrían que rodearlos y se hubiera bajado un poco el ruido
a los ataques y señalamientos que de nada nos sirven hoy. Eso es parte del
encanto de este mecanismo.
*Algunas preguntas que deberíamos
estar haciéndonos como país:*
¿Cuánto más habría crecido
Colombia con un Gobierno comprometido con el progreso?
¿Cuánto hemos dejado de ganar por
malas decisiones en el sector minero-energético, clave para la estabilidad
fiscal?
¿Cuántos colombianos no han
salido de la pobreza por la negligencia del actual gobierno?
El Gobierno en los tiempos de Cepeda
Luis Alfonso García Carmona
Nos quedamos “con
los crespos hechos” quienes aspirábamos a presenciar un debate entre los dos
candidatos a la Presidencia con reales opciones de alcanzarla, para que
expliquen a los electores sus respectivos programas de gobierno o, por lo
menos, el modelo de país que ofrecen.
Así se desprende de
la negativa del señor Iván Cepeda a dar la cara a un debate presencial con su
rival, Abelardo de la Espriella. Debemos conformarnos con la búsqueda en los
antecedentes y las manifestaciones de los contendientes para sustituir el “cara
a cara” usual en las elecciones.
Aparte de boletines
plagados de palabras vacías, frases de cajón y trasnochadas consignas del
comunismo que en ninguna parte del mundo han conducido al desarrollo de las
naciones, poco se conoce sobre los puntos concretos del candidato Cepeda.
En El País / 50 le
formulan la siguiente pregunta: ¿cómo imagina un
Gobierno de izquierda en 2026?, a la cual responde: “La base de
mi planteamiento político es el programa de este Gobierno. Lo primero es que
partiría de las lecciones aprendidas de este Gobierno. Al
anunciar mi precandidatura planteé que quisiera escuchar atentamente a las
organizaciones sociales, a los ciudadanos, incluso a la oposición. Hay
algunas falencias evidentes, como por ejemplo la corrupción y escándalos
como el de Olmedo López en la Unidad de Gestión del Riesgo. Yo no soy amigo de
la demagogia, de decir ‘habrá cero corrupción’ en un Estado tan corroído
como el nuestro, pero sí tiene que haber un esfuerzo muy claro y preventivo
para atacarla. Dicho eso, habrá continuidad de lo bueno, que no creo que sea
poco”.
Se concluye de tan
breve respuesta lo siguiente:
a. El programa de
gobierno de Cepeda se basa en su pensamiento político, que no es otro que el
comunismo que ha estudiado y promovido durante toda su existencia. Lógico es
presuponer que su gobierno se basará en los principios de esta funesta doctrina
que se ha impuesto a través de la barbarie y ha sumido a muchos pueblos en la
esclavitud, la ignorancia, el hambre y el atraso durante varias décadas. Basta
con repasar la historia de los países de la cortina de hierro en Europa, Corea
del Norte y China en Asia, o los latinoamericanos Cuba, Venezuela, Bolivia o
Nicaragua.
b. Va a partir Cepeda
de las lecciones del presente Gobierno. Aprestémonos a soportar la
milicianización del país iniciada por Petro, que continuará Cepeda incorporando
a la fuerza pública todos los efectivos de las FARC como ya lo anunció; el
totalitarismo de Estado que propugna el comunismo se implementará a través de
la Asamblea Constituyente cuyo tramite ya inició Petro y será la encargada de
convertir a Colombia en otra esclava del neocomunismo; el Congreso será
liquidado y convertido en una Asamblea genuflexa ante el régimen, tal como
ocurrió en Venezuela durante 26 años; con la rama judicial y los organismos de
control sucederá algo parecido ya que desaparecerán para dejar un solo tribunal
del pueblo con el objetivo de perseguir a todo el que se oponga al régimen o se
sospeche de su deslealtad como sucede en todos los países comunistas; desaparecerá
la libre empresa y la propiedad privada pues los medios de producción quedarán
en poder del Estado todopoderoso, mientras el campo será expropiado y manejado
mediante un proceso de colectivización que sólo generará miseria y hambruna; la
patria potestad de los hijos pasará al Estado, como ya lo anunció el actual
Ministro de Salud; desaparecerá la familia y se promoverá como política de
estado el cambio de sexo, la ideología de género y el asesinato de los bebés en
el vientre materno sin límite alguno; los hijos se educarán sin principios ni
valores y no tendrán futuro diferente al de servir como esclavos a la causa
comunista; la salud colapsará siguiendo las lecciones aprendidas de este Gobierno
que ya ha adelantado la destrucción del sistema y el robo de sus recursos;
todas las formas de lucha serán puestas en marcha para perpetuar la revolución
marxista-leninista contra la voluntad de los colombianos, pues así lo enseña la
cartilla comunista del candidato.
Como contraparte de
este modelo, Abelardo de la Espriella. en formas profusa y detallada, ha
convocado a todos los colombianos, con excepción de los cómplices de Petro y Cepeda, para que
votemos masivamente por un programa de gobierno inspirado en los valores
fundacionales de nuestra Patria, en los principios universales de la civilización
como la democracia y el Estado de derecho, en el mensaje evangélico de Nuestro
Señor Jesucristo y en el propósito de trabajar, dentro de la Constitución y la
Ley, por la seguridad de los colombianos, por el castigo al crimen, por la
abolición del narcotráfico, por la guerra contra la corrupción, por la
recuperación del sistema de salud, por la generación de empleo a través de la
promoción del sector empresarial, por una educación moderna que prepare a los
jóvenes para el emprendimiento y los forme como honestos ciudadanos y contra la
destrucción de la familia. Nos invita a la defensa de la Patria y a la
salvación de Colombia, trabajando por la actualización de nuestra
infraestructura para generar empleo y facilitar nuestro desarrollo, la
reducción del tamaño del Estado y la supresión de gastos superfluos, la
descentralización de las regiones, el refuerzo y la motivación de la fuerza
pública, la modernización del sistema carcelario para garantizar la seguridad y
evitar que sigan siendo centros de planeación de la criminalidad.
En suma, es un
programa de gobierno y un modelo económico que garantiza el bien común de los
asociados y nos proyecta hacia el milagro económico. Su contenido no puede ser
catalogado como de extrema derecha, como tratan de calificarlo los enemigos de
la Patria, pues son soluciones a las necesidades sentidas del pueblo, que hemos
estado esperando desde hace varias décadas.
Es la hora de que
cada uno de nosotros se pregunte: ¿Cuál de estos dos modelos es el que le
conviene al país?
¿Vamos a
desperdiciar esta última oportunidad para conservar la democracia y dejar un
mejor país a nuestros descendientes?
¿Podemos darnos el
lujo de seguir jugando a la sucia politiquería con la multitud de precandidatos
obsesionados con llegar a la Presidencia sin tener respaldo popular o con
obtener jugosas sumas del presupuesto por reposición de votos?
¿No has comprendido
aún que nos llegó la hora de las definiciones y debemos hacer este pequeño
sacrificio por Colombia?
¿No crees que el
peligro que se avecina es catastrófico y que bien vale la pena ceder un poco en
tus preferencias personales en favor del bien común?
viernes, 6 de febrero de 2026
De villanos, ladrones e indefensos ante la sorda cobardía institucional
Luis Guillermo Echeverri Vélez
“La
honorabilidad del Estado no reposa en las leyes, sino en quienes las hacen
cumplir, cuando fallan las personas a cargo, falla el sistema”. Lo dice el erudito jurisconsulto doctor
Mauricio Gaona al dar la alarma sobre la emergencia institucional propia de un
vacío de responsabilidad de quienes tienen a cargo la custodia constitucional.
Advierte
que la siniestra secuencia del populismo que llega al poder, se transforma en
autocracia y luego consolida el cambio de modelo a una dictadura constitucional
por medio de una asamblea constituyente, aduciendo que hay que cambiar la
constitución porque permite la oposición política, o porque el orden público
está alterado; claro, a causa de su alcahuetería con la criminalidad.
Dice
Gaona: “Es el carácter de quienes lideran las instituciones, gremios y
asociaciones, lo que sostiene el sistema democrático”. La voluntad general
debe ser la suma de las voluntades individuales de hacer lo debido. Entonces la
misión de los directivos es impedir que el ejercicio político utilice la
degeneración de la democracia en autocracia como herramienta para que continúen
en el Gobierno falsos defensores de los derechos humanos afines a las
organizaciones criminales.
Ya
tuvimos con Santos el primer cambio ilegítimo de la Carta disfrazado de proceso
de paz, ignorando el mandato del constituyente primario, otorgándole impunidad
y derechos políticos a los criminales de lesa humanidad bajo la noción de
“conflicto armado” que da paso al “estatus de beligerancia”, al “derecho de
rebelión” y a la “conexidad de delitos” cuando se aduce que se comenten por
razones ideológicas.
Lo
más grave es la caída cíclica de la autoridad moral y ética de quienes deben
tomar las decisiones viendo que se quiere alterar conceptualmente la ley cuando
se rompen los preceptos que constituyen los límites normativos dentro de los
cuales debe funcionar un Estado, usando la ficción de que el poder popular está
representado por una figura presidencial, que se excede de manera abierta e
ignora el principio de la legitimidad de la función pública.
El
populismo acomoda la historia alterando la responsabilidad ideológica de las
acciones subversivas en el tiempo mediante la manipulación de la narrativa para
validar que caiga el sistema constitucional, dejando a la nación expuesta a la
desesperación de la fuerza por no haber sido capaz de defender la libertad y el
orden como esencia del pacto social.
Las
salvaguardias de la democracia son la supremacía constitucional y la separación
e independencia de poderes evitando la interdependencia política entre los
mismos. Cuando la Constitución se acomoda a la voluntad de un presidente: un
país está bajo una dictadura, se pierden las libertades, el orden y el respeto
a la ley.
Lo
que está pasando es que vamos a una forma totalitaria de manera diferente a lo
que fueron las dictaduras militares del siglo XX; hoy se instaura una dictadura
poniendo la ley al servicio de la política, y no está al servicio de la ley, lo
que arruina los sistemas de control de la democracia.
Estamos
a punto de que se reemplace lo que queda de nuestro ordenamiento constitucional
y se consolide en las narices de la sordera de los partidos, los gremios y de
los que viven de las rentas y la burocracia estatal. El sistema del SSXXI: un
modelo cleptocrático, narco-comunista violador de derechos humanos.
Vivimos
en la era del conocimiento digital y hemos tenido un país laborioso con gran
capital humano y profesional, pero estamos gobernados por mentes análogas,
sordas, retrógradas, mediocres, incapaces, retorcidas y dañinas.
Estamos
al borde de ser un Estado fallido, de entrar a una cesación de pagos y, en
estas elecciones, podemos terminar sin gobernabilidad cuando hay formas legales
para cambiar al presidente que es el problema y no a la constitución.
Somos
uno de los grandes productores de vicio del mundo y tenemos que orientar la
formación de políticas públicas a erradicar la producción ilícita de minerales,
cocaína y el narcotráfico, repatriar, retener y capacitar el capital humano,
proteger el agua, el sistema andino - amazónico e incentivar los medios de
producción lícitos para poder salir de ese círculo perverso de la droga que
solo crea ilegalidad, violencia y capitales ilícitos que corrompen el derecho
constitucional.
Si
consigue estar bien administrada, por muchas razones Colombia es uno de los
países de ingreso medio con mayor futuro en lo que queda del siglo. Cuidemos en
esta elección las libertades, pues los países sin empresas privadas entran de
cabeza al caos, la degradación y la miseria, no pueden funcionar ni crecer, y
por eso la gente se tiene que ir a otras naciones que ofrecen oportunidades.
Para ellas las felicitaciones
José Leonardo Rincón, S. J.
La
última vez que Horacio Arango me llamó el día de mis cumpleaños me dijo: acabo
de hablar con tu mamá y ya la felicité. A ella es a la que hay que felicitar. Sus
palabras me tomaron por sorpresa y casi que no entiendo el profundo significado
de lo que me estaba diciendo. Se suponía que era yo el homenajeado. Rápidamente,
él mismo me lo explicó: en nuestros cumpleaños a quien deberíamos felicitar es
a nuestras mamás porque cuando se supieron en embarazo dijeron sí a la
vida, durante nueve meses nos llevaron consigo, padecieron los dolores del
parto y casi simultáneamente se alegraron y nos estrecharon en sus brazos, nos
amamantaron, nos cuidaron, se trasnocharon muchas veces y otras tantas se
sacrificaron con tal de vernos bien y saludables. Fueron ellas quienes nos
inculcaron la fe, principios y valores, buscaron la mejor educación y nunca nos
dejaron de amar con ese genuino e irremplazable modo de hacerlo.
Mi
mamá cumplió 98 años el pasado 6 de enero y así, trasegada como está, cual vela
que se consume y va apagando, viejo como estoy a estas alturas y todavía se
preocupa por mi cuando en justicia debería hacerlo por ella: ¿pasaste buena
noche? ¿Ya almorzaste?, ¡cuídate al salir porque está lloviendo!, ¡abrígate que
está haciendo frío!, ¿por qué no descansas un poco? ¡Increíble! Esas mujeres
nuestras, que son nuestras madres, ¡cuán tenaces y admirables son, cuán
amorosas, únicas y maravillosas! Es verdad, a ellas es a quienes hay que felicitar
por ser vivo reflejo del rostro materno de Dios.
Estas
últimas semanas no han sido las mejores para ella. Ha bajado de peso, no ha
dormido bien, se ha desorientado a veces, está comiendo muy regular, los
dolores artríticos la tienen muy afligida, ha estado baja de ánimos, pero me
entero yo que está preocupada por mis cumpleaños y quiere celebrarlos.
Silenciosamente y sin que yo me entere ha estado organizando la cosa. Que un
almuerzo, que unas onces. Le mortifica no tener autonomía para salir a la calle
y comprarme un regalo. ¡Por Dios! ¿De qué están hechas nuestras madres si no es
de pura química divina?
Sin
duda, con un año más de vida, tengo mucho, muchísimo, qué agradecer a Dios,
pero lo más justo e importante es hacerlo por ella, por mi vieja, por la niña
Cexi, Blanca Cecilia, mi madre. He decidido pasar mañana todo el día a su lado.
Cualquier cosa que yo intente hacer por ella, en realidad es muy poco, comparado
con todo lo que ella hizo y sigue haciendo por mí. Estoy seguro de que en sus
juiciosas oraciones diarias no hace sino encomendarme. Esas oraciones son el
soporte que me sostiene, estoy seguro. ¿Cómo no felicitarla a ella?, ¿cómo no
rendirle tributo a esta colosa de la vida, a esta mujer a quien le debo lo que en
realidad soy? Hay que hacerlo en vida, así como decimos, en vida. Después ni
lágrimas, ni flores. Ya para qué.
Gracias
Señor por mi madre. Gracias por regalarme ese tesoro maravilloso que siempre me
dio lo mejor de sí y ante quien siempre me quedé corto en reciprocidad. Gracias,
mi inolvidable Horacio, por esa lección que me diste: en nuestros cumpleaños, a
quien hay que felicitar es a nuestras mamás.
jueves, 5 de febrero de 2026
Desde el centro, anotaciones: parchis en el parque
En resumen, el parqués es una versión
colombiana de un juego milenario indio: pachisi o chaupar, que
viajó por el mundo transformándose en el querido parchís en España y en parqués
en Colombia, un motivo para unir familias y amigos alrededor de una mesa.
El parchís llegó de lejos, el parqués se quedó
aquí. Aprendió a hablar duro, a demorarse, a recurrir a la astucia. En este
tablero no gana el más rápido, sino el que aguanta sentado.
He querido contar parte de su origen, porque el
parqués es una palabra común en el entorno familiar de los colombianos. En el
parque de San Ignacio no se juega parqués para ganar. Se juega para quedarse un
rato más.
La mesa aparece, las fichas ya no brillan.
Alrededor, hombres que no se llaman por el nombre completo, que discuten reglas
como si discutieran la vida. El parque de San Ignacio no tiene paredes, pero
tiene reglas. No están escritas: se aprenden mirando.
Dónde sentarse, cuándo hablar, a quién saludar
con la cabeza y a quién dejar pasar sin nombre. Es una sala comunal sin techo:
abierta, expuesta, sostenida solo por la costumbre.
El tablero organiza lo que afuera es desorden.
Seis colores, un recorrido claro, una meta posible. Mientras la ciudad grita,
aquí se negocia y se discuten reglas que nadie escribió.
El parque sostiene lo que la ciudad ya no sabe
dónde poner: conversaciones sueltas, silencios compartidos, bromas que solo
entienden los de la mesa. Aquí se habla de política sin micrófono, de plata sin
cifras, de la vida sin moraleja. El que llega mira; el que se queda aprende; el
que vuelve ya es parte.
El tranvía pasa como un reloj ajeno. Marca el
tiempo de los otros. En esta sala comunal el tiempo se mide distinto: por
jugadas, por risas cortas, por el sol que se mueve de un banco a otro. Cuando
oscurece, nadie clausura nada. La sala se disuelve sola.
Es una sala comunal sin techo, en pleno centro,
donde todavía se ensaya algo que la ciudad moderna olvidó: estar juntos sin
explicación. El parque no es una excepción, es parte del mismo centro que reza,
que espera el bus, que mide el día por semáforos y campanas. Aquí, como en las
iglesias, en las estaciones y en las esquinas, la gente llega sin cita y se
queda sin promesa. En el centro, algunos creen, otros juegan, otros vigilan,
otros esperan. Pero todos buscan lo mismo: un lugar donde el tiempo no los
empuje.
San Ignacio no es solo un parque. Es una sala
más de la ciudad, abierta todo el día, donde el centro todavía se sienta a
existir.
Los nuevos "mejores amigos"
José Alvear Sanín
La reunión del
martes 3 de febrero entre Petro y Trump no era, como se pensaba, con el fin de
negociar, sino para rubricar los acuerdos "confidenciales" entre la
Casa Blanca y la de Nariño, y notificar la normalización "a la venezolana"
que nos espera.
La foto con Trump
("Es un gran honor") y la gorra de MAGA en la cabeza del visitante,
no significan que ahora Petro haya dejado de ser un rufián ni que Trump esté
reblandecido...
Lo que ha ocurrido,
en realidad, es que el presidente de los EEUU ha logrado el manejo de nuestro
subsuelo, donde abunda el coltán y quizás haya tantas tierras raras como oro e
hidrocarburos, y el de acá conserva el poder político, cuyo ejercicio es
indiferente para Washington, mientras aquí tengan un bastard, como
consideraba Roosevelt a Somoza.
Nada, pues, más
erróneo que pensar que Petro cumplirá con los buenos deseos de las ánimas
candorosas, que creen que Trump lo ha domesticado y que los peligros para
nuestra democracia son cosa del pasado, porque el deshonroso cambalache de esta
semana enriquece a EE. UU., sin disminuir el riesgo mortal que nos amenaza.
Casi todos los
colombianos creen que Petro, a partir de ayer, es dócil y manejable, y que no
le hará pistola con los dedos de los pies al State Department, cuando llegue el
momento crucial de las elecciones.

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