Luis Guillermo Echeverri Vélez
Quedan
cuatro semanas para convencer al gran electorado indeciso de salir a votar por
su libertad. Dejen ya esa inconducente peleadera entre demócratas. En nuestras
manos está el futuro de toda una nación. El verdadero enemigo de Colombia es la
maldita cocaína asociada al sanguinario comunismo terrorista.
El
concepto de legalidad no puede seguir siendo relativo, ni estar secuestrado por
el resentimiento y el odio progresista que pregona el Estatismo. Las envidias y
las ambiciones de poder nublan la conciencia. Exijamos a los candidatos obrar
con grandeza de estadistas, no como indolentes politiqueros populistas. Dejen
ya de escuchar lambones de ocasión y asesores mercenarios, acudan a la sensatez
y demuestren que son dignos de liderar una nación sufrida y aguantadora.
Demuestren
que tienen la grandeza necesaria para conducir un país en el peor momento de su
historia, cuando más se necesita unida la nación en búsqueda de un propósito
común, y no en favor de un símbolo o una persona. Eviten que se pierdan el
Estado de derecho y la democracia.
Escuchemos
al pueblo que gritó fuera Petro y ahora pide libertad y unidad democrática.
Sean serios que son candidaturas presidenciales de un gran país que demanda
sensatez. Sean leales con Uribe que a todos les dio la oportunidad de llegar a
donde están. Si siguen peleando como niños entre un carro, van a distraer al
conductor, se va a salir del camino y muere la libertad de toda la familia
colombiana. Si no formamos el mejor equipo para salvar la democracia y las
campañas no cautivan electores, ya están los criminales disfrazados de ovejas,
prestos a comerse vivo a quien sea que llegue a segunda vuelta vestido de
caperucita.
Dejen
ya la rebatiña todos los politiqueros que apoyan ambas campañas y concéntrense
en darle confianza a la gran mayoría de 42 millones de personas habilitadas
para votar; recuerden que en marzo solo votó el 19 %, y que el 70 % de los
votos está en los estratos 2 y 3, y es esa mayoría la que debe salir a salvar
su libertad y a demostrarle al mundo que seguiremos siendo una democracia.
Dejen
ya señores, dueños de los medios y comunicadores su diablura, paren de atizar
peleas innecesarias que este no es el momento. Dejen ya señores asesores y
estrategas, gerentes y lambones de ocasión de hacerle daño a este país, tengan
un poco de respeto por lo que está en juego que es el destino de la nación.
Dejen ya atados a los sabuesos perdedores y a los inútiles que buscando colocas
se arriman a echarle gasolina a una candela que incendie toda una nación.
El
enemigo por vencer es la violenta y sanguinaria alianza narcocomunista entre
ilegales empoderados políticamente. Y por eso, hoy más que nunca, un país que
quisiera poder creer que hay esperanza, necesita que se unan los trabajadores y
los empresarios con esa seguridad y la confianza que Uribe le ha representado
al pueblo colombiano que hoy está asustado e indeciso.
No
descarten a Uribe, aquí no se vale la gratitud de ocasión, pues gústele o no a
quien sea, él tiene la experiencia y la virtud del corazón grande del líder
leal a unos valores y principios democráticos que fue capaz de darle confianza
y seguridad a la nación, y la mano firme que representan su autoridad moral por
ser insobornable y tener la voluntad de hierro consistente de servir a la
patria, en un mundo donde eso poco se despacha.
Sean
sensatos señores de las candidaturas de la democracia, no incendien su propio
país, pónganse de acuerdo, salven la libertad de los colombianos, no condenen
un pueblo a la miseria esclavizante del narcocomunismo, dejen de lado los egos,
la soberbia y la ambición, y verán que el pueblo los lleva a una victoria por
el bien de todos los colombianos.
Se
es amo de sí mismo, cuando se tiene conocimiento y virtud, y es esclavo aquel
que está subordinado a sus pasiones, miedos y deseos. Es el momento de
demostrar que los colombianos somos libres porque nuestra mente no está
subordinada a nada ni a nadie.
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