martes, 7 de abril de 2026

El año de…

Pedro Juan González Carvajal   

Pedro Juan González Carvajal

Con nuestro convencional sistema de conteo del tiempo, cada 365 días y fracción, se termina una vuelta al sol y se inicia otra que, además del fenómeno físico, representa un nuevo ciclo al iniciar el recorrido de un nuevo año.

Los humanos, de manera totalmente contraevidente e ingenua, creemos que al cambiar el calendario viejo por el nuevo se operará el milagro: “Año nuevo, vida nueva, más alegres los días serán…” y nos llenamos de buenos propósitos en diferentes materias tales como la salud, el amor, las finanzas, los viajes, el éxito profesional, etc. y hasta decimos como los hinchas de cierto equipo: ¡Este año sí!

Incluso, en la vida personal y de la organización se define el nuevo año con una característica especial: este es “el año del servicio”, o “del crecimiento” o “de la sostenibilidad” o “de la calidad” o “de la consolidación” o “del talento humano” o “de la actualización tecnológica” o de cualquier cantidad de cosas más. Esto es válido y hasta valioso, pero contiene un enorme contrasentido: ¿si este es el año del servicio quiere decir que en los años pasados y en los próximos no nos importó ni nos importará el servicio?

El asunto es que, al correr los días, las semanas y los meses cada año se va pareciendo al anterior con aspectos buenos, regulares y malos; con triunfos y derrotas; con alegrías y tristezas como el año pasado y como el que viene, si estamos vivos.

Y a la postre, si decidimos trabajar con calidad, con un buen servicio, si deseamos cuidar nuestra salud, sostener unas buenas relaciones, debe ser una decisión que debe permanecer en el tiempo y no culminar al cerrar un ciclo.

Muy a propósito comparto este viejo tango de Gardel:

UN AÑO MÁS.

El barrio alborozado

Festeja el nuevo año

Reina la algarabía

Con todo su esplendor

Adiós, penas amargas

Adiós, los desengaños

De esperanzas risueñas

El año es portador.

Sonoras carcajadas

Bullicio y alegría

Arrullos juveniles

De vida y expansión

Del percal la silueta

Se pierde en este día

Para soñar más alto

Quizás otra ilusión.

Un cuadro pintoresco

Ofrecen los pebetes

Que en sus juegos inocentes

Entretenidos están

Medio escabiao, un goruta

Murmura indiferente:

Un año más, ¡qué importa!

Como vino se irá.

Y feliz año del caballo, según el calendario chino, mientras para nosotros el tiempo pasa galopante.

lunes, 6 de abril de 2026

Silencio cómplice

Rafael Uribe Uribe

Rafael Uribe Uribe

En Medellín presenciamos un episodio grotesco, la excarcelación de delincuentes como si la ciudad necesitara más actores para su melodrama. Estos individuos deberían rendir cuentas ante la justicia, pero vuelven a las calles con la alcahuetería oficial lo que sucede en vísperas electorales cuando la seguridad debería ser un compromiso innegociable.

Lo más inquietante es el silencio incómodo y cómplice de los gremios que hoy prefieren el mutismo selectivo, la ciudadanía que observa resignada como si la inseguridad fuese un fenómeno meteorológico inevitable, los medios y candidatos callados o débiles, excepto Juan Lozano en la FM, Abelardo de la Espriella, el gobernador de Antioquia y el alcalde de Medellín que se atreven a torear el avispero, mientras las Fuerzas Armadas acuarteladas, parecen haber olvidado que su deber principal es la defensa de la Constitución. Ese silencio, que algunos llaman prudencia, es simplemente cobardía, el mejor aliado de los abusos de la “Paz Total”.

A este panorama hay que sumar el desencuentro del Gobierno con el Banco de la República, institución independiente por mandato constitucional que cumple su deber subiendo las tasas de interés para contener la inflación; pero cada decisión técnica se interpreta como una afrenta política, cuando la inestabilidad monetaria nos llevará al abismo del desorden económico. La inflación, no se combate con reproches públicos, discursos incoherentes, ni haciéndose la víctima, sino con herramientas eficaces así no generen aplausos.

El sector agrario sigue atrapado en un romanticismo improductivo en vez de fomentar tecnología avanzada, mecanización, biotecnología y sistemas de riego inteligentes, pero persisten reglamentaciones pensadas para un país que ya, en el campo, no existe.

Nuestra patria avanza a trompicones, ciudades donde la seguridad se escurre entre los dedos, instituciones económicas sometidas a presiones indebidas y un campo que podría ser potencia, pero al que insiste en vestir con ropas del pasado; todo acompañado por el silencio de quienes deberían alzar la voz.

Las elecciones que se acercan exigen claridad, no resignación; instituciones firmes, no reproches; y, unos gremios, una ciudadanía y unos medios y candidatos que recuerden que callar es una forma de decidir; pero al revés. ¿Preferimos seguir con un gobierno comunista? eso tendremos si continuamos mudos siguiendo el camino al holocausto.

El Rincón de Dios

A mis amables lectores: Feliz Pascua de Resurrección


Editorial: sucesos de la semana No. 141


En su reflexión editorial para El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H. aborda el significado espiritual y social de la Semana Santa, destacando el valor de la fe, la esperanza y la renovación que representa la resurrección de Jesucristo, así como el tiempo de introspección que se extiende hasta el Pentecostés.

A partir de este contexto, centra su análisis en la situación política y social de Colombia y América Latina, señalando los desafíos de gobernabilidad, la inestabilidad institucional en varios países de la región y el clima de polarización que atraviesa el continente. En particular, advierte sobre lo que considera riesgos para la democracia en Colombia, cuestionando el rumbo del gobierno de Gustavo Petro y las propuestas del Pacto Histórico.

El editorial hace un llamado directo a la ciudadanía —especialmente a las mujeres cabeza de familia— a reflexionar sobre el futuro del país, defender los valores democráticos como la libertad, la propiedad privada y el derecho al voto, y participar activamente en las elecciones. Asimismo, enfatiza la necesidad de unidad entre sectores políticos afines para evitar divisiones internas que debiliten el sistema democrático.

Finalmente, concluye con una invitación a ejercer el voto de manera masiva y consciente, en defensa de lo que considera los principios fundamentales de la democracia, insistiendo en que el momento actual exige compromiso, reflexión y acción colectiva.

No dejes de verlo.

miércoles, 1 de abril de 2026

La gente que no me gusta

Pedro Juan González Carvajal

Pedro Juan González Carvajal

Excelentes profesionales de la administración, especialistas en temas motivacionales para el recurso humano, han escrito a través del tiempo diferentes reflexiones acerca de la gente que les gusta para que en las organizaciones exista un ambiente de armonía y de competitividad en medio del rescate de los valores y atributos positivos de los diferentes colaboradores en los distintos niveles organizacionales.

Hoy quiero coger el toro por los cachos de acuerdo con mi perspectiva y presento una serie de atributos negativos o de comportamientos que definitivamente no me gustan y que dificultan mi relacionamiento con otros humanos a nivel social y a nivel empresarial.

En términos generales y particulares no me gusta la gente que:

Es incoherente.

Es ruidosa.

Es ordinaria.

Que se emborracha.

Que habla con la boca llena.

Que grita.

Que maltrata a los animales.

Que no respeta las normas de tránsito.

Que no respeta las leyes.

Que contesta por contestar sin saber la respuesta ni de qué se está hablando.

Que opina sin saber.

Que es ostentosa.

Que es engreída.

Que es orgullosa.

Que asevera sin conocimiento.

Que es chabacana.

Que actúa como caranga resucitada.

Que pide cosas prestadas.

Que no sabe escuchar.

Que interrumpe a quien está con el uso de la palabra.

Que es mal educada.

Que no respeta los turnos.

Que es desaseada.

Que es zalamera.

Que no mira a los ojos.

Que es impuntual.

Que es desorganizada.

Que hace perder el tiempo.

Que es mentirosa.

Que es inculta.

Que es avara.

Que no es confiable.

Que es oportunista.

Que tiene vicios.

Que es habladora.

Que apuesta.

Que es desordenada.

Que considera poseer la verdad revelada.

Que es intolerante.

Que se ríe por todo.

Que es envidiosa.

Que abusa de los demás.

Que es amarrada.

Que no tiene argumentos.

Que es fanática.

Que es hipócrita.

Que es vulgar.

Que es incompetente.

Que es mal presentada.

Que no tiene iniciativa.

Que es reactiva y no proactiva.

Que no es propositiva.

Que no se compromete.

Que es entrometida.

Que tiene mal comportamiento en la mesa.

Que no es grata.

Que es estúpida.

Que deja todo para último momento.

Que es conflictiva.

Que es grosera.

Que es monotemática.

Que no concreta sus ideas.

Que no tiene posiciones propias.

Que es desleal.

Que no cumple la palabra.

Que es incumplida.

Que no tiene criterio.

Que no fija posiciones.

Que abusa de los lugares comunes.

Que pasa agachada.

Que sea tramposa.

Que se burla de los demás.

Que no tiene buen léxico.

Que …………………………………

martes, 31 de marzo de 2026

Economía & Cultura | El arte como sistema financiero paralelo

Lucrecia Piedrahita 

Lucrecia Piedrahita

El mercado global del arte mueve alrededor de 57.000 millones de dólares anuales, una magnitud comparable al PIB de países enteros.

En el siglo XXI, el arte ha dejado de ser únicamente una forma de expresión cultural para convertirse en algo mucho más poderoso y ambiguo: un sistema financiero paralelo. 

En un mundo atravesado por la inestabilidad política, las sanciones, la inflación y la vigilancia bancaria, una obra de arte funciona hoy como un activo portátil, una reserva de valor y una herramienta de circulación de riqueza que opera por fuera de muchos de los controles tradicionales. 

El mercado global del arte

Las cifras lo confirman. El mercado global del arte mueve alrededor de 57.000 millones de dólares anuales, una magnitud comparable al PIB de países enteros. Incluso en un contexto de desaceleración económica mundial, el volumen de transacciones sigue creciendo y supera los 40 millones de operaciones al año, lo que indica que el arte ya no es solo un lujo para unos pocos, sino una arquitectura compleja de intercambio, inversión y especulación. 

Una pintura de Basquiat, una escultura de Giacometti o una instalación de un artista consagrado pueden cruzar fronteras con mayor facilidad que una transferencia bancaria.

Pueden almacenarse durante años en puertos francos en Ginebra, Luxemburgo o Singapur, fuera del alcance inmediato de las autoridades fiscales. Pueden utilizarse como garantía para préstamos o como instrumentos de negociación entre grandes patrimonios. 

En muchos casos, el arte no se compra para colgarse en una pared, sino para ser guardado, transferido y valorizado. Este fenómeno ha reconfigurado por completo el ecosistema cultural. 

El precio del arte

Las grandes ferias funcionan hoy como bolsas de valores estéticas, donde los precios se fijan, se prueban y se consolidan ante un público global de compradores. Las megagalerías operan como bancos de inversión: administran portafolios de artistas, controlan la escasez, influyen en la demanda y gestionan cuidadosamente la reputación de cada nombre. 

Los museos, por su parte, se convierten en instituciones de legitimación que pueden disparar —o desplomar— el valor de una obra con una sola adquisición o exposición. No es casual que ciudades como Nueva York, Londres, Hong Kong o Miami concentren una porción desproporcionada del mercado global. 

No solo albergan artistas y coleccionistas, sino también la infraestructura financiera, legal y logística que permite que el arte circule como capital. Allí se cruzan abogados, aseguradoras, fondos de inversión, casas de subastas y asesores patrimoniales. Donde fluye el dinero, el arte encuentra su hábitat natural. 

La financiarización del arte también plantea un dilema ético. Cuando una obra se convierte ante todo en un activo, corre el riesgo de perder su potencia crítica y su vínculo con lo social. Los artistas empiezan a producir para el mercado antes que para el pensamiento. 

Las instituciones se ven presionadas por intereses privados. El público, mientras tanto, queda relegado a observar un sistema que ya no le pertenece del todo. Y, sin embargo, ignorar esta realidad sería ingenuo. 

El arte ya forma parte de las arquitecturas globales del capital, del mismo modo que lo son los bienes raíces, la tecnología o las materias primas.

La pregunta decisiva no es si debe o no estar allí, sino cómo puede operar dentro de ese sistema sin renunciar a su capacidad de incomodar, de revelar y de imaginar otros mundos posibles. 

En la economía cultural contemporánea, el museo es una bóveda, la feria es una bolsa y la obra es una acción. Entenderlo no es cinismo. Es una condición mínima para comprender el verdadero poder —y el verdadero riesgo— del arte hoy. 


Economía & Cultura | El arte como sistema financiero paralelo.
Columna de Lucrecia Piedrahita (arquitecta/curadora) para el periódico El Tiempo.

Conversatorio con Roniel Aledo - parte 2

 

Para esta semana en El Pensamiento al Aire, presentamos un conversatorio de alto impacto con el analista internacional y exmiembro de la CIA, Roniel Aledo, una figura con amplia trayectoria en inteligencia, geopolítica y seguridad global. En diálogo con nuestro conductor Antonio Montoya H., Aledo comparte su experiencia en el Ejército de Estados Unidos, su paso por el Pentágono, la CIA y su participación en el desarrollo del Plan Colombia, ofreciendo una mirada profunda sobre la evolución política y de seguridad en el país. A lo largo de la conversación, aborda temas clave como el liderazgo de Álvaro Uribe Vélez, el proceso de paz impulsado por Juan Manuel Santos y el panorama actual bajo el gobierno de Gustavo Petro, además de analizar el contexto geopolítico internacional, incluyendo el conflicto entre Rusia y Ucrania. Una entrevista que invita a la reflexión sobre poder, estrategia y el rumbo de América Latina en el escenario global. 

Tres visiones de la campaña a la Presidencia

Luis Alfonso García Carmona

Luis Alfonso García Carmona

Desde el inicio de la recta final en la competencia por alcanzar el solio de Bolívar, se perfilan tres perfiles o siluetas de las tres campañas con opción real de alcanzar la meta.

De un lado, Iván Cepeda, el candidato del régimen y de los grupos violentos de las FARC  y del ELN, se limita a seguir sembrando odio contra quienes no compartimos la prolongación del régimen de extrema izquierda, que ha condenado al país a la miseria, al déficit fiscal y a un general deterioro moral e institucional. Sabe que su discurso de lucha de clases, de victimización de sus partidarios y de tergiversación de la historia para focalizar el resentimiento en los supuestos enemigos del pueblo creados desde su perspectiva comunista, afianzará el respaldo de unas colectividades fanatizadas. Al fin de cuentas, la campaña se la está haciendo el propio gobierno mediante la destinación de billones de pesos del presupuesto, la utilización de la todopoderosa maquinaria del Estado, y la fuerza coercitiva de los grupos criminales en las zonas donde mantienen su nociva influencia.

No se puede ignorar que medida eminentemente populistas como el alza desmesurada del salario mínimo influye en la decisión final de quienes se benefician de ella, aunque sabemos de antemano que el crecimiento de la inflación y la reducción de empleos formales harán desparecer muy pronto el espejismo fugaz del aumento.

Ha optado el candidato de la guerrilla por no someterse a debates públicos con otros candidatos, entre otras razones, por la dificultad para defender un gobierno tan dañino y torpe como el de su padrino Petro. No tiene otra propuesta distinta a las de gobernar de acuerdo con su formación comunista y profundizar en las reformas iniciadas por su camarada. El comunismo, como se sabe, no ha producido beneficio alguno  en los países donde ha ejercido el poder: en cambio sí es responsable de la muerte, por violencia o por hambrunas, de más 100 millones de habitantes, más que cualquier otro movimiento político en la historia de la humanidad. En Colombia, donde apenas hace menos de 4 años se viene intentando implantar el sistema comunista ya ha roto todos los récords de corrupción, déficit fiscal, crecimiento de la deuda pública, reducción de las exportaciones, disminución de las inversiones nacionales y extranjeras, aumento del gasto público, elevación de los impuestos. ¿Cómo defender un gobierno con semejante palmarés?

Pasando a Paloma Valencia, candidata del partido Centro Democrático, quien decidió unirse a la consulta organizada por varios personajes de la vieja politiquería con escaso respaldo electoral, encontramos el siguiente panorama: Su afiliación a la consulta representó un crecimiento inusitado de sus opciones que, prácticamente, no eran significativas. Ahora cuenta con un respaldo mayor que la colocan a las puertas de pasar a la segunda vuelta.

Pagó un precio muy alto por esta jugada electoral. Eligió como candidato a la Vicepresidencia a un miembro de la consulta de orientación izquierdista, partidario de la JEP y del espurio acuerdo de La Habana, defensor de la ideología de género y de su enseñanza a los menores de edad, abortista, enemigo de castigar a los vándalos de la Primera Línea porque considera que no son delincuentes y amigo de continuar con los diálogos de paz en lugar de la aplicación rigurosa de la Justicia para los delincuentes.

Su discurso se basa, en consecuencia, en la unión de quienes piensan diferente tales como los santistas, que promovieron la consulta, los amigos vergonzantes del petrismo, los politiqueros de vieja data que quieren conservar su porción en el pastel del presupuesto, los del LGTBIQ+ que quieren imponer por ley sus tendencias personales al resto de colombianos, etc.  Por supuesto, esta profunda diferencia de principios con los que hasta ahora ha defendido el Centro Democrático, partido de la candidata, ha generado una fractura interna que ésta se ha visto obligada a explicar antes de que se vuelva un alud de nieve que ahogue su propia candidatura. Ese es, pues, el objetivo de su campaña: Apagar el incendio originado en la renuncia a unos valores tradicionales a cambio del apoyo de su candidato a la vicepresidencia.

Finalmente, Abelardo de la Espriella, abogado y empresario, en forma independiente de todos los partidos decidió lanzar el movimiento “Defensores por la Patria”. Muchos creían que era una tarea imposible, pero, su mensaje concreto, apelando al patriotismo de lls colombianos y ofreciendo trabajar para la solución de los principales problemas que agobian a la población colombiana, caló rápidamente en los potenciales electores.

Sin contar con aportes de los grandes capitalistas, sin maquinarias de los caciques políticos de siempre y contra la sucia campaña de sus gratuitos enemigos, recogió más de 5.000.000 de firmas. Su presencia en las distintas regiones ha sido acompañada de grandes multitudes que a veces quedan por fuera del evento por falta de cupo para entrar. Las redes sociales se ocupan de sus propuestas diariamente y   las más serias encuestas internacionales lo colocan en segundo lugar en la carrera por la Presidencia.

Es indudable que esta postura tiene mayores posibilidades que la de Cepeda, la cual causa terror en la mayoría de los colombianos que rechazan con todas sus fuerzas al comunismo. Las multitudinarias marchas que se cumplieron contra las FARC  en el 2008 y las que de forma espontánea han tenido lugar para gritar “FUERA PETRO”, así lo constatan.

Si persiste el “tigre” en su tarea de mostrar a los colombianos cómo su gobierno se encargará de resolver cada uno de los entuertos que recibiremos del régimen petrista, consolidará su opción triunfadora. Tiene el talante y la voluntad que se requieren, cuenta con un equipo ampliamente capacitado, ha captado el fervor y la pasión de millones de colombianos y puede tomar las decisiones que más convengan al país sin tener que pedir permiso a nadie ni pactar con sus propios colaboradores el camino a seguir.

Solo podría ganar Cepeda si nos dejamos influenciar por las malas artes de los medios fletados por la politiquería de siempre para atajar a Abelardo en su arrolladora carrera hacia la Presidencia. Hagamos parte de ese ejército de colombianos que no nos rendimos ni ante la maldad del comunismo ni ante la mentira de las viejas estructuras políticas que quieren seguir atornilladas al poder del Estado.