Luis Alfonso García
Carmona
Nos brinda este
descanso de Año Nuevo la posibilidad de reflexionar con tranquilidad sobre la
actualidad que vivimos y las perspectivas que nos aguardan para el año
venidero.
No hay la menor
duda de que el panorama político colombiano, tan confuso y mutante en el año
que termina, se ha aclarado con base en las siguientes situaciones:
1. Los descalabros
del régimen, nacidos de su propia torpeza, han generado un descontento
generalizado que toca hasta su más elevada dirigencia. Ya no existe unanimidad
en los partidos de la coalición de Gobierno, ni entre sus más connotados
líderes, ni siquiera en el Consejo de ministros. Las ansias de continuar en el
poder han develado toda la codicia y la falta de escrúpulos que han
caracterizado a quienes ejercen el poder.
2. El entorno
geopolítico se ha tornado en poderoso obstáculo para la continuidad de la
extrema izquierda en el gobierno. Las recientes elecciones en América Latina
evidencian una imparable tendencia contraria a los regímenes socialistas,
progresistas o comunistas y un retorno a la democracia respetuosa del orden y del
estado de derecho. No será fácil para Petro sustraerse a esa hecatombe de la
extrema izquierda, teniendo en cuenta los profundos cambios en la política
norteamericana bajo la administración Trump y el blindaje que el tirano ha
proporcionado al sucio negocio de la coca y su estrecha conexión con el
cabecilla del cartel de los soles, Nicolás Mauro.
3. Después de 3
años y medio de incumplimiento de las promesas esgrimidas por Petro para
obtener el favor de sus electores, muchos de estos están viviendo la
frustración de las esperanzas de cambio prometidas. No es una afirmación
gratuita, pues se ha visto refrendada en las escuálidas marchas de apoyo al Gobierno
o a sus proyectos, a pesar de los millones de pesos gastados en su promoción y
en el pago a los asistentes. Por el contrario, el clamoroso grito “fuera,
Petro” se ha escuchado en eventos deportivos, conciertos y reuniones masivas
por todo el territorio nacional.
4. La multitud
de aspirantes a la presidencia, como era de esperar, se redujo
sustancialmente, pues no todos lograron el mínimo de firmas para registrar
su aspiración y otros aceptaron sus escasas posibilidades.
5. Después de una
larga e insistente convocatoria a los aspirantes autodenominados de “centro” o
de “centro derecha” para que se unieran en una consulta para definir un solo
candidato que se opusiera con posibilidades de éxito al escogido por la
consulta de la extrema izquierda, Iván Cepeda, dicho llamado fracasó
estruendosamente pues triunfaron las personales ambiciones de los aspirantes
sobre los intereses superiores de la Patria. De paso, la elección de
candidatos en representación de los partidos ha dejado consecuencias no
deseadas. (Ejemplo: El zafarrancho que ha vivido el Centro Democrático). Otros
partidos como Cambio Radical, Partido Liberal y Partido Conservador, se han
abstenido de participar en esa consulta.
6. Mientras los
precandidatos sobrevivientes se enzarzan en pequeñas batallas puramente
electoreras y en las más bajas artimañas para alcanzar la categoría de
verdaderas opciones a la hora de elegir, surgió el fenómeno político de
Abelardo de la Espriella, candidato independiente de las viejas estructuras
políticas y contundente opositor al régimen “narco-comunista” de Petro. Con un
lenguaje claro y una apelación directa a las masas inconformes de todos
los sectores opuestos al régimen, ha sido capaz de construir en tiempo récord
una impresionante movilización de carácter popular que marcha con
decisión y con inusitado fervor hacia la victoria. Su generosa propuesta de
unirse, incondicionalmente y sin vetos para nadie, con los demás candidatos que
se dicen de “oposición” fue ignorada por quienes pregonaban estar a favor de la
“unión”. No faltaron quienes lo vetaron para participar en sus oscuros
conciliábulos a los que sí han concurrido aspirantes sin fuerza en las
encuestas, a quienes llaman “los unos”, pues no lograron pasar del 1 % en la
favorabilidad de las gentes. Otros de los partícipes en este remedo de unión
pretenden suplir la carencia del apoyo popular con mordaces críticas a
Abelardo a las que este sólo ha respondido con altura manifestando que sólo
reconoce como enemigos a Petro y sus secuaces.
Este es, en
resumen, el escenario que se presenta en este final de año. Cuánto daría por
poder desear a todos un feliz Año Nuevo, pero ello no será posible
conseguirlo antes del segundo semestre, cuando hayamos erradicado del país
la ponzoña del régimen narco-comunista y aplastado electoralmente a Petro y sus
compinches tanto en las presidenciales como en la elección para Congreso.
Lo único que
podemos augurar para el primer semestre es, como lo prometió Churchill en su
gesta contra el nazismo: “Sangre, sudor y lágrimas”.
Petro, en su caída,
se tornará cada vez más peligroso permitiendo, como ya lo observamos, un incremento
del terrorismo en todas las regiones del país y falta de garantías a los
candidatos de la oposición para adelantar su campaña.
Junto con el caos
de inseguridad, se propone el tirano generar un caos económico, es decir, la
quiebra de la Nación, a través de la emergencia económica, el aumento
exagerado del salario mínimo, la contratación irregular de un crédito por 23
billones de pesos y la continuidad del derroche en el gasto público para
engordar la burocracia y comprar el triunfo electoral.
Tendremos que luchar
contra la abstención de quienes todavía se niegan a creer que de estas
elecciones dependen la permanencia del sistema democrático, la libertad y la
viabilidad de Colombia como estado independiente. A todos nosotros corresponde
trabajar contra esa peligrosa abstención. No pensemos que la vieja clase
política lo va a hacer por nosotros.
Con patriotismo,
con coraje, con fervor, como lo están demostrando los “defensores de la
Patria” que se han impuesto voluntariamente la tarea de salvar a Colombia,
tendremos que luchar, cada uno desde su lugar en la sociedad, desde su región,
para que la candidatura del pueblo, la de Abelardo de la Espriella, se
imponga sobradamente en la primera vuelta sobre el ignominioso régimen y sobre
los tibios que ahora se presentan como “opositores” para captar el apoyo de los
indecisos.
Más de 5 000 000 de
firmas son un mandato que ha recibido Abelardo para salvar a Colombia. Unámonos
a esta noble causa. No permitamos que nuestro voto o el de nuestros amigos se
pierda en la abstención o vaya al tarro de la basura votando por quienes no
tienen la talla, ni el coraje ni la capacidad política para erradicar de
Colombia el Gobierno de la mentira y del crimen.
Invoquemos la ayuda
de Dios Nuestro Señor, quien todo lo puede y acude en auxilio de quienes
con fe y humildad pedimos su misericordia. Con la esperanza puesta en su divina
presencia despedimos este período de sufrimiento y colocamos en sus manos
nuestro destino y el de nuestra Nación.