Luis Alfonso García Carmona
Es un hecho
indiscutible el mayoritario rechazo del pueblo colombiano al régimen actual y
al propósito de prolongar su vigencia en el poder a través del heredero de
Petro y de las FARC, Iván Cepeda.
No obstante, el acuerdo
casi unánime de los colombianos en impedir la continuidad de este catastrófico
gobierno, todavía flotan algunas dudas sobre el más viable camino para impedir
que tal desastre se consuma. Donde algunos ven razones de incertidumbre a la
hora de elegir, la decisión resulta bien sencilla si nos preguntamos lo que en
realidad queremos, no lo que nos dictan los medios prepagados o los discursos
engañosos que durante décadas han utilizado los politiqueros de oficio para
perpetuarse en el poder. Como diría Marco Aurelio, “…quienes no siguen con
atención los movimientos de su propia alma, fuerza es que sean desdichados
(Meditaciones).
¿Queremos más de lo mismo: vana palabrería,
jugarretas electoreras para ganarse unos cuantos votos, cambio de ideales o de
principios por respaldos políticos, ¿utilización de la calumnia y la mentira
sin vergüenza alguna? O, por el contrario, ¿aspiramos a una Patria libre no
sólo del populismo totalitario que nos amenaza, sino también del cáncer de la
vieja politiquería que nos ha conducido hasta el borde del abismo que vivimos?
La decisión es bien
clara. Después de años de padecer estos males endémicos, somos expertos en toda
clase de paliativos que sólo han servido para fortalecer a los grupos ilegales,
blindar el sucio negocio de la cocaína, catapultar la corrupción como la
herramienta más expedita para atornillarse al poder, entregar la educación de los
niños y jóvenes a la extrema izquierda y a los fanáticos del LGTBI e iniciar el
desmoronamiento de todo nuestro sistema económico. Es el fruto de la entrega
del país al binomio Santos-FARC mediante el espurio acuerdo de La Habana, de la
elección de Presidentes obsesionados con
cumplir los compromisos acordados con los facinerosos de las FARC sin exigir nada a cambio, de la política
tibia y alcahueta con la criminalidad que ahora llaman “ de centro” que permitió la toma guerrillera de las
ciudades en lo que denominaron “estallido social” y, finalmente,
pavimentó, con su falta de carácter y de valor, la llegada del narco-comunismo petrista
al poder.
¿No es hora de
desmontar este doble yugo, el de la izquierda radical y el de la desacreditada
politiquería para empezar a construir juntos la “Patria milagro” que nos
merecemos?
Dejemos de preocuparnos por la sucesión de escándalos que a diario se destapan. A los torpes seguidores del tirano nada los apartará de su fanatismo y su resentimiento. A los opositores cada escándalo no hace sino confirmar lo que ya sabemos: que estamos bajo un régimen que nunca debió llegar al poder. Dediquémonos, en consecuencia, a convertir a Colombia en la “Patria milagro”. Colombia solamente exige de nosotros el último esfuerzo: Votar y hacer que otros voten con nosotros por Abelardo de la Espriella, artífice de esta nueva Colombia que todos soñamos, en la primera vuelta. No hay tiempo que perder. Estamos “Firmes con la Patria”.

.jpg)
.jpg)
