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lunes, 14 de julio de 2025

Reflexión: dónde está la estrategia de país del sector privado?

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Convengamos que, para avanzar positivamente y cumplir unos objetivos, en todo lo que se haga profesionalmente en una empresa, una institución o un Estado, se necesita una buena estrategia.

Quedó demostrado en 2021 que para crecer no necesitamos reformar la Constitución. Pero como vamos hoy, estamos en la verraca olla pues el sector privado se acomoda a que sean las falaces promesas de campaña y lo que les dé la gana de hacer a los políticos desde el poder, lo que determine el rumbo del país y su estrategia de crecimiento y desarrollo.

Hoy la clase política se lucra de la inoperancia de quienes representan el sector privado contributivo, gremios y centros de pensamiento, que no se unen para plantear una estrategia que determine cuál es la conducción que necesita seguir el país para lograr un crecimiento dinámico de su economía formal.

Durante décadas la subversión se propuso conquistar el poder ejecutando una estrategia que contó con la complacencia de quienes vendieron libertad y justicia por fama y metálico. Hoy están enfocados en la generación de caos que conlleva a la pérdida de libertades personales y socioeconómicas y a la destrucción de la institucionalidad democrática. El control de 2/3 del territorio, el número de milicianos infiltrados y el incremento en un 50 % de las organizaciones criminales en tan solo tres años, indican que todas las fuerzas del mal, empezando por el Gobierno que controla todo el Estado, siguen una estrategia que vienen ejecutando a la perfección.

El Gobierno actual tiene como objetivo inmediato para preservar el poder, auspiciar la impunidad, cogobernar con el crimen organizado e instaurar un nuevo orden constitucional basado en el totalitarismo y soportado por la impunidad. Y eso se logra fácil al destruir la economía formal y contributiva para poder controlar una sociedad empobrecida donde solo quienes están en el poder gozan de privilegios, cual es el caso de Venezuela.

Estamos divididos bajo el sofisma de la maldad de la izquierda o de la derecha, que encubre la distinción entre lo legal y lo ilícito, entre comunismo y generación de riqueza, y entre desatender una mayoría honrada y trabajadora y subsidiar una población creciente de “ninis”. No se puede seguir consintiendo que el único objetivo de quienes se distinguen como “de profesión político” sea mantenerse en el poder a toda costa. Es así como el clientelismo medra de un Estado anárquico y los funcionarios olvidan que están ahí para representar y servir a los particulares y no para suplir sus propios intereses.

Es una gran vergüenza tener un ámbito político lleno de incertidumbres, donde todo personaje que figura en los medios está enceguecido por la delusión de ser presidente. Tenemos más de 70 candidatos quiméricos a quienes nadie les confiaría manejar una estrategia empresarial.

Si seguimos así, aumentará la miseria social que genera la combinación de narcotráfico, violencia, terrorismo, inseguridad, injusticia y corrupción política.

Es menester que los privados pasemos del rebusque individualista a consolidar una unidad de criterio que nos permita liberarnos de un liderazgo mediocre, para poder llegar a confeccionar y exigir a los políticos que implementen una estrategia que demande decisión política, trabajo en equipo y estar de acuerdo en las siguientes premisas esenciales:

1. Garantía de la seguridad a quienes cumplan las obligaciones cívicas. Para que haya justicia y se genere una cultura de legalidad y obediencia a la ley, se garantice el castigo ejemplarizante al delito y al delincuente, y exijamos que no se consienta ni se negocie más con el terrorismo.

2. Erradicación de todo lo relacionado con la cultura de la cocaína y la minería ilegal. Se requiere una política de Estado multidimensional de mediano plazo que acometa contra su nefasta influencia en las personas, la sociedad y el medio ambiente.

3. Un Estado dedicado solo a sus funciones esenciales. El Estado en lugar de ser percibido como un negocio para el beneficio de los políticos, tiene que ser entendido como el simple garante de las libertades económicas y de mercado; respetar la independencia de poderes y su funcionalidad, especialización y efectividad.

4. Rebajar la corrupción a su mínima expresión de manera que se pueda detectar y castigar. Los funcionarios que cobran sueldo de los impuestos de quienes generan actividad económica contributiva, deben entender que su función es servir eficientemente al ciudadano, no lo contrario.

5. Digitalización y reducción del Estado al mínimo operativo posible sin perder eficiencia. Ofrecer conectividad y trámites en línea y servicios públicos competitivos, y promover la educación y la continua capacitación de todo el capital humano como garantía de sostenibilidad de crecimiento económico fundamentado en la realización del gran potencial de desarrollo que tiene el país.

6. La generación de confianza económica, estabilidad de las políticas de Estado y reglas claras. Es la única forma de lograr más actividad y velocidad económica que generen crecimiento, preservando la ortodoxia en el manejo de la hacienda pública para lograr salir de situaciones deficitarias y combatir el enriquecimiento fácil que solo beneficia la formación de capitales ilícitos.

7. No podemos olvidar que el socialismo, el comunismo o la convivencia con fuerzas criminales y narcoterroristas no son alternativas viables. Para que haya justicia social tiene que haber generación de riqueza. A partir del empobrecimiento no hay nada que se pueda repartir.

Por tanto, Colombia necesita que el sector privado trabaje en construir y exigir a quienes se quieran elegir, una estrategia país comprometida con la seguridad ciudadana como un derecho y que propenda por la generación de oportunidades, por la confianza en las libertad de mercados que atraen inversión, generan empleo y fortalecen una clase media sin la cual es imposible volver a la vía del desarrollo.

martes, 28 de noviembre de 2023

De cara al porvenir: y no nos dimos cuenta

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

El principal puerto sobre el Pacífico colombiano se fundó el 14 de julio de 1540.

“Considerado el primer puerto del Pacífico colombiano, por su aporte al volumen de carga que ingresa al país y por su importancia para la región, la fundación de Buenaventura no dista mucho de la historia de varias ciudades colombianas. A través de los documentos de archivo de Señal Memoria hablaremos de estas controversias sobre sus orígenes y algunos aspectos fundamentales de su configuración como ciudad portuaria.

Buenaventura: una breve semblanza geográfica

Nombrada de manera oficial como Distrito Especial, Industrial, Portuario, Biodiverso y Ecoturístico, Buenaventura se encuentra ubicada en un lugar especial de Colombia, en el departamento del Valle del Cauca, entre la Cordillera Occidental y el mar Pacífico. Limita al norte con el Chocó y al sur con terrenos cenagosos que colindan con el municipio de López de Micay, departamento del Cauca.

Cuenta con más de 310 mil habitantes, según el último censo del DANE, y una riqueza hidrográfica significativa, destacándose los ríos Anchicayá, Dagua, Calima, Yurumanguí y Naya, entre otros.

Así, Buenaventura se constituye en el municipio más grande de esta región del país y la tercera más poblada del departamento.

Por otra parte, la ciudad está dividida en una zona insular donde se encuentra un moderno complejo portuario que aporta cerca del 55% del comercio exterior del país, y una zona continental, caracterizada por el predominio de los espacios residenciales y barriales.

También tiene una zona rural integrada por veredas, corregimientos y asentamientos tanto fluviales como marítimos, los cuales se agrupan en 19 Unidades de Planificación Zonal.

Buenaventura, más allá del puerto

Si bien existen algunos vacíos sobre la fecha de fundación y su lugar de emplazamiento original, lo cierto es que, a comienzos del siglo XX Buenaventura tuvo un importante cambio.

En las primeras tres décadas de esa centuria, Buenaventura pasó de tener un incipiente puerto de madera al pie de algunas viejas instalaciones portuarias, a contar con tres muelles sofisticados, un par de edificaciones de arquitectura moderna y varias bodegas de almacenamiento junto al ferrocarril del Pacífico. Además, con el desplazamiento de la zona productiva hacia el suroccidente del país, Buenaventura comenzó a ubicarse como el primer puerto comercial de Colombia.

Hacia 1931 y luego de un voraz incendio en la zona comercial, el gobierno nacional encontró en esta catástrofe la oportunidad de construir un “puerto y una ciudad moderna”, promulgando una ley de reconstrucción que sería ejecutada en la década siguiente.

En los años cincuenta y sesenta los discursos de modernización y progreso como factores de desarrollo de las condiciones humanas seguían vigentes. Esta idea se fortaleció, una vez Buenaventura logró consolidarse como el principal puerto comercial y marítimo de Colombia”.

Traigo a colación esta breve reseña, pues es importante para nosotros los antioqueños prever lo que puede llegar a pasar con el anhelado Puerto de Urabá.

Hoy el Puerto de Buenaventura es un enclave donde lo legal y lo ilegal conviven y donde la violencia hace parte de su estado natural cotidiano.

Es un puerto que ha deteriorado la ciudad y no la ha impulsado al desarrollo, sino a la pobreza. Por allí pasan armas, drogas, inmigrantes, contrabando y la riqueza que debería potenciar a la ciudad, se queda en otras manos.

Es importante que a tiempo pensemos en las implicaciones y los efectos directos, indirectos y colaterales del nuevo Puerto de Urabá en toda la Zona del Urabá Antioqueño y Chocoano.

El proyecto debe ser integral y las autoridades y la comunidad mancomunadamente deben participar en la construcción de un adecuado Plan de Desarrollo para asimilar estas nuevas realidades. Recordemos que “Guerra avisada no mata soldado”, o al menos eso dicen.

Para Antioquia es prioritario evaluar y sopesar los impactos que traerán obras de gran magnitud como las autopistas 4G, La Hidroeléctrica de Hidroituango y el Puerto de Urabá.

La planeación es para planear y no para dejar constancia. Es un gran examen que sobre previsión tenemos que ganar todos los antioqueños y el momento es ahora.

Revisando nuestro nuevo Plan de Desarrollo, seguimos formulando una gran cantidad de pequeños proyectos, que son importantes, pero no generan el impacto que requiere el jalonamiento del país.

¿Por qué no pensar en 5 grandes proyectos estratégicos y meterle todos los recursos y todos los esfuerzos para sacarlos adelante?

¿Qué tal pensar en el Canal Interoceánico, en solucionar el tema de la Mojana, en organizar por fin el Canal del Dique, en llevarle agua potable y energía a todas los territorios y comunidades y poder alcanzar la soberanía alimentaria?

El tema del Canal Interoceánico vuelve a pasar a la palestra pues debido al cambio climático, el Canal de Panamá está en crisis, pues sus lagos, los que aportan el agua para las esclusas, se están secando y del Canal Nicaragüense no se volvió a hablar.

El tema de la Mojana, una de las cinco regiones más fértiles del mundo según la FAO, es vital para la producción de alimentos en el país y la estamos deteriorando con los residuos de la minería ilegal y, además, el mal manejo de este territorio hace que en cada invierno se produzcan desastres para sus vecinos.

Sobre el Canal del Dique se ha hablado y escrito mucho, pero sus obras siguen siendo remedios temporales y cada nuevo invierno pues trae su propia tragedia.

Estas zonas debidamente habilitadas deben ayudarnos a revertir una dolorosa realidad, de cuya contundencia pareciera que no nos hemos dado cuenta: De importar un millón de toneladas de alimentos al año en 1990, hoy estamos importando casi 16 millones de toneladas, lo cual para un país rico en agua y con todos los pisos térmicos disponibles, es como mínimo, impresentable.

Esto acompañado del hecho de que en un período semejante nos desindustrializamos y pasamos a depender de la exportación de hidrocarburos y minerales, con todas las consecuencias que esto implica y que hoy estamos padeciendo. El 65% de nuestra Balanza Comercial está sujeta a esta realidad.

Llevar agua potable y energía a todos los territorios y comunidades es una obligación y un aprovechamiento racional de los recursos naturales que hoy afortunadamente tenemos en abundancia. Calidad de vida e impactos en temas de salud pública. Proporcionarles energía a todos los colombianos es, en pesos de hoy, un proyecto de unos 14 billones –El Tiempo Septiembre 11 de 2023–, absolutamente realizable.

El alcanzar la soberanía alimentaria, pasa por la organización del uso, destino y propiedad de la tierra, hasta el empleo y desarrollo adecuado de las condiciones particulares de cada una de las regiones naturales que tenemos.

Superar el déficit de vivienda que para el caso de Colomba es de 5.3 millones de viviendas, para Antioquia 400.000 y para Medellín 40.000 en números redondos, es otro reto enfrentable con grandes beneficios.

Según VIVA (Empresa de vivienda de Antioquia), la construcción de 1 vivienda asocia 4 empleos directos y el mejoramiento de viviendas, 2 empleos directos. El impacto en generación de empleo sería más que notable.

Obviamente existen otras alternativas de proyectos como la construcción de la red ferroviaria, la consolidación de las Vías 4G, la explotación inteligente de los recursos minerales, entre otros varios.

Hoy se han presentado 837 proyectos de investigación para aplicar a recursos del orden nacional y de regalías. Cerca de 2 billones de pesos, que sigue siendo mucha plata, fragmentados en 837 proyectos de cuyo impacto no podemos decir ni anticipar nada. Mi sugerencia es destinar estos recursos a proyectos grandes, a resolver problemas reales, para que de verdad las Universidades y sus investigadores le aporten al país y no se contenten en mantener pequeños grupos de investigación con poca producción o de producción de bajo impacto y la elaboración de artículos científicos y “papers” que finalmente solo benefician a sus autores, con honrosas excepciones, como en toda actividad humana.

No podemos pensar en cambiar, si seguimos haciendo más de lo mismo.

jueves, 4 de mayo de 2023

La gasolina de la economía es la confianza

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

La gasolina que mueve toda economía no es otra que la confianza. Algo que solo se genera con seguridad, transparencia y unidad de propósito. Todo lo contrario a la polarización que vivimos.

No puede haber confianza donde una gran parte de la población no confía en el Gobierno o donde el empresario y los trabajadores no comparten los mismos objetivos.

Si la gente no tiene confianza no le mete plata a la economía, no gasta, ni invierte, ni ahorra y, por lo tanto, no avanzan ni la gente ni la economía de las empresas y del país.

Es muy fácil. Si a los empresarios les va bien, a los trabajadores les va bien, al país, al Gobierno y a todos los colombianos les va bien. Pero eso solo se logra con la confianza que genera más oportunidades de inversión, lo cual aumenta el empleo y la productividad, y entonces más personas pueden gastar, invertir y ahorrar y por tanto tener cómo vivir mejor.

Es simple. La economía de un país es la sumatoria de la realidad del día a día de toda una sociedad, del bolsillo de las empresas, las familias y las personas que es de donde salen los impuestos que mantienen al Estado.

La economía es buena cuando se suma y se multiplica, y se convierte en empobrecimiento cuando se resta y divide. La economía es un asunto netamente práctico y se refiere a si hay con qué o no hay con qué. Sobrepasa la verborrea y la retórica propia de la politiquería.

La economía se refiere a cómo explotar, transformar, producir, distribuir, transportar, consumir y reciclar eficientemente recursos, bienes y servicios. Y su buen manejo consiste en facilitar y promover la inversión para crear más riqueza y agregar valor como producido a lo que suma y multiplica, cuidando que sea más que lo que resta o divide.

Lo que las gentes las empresas necesitan es que el Estado las deje trabajar y les dé seguridad y por tanto confianza. Mientras más inversión y más capital se generen en una sociedad, más oportunidades habrá de invertir y de multiplicar más a lo existente. Lo que las naciones necesitan es más capitales, más empresas, más emprendedores, más ingenieros, más médicos, más técnicos, y mucho menos políticos.

Y ¿qué es lo malo del capital? ¿Qué tiene de malo que una persona o una familia coloque sus ahorros, su plata, su capital a trabajar para generar empleo y para que muchas otras familias puedan devengar dignamente, para que puedan mercar, para que puedan adquirir o construir una vivienda, educar sus hijos, cubrir los gastos de salud, para que puedan vivir mejor y a la vez contribuyan al crecimiento económico al gastar, ahorrar o invertir?

Señores entendamos: pelear con el capital, al final no es cosa diferente a pelear con la cuchara.

Un país necesita tener un ministro de hacienda ortodoxo y que le inspire confianza a los mercados, para que estos sepan que las reglas con que se va a manejar la economía son claras, van a ser lógicas, estables y seguras antes de invertir en ese país.

Y ¿cómo así que el decrecimiento es necesario e importante? Esa me la tienen que explicar porque no la entiende ni Mandrake.

Perdón, pero eso del decrecimiento es como lo que hacen aquí los políticos que le roban la comida a los niños y entonces no crecen, ni se desarrollan, ni aprenden a tomar decisiones de vida correctas, ni le aportan nada más que gastos y problemas a la sociedad y a sus familias.

No podemos confundir el manejo del único sistema económico funcional, con la lucha por el poder entre los políticos, son dos cosas totalmente diferentes.

El modelo revolucionario es destructivo no ha funcionado en ninguna parte. La doctrina comunista y el socialismo del siglo XXI nunca han construido nada bueno, no suman, no multiplican, solo restan y dividen. Nadie ha podido explicar con resultados de progreso y desarrollo la economía controlada por el Estado; ni Marx, Lenin, Stalin y Mao, ni Fidel, el Che, Chávez, Ortega, Evo, Maduro, ni los Kirchner, Lula y Boric. Mucho menos lo van a poder explicar aquí una gente resentida y malvada que ha vivido es de quitarle a los demás por medio del terrorismo asociado a narcotráfico, extorsiones, secuestro, chantaje, violencia y al Estado a punta de abusos, pero que nunca ha construido ni producido nada positivo en toda su vida.

Sin personalizar, solo digamos que hay que ser prácticos y realistas. Los cambios pueden ser positivos o negativos. Los primeros, a lo largo de la historia de la civilización humana, todos sin excepción alguna, obedecen a una invenciones o transformaciones tecnológicas, no son obra de la discusión ideológica ni de la dialéctica mediante la cual unos y otros luchan por el control del poder del Estado y el control de los pueblos.

Los Estados, los políticos y los ideólogos, no generan riqueza, sólo gastan plata. Pero en general los que producimos confianza y capitales somos los particulares, los empresarios y trabajadores que pagamos impuestos, para que los empleados públicos administren bien lo que es de todos.