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jueves, 5 de diciembre de 2024

Ni ingeniudad ni indiferencia

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Indudablemente si queremos salir de esta profunda crisis que nos agobia requerimos altas dosis de racionalidad así como de patriotismo para convertir nuestra tradicional pasividad en un avasallador movimiento para derrocar el régimen de la corrupción y desterrar del poder a los delincuentes y corruptos que lo apalancan.

Así lo han entendido destacados pensadores cuyas sabias admoniciones debemos tener en cuenta en esta hora de trascendentales decisiones:

“¿Vivimos en una democracia? La respuesta es que estamos en una democracia formal pero no real. Los corruptos ejercen un poder desmedido sobre las instituciones. Necesitamos creer que este país puede ser el lugar donde las personas construyan su proyecto de vida y prosperen.” (Miguel Gómez Martínez, Portafolio)

“Sin la complicidad del régimen los violentos no habrían podido extender su sanguinario influjo por casi todo el país, ni con sus inmensas fortunas permear la política y alterar los resultados electorales, ni tendríamos a un exagente de la subversión de gobernante.” (Alberto Abello, El Nuevo Siglo)

“Estamos a tiempo. Pero para lograrlo, debemos despertar del letargo y asumir la responsabilidad. Necesitamos acción. Necesitamos compromiso. No hay margen para la indiferencia. Porque un país que se queda sin soñadores, tarde o temprano, se queda sin alma.” (Camilo Guzmán, La República)

“En Colombia el Estado es ineficiente y corrupto e impone múltiples trabas, creando privilegios de los que gozan algunos y que paga toda la sociedad, y para muchas corrientes políticas, el ejercicio Milei resulta un camino.” (Carlos Ronderos, La República)

“Los partidos, vaciados de significado, son maquinarias de exclusión del talento, centradas en su autosostenimiento y supervivencia.” (José Rosiñol, The Objective)

“El reto es nada menos que una batalla política y cultural contra una muy peligrosa visión que se asemeja al marxismo en la negación de la libertad individual. Una quimera que busca equidad de resultados en la vida, en vez de igualdad de oportunidades para alcanzar el potencial de las capacidades y talentos de cada ser humano, algo antinatural y que desafía el sentido común. Por eso el mundo se está rebelando contra esta corriente que amenaza nuestros valores y nuestra democracia liberal.” (Santiago Castro, El País, Cali)

“En fin, se requiere un líder que entienda que no es cosa de carisma o imagen el tema de llegar a la primera posición del Estado. Es un liderazgo basado en el servicio y los principios cristianos de solidaridad y amor por al prójimo garantizado por un ambiente de paz, educación, salud y justicia eficaz.” (Jairo A. Trujillo Amaya, Portafolio)

“Mi filosofía no es reducir la pobreza, sino aumentar la riqueza para que todos tengan acceso a la abundancia. (...) Lo que me diferencia de los demás candidatos es que yo tengo calle: he creado empleos, empresas y oportunidades reales para miles de personas." (Santiago Botero, candidato independiente a la Presidencia).

Démosle, pues, paso a la razón y despertemos a luchar por lo que más le convenga a Colombia en esta etapa de incertidumbre y desesperación. Todavía hay una luz al final del túnel si conservamos nuestra fe en el Todopoderoso y nuestro amor por la patria que nos vio nacer.

martes, 10 de noviembre de 2020

De cara al porvenir: obsecuencia

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

La obsecuencia es una característica vinculada al sometimiento y a la condescendencia. El término deriva del vocablo latino obsequentia. Aquel que es obsecuente pretende congraciarse con alguien por conveniencia propia o por temor. Por eso actúa con una amabilidad fingida o exagerada, buscando la aprobación del otro.

Cada vez más, esta característica se convierte en pan de cada día en medio de una sociedad cuyo nivel educativo es bajo, aunque el nivel de alfabetización sea alto. Una cosa es estudiar y otra cosa es formarse y prepararse para entender y aportar, a partir de un criterio y una personalidad, que se respete a sí misma y obviamente respete las de los demás.

Una cosa es el respeto y la obediencia y otra cosa es aceptar, per sé, que el jefe tiene la razón, o que al jefe hay que hablarle endulzándole los oídos alrededor de las lógicas, las posiciones y los temas que a él le interesan.

Le debe respeto y obediencia el cardenal al papa, no obsecuencia.

Le debe respeto y obediencia el coronel al general, no obsecuencia.

Le debe respeto y obediencia el ministro al presidente, no obsecuencia.

Le deben respeto y obediencia al gobernador y al alcalde los secretarios, no obsecuencia.

Le debe respeto y obediencia el periodista al editor, no obsecuencia.

Le debe respeto y obediencia el empleado al gerente, no obsecuencia.

La obsecuencia es adulación y la adulación es debilidad.

Podríamos seguir con los ejemplos, relacionados todos con la línea de mando o la autoridad, pero es que lo importante es reconocer que la obsecuencia, nubla los sentidos, genera posiciones genuflexas y aíslan al personaje de autoridad ante quien se rinde la obsecuencia, de un verdadero contacto apropiado con la realidad.

Yo amo el fútbol y sigo las transmisiones televisivas de nuestra liga de fútbol y he decidido bajar el volumen de la trasmisión, pues no tengo la paciencia suficiente para tolerar el servilismo o la obsecuencia con la que, por ejemplo, nuestro gran exfutbolista Farid Mondragón repite unas 100 veces por partido la perorata de que “Estoy totalmente de acuerdo con Carlos Antonio”, entre otras curiosidades el mejor comentarista de fútbol del país.

Y es que parece que expresar la opinión propia fuera un despropósito que puede incomodar al superior o jefe temporal, pues todos los jefes terminan siendo temporales.

No señor, el intercambio abierto y argumentado de las propias posturas con las ajenas es la base de la tolerancia y de todo el espíritu democrático de quienes creemos en la democracia como sustantivo y no en la democracia como adjetivo.

Además, las posturas obsecuentes son irresponsables, pues priorizan la facilidad de la relación, al cumplimiento de los deberes y el apoyo al superior para que los problemas puedan ser reconocidos, comprendidos y enfrentados.

Para ser amigo mío, no a todos les tiene que gustar el Atlético Nacional, ni el bizcocho de chocolate, ni el libre pensamiento, ni la lectura, ni la argumentación directa, ni mucho menos mis preferencias políticas o gastronómicas.

La obsecuencia se generaliza y por eso hoy evidenciamos la inexistencia de verdaderos líderes. El pasar de agache, el decir o hacer lo políticamente correcto, no lo necesario, el evitar generar discusiones o conflictos, el dilatar la toma de decisiones importantes, son el signo del nuevo estilo de mal llamado liderazgo que hoy observamos.

Casi siempre las relaciones laborales establecen y condicionan los criterios de decisión y las exigencias de comportamiento de los vinculados en términos de responsabilidad y compromiso, así como de las posturas éticas adoptadas como correctas, lo cual se vuelve dialéctico y complejo.

¿Cuál sería la postura de un profesional a quien nombraran como director de una Corporación Autónoma Regional encargada del tema ambiental, con respecto a la explotación minera? ¿Cuál sería la postura de ese mismo profesional si lo nombraran alto ejecutivo de una empresa minera, con respecto al tema ambiental? Difíciles parangones que cotidianamente se observan y ante los cuales debe existir por parte de los profesionales, un alto nivel de idoneidad, una evidente fuerza de carácter, unos innegociables principios éticos y un gran compromiso con los altos intereses de la nación.

La obsecuencia ridiculiza las relaciones y lleva a la indiferencia, a la indolencia, al importaculismo criollo y lo que es más lamentable, al “sálvese quien pueda”.

Rescatemos a Antonio Gramsci cuando dice: “Odio a los indiferentes. Creo que vivir es tomar partido. Quien verdaderamente vive no puede dejar de ser ciudadano ni de tomar posición. La indiferencia es abulia, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso, odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia. Es la bola de plomo para el innovador y la materia inerte en la cual frecuentemente se ahogan los entusiasmos más esplendorosos”.

martes, 5 de febrero de 2019

De cara al porvenir: de frente


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González
Es más que lamentable que en este dichoso país tengamos que convivir con la intranquilidad y la violencia como compañeras permanentes de viaje.

No podemos pasar un período de tiempo razonable sin que se dé un acontecimiento de alguna magnitud que nos estremezca a todos, sin dejar de reconocer que a diario se suceden una cantidad de aconteceres que lamentablemente se convirtieron en parte del paisaje, como el asesinato de líderes sociales, de soldados, de policías,  de reinsertados, de niños, de niñas y de mujeres violentadas, aunados a los crímenes propios de la delincuencia común y asociados a las inseguridades varias en medio de las cuales sobrevivimos.

Cada tanto actualizamos la tragedia de turno y cambiamos el tema de conversación. Alguien sostendrá que ¡ya basta!, que ¡los buenos somos más!, y que ¡los malos no pasarán! Frases de cajón enmarcadas dentro del manejo simbólico del derecho en el que se escudan quienes tienen las riendas del Estado y brillan por su incapacidad para enderezar el camino torcido hace muchos decenios.

Las malas noticias no hacen sino distraernos de asuntos que están temporalmente en proceso y sobre los cuales no se vislumbran soluciones, lo que hace que estemos caminando permanentemente en medio del estercolero, levantando esporádicamente las cabezas ante los sucesos infames, para luego seguir con nuestra febril trayectoria hacia la deriva.

Por más dolorosa que sea la tragedia de turno, no podemos bajar la guardia con los otros variados temas que nos afectan hasta la médula y sobre los cuales muchos intereses ocultos tratan de opacar con cortinas coyunturales de humo: la viabilidad de Hidroituango, la iniciativa de seguir vendiendo por pedazos a Ecopetrol, las nuevas solicitudes de licencias mineras para la explotación del Páramo de Santurbán, la audiencia por pérdida de investidura de Macías, la captura de la secretaria de la Fiscalía Anticorrupción, la presentación de nuevas pruebas en contra del fiscal por parte del senador Robledo, las movilizaciones por la educación y la corrupción, la denuncia sobre la mala calidad de distintas obras de infraestructura en proceso o por entregar y la crisis de los refugiados venezolanos, entre otros varios.

Ahora comenzarán las campañas electorales del orden departamental y municipal, para completar nuestro tradicional sainete.

Es vergonzosa la cantidad de gobernadores y alcaldes enredados en este cuatrienio por causa de la corrupción. No podemos dejar que esto pase. Sería un grave pecado de complacencia, tolerancia o complicidad, permitir que personajes oscuros se presenten a la competencia democrática y mucho menos, llegar a elegir a personajes de dudosa reputación. Como decían los abuelos, “en la duda, abstente”.

Sería importante que la Procuraduría y la Fiscalía asumieran el compromiso histórico de tomar las acciones que sean aplicables para no permitir la aparición de este tipo de sujetos o de sus testaferros, situación que hasta el momento no se ha presentado.

De igual manera, exigir claridad con respecto al compromiso de los candidatos con relación a la continuidad o no de las obras y programas que encontrarán en proceso o en desarrollo.

Insistimos en la necesidad y conveniencia de dotar a Medellín con un adecuado centro de espectáculos, de un velódromo techado y de un autódromo que cumpla con las exigencias de la Fórmula 1.