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martes, 4 de noviembre de 2025

Colombia requiere un presidente estadista

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

El Estado puede verse como la empresa más importante de un país, ya que su objetivo es gestionar los recursos para el bienestar común, mientras que las empresas privadas son el motor económico del país, generadoras de ingresos fiscales y empleo. El término estadista se refiere a la aptitud de un dirigente para conducir el Estado hacia asegurar el bienestar y seguridad de sus habitantes. La relación entre el Estado y las empresas privadas es simbiótica: el Estado necesita las empresas para financiarse, y las empresas necesitan un Estado que les garantice la infraestructura y el marco jurídico para operar. En nuestro caso colombiano, la seguridad es el primer derecho que la ciudadanía y el empresariado reclama del Estado: sin seguridad para la vida y la propiedad de las personas naturales y jurídicas es imposible garantizar el pleno goce las libertades republicanas y el orden democrático, esenciales para el bienestar general.

Ante la polarización y caos en que se encuentra sumergido nuestro país, principalmente por causa de la carencia de verdaderas políticas públicas y propósitos nacionales en la agenda de los últimos gobernantes, considero que, independientemente de nuestras propias tendencias ideológicas y preferencias, ante la inminencia del próximo cambio de gobierno es imperativo evaluar desapasionadamente las calidades de estadista de los aspirantes que el próximo debate se disputarán el derecho a ejercer la jefatura del Estado colombiano.

Aunque no soy politólogo, ni he ejercido la política activa, excepto algunas veleidades adolescentes, como simple ciudadano preocupado por los graves males que ha tenido que sufrir el país, en especial durante estos últimos sesenta años, me he propuesto evaluar, desde mi perspectiva y criterios, dichas calidades de los dirigentes que hasta ahora aparecen en la larga lista de aspirantes a competir en la próxima contienda electoral por la Presidencia de la República.

En una primera evaluación, de manera preliminar, he incluido los siguientes factores para cualificar la aptitud como estadista de los actuales precandidatos:

1. Conocimiento de la realidad socioeconómica del país y de sus posibilidades de desarrollo y aprovechamiento de sus recursos humanos y naturales.

2. Capacidad de unir a la mayoría entorno a un propósito nacional.

3. Sensibilidad social.

4. Capacidad de liderazgo.

5. Experiencia en cargos directivos en la administración pública, en especial en organismos relacionados con el manejo de las finanzas públicas.

6. Experiencia en gestión empresarial, pública y/o privada.

7. Capacidad de conciliar y concertar acuerdos dentro de la diferencia, esencia de la democracia liberal.

8. Pulcritud en el manejo de los recursos públicos.

De acuerdo con una muy ligera evaluación, los precandidatos que cumplen parte o la mayoría de esos requisitos, advirtiendo que los he ordenado alfabéticamente y, por tanto, cuyo puesto en la lista de ninguna manera reflejan prioridad, son los siguientes:

Mauricio Cárdenas Santamaría. Estudios de doctorado en economía en la Universidad de California, exministro de Estado.

Sergio Fajardo Valderrama, doctorado en matemáticas en la Universidad de Wisconsin-Madison, exgobernador de Antioquia y exalcalde de Medellín.

Claudia López Hernández, doctorado en ciencias políticas de la Universidad Northwestern en Evanston, Illinois, exsenadora de la República y exalcaldesa de Bogotá.

Juan Carlos Pinzón Bueno. Máster en ciencias económicas por la Pontificia Universidad Javeriana; máster en políticas públicas por la Universidad de Princeton; y máster en defensa y seguridad Nacional por la Escuela Superior de Guerra de Colombia; exministro de Estado.

Germán Vargas Lleras. posgrado en administración pública de la Universidad Complutense de Madrid, exsenador de la República, exvicepresidente de la República y exministro de Estado.

Confiemos que ante la gravedad y caos en que se encuentra el país, encontremos un verdadero estadista, que con la mayor vocación de servició asuma la responsabilidad de reorientar el destino nacional, dejando atrás los odios y polarizaciones que nos están conduciendo al caos y la desesperanza. ¡La patria por encima de los partidos y las pugnas creadas o heredadas!

Entre los mencionados precandidatos, me inclino por alguien que no agudice la peligrosa polarización política a que nos ha sumergido la pugna entre uribistas y petristas.

Como lo demuestran las encuestas de opinión, la mayor parte de los colombianos nos ubicamos en el centro político y diría algo más, rechazamos la polarización a que nos quieren involucrar los movimientos extremistas de derecha y de izquierda. En estas condiciones creemos que ha llegado el momento de reclamarle a los dirigentes que han asumido la responsabilidad de conducir el mayoritario, aunque disperso centro del espectro político, que entiendan la urgencia de empezar a construir consensos y puentes con sectores de la política tradicional, con los cuales se pueda encontrar coincidencias.

En mi opinión el doctor Sergio Fajardo es el precandidato que mejor encarna las aspiraciones de quienes creemos que en estos momentos lo que más conviene a nuestro país es un gobierno de centro que apacigüe la polarización política entre los extremismos de derecha e izquierda y que, a la vez, mediante conciliaciones y acuerdos con las distintas fuerzas e intereses que conforman  el mundo político y demás fuerzas vivas de la nación, impulse las reformas sociales y económicas que claman las grandes mayorías de desprotegidos que conforman la población colombiana.

jueves, 28 de abril de 2022

¿Repentistas o estadistas?

Gabriel Jaime Hurtado Restrepo
Por Gabriel Jaime Hurtado Restrepo*

El próximo 29 de mayo se celebrará la elección en la que los colombianos escogeremos a los nuevos presidente y vicepresidente de la República.

Si ese día la fórmula ganadora no obtiene al menos la mitad más uno de los votos válidos, se realizará una segunda vuelta el 19 de junio siguiente, en la que solo participan las dos fórmulas de candidatos con mayor votación.

El presidente deberá tomar posesión el 7 de agosto de este mismo año y su período constitucional es de cuatro años.

Dada la trascendencia e importancia de este cargo, bien vale la pena darle una mirada a nuestra Constitución Política para revisar cuáles son las principales responsabilidades y funciones.

De acuerdo con nuestra ley de leyes, “El presidente de la República es jefe del Estado, jefe del Gobierno y suprema autoridad administrativa”.

Así mismo dispone nuestra Carta Magna que “El presidente de la República simboliza la unidad nacional y al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, se obliga a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos”.

Debe agregarse que el vicepresidente será elegido por votación popular el mismo día y en la misma fórmula con el presidente. Ambos tienen el mismo período. El vicepresidente reemplazará al presidente en sus faltas temporales o absoluta. En caso de falta absoluta el vicepresidente asumirá el cargo hasta el final del período.

Las principales funciones del presidente de la República podrían resumirse en las siguientes:

* Nombrar y remover libremente a los ministros, directores de departamentos administrativos y presidentes, directores o gerentes de los establecimientos públicos.

* Dirigir las relaciones internacionales.

* Comandar la fuerza pública, integrada por las fuerzas militares (ejército, armada, aérea) y la policía nacional.

* Conservar el orden público, dirigir las operaciones de guerra y proveer la seguridad exterior.

* Sancionar y promulgar las leyes.

* Instalar y clausurar las sesiones del Congreso y presentarle un informe al iniciar cada legislatura sobre los actos de la administración, la ejecución de los planes y programas de desarrollo económico y social, y sobre los proyectos que el gobierno se proponga adelantar.

* Ejercer inspección y vigilancia sobre la enseñanza, la prestación de los servicios públicos, las actividades financieras, bursátiles y de aseguradoras, las entidades cooperativas, las sociedades mercantiles y las instituciones de utilidad común.

* Velar por la recaudación y administración de las rentas y decretar su inversión.

* Organizar el crédito público, reconocer la deuda nacional, modificar los aranceles de aduana y regular el comercio exterior.

* Ejercer la potestad reglamentaria de las leyes mediante decretos, resoluciones y órdenes.

* Suprimir o fusionar entidades; modificar la estructura administrativa nacional; crear, fusionar o suprimir los empleos públicos y señalar sus funciones, dotaciones y emolumentos.

Ocho fórmulas de candidatos han presentado sus nombres, trayectoria y propuestas al escrutinio de los colombianos; serán una de las opciones disponibles en la tarjeta electoral (tarjetón) el 29 de mayo y pretenden ser elegidos los próximos presidente y vicepresidente.

Al examinar las publicaciones de los candidatos en sus sitios de internet, los medios de comunicación y sus redes sociales y presenciar los muy desafortunados debates entre ellos que ya se han realizado, vienen a mi grandes tristezas y preocupaciones.

Y es que pareciera que estamos es presenciando un festival de la trova y no examinando y evaluando las aspiraciones presidenciales, como si no se tratara del escoger a quien funja en el máximo cargo administrativo del Estado. El trovador es aquel personaje, gracioso o simpático, que inmediatamente responde lo que se le ocurra empezando con la primera palabra con la que terminó su antecesor.

Las publicaciones de los candidatos, de alguna manera forzadas por las limitaciones de contenido de las redes sociales y la casi necesaria inmediatez y recurrencia, van dirigidas a generar la complacencia de la audiencia, atraer indecisos y cautivar el voto. Muchas ocultan las verdaderas intenciones y finalidades del candidato y casi ninguna aborda la problemática de Colombia con propuestas de soluciones claras, concretas y realizables. Esas publicaciones son perversas carnadas sofisticadamente elaboradas para atrapar incautos, pretenden ser infalibles señuelos.

La metodología de los debates, que se caracteriza por preguntas relámpago sobre los más complejos y diversos temas nacionales, con un muy limitado tiempo de respuesta, hace que esos encuentros ni sean verdaderos debates, pues los participantes se limitan a expresar lo que se les ocurra y alcancen a decir, ni busquen auscultar cuál es el candidato mejor preparado, con mayor bagaje y sin rodeos para desempeñarse como el presidente de la República. Todo lo cual se agrava con el hecho de que algunos candidatos no están asistiendo a los tales debates.

Quizás quien prevalece, sale fortalecido o “ganador” de dichos encuentros, es el más locuaz, el mejor orador, el mejor comunicador, y eso no necesariamente coincide con los conocimientos y las calidades que deben asistir a quien pretenda desempeñarse en el máximo cargo público de nuestra patria.

El repentista es la persona que rápidamente improvisa un discurso, una respuesta, una intervención.  El estadista es la persona experta en asuntos del Estado.

No nos engañemos ni nos equivoquemos. No necesitamos al mejor improvisador, requerimos al mejor preparado.

La Presidencia de la República precisa de un estadista, no de un repentista.

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