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lunes, 22 de junio de 2026

La verdadera magnitud del triunfo de Abelardo

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

En los 64 años que han transcurrido entre la elección de Guillermo León Valencia en 1962, y la de Abelardo de la Espriella en este 2026, he vivido todas las justas electorales, lo que me permite afirmar que jamás he visto campaña mejor, más bella y difícil, y con un candidato mas convincente, enérgico y mejor comunicado con el sentimiento real de un país oprimido por la arbitrariedad, el despotismo, la corrupción y el crimen.

Nunca hubo triunfo comparable. Abelardo superó la desinformación masiva ejercida a los grandes medios enmermelados, los 30 billones para la compra oficial de votos, la coerción de mingas, guerrillas y combos sobre un tercio del territorio; el terror anunciado para disuadir de acudir a las urnas; la violación de todas las leyes y la preponderancia económica de los nuevos medios mafiosos del país. Todo lo anterior, coordinado por un gobierno comunista, dirigido por un rufián tan falaz como corrupto.

Si consideramos el evidente horrible escenario en el que se ha desarrollado la campaña, el triunfo de Abelardo y José Manuel no es exiguo, todo lo contrario, porque parecía imposible teniendo en cuenta todos los factores adversos que ha superado.

Si la noche es más oscura antes del amanecer, podemos decir que en Colombia empieza a brillar una aurora que anuncia tiempos especialmente difíciles, los de sacar al país del atroz abismo en que Petro nos ha querido sepultar para siempre.

viernes, 29 de mayo de 2026

Elecciones de zoológico

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Luis Guillermo Echeverri Vélez

Entre violencia, odios sectarios, resentimiento y fanatismo, salta el país el domingo al vacío sin paracaídas frente a un inexplicable continuismo que puntea entre vaticinios de augurios, oráculos criollos, casinos virtuales y máquinas de pesquisas futurísticas, algunas de alquiler que sirven a los extremos según conveniencia. Pero el voto serio por fuera del circo zoológico y de las pasiones virtuales, aún no aparece entre tanto estrépito.

Sin mezquindades hay que salir a votar responsable y libremente por la libertad, y sin despreciar el patriotismo democrático heredado de los mayores que ha representado Uribe en lo corrido del siglo, como principal defensor de la seguridad, la convivencia y la legalidad en Latinoamérica.

Pero permítame el lector unas líneas satíricas que evocan la sabia letra del tango Cambalache.

En la era del conocimiento global: IA y computación quántica, los ricos y poderosos del planeta y su remedo criollo, se dedican a alimentar sus egos con la inmundicia propia de los “Juegos de poder y tronos”, dejando los de HBO convertidos en un paseo de niños exploradores.

Por fuera, Xi Jinping, Trump, Putin, Ayatolas, el terrorismo islámico, Mossad, los trillones de las grandes tecnológicas, el muñeco coreano, el castrochavismo asociado al narcoterrorismo colombiano y el decadente progresismo que se adueñó de las ONGs y del multilateralismo que abandonó su objetivo misionero de desarrollo socioeconómico, bambolean el mundo por un camino loco y autodestructivo.

Aquí, por los abusos de una dirigencia política, financiera, empresarial, gremial, mediática y clerical perdimos la legalidad, la cultura, la sensatez, la responsabilidad democrática, la independencia de poderes, el respeto al interés general y al bien común, y quedamos ante el mundo como un mercado negro electoral inédito, con 40 partidos y 100 candidatos, del que resultó un “reality show” cargado de fanatismos y odios que desvirtuaron el elemento más importante de la democracia: la votación popular bien informada libre y transparente.

Colombia es la visión microscópica más vívida de todas las enfermedades que aquejan las democracias occidentales cuando degeneran en nuevos sistemas de totalitarismo constitucional narcoterrorista. Aquí elegimos democráticamente para la conducción del Estado un delincuente populista degenerado, que sigue la cartilla Castro-chavista y como en un viaje de tusi y bazuco va destruyendo todo a velocidades galácticas, convocando a una Asamblea Nacional Constituyente y amenazando con que si pierden el poder van por el poder por las vías de hecho.

El ciudadano trabajador víctima de la desinformación busca autenticidad, pero ante la pérdida de valores éticos no encuentra como defender sus creencias frente a una elección anómala y confusa donde una segunda vuelta será aún más compleja si se tiene que definir entre la profundización del Estatismo y las libertades democráticas en medio odios, fanatismos y las pasiones de un mundial.

A muchos jóvenes los impulsan emociones insensatas que viven de influenciadores en chats y redes; en los estratos altos a los más emotivos y menos pensantes los fanatiza un marketing político circense que simboliza una fiera; la clase emprendedora, trabajadora y a los ciudadanos menos afluentes de las capitales, saturados de ver un ejercicio político corrupto presentan indecisión, indiferencia y dudas ante el revoloteo culeco y desordenado de una pajarera.

Del otro lado, encabezados por un comunista calculador, cínico, lleno de odios, enfermo y disfrazado de defensor de derechos humanos que se hace acompañar de una indígena como prueba de que la inquisición es hoy neoestalinista y que el canibalismo entre minorías sigue vigente en pleno siglo 21, hay una horda de violentos sumidos en la irresponsabilidad propia de la ignorancia que representan el descontento social cocinado en resentimiento y lucha de clases alentada por el Gobierno y los educadores, a la que se suma un campesinado llevado a votar encañonado por la subversión narcoterrorista, y personas que viven en barrios marginados macaneados por los combos locales, todos controlados por “los dueños del negocio que mata” asociados a un progresismo ladrón, y a las FARC-EP, el ELN y el M-19, que reclaman el poder.

Y como si nos faltara más desconexión entre la autoridad y la justica, el espectáculo mediático ahora va de reyerta callejera a cuchillo, botella y plomo, a la trifulca digital por el “business” entre “influenciadores”, unos de pago y otros andrógenos trepados a las tarimas, y como en 2021 vuelve Anonymus al espectro de la gallera comunicacional colombiana a ser parte de la batalla que desataron la irresponsabilidad de la política partidista, la primera línea digital extrema de Bolívar y Petro, y los fletados por el renacer de una extrema derecha, enganchados todos en una incendiaria e insoluble serie difamatoria en la que todos perdemos.

¿Contra qué votaremos el próximo domingo?

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Somos conscientes de que estas elecciones no son comparables con ninguna de aquellas que hayamos vivido en el pasado. Entre otras cosas, porque ahora no decidiremos solamente sobre un cambio de caras en el Gobierno o sobre la sustitución en el poder de un partido por otro. No. Lo que está en juego es qué clase de país queremos para el futuro, cuáles serán los valores que regirán de ahora en adelante nuestro sistema político, nuestra economía, la manera de gobernar, el destino que se dará a los recursos del Estado, cómo será la calidad de vida que el Estado proporcionará a los ciudadanos.

En consecuencia, seamos racionales a la hora de decidir y hagámoslo poniendo los intereses superiores de la República por encima de nuestros particulares gustos o prejuicios.

Para facilitar esta tarea hagamos un inventario de aquello contra lo que debemos votar, como ciudadanos responsables:

1. Contra el macabro plan urdido por el neo comunismo para convertir a Colombia en otro país esclavo de un sistema que ha asesinado más de 100 millones de personas para imponer sus fracasadas tesis políticas y económicas en el mundo.

2, Contra la milicianización del país para la cual el régimen se inventó el señuelo de la paz total que no ha significado sino la muerte total de honrados campesinos y sus familias.

3. Contra el aumento del área sembrada con cultivos ilícitos, que llega a 330.000 hectáreas, y nos convierte en el primer país productor y exportador de coca en el planeta.

4. Contra la inseguridad y el temor que agobia a la población por cuenta de los grupos ilegales de guerrilleros y narcotraficantes en el campo y los extorsionistas y capos del microtráfico en los centros urbanos.

5. Contra la criminalidad que a diario atenta contra la vida, bienes e integridad sexual de la población, gozando de la más absoluta impunidad, pues quienes son capturados quedan de inmediato en libertad y otros son excarcelados por orden del propio gobierno que los protege con salvoconductos como “gestores de paz” para que puedan seguir delinquiendo impunemente.

6. Contra los vándalos que se apoderan de los espacios públicos para agredir a la fuerza pública y a la población, causar daños en la infraestructura urbana, entorpecer los sistemas de transporte, bloquear las vías e impedir a los ciudadanos el libre ejercicio de su trabajo.

7. Contra la corrupción exacerbada en el presente cuatrienio, debido a la participación en ella de altos funcionarios del Estado, congresistas aliados o presionados con el ofrecimiento de jugosas comisiones (léase mermelada) y familiares y amigos de los detentadores del poder.

7. Contra el derroche y torpe manejo de las finanzas del Estado que nos han llevado al más alto y peligroso endeudamiento de nuestra historia y a la inminencia de caer en cesación de pagos, o sea, la quiebra del Estado.

8. Contra el desmoronamiento del sistema de salud, afectando gravemente la salud de los colombianos. Sólo en 2025 murieron 2.500 pacientes por demoras en los tratamientos o en la entrega de medicamentos. Este genocidio se incrementa a diario pues los proveedores de bienes y servicios no seguirán atendiendo a los centros de salud por falta de pago.

9. Contra las horrorosas prácticas de los grupos narcoguerilleros dedicados a la minería ilegal, la extorsión, el desplazamiento forzado de las comunidades rurales, la toma de posesión en casi 400 municipios, el reclutamiento forzado de menores, los ataques con drones y con minas a la fuerza pública y a la población en general.

10. Contra el desempleo y la falta de apoyo al emprendimiento que cierra oportunidades a muchos compatriotas.

11. Contra la pobreza y la carencia de vivienda propia de gran parte de la población.

12. Contra la elevada tributación que ahoga principalmente a los más pobres y a la clase media e impide el desarrollo de nuevos puestos de trabajo.

13. Contra la excesiva burocratización en los organismos del Estado a través del aumento de la nómina y de los contratistas independientes que se contratan para fines electorales y beneficiar a los amigos del régimen,

14. Contra la fatal política de poner trabas a la explotación de petróleo y gas, y a la utilización del fracking, que priva a Colombia de importantes ingresos y encarece el costo del gas que ahora tenemos que importar.

13. Contra la pésima educación de nuestros hijos, inferior en calidad a la mayoría de los países y, además, infiltrada de falsas teorías comunistas y de la ideología LGTBI

14. Contra los vicios que heredamos de la vieja politiquería de los de siempre que nos han traído al actual estado de crisis que padecemos en todos los aspectos de nuestra sociedad.

15. Contra quienes, traicionando los valores fundacionales de nuestra patria, se han aliado con representantes de la vieja y desacreditada clase política, defensores del acuerdo de La Habana y de la JEP, y promotores de la LGTBI y del cambio de sexo en los menores de edad, y ahora pretenden el poder para continuar viviendo del presupuesto en alianza con el candidato Cepeda.

 

Por todo lo anterior, estamos Firmes con la Patria para votar por Abelardo de la Espriella y ganar la Presidencia en la primera vuelta.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Elecciones: lo bueno, lo malo y lo feo

José Alvear Sanín

Los comicios del 8 de marzo serán, es obvio, objeto de infinidad de comentarios, no solamente por el necesario análisis de los resultados. La dinámica política, lógicamente ha cambiado, y el debate presidencial se decanta, como consecuencia de las opciones que resultan de las consultas.

Me atrevo a hacer algunos comentarios a vuelapluma:

Lo bueno

1. Estancamiento electoral del comunismo: a pesar de cuatro años de preparación del fraude —treinta y pico de billones de contratación indebida para “aceitar” las elecciones, multitud de bodegas y 74 frecuencias radiales de la Radio Nacional de Colombia y de centenares de municipios entregados a guerrillas, combos y narcos—, los resultados para el Pacto Histórico, en torno al 24 % de los votantes, son los habituales para Congreso.

2. Recuperación del Centro Democrático: no solo crece en Senado y Cámara, sino que su débil precandidata presidencial sale convertida en una posible opción presidencial, porque en la Gran Consulta obtuvo un espléndido resultado, con mayor número de votos que el Pacto Histórico en el Senado. Paloma es la gran vencedora de la jornada.

3. Mientras afortunadamente desaparecen de la escena personajillos como Juan Manuel Galán, Juan Carlos Pinzón, Mauricio Cárdenas, Viki Dávila, Enrique Peñalosa, Aníbal Gaviria y David Luna, se queman figuras valerosas, como Lina María Garrido y Miguel Polo Polo. Pero en cambio, emerge Daniel Briceño, joven de innegable porvenir, posible candidato vicepresidencial ahora y probable aspirante presidencial para 2030.

4. Después de estas elecciones se puede prever que, en mayo 31, el primer lugar se lo disputarán Abelardo y Paloma, relegando a Cepeda al tercer puesto. No debemos desconocer que los votos de Paloma en la Gran Consulta superan los que obtuvo Cepeda en el simulacro de consulta que lo hizo candidato a finales del año pasado.

Lo malo

1. A pesar de la importancia que revestía la elección de Congreso en los momentos más críticos de la historia patria, la abstención electoral fue lamentable. La participación en 2018 fue de 49.3 %; de 48.45 % en 2022, y ahora retrocede al 42.1 %. En un país donde se abstiene el 51.9 % del censo, el futuro de la democracia sigue siendo incierto.

2. La fragmentación del Congreso con varios partidos y muchas clientelas, hará imposible al próximo gobierno sacar adelante las reformas necesarias para la reconstrucción nacional, sin tener que repartir algún tipo de mermelada.

Lo feo

1. La emergencia de una apreciable fuerza política basada en la orientación sexual de los votantes.

2. El predominio electoral del comunismo en el suroeste del país, debido al constreñimiento, la minga y los grupos armados terroristas y mafiosos, que responden a la estrategia revolucionaria del actual gobierno.

3. La obstinación de Petro, propia de su talante de rufián, en impugnar los resultados en unas elecciones diáfanas.