Luis Guillermo Echeverri Vélez
Entre
violencia, odios sectarios, resentimiento y fanatismo, salta el país el domingo
al vacío sin paracaídas frente a un inexplicable continuismo que puntea entre
vaticinios de augurios, oráculos criollos, casinos virtuales y máquinas de
pesquisas futurísticas, algunas de alquiler que sirven a los extremos según
conveniencia. Pero el voto serio por fuera del circo zoológico y de las
pasiones virtuales, aún no aparece entre tanto estrépito.
Sin
mezquindades hay que salir a votar responsable y libremente por la libertad, y
sin despreciar el patriotismo democrático heredado de los mayores que ha
representado Uribe en lo corrido del siglo, como principal defensor de la
seguridad, la convivencia y la legalidad en Latinoamérica.
Pero
permítame el lector unas líneas satíricas que evocan la sabia letra del tango Cambalache.
En
la era del conocimiento global: IA y computación quántica, los ricos y
poderosos del planeta y su remedo criollo, se dedican a alimentar sus egos con
la inmundicia propia de los “Juegos de poder y tronos”, dejando los de HBO
convertidos en un paseo de niños exploradores.
Por
fuera, Xi Jinping, Trump, Putin, Ayatolas, el terrorismo islámico, Mossad, los
trillones de las grandes tecnológicas, el muñeco coreano, el castrochavismo
asociado al narcoterrorismo colombiano y el decadente progresismo que se adueñó
de las ONGs y del multilateralismo que abandonó su objetivo misionero de
desarrollo socioeconómico, bambolean el mundo por un camino loco y
autodestructivo.
Aquí,
por los abusos de una dirigencia política, financiera, empresarial, gremial,
mediática y clerical perdimos la legalidad, la cultura, la sensatez, la
responsabilidad democrática, la independencia de poderes, el respeto al interés
general y al bien común, y quedamos ante el mundo como un mercado negro
electoral inédito, con 40 partidos y 100 candidatos, del que resultó un
“reality show” cargado de fanatismos y odios que desvirtuaron el elemento más
importante de la democracia: la votación popular bien informada libre y
transparente.
Colombia
es la visión microscópica más vívida de todas las enfermedades que aquejan las
democracias occidentales cuando degeneran en nuevos sistemas de totalitarismo
constitucional narcoterrorista. Aquí elegimos democráticamente para la
conducción del Estado un delincuente populista degenerado, que sigue la
cartilla Castro-chavista y como en un viaje de tusi y bazuco va destruyendo
todo a velocidades galácticas, convocando a una Asamblea Nacional Constituyente
y amenazando con que si pierden el poder van por el poder por las vías de
hecho.
El
ciudadano trabajador víctima de la desinformación busca autenticidad, pero ante
la pérdida de valores éticos no encuentra como defender sus creencias frente a
una elección anómala y confusa donde una segunda vuelta será aún más compleja
si se tiene que definir entre la profundización del Estatismo y las libertades
democráticas en medio odios, fanatismos y las pasiones de un mundial.
A
muchos jóvenes los impulsan emociones insensatas que viven de influenciadores
en chats y redes; en los estratos altos a los más emotivos y menos pensantes
los fanatiza un marketing político circense que simboliza una fiera; la clase
emprendedora, trabajadora y a los ciudadanos menos afluentes de las capitales,
saturados de ver un ejercicio político corrupto presentan indecisión,
indiferencia y dudas ante el revoloteo culeco y desordenado de una pajarera.
Del
otro lado, encabezados por un comunista calculador, cínico, lleno de odios,
enfermo y disfrazado de defensor de derechos humanos que se hace acompañar de
una indígena como prueba de que la inquisición es hoy neoestalinista y que el
canibalismo entre minorías sigue vigente en pleno siglo 21, hay una horda de
violentos sumidos en la irresponsabilidad propia de la ignorancia que
representan el descontento social cocinado en resentimiento y lucha de clases
alentada por el Gobierno y los educadores, a la que se suma un campesinado
llevado a votar encañonado por la subversión narcoterrorista, y personas que
viven en barrios marginados macaneados por los combos locales, todos
controlados por “los dueños del negocio que mata” asociados a un progresismo
ladrón, y a las FARC-EP, el ELN y el M-19, que reclaman el poder.
Y
como si nos faltara más desconexión entre la autoridad y la justica, el
espectáculo mediático ahora va de reyerta callejera a cuchillo, botella y
plomo, a la trifulca digital por el “business” entre “influenciadores”, unos de
pago y otros andrógenos trepados a las tarimas, y como en 2021 vuelve Anonymus
al espectro de la gallera comunicacional colombiana a ser parte de la batalla
que desataron la irresponsabilidad de la política partidista, la primera línea
digital extrema de Bolívar y Petro, y los fletados por el renacer de una
extrema derecha, enganchados todos en una incendiaria e insoluble serie
difamatoria en la que todos perdemos.
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