José Alvear Sanín
Los comicios del 8 de marzo serán, es obvio,
objeto de infinidad de comentarios, no solamente por el necesario análisis de
los resultados. La dinámica política, lógicamente ha cambiado, y el debate
presidencial se decanta, como consecuencia de las opciones que resultan de las
consultas.
Me atrevo a hacer algunos comentarios a
vuelapluma:
Lo bueno
1. Estancamiento electoral del comunismo: a
pesar de cuatro años de preparación del fraude —treinta y pico de billones de
contratación indebida para “aceitar” las elecciones, multitud de bodegas y 74
frecuencias radiales de la Radio Nacional de Colombia y de centenares de
municipios entregados a guerrillas, combos y narcos—, los resultados para el
Pacto Histórico, en torno al 24 % de los votantes, son los habituales para
Congreso.
2. Recuperación del Centro Democrático: no solo
crece en Senado y Cámara, sino que su débil precandidata presidencial sale
convertida en una posible opción presidencial, porque en la Gran Consulta
obtuvo un espléndido resultado, con mayor número de votos que el Pacto
Histórico en el Senado. Paloma es la gran vencedora de la jornada.
3. Mientras afortunadamente desaparecen de la
escena personajillos como Juan Manuel Galán, Juan Carlos Pinzón, Mauricio
Cárdenas, Viki Dávila, Enrique Peñalosa, Aníbal Gaviria y David Luna, se queman
figuras valerosas, como Lina María Garrido y Miguel Polo Polo. Pero en cambio, emerge
Daniel Briceño, joven de innegable porvenir, posible candidato vicepresidencial
ahora y probable aspirante presidencial para 2030.
4. Después de estas elecciones se puede prever
que, en mayo 31, el primer lugar se lo disputarán Abelardo y Paloma, relegando
a Cepeda al tercer puesto. No debemos desconocer que los votos de Paloma en la
Gran Consulta superan los que obtuvo Cepeda en el simulacro de consulta que lo
hizo candidato a finales del año pasado.
Lo malo
1. A pesar de la importancia que revestía la
elección de Congreso en los momentos más críticos de la historia patria, la
abstención electoral fue lamentable. La participación en 2018 fue de 49.3 %;
de 48.45 % en 2022, y ahora retrocede al 42.1 %. En un país donde se
abstiene el 51.9 % del censo, el futuro de la democracia sigue siendo
incierto.
2. La fragmentación del Congreso con varios partidos y muchas clientelas, hará imposible al próximo gobierno sacar adelante las reformas necesarias para la reconstrucción nacional, sin tener que repartir algún tipo de mermelada.
Lo feo
1.
La emergencia de una apreciable fuerza política basada en la orientación sexual
de los votantes.
2. El predominio electoral del comunismo en el
suroeste del país, debido al constreñimiento, la minga y los grupos armados
terroristas y mafiosos, que responden a la estrategia revolucionaria del actual
gobierno.
3. La obstinación de Petro, propia de su
talante de rufián, en impugnar los resultados en unas elecciones diáfanas.
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