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miércoles, 19 de octubre de 2022

Entrevista con Jorge Junior Londoño, abanderado de Provida

Hablamos con el doctor Jorge Junior Londoño de la Espriella abanderado del movimiento Provida que defiende el postulado de darle alternativas a la mujer frente al aborto, un tema muy controversial pero que para ellos tiene una lucha principal: "salvemos las dos vidas". No dejes de verlo.

viernes, 25 de febrero de 2022

Unos ganan, todos perdemos

José Leonardo Rincón, S. J.

Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Sucedió casi simultáneamente con el fallo de la Corte. Deyanira, nombre ficticio para esta historia real, me fue remitida el fin de semana pasado por una amiga para que yo la aconsejara porque estaba en una crisis muy profunda pues estaba embarazada, quería tener el bebé, pero su novio le exigía abortar si quería continuar con él. Ella lo amaba, pero no podía entender cómo le podía pedir algo tan absurdo. Llegué tarde. Ya había abortado. Su novio le dijo que seguir con el embarazo era perjudicar su vida para siempre, que eso no era amarlo, que él no quería ser papá porque tenía planes de estudiar en el extranjero, que se sentía el hombre más infeliz, etcétera. En el culmen de la confrontación, le dijo que la abandonaría, que no la amaba, que de seguro ese hijo no era suyo… Cuando ella accedió finalmente, obrando contra su conciencia, pero temerosa de perderlo, él volvió a ser tierno y cariñoso y le dijo que la acompañaría al procedimiento médico. El quedó feliz, ella quedó desecha.

Llámenme retrógrado, anticuado, conservador, católico medieval, oscurantista, anacrónico, lo que quieran, pero tengo que decirlo en conciencia: no estoy de acuerdo con el aborto.

Veo a cientos de manifestantes bailar de alegría por esta victoria jurídica con la sentencia de la Corte Constitucional y a la par el dolor y la congoja de miles que tendremos que aceptar ese despropósito. En apariencia han triunfado. En realidad, han perdido. Todos hemos perdido. La moral ha quedado por el suelo.

Embriagados por lo que consideran un paso adelante en la conquista de derechos para las mujeres que defienden la tesis de que con el propio cuerpo se puede hacer lo que se quiera, dicen admirar a Canadá pues es un país que tiene despenalizado totalmente el aborto de modo que se puede practicar en cualquier momento. Se enorgullecen pues somos un país muy avanzado que está a la altura de Inglaterra, Gales y Escocia donde se puede abortar el feto con seis meses de embarazo.

Como Deyanira, conozco decenas de casos de mujeres destrozadas emocionalmente por haber abortado. Se sienten egoístas, mezquinas, asesinas. De poco sirve decirles que Dios las ama y las perdona misericordiosamente. Cargan insoportablemente con su culpa. Y debo decirlo, detesto esos machos reproductores que engañan mujeres incautas, les endulzan el oído, las ilusionan y después de preñarlas como objetos sexuales las dejan tiradas. Por eso no entiendo a las mujeres sin educación afectiva, que tienen sexo sin protección, que se dejan embarazar de cualquiera y les importa un bledo abortar, como si nada.

Si como país estábamos mal, creo que ahora estamos peor. Tampoco me cabe en la cabeza que la sensibilidad exacerbada entre lágrimas proteste por el maltrato animal (causa noble de respeto por estos seres que comparto) y lo convierte en un grave delito, en tanto no ve problema en el aborto como derecho a asesinar un ser humano indefenso a pocas semanas de nacer. Eso lo que muestra es que estamos moralmente enfermos. Y no dudo de que pronto estaremos aprobando la eutanasia para quitarnos de encima a esos viejos improductivos y estorbosos. Como lo señalé en otra ocasión, corremos desbocados hacia el abismo.

Nuestra Constitución dice en el artículo 11 que “El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte.”, pero en realidad ya ha sido decretada. El aborto no es un derecho, es un homicidio. Lo dice José Gregorio Hernández, expresidente de la Corte Constitucional al criticar el fallo de sus colegas. Lo dicen los médicos espantados de saber que a los 6 meses está ya bien formado el ser humano.

Si tan dueños de la vida se sienten los proabortistas, otros podrían también, esgrimiendo el mismo argumento y con todo derecho abortarlos a la vida, porque no merecen vivir. De pronto protestan y dicen que, si quieren vivir, porque es muy fácil decidir por otros, pero no que les decidan a ellos. Un tal Putin por estos días y con otros pretextos está segando vidas humanas en Ucrania sin que eso le preocupe lo más mínimo. De seguro se siente ganador como estos nuestros; lo que no ha caído en cuenta es que con su supuesto triunfo todos perdemos.

viernes, 5 de febrero de 2021

Posición sobre el aborto

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

A propósito de mi optimista artículo frente a Joe Biden, dos amigos me hicieron saber sus reservas respecto del nuevo presidente norteamericano por ofrecer su apoyo a quienes promueven el aborto, sin duda un asunto de carácter ético y moral muy delicado. Por esos días también el arzobispo de San Francisco reconvino públicamente a Nancy Pelosi, la flamante presidenta de la Cámara de Representantes, católica ella, por sus ataques a los movimientos pro-vida. Clara y directamente le dijo que no se puede ser católico y simultáneamente aprobar la legalización del aborto.

Como presbítero católico, en mi ejercicio ministerial del sacramento de la reconciliación, me he encontrado al menos con tres o cuatro casos de mujeres que en su desesperación por un embarazo no deseado recurrieron al aborto. Inconsolables, acudían al sacramento para pedir perdón a Dios por haber cometido asesinato. Dos de ellas me dijeron que muchas veces se habían confesado del crimen, pero no lograban encontrar paz y que su conciencia les reprochaba a diario haberlo hecho. Infructuosamente intenté convencerlas de que la misericordia de Dios era grande y que Él ya las había perdonado. Esta dolorosa realidad trajo a mi memoria la frase de Julio Jiménez: “Dios perdona, pero la vida no perdona”.

Mi posición es la posición oficial de nuestra Iglesia: la vida es sagrada, la vida se respeta, es el don más grande que Dios nos ha dado y Él es su único dueño. Es un valor absolutamente innegociable. El aborto es una injusta decisión frente a la vida que surge. Para mí resulta no solo contrastante sino también escandaloso un contexto bastante generalizado que exacerba la protección de los animales y con esa misma fuerza alienta el asesinato del feto en formación. Es un exabrupto que sigo sin entender. Se llora por el maltrato a un jumento porque se le obliga a trabajos forzados, al perrito porque se le hace daño o al toro porque se le sacrifica en una corrida, dolores que comparto, pero incoherentemente no se inmutan al marchar reclamando el derecho a hacer con su cuerpo lo que se les dé la gana. Pareciera que quienes esto promueven es porque o están aburridos con la vida o tienen una autoestima muy baja.

Sinceramente no entiendo cómo puede haber mujeres defendiendo esta causa, haciéndole el juego al machismo egoísta que se satisface preñándolas irresponsablemente para luego evadir su compromiso exigiéndoles abortar. Olvidan que su cuerpo es sagrado y debe respetarse pues su seno fue diseñado para ser sagrario de la vida a plenitud. Arguyen que la causa está en las agendas feminista y de equidad de género. Juran que es una conquista para los derechos sexuales y reproductivos, pero olvidan que el problema de fondo es una auténtica educación de la afectividad, un tema que va mucho más allá de la educación sexual. No saben lo que dicen y menos lo que hacen. ¿Les hubiera gustado que sus propias madres las abortaran?

No somos los dueños de la vida y por eso condenamos las masacres y las guerras, la pena de muerte y la eugenesia camuflada detrás de una pandemia que arrasa con los ancianos y los enfermos cargados de comorbilidades, así como también la pobreza que mata a millones por el hambre.

No puedo, en conciencia, apoyar la causa abortista. Creo que estamos fuera de foco cuando creemos que es un gran logro tener una vida sexual desordenada e irresponsable. No es truncando vidas como somos mejores seres humanos. La educación en la familia y en la escuela tiene una tarea ineludible y apremiante enseñándonos desde pequeños a manejar nuestra afectividad, nuestra sexualidad y nuestra genitalidad, tres asuntos íntimamente relacionados pero que no son exactamente lo mismo. Tampoco creo en los discursos simplistas que exhortan a la continencia y al aguante, como si la represa no estuviera a punto de desbordarse, olvidando ingenuamente que el instinto calenturiento anula en minutos los discursos floridos y mojigatos.

Frente ante tan candente tema como humanidad tenemos un reto enorme pues los discursos extremistas de lado y lado resultan simplistas y definitivamente dañinos. No es cuestión solamente académica, o política, o religiosa, o de género. La vida hay que tomársela en serio. La vida es para vivirla. La vida no es fácil, pero vale la pena. Por favor: ¡vivan y dejen vivir!

miércoles, 3 de febrero de 2021

La cultura de la muerte

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín*

Mientras avanza la “cultura de la muerte” se procura no hablar de ella, ni de los regímenes políticos que la propician, ni de los que se fundan sobre su capacidad de causarla. Si bien el nazismo fue derrotado militarmente, sus vencedores no siempre han sido amigos de la vida. Desde luego, el comunismo está edificado sobre cien y más millones de cadáveres, pero de un tiempo a esta parte las democracias han cedido a la misma tentación macabra.

Siempre me ha impresionado aquella lapidaria afirmación de Antonio Aparisi y Guijarro (1815-1872), en el sentido de que el Imperio Romano resolvía los problemas económicos con guerra e infanticidio, porque cuántas veces no se repite esa maldición en nuestros tiempos de aborto masivo, de interminables guerras y de la próxima eutanasia mandatoria, que ya viene ambientándose…

La pena de muerte para los culpables ha sido derogada en la mayor parte de las democracias. En Gran Bretaña, país donde fue defendida con pasión, su abolición data de 1965, aunque hasta 1998 se la conservó para la traición. Pero igual respeto no se extendió para la vida intrauterina inocente, ni para enfermos terminales, condenados judicialmente, con frecuencia, a la muerte.

El tema anterior es aterrador, no solo en lo que dice a ese país, pero hoy debo referirme únicamente a un asunto que para el lector colombiano trae el blog Colombian News, que dirige el gran periodista, historiador y politólogo Eduardo Mackenzie, pero que nuestra gran prensa, globalista y progre, omite. Transcribo entonces la nota correspondiente, procedente de una conocida publicación francesa Le Salon Beige, de Michel Janva:

El juez Yonko Grozev, un exmiembro de la Open Society de George Soros, juzgó sumariamente un caso de eutanasia, desestimándolo sin dar una sola explicación.

Su decisión es definitiva y no se publica en el sitio web de la Corte Europea de Derechos Humanos (CEDH); el paciente polonés morirá de hambre y sed. El expediente, n ° 55987/20, pronto será destruido. Este paciente polonés -cuyo nombre e imagen no pueden ser revelados, por orden de los tribunales británicos- se encuentra internado en Gran Bretaña, en un servicio que había decidido abandonarlo a muerte. Según la familia de paciente, el hospital en cuestión tomará algunos de los órganos del polonés porque él se había declarado como donante potencial.

Sin embargo, su familia y el gobierno polonés han pedido su repatriación a su tierra natal, para que sea tratado con dignidad. Los obispos poloneses habían declarado asumir todos los gastos. En vano. Los tribunales británicos dictaminaron que él debe morir en el Reino Unido, y Grozev acaba de fallar a favor de esos jueces. El caso vuelve a plantear la cuestión de la parcialidad de los jueces de la Corte Europea de Derechos Humanos.

https://www.lesalonbeige.fr/un-polonais-condamne-a-mort-par-un-juge-soros-de-la-cedh/

Se me dirá que poco aporta esta referencia, porque ya es bien conocida la adhesión judicial, en tantos países, a las directrices del Nuevo Orden Mundial, y que la Corte Europea de los Derechos Humanos es un tribunal tan parcializado como los británicos, en favor de la cultura de la muerte. Pero yo lo pongo en consideración de los lectores por algo aterrador, como es una cruel ejecución judicial que se lleva a cabo en un hospital por personal sanitario, privando al condenado, tanto de agua y alimento como de identidad, porque “su nombre e imagen no pueden ser revelados”, y excluido de la historia, porque “el expediente judicial n° 55987/20 pronto será destruido”. ¡Así que ese tal nunca existió!

¡Cómo es posible que la “justicia” en Europa haya llegado a estos extremos inauditos, propios de la peor época del estalinismo, para llegar a convertirse en extensión de la policía política y en órgano de represión ideológica al servicio de poderes en la sombra!

Cuando me entero de estos (y otros hechos del mismo corte), comprendo horrorizado cómo se perfila la sociedad poscristiana del nuevo orden mundial; y la obligación moral de oponernos, con fuerzas políticas cada vez más debilitadas, a su implantación definitiva en Colombia.

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No llega sola a la cúspide Ms. Kamala Harris, promotora en el Congreso de los Estados Unidos, con Barack Obama, Joe Biden y Nancy Pelosi, especialmente, de la legalización de las late term abortions (hasta 9 meses), y de la muerte para los bebés que sobrevivan a esa atroz “operación”. Ya Obama fue presidente y Biden acaba de ingresar, por algunos meses, a la Casa Blanca, en el triste ocaso de la democracia americana.

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Y en el crepúsculo del estado de derecho, la Jurisdicción Especial Prevaricadora (JEP), en un larguísimo galimatías nos informa que, creando tipos penales que no están en el Código Penal, ha decidido que sus superiores, es decir ocho miembros del Secretariado, no sean “procesados” por secuestro, sino por “toma de rehenes y grandes privaciones de la libertad”. Esta disimulada forma de expresarse carece, desde luego, de importancia: Los supuestos “procesados” (hoy congresistas), a lo sumo serán “condenados a penas alternativas” de naturaleza cívica…; y ni el fiscal, ni la procuradora denunciarán penalmente a los “magistrados” de la JEP por usurpación de funciones legislativas, por inventar “tipos penales” para tergiversar los hechos, desnaturalizar las leyes y cohonestar delitos de lesa humanidad.

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¡Reconstrucción o catástrofe!

viernes, 15 de enero de 2021

Humanidad agobiada y doliente

José Leonardo Rincón Contreras
Por José Leonardo Rincón, S. J.*

Recitábamos hace pocas semanas en la novena de navidad esta tradicional frase y no le faltaba razón a la madre María Ignacia, a quien le atribuyen su redacción, para describir mejor la actual situación de los seres humanos. Claro, al tiempo me parece escuchar al fondo otros gritos parecidos: a Rafael Pombo en el Gato Guardián: “gobiernos dignos y timoratos, donde haya queso, no mandéis gatos”, al Tribuno del pueblo, José Acevedo y Gómez el 20 de julio: Si dejais perder estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como sediciosos; ved los grillos, los calabozos y las cadenas que os esperan”; a Policarpa Salavarrieta: “¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad!” y al mismísimo Jesús de Nazaret: “Padre, ¡perdónalos porque no saben lo que hacen!”.

No es una simple colección de citas. Tras ellas, repito, un poco de nuestra condición y de lo que somos y merecemos. No gratuitamente estamos agobiados y sufrimos dolores profundos, si hay corrupción es porque lo hemos permitido con nuestro silencio cómplice, si de verdad supiéramos el valor de la libertad y la autonomía, no seríamos tan obsecuentes y arrodillados; si hubiera respeto y aprecio sincero por la vida, no haríamos lo que estamos haciendo para auto-exterminarnos. Somos, como se dice en el libro del Éxodo, “un pueblo de dura cerviz”. Hasta el humorista chileno Hebert Castro nos lo decía: “se le dijo, se le advirtió, se le recomendó… no hizo caso y…” ¡Que Dios nos perdone!

Es increíble el espectáculo al que estamos asistiendo: desolación y muerte por contagios masivos de covid-19 después de las fiestas de Navidad y Año Nuevo. UCIs repletas, nuevos encierros y cuarentenas. Otra vez la misma historia. Nos lo habían dicho, nos lo habían advertido y recomendado. No hicimos caso, nos volvimos a sentir fuertes y poderosos y ahí tenemos las consecuencias y los resultados. No aprendemos, somos tercos y contumaces. De verdad, pareciera que queremos auto-destruirnos.

En otras latitudes se aprueba el aborto como la gran conquista de la libertad femenina. Estamos tan mal, somos tan paradójicos, por no decir contradictorios, que se penaliza el maltrato animal pero se aprueba el asesinato de un ser indefenso que se gesta como ser humano. Cuando como sacerdote he tenido que atender a mujeres que han abortado y cargan después con lastres de culpabilidad infinita por haberlo hecho, no entiendo qué de femenino y reivindicatorio hay con esa “conquista”. Con perdón del magisterio eclesial, preferíria mil veces los métodos anticonceptivos antes que frustrar una sola vida humana. Más aún, más de fondo, lamento en el alma que no haya una oportuna educación afectiva y sexual en las familias y en la escuela.

Creo que lo que nos pasa y sucede, nos lo hemos buscado. Hemos sembrado vientos, estamos cosechando tempestades. Así lo hemos querido, así lo hemos permitido. Sabemos que vamos hacia el abismo y seguimos marchando con paso firme. ¡Increíble!

jueves, 27 de febrero de 2020

Lavada de manos


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
No siempre las manos quedan limpias después de lavárselas, como ocurrió con las de Pilatos, que traigo a cuento porque la semana pasada las dos mayores autoridades del país, el presidente y el fiscal, sacaron sigilosamente el cuerpo a obligaciones ineludibles.

Los varios artículos de la Constitución que consagran la inviolabilidad de la vida, incluyendo el que dice que no habrá pena de muerte en Colombia, responden a los postulados de una civilización fundada en el Decálogo, contra la cual la exaltación del aborto como “derecho” resulta aberrante.

En buena parte del mundo, en los últimos años se viene imponiendo un dizque “nuevo orden”, en el que se destruye la familia con un entorno entre malthusiano y hedonista y se despenaliza el homicidio de los neonatos, mientras se prepara la aplicación universal de la eutanasia para quienes crucen determinada edad (como lo han insinuado con franqueza tanto Christine Lagarde como Shinzo Abe). La mayor parte de estos horrores ha sido impuesta contra el sentimiento popular, por parte de las “supremas” cortes de justicia, cooptadas por una habilísima neo-masonería transnacional, a cuya obediencia se someten las colombianas.

Oponerse a este nuevo orden exige creencias y valentía, porque se incurre en exclusión política y persecución mediática. Por eso, muchos optan por una actitud de “neutralidad”, que en el caso del doctor Duque se resume en aquello de que es creyente y provida, pero que no “minará la actuación de otras instituciones frente al aborto”, precisamente en el momento que el asesinato de Juan Sebastián ha despertado la indignación horrorizada de la inmensa mayoría de los colombianos, cuyo clamor será desoído mientras el campo abortista se refuerza con nuevos nombramientos, de ministro de salud y directora del ICBF herodianos, y con la solicitud de la Alcaldía de Bogotá para que se libere y despenalice hasta instantes antes del alumbramiento, y sentencia ad portas de la Corte Constitucional, para que se practique on demand hasta las 12 semanas…

Al lado de lo del aborto lo de la corrupción parece de menor entidad, pero la respuesta del flamante fiscal a la carta del expresidente Pastrana es inaceptable. En ella se le recordaba que no se puede seguir omitiendo la investigación de los sobornos de Odebrecht en la campaña de Juan Manuel Santos, a lo que el doctor Barbosa, verbal y groseramente, contesta diciendo que para él todas las cartas son iguales…, lo que nos hace temer que nunca haya sanción para el indigno expresidente, como jamás la hubo contra otro de los peores, Ernesto Samper.

La permanente usurpación de funciones y el habitual prevaricato por parte de la Corte Constitucional son cada día más descarados y tolerados por los otros poderes públicos, que se inclinan temerosos ante ella. En esas condiciones la autoridad suprema, en lo legislativo, judicial y administrativo, recae ahora en nueve personas sin mandato popular, que hacen y deshacen siguiendo un libreto infame, cuyo primer capítulo fue el de la famosa “dosis personal”, y que no se detendrá, ni con la “legalización” del aborto, ni con la proscripción de la objeción de conciencia, para lo cual, además de llevarse de calle los principios fundamentales de la Carta, desconocen la Convención de San José —obligatoria como Tratado internacional suscrito por Colombia—, que reconoce la inviolabilidad de la vida, desde la concepción hasta la muerte.

martes, 25 de febrero de 2020

El aborto


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Entendemos por el término aborto, “la interrupción prematura del embarazo de forma natural o voluntaria, hecha antes que el feto pueda sobrevivir fuera del útero”.

Teniendo como base esta descripción, podemos decir que en Colombia nos centramos hoy en un debate que tiene características religiosas, sociológicas, morales, políticas y obviamente jurídicas, que conllevan a que todos los ciudadanos intervengan en todas las formas posibles en el debate, unos con mesura analizando la historia, otros con pasión defendiendo la vida, otros defendiendo la decisión unilateral de la mujer, otros pidiendo que el hombre intervenga como parte en la discusión, pero casi nadie piensa en la criatura que está por nacer, y ello ocurre legalmente en el momento en el que la criatura se separa del vientre materno, al cortar el cordón umbilical que une a la madre con quien sale a la vida.

Espinoso y difícil es este tema al acometer su estudio y fallo por parte de los señores magistrados de la Corte Constitucional. Allí se debatirán posturas jurídicas importantes sobre la vida, los derechos de la madre, sobre la concepción, los derechos y obligaciones, en fin, una serie de temáticas de tipo ético, moral y legal.

Llevamos años discutiendo sobre el aborto, y ya se tomó una decisión sobre tres alternativas que se tienen para que el aborto sea legal a saber, (1) fruto de una violación y por ende el consentimiento no está presente y hace entonces que además del ultraje al cuerpo de la mujer, se tenga resistencia a mantener en el vientre el fruto de una relación no consentida; (2) malformación del feto y (3) aquella cuyo embarazo pone en peligro la salud física o mental de la madre.

Por qué insistir en una nueva causal que sería la de la libre decisión de la madre de dar por terminado el embarazo en cualquier momento, si existen otras opciones posibles para que el que nazca tenga posibilidad de vivir y formarse adecuadamente, tener familia, dar y recibir amor, si la madre gestante no lo desea criar y amar.

Todo lo anterior se puede prevenir si la pareja antes de tener relaciones sexuales se protege. Ambos lo pueden hacer, o aún al día siguiente tomar la pastilla del día después, porque sin duda la responsabilidad es de los dos, hombre y mujer, frente a lo que pueda suceder si no se cuidan y es nada más y nada menos que un embarazo.

Aquí estamos hablando es de la vida y la muerte, sin duda alguna un debate ético por encima de cualquier cosa. He conocido casos, en el ejercicio de mi vida jurídica, de madres que abortaron y cuentan que pasados los años se despiertan en las noches angustiadas por la decisión que tomaron y quisieran regresar el tiempo para revaluarlo, tomar otro camino. Les duele en el alma, sienten culpa, dolor y angustia. Ellas, las madres que abortaron serían las adecuadas para dar su opinión y aportar a que la corte se llene de motivos y jurídicamente tome una decisión apropiada.

También vale la pena contarles que la semana pasada salió al aire en YouTube, en el canal de El Pensamiento al Aire, un programa en el que hablamos de la Fundación Milagros de Vida, que dirige una prestigiosa abogada y mejor ser humano Beatriz María Arango. Nos contaban ella, la trabajadora social de la fundación, dos madres y dos niñas lo que ocurre allí en la unidad neonatal diariamente. Lo más destacado es que muchos bebés salen a la vida con apenas 25 semanas de gestación y por el amor, el cuidado, la atención sobreviven y hoy son ejemplos de vida. Esto nos hace apreciar el valor de las madres, en ocasiones solas, en otras acompañadas de los padres o aun de sus familiares, que comprometen todo con tal de ayudar a salvar esas vidas. Pueden ver esta entrevista en el siguiente enlace: https://youtu.be/0tqL_ZeCsrg

Si ustedes mis respetados lectores se dieran la oportunidad de ver el programa, comprenderán porque debemos dar la lucha por la vida y no por la muerte. VIVA LA VIDA.

viernes, 21 de febrero de 2020

Un sí radical por la vida

José Leonardo Rincón,S.J.

José Leonardo RincónEstos escritos semanales que comparto con mis amigos son pensamientos libres expresados en voz alta. Nunca han tenido la pretensión de ser artículos académicos. Son reflexiones informales, si se quiere coloquiales. No hablo oficialmente como sacerdote, ni soy vocero oficial de la compañía. De manera que lo que aquí digo es de mi única y total responsabilidad.  Algunos de ustedes, muy queridos, comparten con otros mis escritos en sus muros y algunos de los “extraños” que los leen pueden echar de menos un mayor rigor. Trato de hacerlo pero, repito, la pretensión es otra, simplemente abrir díalogos, generar preguntas, poner a pensar. Muchas gracias por entender de que se trata.


Esta semana he estado pensando que como seres humanos somos muchas veces incomprensibles. Excesivamente susceptibles y sensibles frente a algunos asuntos y totalmente indolentes e indiferentes frente a otros. Cada vez más, por ejemplo, nos hemos convertido en defensores y cuidadores de los animales. Les hemos dado tanta importancia que no toleramos su maltrato: ni en una corrida de toros, ni para que carguen cosas pesadas, ni que los hagan sufrir de múltiples modos. Son tan importantes que de mascotas han pasado a reemplazar a los hijos en los hogares. Son tan importantes que ya son sujetos de derechos. 

Lo que me llama la atención es que protestamos airadamente si algo malo les ocurre a estos seres, pero no nos conmueven los desechables callejeros, ni los niños que mueren por desnutrición, ni los líderes sociales que a diario asesinan en el país, ni los abortos por miles que truncan nacientes vidas. A los animales les dedicamos tiempo, ternura y un reconocimiento que muchas veces no tenemos con la muchacha del servicio, o con el celador del edificio o con alguno de los seres humanos con los que nos cruzamos todos los días. 

Me admira sobremanera que simultáneamente estemos pidiendo, por un lado, acabar con las ferias taurinas por ser un espectáculo grotesco de tortura de un pobre animalito y, por otro, presionando a la Corte Constitucional para que de vía libre al aborto sin las actuales tres restricciones. En el pasado reciente, del mismo modo defendemos enardecidos nuestro entorno ecológico, pero somos complacientes con asesinatos y masacres. Algunas autoridades guardan silencio impune con gente inocente asesinada pero salen a dar el pésame por la muerte natural de un narcotraficante que reconocía haber asesinado él mismo, por sí y por otros, más de tres mil personas.

Que dañen la naturaleza o abandonen un perrito, genera automática solidaridad en las redes, pero que destrocen un bebé de siete meses porque a la mujer se le dio la gana hacerlo, eso se llama libertad y autonomía. Estamos trastocados. Algo está mal. 

A pesar de que la mayoría de sus consejeros le pedía a Pablo VI ser más flexible frente a los métodos anticonceptivos, el santo padre se sostuvo en Humanae Vitae promoviendo los métodos naturales. Muy bonito como deber ser para un cristiano maduro y bien formado, pero no para la mayoría de la gente en el mundo. El no tener una buena educación sexual y el no ser responsables con el manejo de la sexogenitalidad han disparado los embarazos no deseados, que en la mayoría de los casos desembocan en abortos. 

Con todo respeto, pero no comparto esa ideológica posición de que la mujer hace con su cuerpo lo que quiere. Como quien dice, lo destruye con sexo, alcohol y drogas, lo maltrata, sega la vida que por descuido comenzó a gestarse dentro suyo y… eso está bien, es lo deseable, es lo correcto, mejor dicho, ¿no pasa nada? Claro, el problema también es masculino, de modo que debería castigarse severamente a los abusadores y los violadores que irrespetan el cuerpo de una mujer, o de una niña. 

La vida es sagrada y se respeta. Desde aquí me manifiesto con un SÍ radical por la vida. La del entorno natural qué hay que cuidar porque es nuestra casa, la de los animales cuya vida hay que preservar, pero sobre todo y primero que todo, la del ser humano, desde su gestación en el vientre materno hasta su envejecido estado terminal. Pobre o rico. Hombre o mujer. De derecha o izquierda. No hay vidas de primera y otras de segunda. Todas son importantes. 

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Objeción de conciencia


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Nada hay más “políticamente incorrecto”, en estos tiempos de neocatarismo, que la defensa de la vida humana, sea intrauterina, sea la de los ancianos que entran, en tantos países, a hospitales convertidos en antesala de la funeraria, donde se les niegan los tratamientos requeridos, porque su vida ya es improductiva. No olvidemos que tanto madame Lagarde como el primer ministro japonés, algo dijeron sobre la inutilidad de estas existencias.

La monumental y proficua industria de la muerte también está globalizada.

No es solo la eutanasia demandada por pacientes conscientes, sino también la ordenada por parientes afanosos, por enfermeros y médicos “piadosos” o por jueces entrometidos. No olvidemos tampoco la celeridad con que se decreta la “muerte cerebral”, para poder extraer órganos urgentemente requeridos en quirófanos cercanos para trasplantes en pacientes ricos…

El aborto, convertido por cortes macabras en derecho superior a los demás, y protegido por legisladores indignos hasta extremos tan aterradores como la creación del délit d´entrave a l´avortement, por parte del Parlamento francés, el 15 de febrero de 2017. Esta inusitada figura castiga con dos años de prisión y 30.000 euros de multa los sitios de “desinformación” que traten de “disuadir” a las mujeres que buscan información sobre esa manera de eliminar la vida, en un pobre continente donde hay más abortos que alumbramientos, condenado al envejecimiento y a la miseria en el futuro cercano…, para no hablar de la China del segundo hijo prohibido, y del Japón, que agoniza.

Esta ley francesa, como tantas otras en Europa, Canadá, varios Estados norteamericanos y Gran Bretaña, sumada a las incontables contra la “homofobia y los delitos de odio”, impide la enseñanza religiosa, sustituida hoy por la ideología de género, que desde la más tierna infancia prepara para la banalización del aborto cuando llega la febril adolescencia.

En muchos países, los médicos que se niegan a practicar abortos pueden ser destituidos y hasta encarcelados, así como los clérigos que recuerden el sexto mandamiento.

Colombia ya ha “avanzado” también hasta aceptar las late term abortions, porque aquí no hay límite de tiempo que proteja al feto.

Muchas personas, especialmente las que tienen creencias religiosas, no están todavía dispuestas a violar sus principios más profundos, derramando sangre inocente. Nada, entonces, más repugnante que obligar con sanciones económicas y penales al personal sanitario, para que ejecute acciones contrarias a la conciencia. En esta situación las “democracias” modernas no superan, en lo tocante al respeto a las libertades religiosa, de conciencia, de expresión y de pensamiento, a los peores regímenes totalitarios, nazis o comunistas.

Ante la ausencia de normas que garanticen el derecho a la objeción de conciencia, la senadora María del Rosario Guerra ha presentado un valioso (y valiente) proyecto de ley para garantizarla, de tal manera que los profesionales y las instituciones sanitarias comprometidas con el respeto por la vida no sean obligadas a prestar “servicios” contrarios a sus convicciones o a su razón de ser.

Bienvenido ese ético proyecto de ley, que ya empieza a ser atacado por el lobby de la muerte, orientado por las fundaciones Gates, Rockefeller, Ford y Soros, Profamilia, la Corte Constitucional, el Ministerio de Salud y la totalidad de la izquierda colombiana.

Ojalá los partidos democráticos y las iglesias, empezando por la Católica, apoyen esa iniciativa que refleja sus doctrinas, las de la inmensa mayoría del pueblo colombiano. ¡Esta lucha hay que darla, como tantas otras, porque quien no quiere vencer ya está derrotado!

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Tiene toda la razón el presidente Duque cuando afirma: “No estamos ante el nacimiento de una nueva guerrilla” (porque son las mismas FARC), pero no acierta cuando añade: “(…) sino frente a amenazas criminales de una banda de narcoterroristas”, como si esta “banda” de Márquez y Santrich pudiera ser distinta de su matriz, dentro del gran cartel narco-político al que pertenece.

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No sé si sea posible “desestigmatizar” a las FARC, ni si la colaboración del gobierno en tan difícil empresa sirva de algo distinto a perjudicarlo. Mientras tanto continúa, sin la menor resistencia oficial ni particular, la diaria estigmatización del doctor Uribe, el Centro Democrático y del propio y aquiescente presidente Duque. Los niveles de mendacidad, grosería y violencia que se emplean contra ellos están creando el clima de odio necesario para atemorizar, desprestigiar y desmoralizar las fuerzas del orden, y para hacer tolerables, por parte de la opinión pública, todos los desafueros y desmanes, mediáticos y judiciales, contra sus cabezas visibles.