Hablamos con el doctor Jorge Junior Londoño de la Espriella abanderado del movimiento Provida que defiende el postulado de darle alternativas a la mujer frente al aborto, un tema muy controversial pero que para ellos tiene una lucha principal: "salvemos las dos vidas". No dejes de verlo.
miércoles, 19 de octubre de 2022
Entrevista con Jorge Junior Londoño, abanderado de Provida
viernes, 25 de febrero de 2022
Unos ganan, todos perdemos
Por José Leonardo Rincón, S. J.*
Sucedió casi simultáneamente con el fallo de la
Corte. Deyanira, nombre ficticio para esta historia real, me fue remitida el
fin de semana pasado por una amiga para que yo la aconsejara porque estaba en
una crisis muy profunda pues estaba embarazada, quería tener el bebé, pero su
novio le exigía abortar si quería continuar con él. Ella lo amaba, pero no
podía entender cómo le podía pedir algo tan absurdo. Llegué tarde. Ya había
abortado. Su novio le dijo que seguir con el embarazo era perjudicar su vida
para siempre, que eso no era amarlo, que él no quería ser papá porque tenía
planes de estudiar en el extranjero, que se sentía el hombre más infeliz, etcétera.
En el culmen de la confrontación, le dijo que la abandonaría, que no la amaba,
que de seguro ese hijo no era suyo… Cuando ella accedió finalmente, obrando
contra su conciencia, pero temerosa de perderlo, él volvió a ser tierno y
cariñoso y le dijo que la acompañaría al procedimiento médico. El quedó feliz,
ella quedó desecha.
Llámenme retrógrado, anticuado, conservador, católico
medieval, oscurantista, anacrónico, lo que quieran, pero tengo que decirlo en
conciencia: no estoy de acuerdo con el aborto.
Veo a cientos de manifestantes bailar de alegría
por esta victoria jurídica con la sentencia de la Corte Constitucional y a la
par el dolor y la congoja de miles que tendremos que aceptar ese despropósito. En
apariencia han triunfado. En realidad, han perdido. Todos hemos perdido. La
moral ha quedado por el suelo.
Embriagados por lo que consideran un paso
adelante en la conquista de derechos para las mujeres que defienden la tesis de
que con el propio cuerpo se puede hacer lo que se quiera, dicen admirar a Canadá
pues es un país que tiene despenalizado totalmente el aborto de modo que se
puede practicar en cualquier momento. Se enorgullecen pues somos un país muy
avanzado que está a la altura de Inglaterra, Gales y Escocia donde se puede
abortar el feto con seis meses de embarazo.
Como Deyanira, conozco decenas de casos de
mujeres destrozadas emocionalmente por haber abortado. Se sienten egoístas,
mezquinas, asesinas. De poco sirve decirles que Dios las ama y las perdona
misericordiosamente. Cargan insoportablemente con su culpa. Y debo decirlo,
detesto esos machos reproductores que engañan mujeres incautas, les endulzan el
oído, las ilusionan y después de preñarlas como objetos sexuales las dejan
tiradas. Por eso no entiendo a las mujeres sin educación afectiva, que tienen
sexo sin protección, que se dejan embarazar de cualquiera y les importa un
bledo abortar, como si nada.
Si como país estábamos mal, creo que ahora
estamos peor. Tampoco me cabe en la cabeza que la sensibilidad exacerbada entre
lágrimas proteste por el maltrato animal (causa noble de respeto por estos
seres que comparto) y lo convierte en un grave delito, en tanto no ve problema
en el aborto como derecho a asesinar un ser humano indefenso a pocas semanas de
nacer. Eso lo que muestra es que estamos moralmente enfermos. Y no dudo de que
pronto estaremos aprobando la eutanasia para quitarnos de encima a esos viejos
improductivos y estorbosos. Como lo señalé en otra ocasión, corremos desbocados
hacia el abismo.
Nuestra Constitución dice en el artículo 11 que
“El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte.”, pero en
realidad ya ha sido decretada. El aborto no es un derecho, es un homicidio. Lo
dice José Gregorio Hernández, expresidente de la Corte Constitucional al
criticar el fallo de sus colegas. Lo dicen los médicos espantados de saber que
a los 6 meses está ya bien formado el ser humano.
Si tan dueños de la vida se sienten los
proabortistas, otros podrían también, esgrimiendo el mismo argumento y con todo
derecho abortarlos a la vida, porque no merecen vivir. De pronto protestan y
dicen que, si quieren vivir, porque es muy fácil decidir por otros, pero no que
les decidan a ellos. Un tal Putin por estos días y con otros pretextos está
segando vidas humanas en Ucrania sin que eso le preocupe lo más mínimo. De
seguro se siente ganador como estos nuestros; lo que no ha caído en cuenta es
que con su supuesto triunfo todos perdemos.
viernes, 5 de febrero de 2021
Posición sobre el aborto
Por José Leonardo Rincón, S. J.*
A
propósito de mi optimista artículo frente a Joe Biden, dos amigos me hicieron
saber sus reservas respecto del nuevo presidente norteamericano por ofrecer su
apoyo a quienes promueven el aborto, sin duda un asunto de carácter ético y
moral muy delicado. Por esos días también el arzobispo de San Francisco reconvino
públicamente a Nancy Pelosi, la flamante presidenta de la Cámara de
Representantes, católica ella, por sus ataques a los movimientos pro-vida. Clara
y directamente le dijo que no se puede ser católico y simultáneamente aprobar
la legalización del aborto.
Como
presbítero católico, en mi ejercicio ministerial del sacramento de la
reconciliación, me he encontrado al menos con tres o cuatro casos de mujeres
que en su desesperación por un embarazo no deseado recurrieron al aborto. Inconsolables,
acudían al sacramento para pedir perdón a Dios por haber cometido asesinato.
Dos de ellas me dijeron que muchas veces se habían confesado del crimen, pero
no lograban encontrar paz y que su conciencia les reprochaba a diario haberlo
hecho. Infructuosamente intenté convencerlas de que la misericordia de Dios era
grande y que Él ya las había perdonado. Esta dolorosa realidad trajo a mi
memoria la frase de Julio Jiménez: “Dios
perdona, pero la vida no perdona”.
Mi
posición es la posición oficial de nuestra Iglesia: la vida es sagrada, la vida
se respeta, es el don más grande que Dios nos ha dado y Él es su único dueño. Es
un valor absolutamente innegociable. El aborto es una injusta decisión frente a
la vida que surge. Para mí resulta no solo contrastante sino también escandaloso
un contexto bastante generalizado que exacerba la protección de los animales y
con esa misma fuerza alienta el asesinato del feto en formación. Es un
exabrupto que sigo sin entender. Se llora por el maltrato a un jumento porque
se le obliga a trabajos forzados, al perrito porque se le hace daño o al toro
porque se le sacrifica en una corrida, dolores que comparto, pero incoherentemente
no se inmutan al marchar reclamando el derecho a hacer con su cuerpo lo que se
les dé la gana. Pareciera que quienes esto promueven es porque o están
aburridos con la vida o tienen una autoestima muy baja.
Sinceramente
no entiendo cómo puede haber mujeres defendiendo esta causa, haciéndole el juego
al machismo egoísta que se satisface preñándolas irresponsablemente para luego
evadir su compromiso exigiéndoles abortar. Olvidan que su cuerpo es sagrado y
debe respetarse pues su seno fue diseñado para ser sagrario de la vida a
plenitud. Arguyen que la causa está en las agendas feminista y de equidad de
género. Juran que es una conquista para los derechos sexuales y reproductivos,
pero olvidan que el problema de fondo es una auténtica educación de la
afectividad, un tema que va mucho más allá de la educación sexual. No saben lo
que dicen y menos lo que hacen. ¿Les hubiera gustado que sus propias madres las
abortaran?
No
somos los dueños de la vida y por eso condenamos las masacres y las guerras, la
pena de muerte y la eugenesia camuflada detrás de una pandemia que arrasa con
los ancianos y los enfermos cargados de comorbilidades, así como también la
pobreza que mata a millones por el hambre.
No
puedo, en conciencia, apoyar la causa abortista. Creo que estamos fuera de foco
cuando creemos que es un gran logro tener una vida sexual desordenada e
irresponsable. No es truncando vidas como somos mejores seres humanos. La
educación en la familia y en la escuela tiene una tarea ineludible y apremiante
enseñándonos desde pequeños a manejar nuestra afectividad, nuestra sexualidad y
nuestra genitalidad, tres asuntos íntimamente relacionados pero que no son
exactamente lo mismo. Tampoco creo en los discursos simplistas que exhortan a
la continencia y al aguante, como si la represa no estuviera a punto de
desbordarse, olvidando ingenuamente que el instinto calenturiento anula en
minutos los discursos floridos y mojigatos.
Frente
ante tan candente tema como humanidad tenemos un reto enorme pues los discursos
extremistas de lado y lado resultan simplistas y definitivamente dañinos. No es
cuestión solamente académica, o política, o religiosa, o de género. La vida hay
que tomársela en serio. La vida es para vivirla. La vida no es fácil, pero vale
la pena. Por favor: ¡vivan y dejen vivir!
miércoles, 3 de febrero de 2021
La cultura de la muerte
Por José Alvear Sanín*
Mientras avanza la
“cultura de la muerte” se procura no hablar de ella, ni de los regímenes
políticos que la propician, ni de los que se fundan sobre su capacidad de
causarla. Si bien el nazismo fue derrotado militarmente, sus vencedores no
siempre han sido amigos de la vida. Desde luego, el comunismo está edificado
sobre cien y más millones de cadáveres, pero de un tiempo a esta parte las
democracias han cedido a la misma tentación macabra.
Siempre me ha
impresionado aquella lapidaria afirmación de Antonio Aparisi y Guijarro
(1815-1872), en el sentido de que el Imperio Romano resolvía los problemas
económicos con guerra e infanticidio, porque cuántas veces no se repite esa
maldición en nuestros tiempos de aborto masivo, de interminables guerras y de
la próxima eutanasia mandatoria, que ya viene ambientándose…
La pena de muerte para
los culpables ha sido derogada en la mayor parte de las democracias. En Gran
Bretaña, país donde fue defendida con pasión, su abolición data de 1965, aunque
hasta 1998 se la conservó para la traición. Pero igual respeto no se extendió
para la vida intrauterina inocente, ni para enfermos terminales, condenados judicialmente,
con frecuencia, a la muerte.
El tema anterior es
aterrador, no solo en lo que dice a ese país, pero hoy debo referirme únicamente
a un asunto que para el lector colombiano trae el blog Colombian News, que dirige el gran periodista, historiador y
politólogo Eduardo Mackenzie, pero que nuestra gran prensa, globalista y
progre, omite. Transcribo entonces la nota correspondiente, procedente de una
conocida publicación francesa Le Salon
Beige, de Michel Janva:
El juez Yonko
Grozev, un exmiembro de la Open Society de George Soros, juzgó sumariamente un
caso de eutanasia, desestimándolo sin dar una sola explicación.
Su decisión es definitiva y no se publica en el
sitio web de la Corte Europea de Derechos Humanos (CEDH);
el paciente polonés morirá de hambre y sed. El expediente, n ° 55987/20, pronto
será destruido. Este paciente polonés -cuyo nombre e imagen no pueden ser
revelados, por orden de los tribunales británicos- se encuentra internado en
Gran Bretaña, en un servicio que había decidido abandonarlo a muerte. Según la
familia de paciente, el hospital en cuestión tomará algunos de los órganos del polonés porque él se había declarado como
donante potencial.
Sin embargo, su familia y el gobierno polonés
han pedido su repatriación a su tierra natal, para que sea tratado con
dignidad. Los obispos poloneses habían declarado asumir todos los gastos. En
vano. Los tribunales británicos dictaminaron que él debe morir en el Reino
Unido, y Grozev acaba de fallar a favor de esos jueces. El caso vuelve a
plantear la cuestión de la parcialidad de los jueces de la Corte Europea de
Derechos Humanos.
https://www.lesalonbeige.fr/un-polonais-condamne-a-mort-par-un-juge-soros-de-la-cedh/
Se me dirá que poco
aporta esta referencia, porque ya es bien conocida la adhesión judicial, en
tantos países, a las directrices del Nuevo Orden Mundial, y que la Corte
Europea de los Derechos Humanos es un tribunal tan parcializado como los
británicos, en favor de la cultura de la muerte. Pero yo lo pongo en
consideración de los lectores por algo aterrador, como es una cruel ejecución judicial que se lleva a cabo en un hospital por personal sanitario,
privando al condenado, tanto de agua y alimento como de identidad, porque “su nombre e imagen no pueden ser revelados”,
y excluido de la historia, porque “el
expediente judicial n° 55987/20 pronto será destruido”. ¡Así que ese tal
nunca existió!
¡Cómo es posible
que la “justicia” en Europa haya llegado a estos extremos inauditos, propios de
la peor época del estalinismo, para llegar a convertirse en extensión de la
policía política y en órgano de represión ideológica al servicio de poderes en
la sombra!
Cuando me entero de
estos (y otros hechos del mismo corte), comprendo horrorizado cómo se perfila
la sociedad poscristiana del nuevo orden mundial; y la obligación moral de
oponernos, con fuerzas políticas cada vez más debilitadas, a su implantación
definitiva en Colombia.
***
No llega sola a la
cúspide Ms. Kamala Harris, promotora en el Congreso de los Estados Unidos, con
Barack Obama, Joe Biden y Nancy Pelosi, especialmente, de la legalización de las
late term abortions (hasta 9 meses), y de la muerte para los bebés que sobrevivan
a esa atroz “operación”. Ya Obama fue presidente y Biden acaba de ingresar, por
algunos meses, a la Casa Blanca, en el triste ocaso de la democracia americana.
***
Y en el crepúsculo
del estado de derecho, la Jurisdicción Especial Prevaricadora (JEP), en un
larguísimo galimatías nos informa que, creando tipos penales que no están en el
Código Penal, ha decidido que sus superiores, es decir ocho miembros del
Secretariado, no sean “procesados” por secuestro, sino por “toma de rehenes y
grandes privaciones de la libertad”. Esta disimulada forma de expresarse
carece, desde luego, de importancia: Los supuestos “procesados” (hoy
congresistas), a lo sumo serán “condenados a penas alternativas” de naturaleza
cívica…; y ni el fiscal, ni la procuradora denunciarán penalmente a los
“magistrados” de la JEP por usurpación de funciones legislativas, por inventar “tipos
penales” para tergiversar los hechos, desnaturalizar las leyes y cohonestar
delitos de lesa humanidad.
***
¡Reconstrucción o
catástrofe!
viernes, 15 de enero de 2021
Humanidad agobiada y doliente
Por José Leonardo Rincón, S. J.*
Recitábamos hace pocas semanas en la novena de navidad esta tradicional frase y no le faltaba razón a la madre María Ignacia, a quien le atribuyen su redacción, para describir mejor la actual situación de los seres humanos. Claro, al tiempo me parece escuchar al fondo otros gritos parecidos: a Rafael Pombo en el Gato Guardián: “gobiernos dignos y timoratos, donde haya queso, no mandéis gatos”, al Tribuno del pueblo, José Acevedo y Gómez el 20 de julio: “Si dejais perder estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como sediciosos; ved los grillos, los calabozos y las cadenas que os esperan”; a Policarpa Salavarrieta: “¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería hoy vuestra suerte si conocierais el precio de la libertad!” y al mismísimo Jesús de Nazaret: “Padre, ¡perdónalos porque no saben lo que hacen!”.
No es una simple colección de citas. Tras ellas, repito, un poco de nuestra condición y de lo que somos y merecemos. No gratuitamente estamos agobiados y sufrimos dolores profundos, si hay corrupción es porque lo hemos permitido con nuestro silencio cómplice, si de verdad supiéramos el valor de la libertad y la autonomía, no seríamos tan obsecuentes y arrodillados; si hubiera respeto y aprecio sincero por la vida, no haríamos lo que estamos haciendo para auto-exterminarnos. Somos, como se dice en el libro del Éxodo, “un pueblo de dura cerviz”. Hasta el humorista chileno Hebert Castro nos lo decía: “se le dijo, se le advirtió, se le recomendó… no hizo caso y…” ¡Que Dios nos perdone!
Es increíble el espectáculo al que estamos asistiendo: desolación y muerte por contagios masivos de covid-19 después de las fiestas de Navidad y Año Nuevo. UCIs repletas, nuevos encierros y cuarentenas. Otra vez la misma historia. Nos lo habían dicho, nos lo habían advertido y recomendado. No hicimos caso, nos volvimos a sentir fuertes y poderosos y ahí tenemos las consecuencias y los resultados. No aprendemos, somos tercos y contumaces. De verdad, pareciera que queremos auto-destruirnos.
En otras latitudes se aprueba el aborto como la gran conquista de la libertad femenina. Estamos tan mal, somos tan paradójicos, por no decir contradictorios, que se penaliza el maltrato animal pero se aprueba el asesinato de un ser indefenso que se gesta como ser humano. Cuando como sacerdote he tenido que atender a mujeres que han abortado y cargan después con lastres de culpabilidad infinita por haberlo hecho, no entiendo qué de femenino y reivindicatorio hay con esa “conquista”. Con perdón del magisterio eclesial, preferíria mil veces los métodos anticonceptivos antes que frustrar una sola vida humana. Más aún, más de fondo, lamento en el alma que no haya una oportuna educación afectiva y sexual en las familias y en la escuela.
Creo que lo que nos pasa y sucede, nos lo hemos buscado. Hemos sembrado vientos, estamos cosechando tempestades. Así lo hemos querido, así lo hemos permitido. Sabemos que vamos hacia el abismo y seguimos marchando con paso firme. ¡Increíble!
jueves, 27 de febrero de 2020
Lavada de manos
martes, 25 de febrero de 2020
El aborto
viernes, 21 de febrero de 2020
Un sí radical por la vida
Estos escritos semanales que comparto con mis amigos son pensamientos libres expresados en voz alta. Nunca han tenido la pretensión de ser artículos académicos. Son reflexiones informales, si se quiere coloquiales. No hablo oficialmente como sacerdote, ni soy vocero oficial de la compañía. De manera que lo que aquí digo es de mi única y total responsabilidad. Algunos de ustedes, muy queridos, comparten con otros mis escritos en sus muros y algunos de los “extraños” que los leen pueden echar de menos un mayor rigor. Trato de hacerlo pero, repito, la pretensión es otra, simplemente abrir díalogos, generar preguntas, poner a pensar. Muchas gracias por entender de que se trata.




