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miércoles, 7 de septiembre de 2022

En defensa de la supervivencia de los equinos, bovinos y caninos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez*

Nadie ama y quiere, cuida y protege mejor un equino, un bovino o un canino que quien depende de él para su propia supervivencia o la de su familia.

Nadie protege, ama y cuida quiere más una vaca, un toro o una cría, que el ganadero, el vaquero, el ordeñador o el veterinario que le dedica su vida a estos animales.

Nadie protege, ama y cuida más un caballo, una mula o un burro que quien lo cría, quien lo doma, quien lo maneja, que su jinete, su entrenador, que el herrero, el veterinario o el nutricionista que los atiende.

Nadie protege, ama, quiere y cuida, más un canino que quien se juega la vida con él, a diario, que quien depende de él para ver, que quien duerme tranquilo bajo su protección o quien maneja un rebaño con su ayuda.

En la actualidad, sin duda alguna, quienes menos protegen los animales domésticos son los legisladores, para quienes no bastan las reglas establecidas en los códigos de policía, sino que quieren eliminar todas las interacciones culturales y tradicionales del hombre con estos animales y como consecuencia ponen en riesgo su propia existencia como especies.

Hablemos del gran poder destructivo de la ignorancia cuando se trata de legislar sin hacer estudios ni comprender los factores culturales sociológicos y económicos que determinan nuestra vida con los equinos, los bovinos y los caninos.

Sin duda dentro del reino animal al cual pertenecemos, dentro de los animales domésticos, los equinos, los bovinos y los caninos, han sido y siguen siendo, los más nobles, útiles y los mejores compañeros del hombre, y han sido absolutamente instrumentales en el desarrollo de la humanidad y de la civilización. A ellos les debemos mucho, y los vamos a seguir necesitando.

Como un acto que solo se puede calificar de ser tan ignorante, sensacionalista como ególatra, siguiendo una línea política populista de burgomaestres y legisladores a quienes el electorado le confió ciegamente la representatividad integral de sus intereses, un representante al Cámara por el Huila envió con fecha agosto 16 de 2022 una carta dirigida a la secretaria de la Comisión Primera de ese órgano legislativo una proposición que dice así:

1. Adiciónese al artículo 3º del Proyecto de Ley 007 de 2022 Cámara, por medio del cual se eliminan las prácticas taurinas en el territorio nacional y se dictan otras disposiciones, el cual quedará así:

“Artículo 3º. Prohibición. Se prohíbe el desarrollo de actividades de corridas de toros, rejoneo, novilladas, becerradas y tientas, coleo, corralejas, encierros y suelta de vaquillas, festivales cómicos taurinos y aficionados prácticos, así como los procedimientos utilizados en estos espectáculos, tanto en el ámbito público como en el privado.

De igual forma se prohíben las siguientes actividades de explotación económica de animales: peleas de gallos, equitación, concursos caninos, cabalgatas, uso de perros en labores de seguridad privada, exposición de peces en acuarios y zoológicos.”

Empecemos por la prohibición de las corridas de toros. Se reconoce que en muchos países donde la tauromaquia no ha estado atada a la cultura del pueblo está prohibida la lidia y muerte de toros bravos.

Desde antes de las eras griega y romana, en la cultura ibérica y mediterránea, a la cual estamos necesariamente atados y desde las culturas autóctonas, desde la colonia y hasta la actualidad, en Colombia, Venezuela, Ecuador, México, Perú, Texas, California y en algunos lugares de Centro América, las corridas y la lidia de ganado bravo ha formado parte tradicional y esencial de todas las manifestaciones culturales y feriales de nuestras comunidades a través de los años y a lo largo y ancho de toda nuestra geografía.

Es importante que los órganos legislativos se pregunten si: ¿Son las propuestas prohibicionistas algo que realmente que concierne a toda la sociedad, o es una nueva bandera politiquera de un solo grupo en procura de votos y con el fin de ganar protagonismo como representante de algunas audiencias o segmentos de la población que con todo derecho no están de acuerdo con las corridas de toros?

La respuesta es clara. Este es un tema politizado a cuenta del caso del marketing político adelantado en Barcelona, Bogotá y la Ciudad de México, orientado a ganar soporte político entre movimientos animalistas citadinos y en redes sociales que se declaran anti-taurinos, y reclaman la eliminación de la fiesta, sin consideración ni respeto alguno de los derechos y libertades de los demás, y en muchos casos manifestándose violentamente contra los aficionados y contra las personas y las familias que viven de las actividades taurinas.

A lo largo de la historia de la humanidad las corridas de toros y la tauromaquia como manifestación artística, cultural y actividad económica, han hecho parte milenaria del desarrollo cultural de las civilizaciones.

Han sido y siguen siendo una representación viva de las realidades de la vida, de las interacciones entre el hombre y los animales en el campo, y han sido fuente de empleo y sustento de cientos de miles de personas y de pequeñas empresas, además de generar ingresos para las localidades o municipalidades a lo largo de muchos siglos.

Negar la tradición y el valor cultural, sociológico y económico de la tauromaquia es simplemente un acto de ignorancia crasa.

No en vano grandes artistas, hombres y mujeres cultos, han plasmado en las letras poéticas y narrativas, en la música, la pintura, la escultura, el cine, el baile y toda suerte de actividades culturales, su admiración y profunda comprensión de la manifestación artística que encarna la tauromaquia, como algo que está arraigado en muchas de las manifestaciones socioculturales de un sinnúmero de naciones y comunidades con una misma herencia cultural.

Las corridas de toros, como representación de muchas faenas de campo llevadas a anfiteatros populares, si bien contienen elementos de riesgo para los artistas frente a una fuerza bruta, se centran mucho más en la conjunción plástica de la necesaria destreza mediante la cual el hombre logra sobrevivir en una lucha desigual con una fiera agresiva por naturaleza genética.

Una propuesta como esta que cursa actualmente en la Cámara de Representantes colombiana, solo demuestra que tan grave es el problema de una gran falta de cultura general de quienes nos representan en la formación de las leyes, y es prueba de su carencia absoluta de civilización, educación básica y sentido común, practicidad, realismo y conocimientos sobre el funcionamiento social y económico de las tradiciones y los comportamientos de los pueblo y de la importancia que tienen las diferencias en la historia universal y colombiana, está última atada al origen migratorio peninsular desde la colonia.

Son tan respetables las costumbres que forman cultura en todas las comunidades, es tan respetable la tauromaquia como las costumbres en casos violentas de los indígenas y las de todas las minorías.

Es ignorante por parte de un legislador, humanizar los animales domésticos o salvajes, en perjuicio de otros seres humanos. Es incoherente no ocuparse de la violencia entre seres humanos en muchas otras actividades sociales y eventos deportivos como las barras bravas, etc., y atacar las actividades taurinas sin tener idea de su valor cultural.

Durante toda mi existencia he sido parte del mundo del toro, en el campo, en las plazas como profesional y aficionado, y en el medio social en que los taurinos y los artistas de las diversas manifestaciones nos relacionamos, y nunca he visto violencia entre seres humanos ni en el ruedo ni en las graderías, nunca he visto entre el mundo de la tauromaquia más que seres humanos extraordinarios, tan nobles, honestos y transparentes en su conducta como lo es el hermoso ganado bravo, una especie que ha existido milenariamente gracias a las fiestas de toros que hoy se quieren prohibir.

Lo único que van a lograr con este tipo de medidas es dejar en la calle a miles de familias y terminar con una hermosa especie bovina que por miles de años ha sido criada y cuidada con mucho amor por el hombre pues el toro bravo es el elemento esencial y necesario sin el cual se extermina toda una cultura milenaria.

Pasemos a analizar ahora la irracional y estúpida propuesta de prohibición de la equitación

Es increíble que en Colombia quienes hagan las leyes desconozcan que la equitación es un arte al igual que lo es la tauromaquia, o la doma y entrenamiento de cualquier especie animal.

Nuestra civilización se relaciona con los equinos, bovinos y caninos desde mucho antes de los recuentos que ya se documentaron en Mesopotamia, pasando por Creta y Grecia a lo largo de toda la historia de la humanidad, en todo el mediterráneo y en partes del Asia.

Con toda seguridad ignora el proponente que entre los primeros tratados de equitación y doma está el Jenofonte 430 a 355 a.C., ignora testimonios como los de los dibujos de las cuevas de Altamira o de la utilización del caballo por parte de persas, mongoles, iberos, galos, y en el desarrollo de las Américas, de Australia, Nueva Zelanda, y de muchas naciones africanas.

Se ignora que desde entonces está documentado en la historia universal que el caballo y la equitación como sistema o lenguaje de comunicación con los humanos, ha sido el más poderoso compañero del hombre en todas sus actividades desde los inicios de la agricultura, en las conquistas y en la guerra, en las comunicaciones, el comercio y en general en todo aquello que el hombre construyó por miles de años y hasta principios del siglo pasado.

Es ignorancia y falta absoluta de cultura general no tener en cuenta cuánto aportan la cría comercial de la ganadería equina, bovina y canina, y de todo tipo de especies animales al PIB agrícola mundial y nacional, al sistema alimentario y a la necesidad de proteína, y a las actividades industriales de derivados en el ámbito global.

Ignora el ignorante e indolente proponente, que el caballo y el hombre han sido los principales protagonistas del desarrollo de decenas de civilizaciones incluida la contemporánea.

Ignora el proponente que fue el caballo el animal que nos sacó de las cavernas y las montañas a las planicies y nos hizo nómadas, nos enseñó a buscar las orillas de los ríos y nos facilitó por medio de la equitación que quiere abolir, el poder recorrer mayores distancias con lo cual obtuvimos la capacidad de haber desarrollado múltiples civilizaciones hasta la invención del motor, cuyo poder, también en honor a los equinos se mide en caballos de fuerza.

Es ignorante y falto de cultura general, pasar por alto que la equitación, que hoy se quiere prohibir en Colombia, representa la forma como se desarrolló nuestra nación desde el descubrimiento hasta la necesidad de seguir trabajando con equinos, mulares y asnales en gran parte del difícil y accidentado territorio nacional.

Es inconcebible que, en función de los votos de algunos rebeldes incultos, se desconozca que la equitación es un arte que empieza por la educación de caballo y del jinete, en los fundamentos de una cultura comunicacional de mutuo entendimiento, que se ha desarrollado a lo largo de varios milenios.

Ignora el legislador, que la industria del caballo es la primera industria empleadora en Francia y en el Estado de Texas, y la segunda industria empleadora en Estados Unidos de América y el Reino Unido, y sin duda una de las industrias que más empleos genera en Colombia también.

Ignora el proponente que la cultura ecuestre y la equitación van de la mano en el deporte o en el trabajo de campo con ganados, y que toda la actividad ecuestre está dentro de las primeras industrias de Australia, Nueva Zelanda, Argentina, Alemania, España y Portugal, y decenas más de países en todo el mundo, incluidas China, Rusia, Japón, y muchas naciones más.

Ignora que el caballo es hoy el animal más cuidado y querido por el hombre como su amigo y compañero en el deporte y en el trabajo de campo, e ignora cuánto significa esto para una economía y para el bienestar de muchas familias y muchas personas.

El ignorante, inculto y bárbaro ponente, en procura populista de protagonismos ante audiencias novatas y de votos, pasa por alto que su propuesta al eliminar las actividades ecuestres y la tauromaquia condena a la desaparición de dos especies milenarias, e ignora totalmente que el caballo, como especie doméstica, sin la equitación y sin el trabajo en equipo con el hombre, estaría condenado a sucumbir en las peores condiciones imaginables.

¿Sabe el parvo representante, el valor que agregan los caballos a la economía y el poder redistributivo de riqueza de la actividad ecuestre en Colombia y en todo el mundo?

Desconoce por completo que la industria del caballo no solo es, tal vez, el factor más eficiente de redistribución de riqueza concentrada a toda la cadena económica y de las clases más favorecidas a personas que gracias al caballo llevan una vida digna y prospera.

Ignora el atrevido representante que la actividad ecuestre o equitación, está presente en todos los países del mundo en materia de deportes ecuestres y de utilización de los equinos en toda suerte de labores y trabajos en el campo y en muchas ciudades.

Según la filosofía moderna de oportunismo político propio de los populismos actuales, lo que se pretende es evitar toda utilización de los animales por parte del hombre, en este caso bovinos, equinos, mulares y asnales al igual que de los caninos y ridículamente se prohíbe la exhibición de peces en acuarios y zoológicos que es donde los niños aprenden directamente sobre la belleza y la importancia de todas las especies que componen el reino animal.

Muchos ciudadanos de igual derecho le pedimos al representante explíqueme entonces; ¿si un ganadero compra un toro o un semental equino, no es el ganadero o propietario, sino el propio toro o el padrillo, el que define si puede cumplir con funciones reproductivas?

Cómo puedo entonces preguntarle al toro, a la vaca, al caballo o a la yegua, al burro o a la mula, si está de acuerdo o no con reproducirse, y dónde le consigno por ejemplo los réditos del semen o los embriones que se le congele o que se vendan, para pagar su manutención.

La humanización de los animales tiene un costo muy alto en materia del perjuicio que se le causa a los mismos animales y los seres humanos que trabajamos con animales.

Hablemos de la gran función que tiene el entrenamiento y trabajo de los caninos en nuestra sociedad

De las labores importantes de los caninos con las personas invidentes y minusválidos tampoco se entera el ignorante proponente.

Ignora, además, que vivimos en una era llena de narcotráfico y terrorismo en la cual los caninos le ayudan al hombre en rescates, prevención y combate de la violencia y los delitos de forma inconmensurable.

Ignora el legislador cuánto ayudan los perros en el campo, con el ganado, en la vigilancia, en la llamada de atención ante el peligro al humano, en el cariño que se forma entre el vaquero, el pastor, el vigilante y su perro.

Su agudeza de olfato, auditiva y sensorial nos supera. La educación de perros y guardias es algo que la propuesta también ignora de plano como las destrezas de los artes y deportes ecuestres, y la dificultad y las enseñanzas de vida que se envuelven tras la plasticidad de la tauromaquia.

La proposición denota la gran insensibilidad de quienes con la propuesta quieren pasar por seres sensibles, como todo lo de la retorica demagógica populista que se vale de la dialéctica inversa para engañar a la gente frente al deber ser y la realidad de las cosas en la vida real.

Con tristeza, hoy en día, con estas teorías inventadas con fines de obtener resultados mercaderístas en la política, no se logra nada positivo, nada diferente a ejercer de los humanos otra forma de violencia sobre otros seres humanos y sobre las especies animales con las cuales interactuamos, en el arte, el deporte o el trabajo.

viernes, 21 de febrero de 2020

Un sí radical por la vida

José Leonardo Rincón,S.J.

José Leonardo RincónEstos escritos semanales que comparto con mis amigos son pensamientos libres expresados en voz alta. Nunca han tenido la pretensión de ser artículos académicos. Son reflexiones informales, si se quiere coloquiales. No hablo oficialmente como sacerdote, ni soy vocero oficial de la compañía. De manera que lo que aquí digo es de mi única y total responsabilidad.  Algunos de ustedes, muy queridos, comparten con otros mis escritos en sus muros y algunos de los “extraños” que los leen pueden echar de menos un mayor rigor. Trato de hacerlo pero, repito, la pretensión es otra, simplemente abrir díalogos, generar preguntas, poner a pensar. Muchas gracias por entender de que se trata.


Esta semana he estado pensando que como seres humanos somos muchas veces incomprensibles. Excesivamente susceptibles y sensibles frente a algunos asuntos y totalmente indolentes e indiferentes frente a otros. Cada vez más, por ejemplo, nos hemos convertido en defensores y cuidadores de los animales. Les hemos dado tanta importancia que no toleramos su maltrato: ni en una corrida de toros, ni para que carguen cosas pesadas, ni que los hagan sufrir de múltiples modos. Son tan importantes que de mascotas han pasado a reemplazar a los hijos en los hogares. Son tan importantes que ya son sujetos de derechos. 

Lo que me llama la atención es que protestamos airadamente si algo malo les ocurre a estos seres, pero no nos conmueven los desechables callejeros, ni los niños que mueren por desnutrición, ni los líderes sociales que a diario asesinan en el país, ni los abortos por miles que truncan nacientes vidas. A los animales les dedicamos tiempo, ternura y un reconocimiento que muchas veces no tenemos con la muchacha del servicio, o con el celador del edificio o con alguno de los seres humanos con los que nos cruzamos todos los días. 

Me admira sobremanera que simultáneamente estemos pidiendo, por un lado, acabar con las ferias taurinas por ser un espectáculo grotesco de tortura de un pobre animalito y, por otro, presionando a la Corte Constitucional para que de vía libre al aborto sin las actuales tres restricciones. En el pasado reciente, del mismo modo defendemos enardecidos nuestro entorno ecológico, pero somos complacientes con asesinatos y masacres. Algunas autoridades guardan silencio impune con gente inocente asesinada pero salen a dar el pésame por la muerte natural de un narcotraficante que reconocía haber asesinado él mismo, por sí y por otros, más de tres mil personas.

Que dañen la naturaleza o abandonen un perrito, genera automática solidaridad en las redes, pero que destrocen un bebé de siete meses porque a la mujer se le dio la gana hacerlo, eso se llama libertad y autonomía. Estamos trastocados. Algo está mal. 

A pesar de que la mayoría de sus consejeros le pedía a Pablo VI ser más flexible frente a los métodos anticonceptivos, el santo padre se sostuvo en Humanae Vitae promoviendo los métodos naturales. Muy bonito como deber ser para un cristiano maduro y bien formado, pero no para la mayoría de la gente en el mundo. El no tener una buena educación sexual y el no ser responsables con el manejo de la sexogenitalidad han disparado los embarazos no deseados, que en la mayoría de los casos desembocan en abortos. 

Con todo respeto, pero no comparto esa ideológica posición de que la mujer hace con su cuerpo lo que quiere. Como quien dice, lo destruye con sexo, alcohol y drogas, lo maltrata, sega la vida que por descuido comenzó a gestarse dentro suyo y… eso está bien, es lo deseable, es lo correcto, mejor dicho, ¿no pasa nada? Claro, el problema también es masculino, de modo que debería castigarse severamente a los abusadores y los violadores que irrespetan el cuerpo de una mujer, o de una niña. 

La vida es sagrada y se respeta. Desde aquí me manifiesto con un SÍ radical por la vida. La del entorno natural qué hay que cuidar porque es nuestra casa, la de los animales cuya vida hay que preservar, pero sobre todo y primero que todo, la del ser humano, desde su gestación en el vientre materno hasta su envejecido estado terminal. Pobre o rico. Hombre o mujer. De derecha o izquierda. No hay vidas de primera y otras de segunda. Todas son importantes.