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jueves, 27 de febrero de 2020

Lavada de manos


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
No siempre las manos quedan limpias después de lavárselas, como ocurrió con las de Pilatos, que traigo a cuento porque la semana pasada las dos mayores autoridades del país, el presidente y el fiscal, sacaron sigilosamente el cuerpo a obligaciones ineludibles.

Los varios artículos de la Constitución que consagran la inviolabilidad de la vida, incluyendo el que dice que no habrá pena de muerte en Colombia, responden a los postulados de una civilización fundada en el Decálogo, contra la cual la exaltación del aborto como “derecho” resulta aberrante.

En buena parte del mundo, en los últimos años se viene imponiendo un dizque “nuevo orden”, en el que se destruye la familia con un entorno entre malthusiano y hedonista y se despenaliza el homicidio de los neonatos, mientras se prepara la aplicación universal de la eutanasia para quienes crucen determinada edad (como lo han insinuado con franqueza tanto Christine Lagarde como Shinzo Abe). La mayor parte de estos horrores ha sido impuesta contra el sentimiento popular, por parte de las “supremas” cortes de justicia, cooptadas por una habilísima neo-masonería transnacional, a cuya obediencia se someten las colombianas.

Oponerse a este nuevo orden exige creencias y valentía, porque se incurre en exclusión política y persecución mediática. Por eso, muchos optan por una actitud de “neutralidad”, que en el caso del doctor Duque se resume en aquello de que es creyente y provida, pero que no “minará la actuación de otras instituciones frente al aborto”, precisamente en el momento que el asesinato de Juan Sebastián ha despertado la indignación horrorizada de la inmensa mayoría de los colombianos, cuyo clamor será desoído mientras el campo abortista se refuerza con nuevos nombramientos, de ministro de salud y directora del ICBF herodianos, y con la solicitud de la Alcaldía de Bogotá para que se libere y despenalice hasta instantes antes del alumbramiento, y sentencia ad portas de la Corte Constitucional, para que se practique on demand hasta las 12 semanas…

Al lado de lo del aborto lo de la corrupción parece de menor entidad, pero la respuesta del flamante fiscal a la carta del expresidente Pastrana es inaceptable. En ella se le recordaba que no se puede seguir omitiendo la investigación de los sobornos de Odebrecht en la campaña de Juan Manuel Santos, a lo que el doctor Barbosa, verbal y groseramente, contesta diciendo que para él todas las cartas son iguales…, lo que nos hace temer que nunca haya sanción para el indigno expresidente, como jamás la hubo contra otro de los peores, Ernesto Samper.

La permanente usurpación de funciones y el habitual prevaricato por parte de la Corte Constitucional son cada día más descarados y tolerados por los otros poderes públicos, que se inclinan temerosos ante ella. En esas condiciones la autoridad suprema, en lo legislativo, judicial y administrativo, recae ahora en nueve personas sin mandato popular, que hacen y deshacen siguiendo un libreto infame, cuyo primer capítulo fue el de la famosa “dosis personal”, y que no se detendrá, ni con la “legalización” del aborto, ni con la proscripción de la objeción de conciencia, para lo cual, además de llevarse de calle los principios fundamentales de la Carta, desconocen la Convención de San José —obligatoria como Tratado internacional suscrito por Colombia—, que reconoce la inviolabilidad de la vida, desde la concepción hasta la muerte.

lunes, 3 de febrero de 2020

Un nuevo fiscal


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Para Colombia, es importante la figura del fiscal general de la nación, porque sin duda alguna la labor que realiza es vital para que la justicia opere en debida forma, justa y pronta. Su principal función es investigar y acusar a los presuntos responsables de haber cometido un delito a partir del sistema penal oral acusatorio implementado con la ley 906 de 2004.

Han pasado por allí como fiscales generales, figuras importantes de la vida pública colombiana, abogados prestantes, de reconocida gestión privada, pero que han tenido tropiezos y falta de credibilidad en su gestión precisamente por esa doble función de defender intereses privados en su momento y luego investigarlos como fiscal, lo que ha llevado a que en varias ocasiones se declaren impedidos en un caso particular.

El fiscal general, Francisco Barbosa, designado a finales de la semana pasada por la Corte Suprema de Justicia, de una terna que fue presentada por el señor presidente de la República, muestra ser un hombre independiente y de armas tomar al afirmar que “las decisiones en esta Fiscalía las tomaré yo, nadie más”, lo cual muestra carácter desde el inicio.

Este hombre, que asume esa responsabilidad, debe entender que está en juego la estabilidad del país, que una fiscalía que no actúe, no decida y no acuse rápidamente pone en jaque su credibilidad ante la ciudadanía.

No puede olvidar que, si bien tiene temas de urgencia que se presentan en el día a día, existen otros muy importantes procesos que tienen que ver con la corrupción, que genera grave detrimento patrimonial público y privado, la cual se da cuando los funcionarios públicos realizan acuerdos a cambio de resultados, al otorgar contratos, suspender procesos, etcétera, lo que origina sin duda alguna desestabilización institucional. Así van pasando los años y los procesos se quedan en los anaqueles de los despachos y no pasa nada. Entre ellos enumero algunos para que los lectores recuerden: Reficar, Odebrecht, desvió de recursos de la Universidad Distrital de Bogotá, tramado de corrupción en la Cuarta Brigada del ejército, en la Dian, captura de fiscal de la JEP, corrupción en Envigado y Barbosa, escandalo de las chuzadas, en el Fonade, delitos electorales, proceso contra Carlos Matos (Hyundai), alimentos escolares, la Triple A, Cartel del Sida, desfalco a Ecopetrol, Cartel de la Toga, escandalo en Colpensiones, y así, si continuamos llegamos a la conclusión que faltan por enumerar otros cien (100) casos que no han tenido final feliz, que están las investigaciones en curso, que ya no hay detenidos y que el dinero se perdió.

Eso es lo que el doctor Barbosa, nuevo fiscal, debe cambiar, que los procesos se terminen, lleguen a fallo, se genere confianza y así los bandidos ya sean congresistas, alcaldes, gobernadores o sus segundos y los privados se abstengan de proponer triquiñuelas para obtener pingües ganancias que afectan al país y a los ciudadanos que están ávidos de obtener una mejor calidad de vida.

Son varios los fiscales hombres y mujeres que han ocupado esta posición que al final del periodo no han logrado generar esa confianza entre ellos y la ciudadanía, no logran hilvanar ese hilo conductor que genere resultados y que los ciudadanos queden satisfechos; se la han pasado en titulares de prensa, detenciones, y poco resultado al final.

No califico a ninguno, ni hablo de ellos en forma personal porque al final del cuento el ser humano pasa y las instituciones quedan, y lo que hoy vemos de la fiscalía es que es un ente paquidérmico, que se debe trasformar y esperamos que el nuevo fiscal logre el cometido, Por ello, le deseo la mejor de las suertes porque si a él le va bien, a Colombia le va mejor.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Kafka, Swift y Álvaro Uribe


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Después de largas horas de indagatoria, el expresidente ha quedado vinculado a un juicio con proceso y denominación kafkianos: “Fraude procesal y soborno en concurso homogéneo y sucesivo”, ante una Sala de la Corte Suprema de Justicia, cuya Oficina de Escuchas, Interceptaciones y Grabaciones Ilegales, por “equivocación” intervino algún teléfono, pensando que era el de cierto representante chocoano, grabaciones que se iniciaron aun antes de que se decretasen.

Esos diligentes espías escuchaban voces, sin saber bien si eran del futuro investigado, esperando la orden judicial correspondiente…, pero seguían grabando y grabando, hasta que llegó la tal orden, y entonces, por admirable coincidencia se dieron cuenta de que habían interceptado al expresidente Uribe, que ese momento no estaba siendo investigado por nada, pero por si las moscas…¡lo siguieron grabando durante unas dos mil horas…!, y así continuaron las grabaciones, sin contradicción y sin verificación de la autenticidad de lo registrado.

De chiripa, pues aparecen estas, dizque “pruebas”, y a la Corte Suprema se le hacen legales porque venían buscando la manera de convertir al expresidente en sindicado, desconociendo la presunción de inocencia y todo debido proceso.

¡Eureka! Estas asombrosas e inauditas “casualidades” me hicieron recordar un pasaje de Alicia en el país de las maravillas, cuando la astuta Furia amenaza: “Seré el juez y también el jurado; y juzgaré la causa entera y te condenaré a muerte”.

Si cambiamos Furia por Corte y el País de las Maravillas por Colombia, queda descrito el juicio que espera al expresidente, porque él no está frente a “la fría neutralidad de un juez imparcial”, que predicaba Edmund Burke como principio fundamental, ni a los magistrados les interesa tampoco la sabia advertencia de Montaigne cuando dice: “Para juzgar asuntos grandes y altos, se requiere un alma similar, porque de lo contrario juzgamos con nuestro propio vicio” (Ensayos, Libro I, cap. 14).

Ahora bien, dos mil horas de grabación significan 83,23 días de 24 horas…, pero si las conversaciones interceptadas son 21.000, el doctor Uribe, en promedio, atendía 283 llamadas diarias (¡12 por hora diurna o nocturna!), explicable obsesión telefónica si solo estaba dedicado al “fraude procesal y soborno en concurso homogéneo y sucesivo”, descuidando su familia, su labor en el Senado, la conducción de su partido político y su reposo nocturno.

En este juicio debemos considerar el punto central: la imparcialidad de los jueces, ideal eterno que se resume en aquella máxima de que “La Ley no tiene corazón, y el juez que le presta el suyo, prevarica”. Imparcialidad exaltada por las Sagradas Escrituras, el Pretor romano y los filósofos de todos los tiempos desde los Padres de la Iglesia, pasando por Montesquieu y la Ilustración, hasta llegar a nuestros contemporáneos.

Pero, aunque siempre ha habido jueces prevaricadores y perversos, execrados desde el Salmo 81, el ideal de la justicia ecuánime y apolítica atenta solo al derecho, ha prevalecido, con excepción de las épocas más lamentables, cuando los jueces han sido convertidos en ejecutores de órdenes superiores de tipo político, actuando como instrumento de tiranías absolutistas o de movimientos revolucionarios de tipo totalitario.

Si esa tendencia fue notoria durante la Revolución Francesa, será inseparable de la praxis leninista, donde la justicia se convierte en herramienta esencial para asegurar el éxito de la revolución, porque esta da sentido a la historia.

Cuando se predica como principio de la vida política y social aquello de que “Todo dentro de la revolución; nada por fuera de ella”, se llega a la negación absoluta del derecho, la civilización y la democracia.

Para no ir más lejos, en Colombia las “Altas Cortes” y muchos jueces, cooptados por el partido comunista clandestino, siguen la recomendación aterradora de “Juzgad con odio”, proferida por el jefe comunista francés Maurice Thorez después de la Liberación.

Acusado de todos los delitos habidos y por haber, Álvaro Uribe ahora apenas lo será por uno solo…, pero delante de un tribunal que lo odia, comprometido además con la revolución, de lo que viene dando permanentes e inequívocas señales.

Por eso no me hago ilusiones sobre el resultado de ese proceso ante jueces escogidos, como dice Jonathan Swift, “entre los abogados más diestros, que se han hecho viejos habiendo sido toda su vida harto predispuestos contra la verdad y la equidad, y con tal necesidad de favorecer fatalmente el fraude, el perjurio y la traición”. (Viaje al país de los Jui Juins, cap. V)

lunes, 7 de octubre de 2019

Llegó la hora


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.Por más que uno trate de dilatar una cita crucial, posponerla, o buscar formas de no llegar a ella, tarde que temprano le llega el término y en muchas ocasiones o en casi todas, es mejor enfrentarlas de una vez, para evitar suspicacias y que así surjan los enemigos que buscan hacer daño y obtener lectores, raiting o cualquier otra forma efímera de ser conocidos.

Me voy a referir en esta oportunidad a la citación que la Corte Suprema de Justicia le efectuó al señor expresidente Álvaro Uribe, para ser escuchado en indagatoria donde es acusado por dos delitos: uno por falsedad y otro por compra de testigos.

Uno y otro no tienen asidero jurídico, los acusadores son todos bandidos o ex bandidos, asesinos en serie que masacraron a miles de personas en Colombia, que pagaron condena o aún la pagan, y que buscan vengarse del Expresidente que los extraditó. Este montaje es liderado por personajes nefastos que no le han aportado al país un solo proyecto o una idea para mejorar las condiciones de vida de nuestra gente, por el contrario, han buscado acabar con el Expresidente, porque no ha comido cuento y ha defendido con esmero y ahínco la democracia colombiana.

Miremos un poco hacia atrás, remontándonos al año 2002, fecha en que se inició el primer mandato del presidente. Ese mismo día lo intentaron matar, cayeron bombas sobre el Congreso donde se llevaba a cabo la posesión, dirigidas a ese objetivo por los guerrilleros de las FARC, quienes en otras nueve (9) ocasiones intentaron cegar su vida. No se amilanó, enfocó su accionar a derrotar al enemigo, a generar confianza, a buscar inversión extranjera para crear fuentes de trabajo, empresas y así desarrollar un nuevo modelo de país, orgulloso, confiado y sin miedo.

Los resultados se fueron dando rápidamente; nosotros los ciudadanos volvimos a salir por las carreteras, se obtuvo seguridad y se combatió con fuerza y determinación a la guerrilla.

También fue el único que sometió a negociación a las autodefensas, con quienes firmó el acuerdo de Santafé de Ralito que permitió que cesara el conflicto con ellos; algunos pagaron condena y los que siguieron delinquiendo desde la cárcel fueron extraditados.

Ha sido el único que combatió con éxito a las fuerzas generadoras de violencia, muerte e infamia, y hoy, después de esa lucha, se ve acosado por esas mismas fuerzas amparadas en la legalidad.

Dudas tengo de un juicio justo, sin pasiones y fundado en razones. Es difícil esperar que la verdad triunfe cuando son los bandidos, los condenados, los que cometieron crímenes sean los testigos contra el Expresidente, pero, como abogado que soy, aspiro a que la luz de la verdad prospere y cesen los atropellos.

Ese debate hay que darlo de una vez por todas, tiene argumentos, fuerza jurídica, y la verdad a su favor. No duda nadie que es una persecución política mediática de dos o tres personajes que tienen una obsesión contra el presidente y lo quieren ver derrotado.

La prensa, los jóvenes menores de 25 años que son desconocedores de la historia y movidos por la desinformación, un periodista de revista bogotana y un senador de izquierda, qué harán cuando salga absuelto el Expresidente. Supongo que tendrán que buscar otra infamia para seguir despotricando del país.

Esperemos con intranquilidad, el 8 de octubre, que la indagatoria se realice y que allí los honorables magistrados investigadores no se equivoquen y emitan una orden de captura, que además de injusta es innecesaria… el Expresidente jamás se rinde y menos evade sus responsabilidades.