Luis Alfonso García Carmona
Nos quedamos “con
los crespos hechos” quienes aspirábamos a presenciar un debate entre los dos
candidatos a la Presidencia con reales opciones de alcanzarla, para que
expliquen a los electores sus respectivos programas de gobierno o, por lo
menos, el modelo de país que ofrecen.
Así se desprende de
la negativa del señor Iván Cepeda a dar la cara a un debate presencial con su
rival, Abelardo de la Espriella. Debemos conformarnos con la búsqueda en los
antecedentes y las manifestaciones de los contendientes para sustituir el “cara
a cara” usual en las elecciones.
Aparte de boletines
plagados de palabras vacías, frases de cajón y trasnochadas consignas del
comunismo que en ninguna parte del mundo han conducido al desarrollo de las
naciones, poco se conoce sobre los puntos concretos del candidato Cepeda.
En El País / 50 le
formulan la siguiente pregunta: ¿cómo imagina un
Gobierno de izquierda en 2026?, a la cual responde: “La base de
mi planteamiento político es el programa de este Gobierno. Lo primero es que
partiría de las lecciones aprendidas de este Gobierno. Al
anunciar mi precandidatura planteé que quisiera escuchar atentamente a las
organizaciones sociales, a los ciudadanos, incluso a la oposición. Hay
algunas falencias evidentes, como por ejemplo la corrupción y escándalos
como el de Olmedo López en la Unidad de Gestión del Riesgo. Yo no soy amigo de
la demagogia, de decir ‘habrá cero corrupción’ en un Estado tan corroído
como el nuestro, pero sí tiene que haber un esfuerzo muy claro y preventivo
para atacarla. Dicho eso, habrá continuidad de lo bueno, que no creo que sea
poco”.
Se concluye de tan
breve respuesta lo siguiente:
a. El programa de
gobierno de Cepeda se basa en su pensamiento político, que no es otro que el
comunismo que ha estudiado y promovido durante toda su existencia. Lógico es
presuponer que su gobierno se basará en los principios de esta funesta doctrina
que se ha impuesto a través de la barbarie y ha sumido a muchos pueblos en la
esclavitud, la ignorancia, el hambre y el atraso durante varias décadas. Basta
con repasar la historia de los países de la cortina de hierro en Europa, Corea
del Norte y China en Asia, o los latinoamericanos Cuba, Venezuela, Bolivia o
Nicaragua.
b. Va a partir Cepeda
de las lecciones del presente Gobierno. Aprestémonos a soportar la
milicianización del país iniciada por Petro, que continuará Cepeda incorporando
a la fuerza pública todos los efectivos de las FARC como ya lo anunció; el
totalitarismo de Estado que propugna el comunismo se implementará a través de
la Asamblea Constituyente cuyo tramite ya inició Petro y será la encargada de
convertir a Colombia en otra esclava del neocomunismo; el Congreso será
liquidado y convertido en una Asamblea genuflexa ante el régimen, tal como
ocurrió en Venezuela durante 26 años; con la rama judicial y los organismos de
control sucederá algo parecido ya que desaparecerán para dejar un solo tribunal
del pueblo con el objetivo de perseguir a todo el que se oponga al régimen o se
sospeche de su deslealtad como sucede en todos los países comunistas; desaparecerá
la libre empresa y la propiedad privada pues los medios de producción quedarán
en poder del Estado todopoderoso, mientras el campo será expropiado y manejado
mediante un proceso de colectivización que sólo generará miseria y hambruna; la
patria potestad de los hijos pasará al Estado, como ya lo anunció el actual
Ministro de Salud; desaparecerá la familia y se promoverá como política de
estado el cambio de sexo, la ideología de género y el asesinato de los bebés en
el vientre materno sin límite alguno; los hijos se educarán sin principios ni
valores y no tendrán futuro diferente al de servir como esclavos a la causa
comunista; la salud colapsará siguiendo las lecciones aprendidas de este Gobierno
que ya ha adelantado la destrucción del sistema y el robo de sus recursos;
todas las formas de lucha serán puestas en marcha para perpetuar la revolución
marxista-leninista contra la voluntad de los colombianos, pues así lo enseña la
cartilla comunista del candidato.
Como contraparte de
este modelo, Abelardo de la Espriella. en formas profusa y detallada, ha
convocado a todos los colombianos, con excepción de los cómplices de Petro y Cepeda, para que
votemos masivamente por un programa de gobierno inspirado en los valores
fundacionales de nuestra Patria, en los principios universales de la civilización
como la democracia y el Estado de derecho, en el mensaje evangélico de Nuestro
Señor Jesucristo y en el propósito de trabajar, dentro de la Constitución y la
Ley, por la seguridad de los colombianos, por el castigo al crimen, por la
abolición del narcotráfico, por la guerra contra la corrupción, por la
recuperación del sistema de salud, por la generación de empleo a través de la
promoción del sector empresarial, por una educación moderna que prepare a los
jóvenes para el emprendimiento y los forme como honestos ciudadanos y contra la
destrucción de la familia. Nos invita a la defensa de la Patria y a la
salvación de Colombia, trabajando por la actualización de nuestra
infraestructura para generar empleo y facilitar nuestro desarrollo, la
reducción del tamaño del Estado y la supresión de gastos superfluos, la
descentralización de las regiones, el refuerzo y la motivación de la fuerza
pública, la modernización del sistema carcelario para garantizar la seguridad y
evitar que sigan siendo centros de planeación de la criminalidad.
En suma, es un
programa de gobierno y un modelo económico que garantiza el bien común de los
asociados y nos proyecta hacia el milagro económico. Su contenido no puede ser
catalogado como de extrema derecha, como tratan de calificarlo los enemigos de
la Patria, pues son soluciones a las necesidades sentidas del pueblo, que hemos
estado esperando desde hace varias décadas.
Es la hora de que
cada uno de nosotros se pregunte: ¿Cuál de estos dos modelos es el que le
conviene al país?
¿Vamos a
desperdiciar esta última oportunidad para conservar la democracia y dejar un
mejor país a nuestros descendientes?
¿Podemos darnos el
lujo de seguir jugando a la sucia politiquería con la multitud de precandidatos
obsesionados con llegar a la Presidencia sin tener respaldo popular o con
obtener jugosas sumas del presupuesto por reposición de votos?
¿No has comprendido
aún que nos llegó la hora de las definiciones y debemos hacer este pequeño
sacrificio por Colombia?
¿No crees que el
peligro que se avecina es catastrófico y que bien vale la pena ceder un poco en
tus preferencias personales en favor del bien común?
