Mostrando las entradas con la etiqueta Medios de comunicación. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Medios de comunicación. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de junio de 2026

¿Neutrales contra quién?

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

El comportamiento de los medios colombianos me hace recordar la pregunta de Winston Churchill sobre Irlanda, durante la guerra: ¿neutral contra quién?

Una cosa es que los medios deban ser veraces y objetivos, y otra bien diferente la simulación, tanto de lo uno como de lo otro. Siguiendo la falacia de que todas las opiniones son respetables, han elaborado una cierta “neutralidad” acomodaticia y clandestina, que llega incluso a una productiva complicidad, especialmente en sus relaciones con los poderes públicos.

Desde luego, entre dos posiciones respetables, los medios deben informar con verdad e imparcialidad a sus lectores, suscriptores y oyentes, lo que es bien diferente de la neutralidad entre posiciones que moralmente exigen tomar partido.

No estoy reflejando una actitud de tipo moral o religioso, obligatoria para los creyentes, porque quiero referirme apenas al ámbito de la política donde —como lo explicó didácticamente De la Espriella a una periodista sesgada— no siempre lo legal coincide con lo moral y ético.

Cuando se trata, por ejemplo, de la defensa del orden constitucional, los medios no pueden ser neutrales entre quienes defienden la concepción del Estado de derecho y aquellos que se comprometen con la abolición violenta del orden legítimo, para imponer la revolución comunista.

En Colombia, temas fundamentales como la inviolabilidad de la vida, el cumplimiento de la Constitución, la defensa de la propiedad privada, el imperio de la seguridad ciudadana, el monopolio estatal de la fuerza, la preservación de un modelo económico racional, etc., no se discuten entre opiniones sólidas y respetables. Por el contrario, la controversia se motiva desde puntos de vista políticos o de conveniencia económica. Las conductas más reprobables escapan a la censura de los opinadores profesionales, y las iniciativas más perjudiciales se tratan como meros asuntos de trámite rutinario. Por ejemplo, los partidos de extrema izquierda revolucionaria son contemplados como opciones válidas dentro de una óptica dizque “pluralista”, omitiendo su carácter nefasto y destructor de todo lo perfeccionable que el país ha construido en siglos.

Los gringos hablan de hawks and doves para referirse al contraste entre quienes participan en debates. Así opera la “neutralidad” de nuestros medios, donde para la promoción de las iniciativas más dañinas, escogen buitres, gallinazos y gavilanes de extrema izquierda, con el fin de enfrentar débiles golondrinas… para, de esa manera, desorientar, en especial esas teleaudiencias que no tienen conocimiento profundo de ningún asunto y todo lo oyen en el sopor de quien oye llover después de cenar.

Ahora bien, un electorado al que hacen creer que el ideólogo de la subversión y candidato de las guerrillas es un caviloso filósofo y defensor de los derechos humanos, acaba aceptando un monstruo de odio, resentimiento y fanatismo como candidato normal y posible presidente.

No es el momento de citar los centenares de casos en los que la neutralidad de los medios equivale a prender una vela a Dios y otra al diablo, conduciendo a la desinformación generalizada, a la indiferencia mental y al conformismo que ha hecho posible que todo un país tolere cuatro años de corrupción e infamia.

En ese clima deletéreo van a transcurrir los próximos y definitivos veinte días, bajo un gobierno criminal, dispuesto a desconocer los resultados electorales. Y si Petro, finalmente da su ansiado autogolpe, no faltarán aves carroñeras, capaces de defender el aplazamiento de los comicios y la constituyente que vendrá “para que sean posibles unas elecciones libres”.

¡Con tales medios masivos, antes no nos ha ido peor!

martes, 20 de septiembre de 2022

De cara al porvenir: la objetividad

Pedro Juan González Carvajal
Pedro Juan González Carvajal*

Nuestra cultura latina tropical, con sangre caliente y llena de emotividad, dificulta el que expresemos nuestras opiniones sin apasionamientos, que podamos comentar sin juzgar y que no nos convirtamos en defensores o acusadores de oficio de personas e instituciones.

Obviamente, partiendo de la hipótesis ingenua de que, para expresar nuestras opiniones, sabemos de qué estamos hablando, tenemos buenas fuentes de información, y obviamente, criterio para analizar y fijas posiciones.

La democracia nos permite, hasta el momento, que expresemos libremente nuestras opiniones favorables o desfavorables con respecto a las actuaciones de aquellos que son visibles en el mundo público, pasando por políticos, miembros de la farándula en cualquiera de sus expresiones y personajes cuyas decisiones y comportamientos de alguna manera impactan en mayor o menor medida nuestro paso por la realidad.

Es por lo menos simpático que, ante cualquier actuación de un personaje público, inmediatamente, en tiempo real, los acusadores de oficio salgan a denigrar del acontecimiento y de su ejecutor y los defensores de oficio salgan también en menos de lo que canta un gallo, a defender la postura de su defendido independientemente de la razonabilidad o de la existencia de argumentos reales y fundamentados.

Ni qué decir de la velocidad para construir memes y poner a circular chistes y opiniones sesgadas a favor o en contra del personaje y del acontecimiento de turno.

Esta inocultable capacidad de responder con alguna pizca de humor ante los acontecimientos que en Colombia se producen a borbotones, hace parte de nuestro llamado “humor criollo”, que deviene finalmente en “mamadera de gallo” y en la mayoría de los casos en el llamado “importaculismo”.

Otro atenuante a este comportamiento es la inocultable tendencia de algunos personajes que por acción o por omisión, “dan papaya” de manera continuada, y ahí sí, pues no hay nada que hacer.

Lo que sí es claro es que, como en el cuento del “pastorcito mentiroso”, estos opinadores fanáticos y a ratos hasta envenenados, finalmente van perdiendo toda credibilidad, y solo quedan siendo apoyados por otro reducido grupo de fanáticos, amigos o enemigos de aquellos que son objeto de sus ataques o defensas.

La crítica documentada y respetuosa es una manera civilizada de contribuir a la construcción de un entorno mejor.

Si a la desinformación le agregamos la mala educación y hasta la vulgaridad, pues entonces no estaremos hablando del ejercicio de la libre expresión sino de conversaciones o discusiones entre verduleras.

Otro aspecto a nivel de medios de comunicación sería la búsqueda incansable del bendito rating, por el cual muchas veces se negocian o trastocan valores y principios, haciendo caer en lo más bajo, el alto nivel del llamado “cuarto poder”.

Mientras el esquema funcional de gobierno-oposición en el ámbito político de una verdadera democracia no se implemente, las opiniones individuales no pasarán de ser disparos al aire.

lunes, 17 de febrero de 2020

Palabras de la vicepresidenta de Colombia

Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Realmente es increíble, pero, todo, todo lo que dicen los funcionarios del gobierno, los empresarios, los ciudadanos del común se convierte en problema, en críticas, interpretaciones y obviamente en debate que dura toda la semana o hasta que surja algún tema espinoso en la opinión pública a través de los noticieros o los periodistas.

Conocimos del resultado horrible de la entrevista de la periodista de Semana, con el jefe de prensa del palacio, y luego, cuando se bajaron un poco los ánimos se lanzan en ristre contra la señora vicepresidenta de Colombia por decir que para las mujeres existen otras carreras profesionales diferentes a la psicología y sociología, que generan posiblemente más ingresos. Se abrió la discusión sin analizar el contexto de las palabras y lo que había en el fondo de lo expresado.

Considero que, si le damos una mirada tranquila a sus palabras, está diciendo: mujeres de Colombia, ustedes son capaces, inteligentes, y pueden aportar más aun a nuestro país estudiando fuera de esas carreras otras como ingenierías, que son valiosas, requeridas y pueden obtener más ingreso.
   
Nosotros los abogados, cada rato escuchamos que existen demasiados abogados, que se deben limitar tantas facultades de derecho, que no salgan promociones por lo menos en un determinado periodo, y esas palabras no son ofensivas, ni se pueden tomar como el inicio de una guerra contra esa profesión. Debemos analizar el contexto, mirar si en algunas partes del país se requieren tantas facultades y eso no es malo, es el resultado de una realidad e inquietud de buena fe.

No debemos olvidar que hoy la educación técnica y tecnológica es muy importante, requerimos de personas con conocimientos y habilidades en distintos artes que contribuyan a desarrollar las ciudades pequeñas, los municipios de nuestra tierra, que son 1.204 y que la mayoría de ellos desciende en su número de habitantes. Allí, en esos lugares, debemos tener profesiones que tengan un verdadero beneficio para esas regiones, es decir educar con pertinencia.

Nadie está en capacidad de descalificar profesiones, carreras profesionales o especializaciones, maestrías o doctorados, cada cual estudia lo que le nace. Ya pasaron aquellas épocas en las que los padres decidían a dedo qué estudiaba cada hijo, quién sería cura y quién monja, estamos en la época del libre discernimiento, pero ello no conlleva a que se impida dar opiniones, que buscan es hacer pensar y abrir horizontes.

Invito a que bajemos los ánimos, las discusiones sin sentido que generan rechazo, y se pierde el norte de lo que se quiere realmente decir porque se centra el debate en la forma y no en el fondo.

Ayudemos a debatir, a analizar el país y construirlo con una mirada positiva, no basados en el conflicto y la ofensa.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Silenciar al que piensa distinto


José Leonardo Rincón, S. J.*

José Leonardo Rincón Contreras
Por naturaleza somos esencialmente diferentes, diversos. Dios no nos hizo clones. En consecuencia, lo obvio es que veamos las cosas de manera diferente, que pensemos distinto y eso para mí nunca ha sido problema. Desde pequeño me enseñaron que debía expresar lo que pensaba, saber que en las relaciones con otros habría puntos divergentes y que debería haber respeto por el otro ya fuese de otro sexo, edad, creencia religiosa, color de piel, orientación política. Es más, me dijeron que eso era ser realmente católico. La vida pronto me enseñó que una cosa era ese deber-ser, y otra, la cruda realidad. Si algo sorprende de nuestra condición humana es la creciente intolerancia frente a la diferencia.

En ese sentido me preocupa el asesinato sistemático de los llamados líderes sociales. Me preocupa el cierre de los medios de comunicación abiertamente críticos al régimen de turno. Me preocupa el anuncio de la cadena radial que no permite que sigan hablando columnistas que se expresaron en contra del gobierno.

Por estos días hemos recordado al nefasto narcotraficante que dinamitó El Espectador porque lo denunció como tal, ese mismo que dio la orden de asesinar a Guillermo Cano, su director; el mismo que mandó matar a Luis Carlos Galán, el candidato presidencial más opcionado, porque le declaró abiertamente la guerra a su maquinaria de destruccion y de muerte. Ese nefasto señor de la mafia que todo lo solucionó a punta de bala derramando ríos de sangre de policías, jueces, funcionarios honestos que nunca aceptaron sus sobornos.

Parece increíble, pero eso que hizo la mafia del narcotrafico, a veces con los mismos medios, a veces con otros, lo han hecho varios grupos: como los reconocidos grupos económicos que deciden asfixiar periódicos, noticieros y revistas porque en su trabajo periodístico evidencian corrupción y malos manejos. Grupos de derecha que mandan eliminar a todo lo que le huela a izquierda, como al humorista político Jaime Garzón, porque nos hacía reír pensando al denunciar frenteramente las malas actuaciones de los políticos. Grupos guerrilleros que convirtieron en lucrativo negocio extorsionar, secuestrar, dinamitar la infraestructura y traficar con droga. Grupos delincuenciales armados que sembrando el terror y la muerte desplazan centenares de familias campesinas para apropiarse de sus tierras. Son grupos, frente a los cuales ha habido personas que los inspiran y animan. Están aquí, pero están en el resto del mundo. Ayer y hoy. Aparentemente distintos, pero en el fondo son la misma desgracia, llámense Nerón o Calígula, Hitler, Stalin, Hussein, Bush, Khadafy, Castro o Chávez, Maduro, Bolsonaro, Ortega o Trump ahora. Sus perfiles se mueven entre locos y payasos. Se sienten los dueños del mundo y hacen con él lo que se les viene en gana. ¡Oye! ¿A dónde vamos a parar?

Lo grave es que no aprendamos de la historia y vayamos como el cangrejo. A algunos les interesa volver al pasado: la guerra, los secuestros, el terrorismo, la inseguridad, el desempleo, la incertidumbre económica, la inestabilidad jurídica, la zozobra y el estrés permanente. Nos asustaron diciéndonos que nos íbamos a volver otra Venezuela si votábamos por el otro, pero lo que no nos dijeron era que ellos también lo harían de todas maneras, con métodos parecidos. Son perversos. Allí está el capital político que habían perdido y sus mejores socios, sus verdaderos aliados, son los que parecían ser del polo opuesto, pero también echaban de menos su lucrativo negocio. Unos y otros son la misma cosa. Y cuando se reactive la guerra, unos y otros no van a mandar a la guerra a sus hijos o a sus nietos. No. Los tendrán estudiando en las mejores universidades europeas. Mandarán a la guerra, como carne de cañón, a los pobres, los paganinis de siempre en toda esta desgracia.

Seguimos siendo un país enfermo. Las redes sociales, por ejemplo, se han convertido en el grotesco escenario para ventilar toda clase de mezquindades. Eso me tiene entre mareado y perplejo, porque no sé si esos medios son una propicia tribuna para la libre expresión o la cloaca donde se arroja todo el odio reprimido, letrinas donde van a escupirse toda clase de porquerias, verdaderas ollas donde se cocinan rencores, excepcionales plataformas de lanzamiento hacia una guerra civil.

Cómo será su poder efectivo que uno mismo ha debido “eliminar” (¡vaya palabrita!) algunas de las así llamadas amistades en Facebook o “bloquear” dizque seguidores en Twitter no porque le hayan hecho saber que piensan distinto, sino por la forma agresiva y ofensiva como lo hicieron. Que pensemos distinto, vaya y venga, pero que se haga con mentiras, calumnias, ironía, agresividad y violencia, de ninguna manera uno tiene por qué dejarse ofender así. Abundan las personas tóxicas, envenenadas, nocivas, contaminantes que causan malestar y franca repulsión, como la grotesca señora que se despacha con toda clase de vulgaridades contra el hijo del expresidente quien, valga decirlo, sorprendió por su mesura, al no ponerse al mismo nivel de quien lo provocaba con tamaña retahíla de insultos y ofensas. Pero no todos reaccionan igual frente a las groserías de todo calibre que se profieren contra y entre expresidentes, exalcaldes, candidatos, funcionarios actuales o “ex”.

¿Silenciar al que piensa distinto o aprender a debatir con razones y argumentos? Nadie tiene la verdad completa en una realidad tan compleja como la que nos ha tocado vivir. Si al menos pudiésemos escucharnos con atención y respeto, si hiciésemos el esfuerzo empático por tratar de ponernos en los zapatos del otro y entenderlo… efectivamente podríamos ser el mejor país del mundo, porque sumaríamos y multiplicaríamos y no restaríamos y dividiríamos. Desde la cuna, desde el pupitre, desde el púlpito o desde donde estemos ¡vale la pena hacerlo!