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jueves, 11 de junio de 2026

La terquedad de creer que esta vez sí

Fredy Angarita
Fredy Angarita

En este momento es difícil no hablar de la situación del país y de la campaña electoral que estamos viviendo. Estamos divididos, juzgándonos unos a otros. Desde que me interesan los procesos democráticos, no recuerdo haber visto uno como el actual.

Crecí con la idea de que los políticos colombianos parecían haber aprendido una vieja lección de los romanos: "Pan y circo para el pueblo" (panem et circenses).

Quizá por eso siempre me llamó la atención una coincidencia recurrente. Cuando el país debía tomar decisiones importantes en el ámbito político, muchas veces estas parecían coincidir con los Juegos Olímpicos o Mundiales de Fútbol. Durante años, eso alimentó el mito de que el entretenimiento servía para distraer a los ciudadanos de los asuntos verdaderamente importantes.

Hoy lo llamo mito porque no creo que la FIFA piense en la distracción de los colombianos cuando organiza un mundial. Sin embargo, la coincidencia existe y vale la pena recordarla.

Año

Presidente electo

1958

Alberto Lleras Camargo

1962

Guillermo León Valencia

1966

Carlos Lleras Restrepo

1970

Misael Pastrana Borrero

1974

Alfonso López Michelsen

1978

Julio César Turbay Ayala

1982

Belisario Betancur Cuartas

1986

Virgilio Barco Vargas

1990

César Gaviria Trujillo

1994

Ernesto Samper Pizano

1998

Andrés Pastrana Arango

2002

Álvaro Uribe Vélez

2006

Álvaro Uribe Vélez

2010

Juan Manuel Santos Calderón

2014

Juan Manuel Santos Calderón

2018

Iván Duque Márquez

2022

Gustavo Petro Urrego

2026

?

En total, diecisiete elecciones presidenciales colombianas han coincidido con años mundialistas, desde 1958 hasta 2026.

Desde 1994 hasta 2018, las segundas vueltas presidenciales se realizaron prácticamente al mismo tiempo que la fase de grupos o los primeros cruces de los mundiales. En 2026 vuelve a ocurrir: la eventual segunda vuelta presidencial se celebrará el 21 de junio, en pleno mundial.

Si se observan las campañas presidenciales que coincidieron con los mundiales, aparece una especie de evolución simbólica:

• Entre 1958 y 1986 se votaba principalmente por el partido.

• Entre 1990 y 2002 se votaba contra el miedo.

• Entre 2006 y 2018 se votaba por la imagen del líder.

• Entre 2022 y 2026 se vota por relatos, emociones y algoritmos.

Después de hacer este pequeño recorrido, me doy cuenta de que la campaña actual es una de las más desgastantes a nivel social. No solo por las propuestas o los candidatos, sino por los relatos que construye, las emociones que despierta y los algoritmos que amplifican cada discusión.

Todos nos estamos dividiendo. Al fin y al cabo, es algo que nosotros mismos hemos construido.

Mientras tanto, el país sigue mirando dos pantallas: una donde rueda un balón y otra donde se disputa el poder. En ambas se promete la victoria. En ambas se alimenta la esperanza colectiva. Y en ambas, cada cuatro años, millones de colombianos terminan preguntándose si esta vez sí cambiará el resultado.

Entonces recuerdo una frase de José Eustasio Rivera en La Vorágine:

"¿No crees, Alicia, que vamos huyendo de un fantasma cuyo poder se lo atribuimos nosotros mismos? ¿No sería mejor regresar?"

A veces pienso que esa pregunta sigue vigente.

Porque en Colombia, cada cuatro años, se cruzan dos rituales colectivos capaces de movilizar emociones masivas: la esperanza política y la pasión futbolera. Mientras unos votan por el futuro del país, otros miran una pantalla esperando un gol.

Tal vez el verdadero punto de encuentro entre las elecciones y los mundiales no sea el calendario.

Es la esperanza, esa terquedad tan colombiana de creer que el próximo gobierno sí resolverá lo que los anteriores no pudieron. La misma que nos hace pensar que el próximo partido sí terminará en celebración. Y aunque la historia nos obligue a ser prudentes, cada cuatro años volvemos a intentarlo. Quizá porque un país también se construye con sus esperanzas. Incluso con aquellas que nunca llegan a cumplirse.

 

miércoles, 3 de junio de 2026

¿Neutrales contra quién?

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

El comportamiento de los medios colombianos me hace recordar la pregunta de Winston Churchill sobre Irlanda, durante la guerra: ¿neutral contra quién?

Una cosa es que los medios deban ser veraces y objetivos, y otra bien diferente la simulación, tanto de lo uno como de lo otro. Siguiendo la falacia de que todas las opiniones son respetables, han elaborado una cierta “neutralidad” acomodaticia y clandestina, que llega incluso a una productiva complicidad, especialmente en sus relaciones con los poderes públicos.

Desde luego, entre dos posiciones respetables, los medios deben informar con verdad e imparcialidad a sus lectores, suscriptores y oyentes, lo que es bien diferente de la neutralidad entre posiciones que moralmente exigen tomar partido.

No estoy reflejando una actitud de tipo moral o religioso, obligatoria para los creyentes, porque quiero referirme apenas al ámbito de la política donde —como lo explicó didácticamente De la Espriella a una periodista sesgada— no siempre lo legal coincide con lo moral y ético.

Cuando se trata, por ejemplo, de la defensa del orden constitucional, los medios no pueden ser neutrales entre quienes defienden la concepción del Estado de derecho y aquellos que se comprometen con la abolición violenta del orden legítimo, para imponer la revolución comunista.

En Colombia, temas fundamentales como la inviolabilidad de la vida, el cumplimiento de la Constitución, la defensa de la propiedad privada, el imperio de la seguridad ciudadana, el monopolio estatal de la fuerza, la preservación de un modelo económico racional, etc., no se discuten entre opiniones sólidas y respetables. Por el contrario, la controversia se motiva desde puntos de vista políticos o de conveniencia económica. Las conductas más reprobables escapan a la censura de los opinadores profesionales, y las iniciativas más perjudiciales se tratan como meros asuntos de trámite rutinario. Por ejemplo, los partidos de extrema izquierda revolucionaria son contemplados como opciones válidas dentro de una óptica dizque “pluralista”, omitiendo su carácter nefasto y destructor de todo lo perfeccionable que el país ha construido en siglos.

Los gringos hablan de hawks and doves para referirse al contraste entre quienes participan en debates. Así opera la “neutralidad” de nuestros medios, donde para la promoción de las iniciativas más dañinas, escogen buitres, gallinazos y gavilanes de extrema izquierda, con el fin de enfrentar débiles golondrinas… para, de esa manera, desorientar, en especial esas teleaudiencias que no tienen conocimiento profundo de ningún asunto y todo lo oyen en el sopor de quien oye llover después de cenar.

Ahora bien, un electorado al que hacen creer que el ideólogo de la subversión y candidato de las guerrillas es un caviloso filósofo y defensor de los derechos humanos, acaba aceptando un monstruo de odio, resentimiento y fanatismo como candidato normal y posible presidente.

No es el momento de citar los centenares de casos en los que la neutralidad de los medios equivale a prender una vela a Dios y otra al diablo, conduciendo a la desinformación generalizada, a la indiferencia mental y al conformismo que ha hecho posible que todo un país tolere cuatro años de corrupción e infamia.

En ese clima deletéreo van a transcurrir los próximos y definitivos veinte días, bajo un gobierno criminal, dispuesto a desconocer los resultados electorales. Y si Petro, finalmente da su ansiado autogolpe, no faltarán aves carroñeras, capaces de defender el aplazamiento de los comicios y la constituyente que vendrá “para que sean posibles unas elecciones libres”.

¡Con tales medios masivos, antes no nos ha ido peor!

martes, 2 de junio de 2026

Lo que descubrimos con los resultados electorales

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Ha ganado Colombia. Hemos ganado todos los colombianos, aún los que no votaron por Abelardo, pero que vivirán en un país mejor, con más oportunidades para todos si se confirma este resultado el próximo 21 de junio.

Lo primero que descubrimos fue el nacimiento, por primera vez, de un movimiento popular, no maquinado en los lujosos salones de la capital, sino en las calles y plazas de todas las regiones. No se trata de una “empresa electoral” como tantas que se forman para llevar un grupo de amigos al poder y desde allí repartirse lo que pueden del presupuesto, la nómina y las prebendas del Estado. Defensores de la Patria, por el contrario, es la expresión multitudinaria de un pueblo hastiado de la explotación sufrida bajo el yugo de anteriores gobiernos, exacerbada a límites imposibles de soportar en el régimen actual.

No podía haber surgido este fenómeno en nuestra historia política sin la sabia conducción de su líder, Abelardo de la Espriella. Logró llegar al corazón de las gentes con su lenguaje directo, con la explicación de sus propuestas sin concesiones a lo que se conoce como “políticamente correcto”, con su inteligencia excepcional para sortear las dificultades y controvertir a sus oponentes, con su ejemplo de vida dedicada a su familia, a la defensa de sus creencias, y su exitosa experiencia en la administración empresarial.

Se destapó sin ningún rubor el maquiavélico propósito del régimen de perpetuarse en el poder para convertir a Colombia en otro país esclavo del comunismo. Para ello se eligió, como heredero de Petro, a Iván Cepeda el amigo y colaborador de las FARC; se dedicaron a saquear los fondos de Estado y a contratar toda clase de empréstitos para financiar la compra de votos. Tanto el presidente como sus ministros y funcionarios regionales del Pacto Histórico se han dedicado descaradamente a hacer política en favor del heredero. Nunca se había presenciado un derroche igual de corrupción y de malversación de dineros públicos con fines electorales. Paralelamente, los grupos guerrilleros, aliados del Gobierno, pues este los ha beneficiado con la falaz política de la “paz total”, se han encargado de tomarse gran parte del territorio nacional hasta el punto de que allí, ningún candidato diferente a Cepeda puede entrar ni hacer difusión de sus propuestas. La población ha sido amenazada para que vote por el candidato de los narcoguerrilleros. Cada votante debe tomar foto a su voto antes de depositarlo en la urna para demostrar que está cumpliendo con el constreñimiento.

Se ha librado la batalla más difícil para la democracia en Colombia. Un movimiento que arrancó con el grito desesperado de “fuera Petro” en los estadios y calles de Colombia tuvo que convertirse en pocos meses en la primera fuerza política del país, en contra de los desvalorizados partidos políticos, los grandes capitales, los medios de comunicación, la maquinaria oficial, los grupos de narcotraficantes y un sector de colombianos que no comprendieron inicialmente todo lo que se juega Colombia en esta elección.

Pudo más el tesón de Abelardo, a quien todos conocen ahora como “el tigre” y la pasión patriótica de 10.000.000 de compatriotas dispuestos a jugárselo todo por esta Patria que nos pidió ayuda en sus horas más oscuras. El macabro plan de Petro fracasó. Contaba con derrotar a la democracia colombiana en la primera vuelta, pero algo se interpuso en su torvo camino. Estoy seguro de que fue la mano del Creador y la protección de la Santísima Virgen María. Es hora de que empecemos a orar por este rayo de esperanza que el amor divino nos ha enviado. Una prueba más de que este es el único amor eternamente fiel, que jamás nos desamparará. Pidamos también para que su obra de amor concluya con la derrota de la amenaza inminente del comunismo en la segunda vuelta.