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miércoles, 31 de enero de 2024

De cara la porvenir: obras y más obras

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal

Cuando hablamos de Antioquia, hablamos de un todo que contiene al Valle de Aburrá y a su capital Medellín, es decir, 125 municipios, incluido el Distrito Capital, ubicados en 9 subregiones, donde estamos en mora de visibilizar a sus casi 307 corregimientos y a sus casi 4.643 veredas, unidades político-administrativas que constituyen nuestro amplio espectro rural.

Para lograr consolidar una democracia justa, equitativa e inclusiva, con oportunidades y bienestar para los cerca de 6 millones de habitantes, no solo es necesario tener control de la totalidad del territorio, 63.612 Km2 y tener un horizonte común. Recordemos la Visión Antioquia 2020 que rezaba: “En el año 2020 Antioquia será la mejor esquina de América, justa, pacífica, educada, pujante y en armonía con la naturaleza” y la actual visión postulada dentro de la Agenda 2040 que dice: “Antioquia corazón verde de América. Equitativa, educada, competitiva, sostenible, multicultural y en paz”.

Bellos deseos que deben ser concretados, de modo que no nos vaya a quedar, de nuevo, grande la grandeza.

Fuera de una férrea voluntad política y cívica, es necesario dotar al territorio de las infraestructuras adecuadas para que los derechos y los deberes de los ciudadanos cuenten con los escenarios de todo tipo propicios para su interacción con los otros ciudadanos y con el Estado.

Veamos algunas de las acciones normales que deben realizarse y algunas otras por emprender:

Es necesario mantener en condiciones dignas las sedes educativas, de salud, de justicia, de prestación de los variados servicios a los cuales tienen derecho los ciudadanos, con el fin de facilitar los trámites y compromisos que les ayuden a alcanzar su bienestar, es decir, se requiere un Programa permanente de mantenimiento preventivo y correctivo de las infraestructuras existentes.

Es necesario garantizar la cobertura del 100% de los servicios que se deben ofrecer a los ciudadanos, y para esto es necesario construir y dotar dignamente las infraestructuras de todo tipo faltantes.

De igual manera, establecer un Programa de terminación de obras en curso y de obras inconclusas para garantizar el adecuado uso e impacto de los recursos inicialmente invertidos y que pueden ser despilfarrados de no garantizase la culminación a satisfacción de esas obras.

Hay que terminar y entregar a satisfacción las vías 4G con sus taludes, vías pavimentadas, túneles, puentes, viaductos, señalización y obras complementarias y de ornato completamente culminadas.

Debemos terminar a Hidroituango y hacer énfasis en la construcción de vías terciarias. Es necesario garantizar que todos los antioqueños tengan acceso a energía y a agua potable, al igual que se necesita la ampliación del aeropuerto José María Córdova incluyendo la construcción de su segunda pista. Debemos construir el llamado Metro de la 80 con todas sus obras complementarias y el segundo Túnel de Oriente. Debemos superar el déficit de 400.000 viviendas que tiene el departamento para que todos los antioqueños cuenten con un hogar digno, entre las otras muchas obras, que, históricamente se han detectado, estudiado y anunciado y que hoy reposan en la memoria individual o colectiva, en los archivos de las áreas de planeación públicas y privadas y sobre todo en los bancos de proyectos de cada municipio, teniendo en cuenta el gran esfuerzo realizado en la construcción de la Agenda 2040 con su gran Banco de Proyectos.

Existen obras que por su importancia deberían ser prioritarias, como el caso de la terminación, por fin, de la doble calzada Medellín - Bogotá, obra que debe ser rediseñada en aquellos puntos cuya geología ha demostrado a la saciedad que por esos sitios es imposible garantizar estabilidad del terreno.

La terminación, un siglo de estos, de la carretera Medellín - Quibdó.

La reconstrucción de la infraestructura férrea, el manejo integral de ríos y quebradas, la recuperación de nuestro territorio costero afectado por la erosión, la determinación de estrategias para el depósito de los residuos sólidos, entre otros muchos proyectos y obras por precisar.

Un llamado a los nuevos gobernantes a trabajar unidos y en acuerdo con el gobierno nacional, para que los recursos, siempre escasos, no nos sean esquivos y la pulcritud en su manejo y disposición sean una constante.

Nota: mucho cuidado con las iniciativas y discusiones ligeras y poco fundamentadas que hoy se abren paso con respecto a una posible autonomía fiscal de los departamentos.

Una invitación a los gobernadores para que, haciendo un ejercicio de empatía y de solidaridad, se pongan por ejemplo en los zapatos del gobernador del Guainía, o del Amazonas, o del Chocó, por poner solo estos ejemplos, a ver como perciben, dimensionan e instrumentan esta iniciativa.

Una cosa es ser gobernador de Antioquia, Cundinamarca o el Valle del Cauca y otra cosa es la realidad de los otros 31 departamentos.

La autonomía fiscal debe ser parte de una verdadera reforma tributaria integral para el país, donde aspectos como la descentralización y la federalización sean estudiadas a fondo y tenidas en cuenta a partir del conocimiento y de las realidades de nuestro país.

Inquietud: es claro que todos los países tienen sus particularidades, pero es difícil entender que en medio de la voracidad de los incendios forestales que arrasan a Colombia, no se oiga lo mismo en los países vecinos. ¿Es acaso que Venezuela, Brasil, Perú, Ecuador y Panamá, que son nuestros países limítrofes continentales no padecen el cambio climático, o el fenómeno del niño?

Claro que las geografías son semejantes pero distintas, en el entendido que en el caso de Colombia la geografía de la corrupción hace de las suyas.

¿Quién responderá por la cantidad de equipos que no están al servicio de esta tragedia por falta de mantenimiento, aun existiendo los recursos como dicen las investigaciones periodísticas?

Aquí no debe quedar títere con cabeza. Si este fuera un país serio, que lamentablemente no lo es, desde el presidente, pasando por ministros, hasta el director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) deberían ir pasando sus respectivas cartas de renuncia, pero aquí el concepto de responsabilidad se diluye ante una ciudadanía inexistente.

martes, 24 de octubre de 2023

De cara al porvenir: espacio público

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Una hipótesis fundamental es que el espacio público es de todos y debe ser cuidado y protegido para su uso y disfrute.

La complementación de actividades peatonales y medios de transporte es una de las consideraciones a ser tenidas en cuenta para garantizar la disponibilidad razonable y segura de estos espacios especiales.

Los POT municipales deben prever, definir y garantizar el uso adecuado del suelo con sus diferentes variedades de tipologías y de usos.

Es común en un país como el nuestro que el ciudadano del común vea atropellados sus derechos y aún tenga que asumir riesgos por el no respeto de normas por parte de terceros y la falta de presencia y eficacia del ejercicio de la autoridad.

En Medellín, un caso concreto es el que vemos en la Calle 2 Sur cuando bajamos del Puente de la 4 Sur entre las calles 50 y 52 (Avenida Guayabal) que sufre de dos condiciones adversas: la primera, el estacionamiento arbitrario permanente que invade uno de los dos carriles dispuestos y la otra, el funcionamiento en plena zona residencial de un punto de acopio de reciclaje que hace que quienes proveen el material mantengan sucia y con residuos de basura las áreas adyacentes y circundantes, así como la permanencia de personas con vulnerabilidad evidente que dan una sensación de inseguridad y de deterioro visual lamentable y complejo.

Y ¿dónde están los encargados de mantener en orden el espacio público? Pues obviamente brillan por su ausencia y el ciudadano, que sufre las incomodidades, es quien siempre resulta siendo el paganini del paseo.

Este es solamente uno de los casos del cual se percatan los usuarios de las vías y los vecinos directamente afectados, pero el fenómeno se percibe en todo el territorio.

Otro caso es el perímetro de la FLA, que tiene contacto con la Estación Aguacatala y que se mantiene como un muladar donde la basura ha invadido completamente las pretendidas zonas verdes.

Igual realidad vemos en la carrera 65 en el trayecto que va del Aeropuerto Olaya Herrera hasta la Calle 30.

La cultura o incultura ciudadana, el exceso de vehículos y de motos y la necesidad de desplazamiento se conjugan para generar desorden en muchos casos y en muchos lugares.

El mantenimiento y cuidado de zonas verdes, parques, jardines, fuentes, la adecuada señalización y fijación de horarios para realización de cierto tipo de actividades y eventos en su conjunto, hacen parte de un adecuado manejo del espacio público.

Existen parámetros internacionales que miden la relación de tantos metros cuadrados de espacio público por habitante. Obviamente es necesario tener en cuenta las calidades, configuración y distribución del territorio, así como el número de habitantes que lo ocupan.

Las características geográficas del Valle de Aburrá, su crecimiento y expansión, han generado condiciones particulares que han tratado de ser suplidas en términos de ordenamiento territorial por los expertos de turno, teniendo como vector direccionador y eje de desarrollo al Río Medellín que lo recorre en sentido sur-norte.

El fenómeno de conurbación generado por los 10 municipios que concurren en el Valle de Aburrá genera dinámicas propias de acuerdo con los requerimientos, necesidades y expectativas de cada ente municipal.

Una verdadera ciudadanía vigila, cuida, preserva y disfruta del espacio público. Sus condiciones y calidades reflejan el nivel de civilidad de quienes lo usufructúan.

Aprovechemos entonces los espacios que son nuestros y eduquemos a las generaciones de relevo para que sean conscientes de la importancia de estos espacios para el desarrollo personal y societal.