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jueves, 26 de junio de 2025

¡Locura furiosa o exhibicionismo del poder absoluto?

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

El revolucionario desprecia la opinión pública. Desprecia y odia todos los motivos y manifestaciones actuales de la moral pública. Para un revolucionario es moral todo lo que contribuye al triunfo de la revolución; inmoral y criminal todo lo que la obstaculiza.

— Punto 4. Catecismo del revolucionario. Serguei Nechaiev

El espectáculo en La Alpujarra de Medellín supera todo lo imaginable. Es verdad que Petro diariamente opaca el escándalo de la víspera con otro peor. No tiene parangón histórico esa increíble y asombrosa capacidad cotidiana, porque en 34 meses no ha faltado ni una, en 1020 ocasiones, de pasmar y asombrar al país con su creciente desmesura...

Se me dirá que a esa cifra debo restarle cerca de 100 días de “agenda privada”, para reducir la cuenta a 920 casos apenas de abuso legal, idiomático, conductual y moral. Empero, no estoy de acuerdo con ese descuento, porque sus clandestinas ausencias indican también un descaro tan incalificable como peligroso.

Ahora bien, lo suyo merece el récord mundial de la desfachatez en el famoso Guiness Book. Con ese “galardón” ha superado a la mayoría de sus competidores. Ni Juan Domingo Perón, entre los dictadores latinoamericanos, alcanzó tales cumbres de delirio, a pesar de ser mentiroso, ratero y sátiro, y entre los africanos, solamente Idi Amín Dadá y el “Emperador” Jean-Bédel Bocassa lo emulan.

En comparación, los demás dictadores africanos parecen prudentes, bien hablados, elegantes y hasta cultos. En ese continente, ningún pueblo hubiera resistido siquiera la décima parte de la procacidad del colombiano, antes de expulsarlo del poder ominosamente.

No es que lo de La Alpujarra carezca de antecedentes. Su verborrea, la perversa imaginación desbordada, las afirmaciones sin sustento; sus originalísimas opiniones históricas, filosóficas y científicas, su viajadera compulsiva, la gritería descabellada y la “presunta” adicción a la mezcla de alcohol con psicotrópicos, constituyen indicios de inocultable y gravísima perturbación, pero exhibirse en la tribuna con cuatro delincuentes capi-mafiosos, raya en la locura furiosa.

Por tanto, es procedente la interrogación que nos hacemos de si estamos en presencia de un loco de atar o se trata de la exhibición de un dictador, ya en ejercicio de un poder absoluto y permanente, anclado en el predominio de las economías criminales.

Ahora bien, si lo primero, ¿cómo es posible que la dirigencia política, el poder judicial y el Congreso, no lo destituyan? Si lo segundo, ¿tendremos que aceptar, desde ahora, un régimen perpetuo, tiránico, omnipotente y marxista-leninista?

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Antes de la Batalla de Trafalgar, Nelson previó el triunfo de Inglaterra, “si todos cumplen con su deber”. Si los congresistas, magistrados, procuradores, contralores, militares, policías y los medios masivos cumpliesen heroicamente con el deber, Colombia regresaría al Estado de Derecho, propio de la civilización y la democracia.

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Si la Fiscalía de bolsillo concluye solicitando que se condene al doctor Uribe Vélez (con “pruebas”, sin pruebas o contra las pruebas), habremos avanzado de manera irremisible hacia la dictadura perpetua.

jueves, 16 de enero de 2025

Desoladora expectativa

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Del repaso de los acontecimientos que culminaron con el golpe de Estado cometido ante la faz mundial por la dictadura venezolana, sólo queda una desoladora expectativa para los colombianos que nos preocupa el inmediato futuro de nuestra nación.

Siento en el alma no compartir las esperanzas manifestadas por muchos que todavía siguen creyendo en la cercana caída del régimen tiránico de Maduro. No va a haber intervención militar internacional como piensan ingenuamente algunos, ni Trump se lanzará a un conflicto mundial para devolver la democracia a Venezuela, no seamos ilusos.

Para Colombia las cábalas no son mejores. En Venezuela, a pesar de contar con un fuerte movimiento opositor que logró derrotar al dictatorial régimen en las elecciones, el comunismo –como acostumbra hacerlo–, simple y llanamente se robó las elecciones y protagonizó una pantomima con sus más serviles allegados para continuar aferrado fraudulentamente al poder. En Colombia, ni siquiera existe oposición. El guerrillero-presidente gobierna a sus anchas comprando conciencias para que le aprueben sus proyectos de ley y empantanen la investigación en su contra por violación de los topes financieros de la campaña.

Ya consiguió que le nombraran fiscal general de bolsillo y seguirá utilizando el apalancamiento del dinero, de los contratos y privilegios, para extender su dañina influencia a todas las ramas del poder.

Decapitó la cúpula militar para neutralizar cualquier intento de las Fuerzas Armadas, que actuaran de conformidad con la naturaleza de sus funciones, restableciendo el orden constitucional que a diario viola.

La clase política se encuentra comprometida a mantener en el poder al sátrapa y, por esa razón, niega su apoyo al juicio político que pudiera lograr la separación del guerrillero que ocupa la Presidencia. Mientras tanto simulan estar contra el Gobierno perifoneando toda clase de inanes insultos para cazar votos.

De los empresarios mejor no hablar. Algunos ya están patrocinando colectivos de izquierda que en Medellín expresan su visceral odio con graffitis. Otros se declaran “de centro” para quedar bien con todos y no comprometerse con nadie.

Ahora todos felices se aprestan para otra farsa electoral, si es que acaso el sátrapa lo permite. El resultado, si las hay, será como el de Venezuela. Ya está preparada la segunda edición del fraude, ensayado con éxito en el 2022, y se elegirá a Petro, o a quien este designe, para continuar el experimento del “socialismo del Siglo XXI”.

¿Quién o qué podrá salvarnos de esta hecatombe anunciada? Nosotros mismos somos la solución, nadie más.

¿Con cuál ayuda contamos? Como dice Jacques Maritain : un único principio de liberación, un único principio de esperanza, un único principio de paz, puede levantar la masa de la iniquidad y de la maldad y triunfar sobre ella, porque ese principio desciende a nosotros desde la fuente creadora del mundo y es más fuerte que el mundo: el amor fraternal, del que el Evangelio ha promulgado la ley, para escándalo de los poderosos y que es, como bien sabe el cristiano, la caridad misma de Dios difundida en los corazones”.

Y, ¿cómo podemos alcanzarlo? La fórmula es sencilla:

1.- Seamos conscientes de que la lucha que libramos es definitiva: ¿Queremos comunismo o una civilización con valores cristianos y democráticos?

2.- No escojamos a la ligera quién nos puede guiar en la batalla. Pensemos en un líder con principios morales, con carácter para defenderlos, sin compromisos con la vieja y corrupta política y dispuesto a dar la batalla.

3.- No esperemos que otros defiendan nuestras libertades y derechos. Cada uno de nosotros debe convertirse en un jefe de esta campaña con un propósito nacional: Salvar a Colombia del comunismo y trabajar por el bien común de todos los colombianos.

jueves, 8 de agosto de 2024

Venezuela en la incertidumbre

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Para que nuestro hermano país pueda salir de esta larga incertidumbre, luego de la aplastante derrota electoral al régimen dictatorial de Maduro, tendrá que suceder alguno de los siguientes extraordinarios hechos:

1. Que el régimen dictatorial muestre las actas y acepte la derrota.

2. Que las fuerzas militares y de policía se pongan de lado del pueblo venezolano, de la constitución y la ley, haciendo respetar los resultados electorales del pasado 28 de julio.

3. Que aparezcan unos mercenarios dispuestos a capturar a Maduro y a sus secuaces, a cambio de la jugosa recompensa ofrecida por los Estados Unidos.

4. Que Maduro se desestabilice física y emocionalmente y sufra un colapso fatal.

Lo cierto del caso es que el problema es de los venezolanos y solo ellos lo pueden solucionar, continuando en forma indefinida y al costo que sea, con las marchas pacíficas de protesta como oposición al régimen y al abierto robo que, de las elecciones, desafiando incluso la violenta e injusta reprensión a la que están siendo sometidos y a la muy posible detención que recaerá sobre Edmundo y María Corina.

Lo anterior amerita manifestaciones de apoyo permanente de la comunidad internacional, con comunicados de los países y organizaciones internacionales reconociendo el triunfo de Edmundo y la derrota de Maduro, conscientes de que varios países, entre ellos, desafortunadamente el nuestro, no estarán a la altura de dar la pelea por la democracia, prefiriendo mantener el apoyo de Maduro para el refugio de guerrillas y narcotráfico en ese país hermano; otros como China estarán interesados en cuidar sus intereses económicos por la gran cantidad de dinero que le han prestado al régimen, y otros como Rusia, Irán y Cuba, cuyo respaldo consolida fuerzas contra los Estados Unidos.

Colombia, Brasil y México, actúan solidariamente con los regímenes comunistas, propensos a dictaduras democráticas, que llegan al poder con el voto mayoritario del pueblo y con el firme propósito de atornillarse en este directamente o en cuerpo ajeno.

El derecho internacional y los otros países solo podrían intervenir si a Venezuela le diera por ocupar territorios vecinos o cometer atentados en otros países, como está sucediendo en los casos de Israel y Hamas/Palestina, y de Rusia y Ucrania.

Lo cierto del caso es que, en estos momentos, ningún país va a desplazar sus tropas hacia Venezuela para ayudar a la oposición a hacer respetar los resultados electorales y ningún organismo internacional podrá detener a Maduro y sus secuaces atrincherados en Venezuela, por haberse robado de frente las elecciones y negarse a mostrar las actas electorales.

Definitivamente el derecho internacional requiere de muchos desarrollos legislativos que permitan hacer cumplir los objetivos para el desarrollo sostenible de las naciones del mundo supuestamente civilizado, que no puede seguir avanzado en el convertir al bien en mal y al mal en bien.

Por todo lo anterior, el riesgo de que Maduro se afiance como el dictador de Venezuela es muy alto, inclusive si terminara proponiendo una negociación con la oposición, acolitado por Colombia, Brasil y México, bajo la disculpa del hackeo y el propósito de hacer unas nuevas elecciones.

Tenemos que orar mucho a Nuestro Señor Jesucristo, para que la resistencia del pueblo venezolano supere a la del régimen de Maduro y permita el triunfo de la democracia, para su bienestar y el de los latinoamericanos.

miércoles, 15 de noviembre de 2023

El apogeo de los tiranos

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

El asunto no es quien, ni qué partido gana, es cómo no se pierde una región entera. La gran pregunta es ¿en dónde están los valientes, capaces de ponerle el cascabel al gato y bajar del poder los tiranos? La consolidación del caos es producto del engaño y solo consolida tiranos.

Los españoles hicieron lo que nosotros no hemos sido capaces de volver a hacer desde el 2008 cuando el país le dijo no más, a las FARC-EP. Demostraron un rechazo ciudadano contundente, manifiesto por una sanción social explícita a Pedro Sánchez y los tránsfugas que juegan con la legalidad y con la unidad nacional, queriendo conservar el poder negociando autocráticamente la concesión de impunidad a los terroristas que se escudan tras un discurso populista y separatista, para ocultar su verdadera vocación criminal.

Sin embargo, las marchas son un mecanismo temporal que desvanece y de poco sirven, pues son la evidencia de que flaquea el liderazgo gremial e institucional en el ejercicio de sus responsabilidades y es el propio Gobierno el que no reconoce la legitimidad del Estado de derecho, debido a que es una minoría la que administra el poder de manera abusiva, y a que la justicia politizada carece de la entereza para mantener el equilibrio que demanda una sana democracia.

A todas estas, los ayatolás iraníes y sus aliados luchan contra la libertad y el progreso tecnológico de la civilización, contra el verdadero desarrollo que vive gran parte del mundo árabe gracias a los avances respaldados en miles de patentes de propiedad intelectual, en buena parte auspiciadas por inversiones judías occidentales.

Esos monjes del mal vienen por décadas amantando el terrorismo religioso en madrazas y atizando la violencia en plena era del conocimiento, pretendiendo implantar una invasión espiritual por todo occidente de su versión fundamentalista, y su interpretación absurda, terrorista y violenta de las enseñanzas del Corán, entre muchas otras quimeras como lo es la aspiración a la reconquista moral de Al-Andaluz.

Crece en el mundo un absurdo rebrote de antisemitismo, mientras la ignorancia se viste de protesta en nuestra región, sin entender que sufren una grave intoxicación de populismo sin precedentes, manifiesto en la falaría mediática digital, y que detrás de todo hay un sistema propagandístico marxista soviético que alimenta la polarización extrema interna en las naciones.

Rusia narcomarxista, hace lo que sea para no ser excluido de la disputa entre el poder emergente y el establecido, y al ver inalcanzable un triunfo total en el disparate de la carnicería humana en que convirtió a sus hermanos ucranianos, ataca digitalmente y a golpe de estrategias estalinistas, las democracias latinoamericanas.

Vivimos bajo una inconmensurable puja constante de egos y poder, que va tomando forma en materia económica, tecnológica, comercial, energética, territorial y armamentista. Una lucha inerte, que mejor fuera sustentarla con un mutuo respeto por las diferencias culturales de los pueblos, hoy unidas y separadas por diversas modalidades de capitalismo digital entre occidente y China.

A todas estas, China, aparece dando su respaldo físico a Estados Unidos en la defensa a Israel, al ver que Irán y Pakistán usan a Palestina de escudo para constituirse en aliados con el terrorismo fundamentalista, en una real amenaza nuclear. Esto a la vez ayuda a Rusia a no quedarse por fuera de consideración como el poder que fuera antes de la caída de la cortina de hierro y de la apertura al mundo de una China comercial.

Preocupa sobre manera Panamá y la importancia geopolítica global del canal. No me cabe duda de que, así como el movimiento antifracking y antiextracción de petróleo y gas en nuestras naciones, disfrazado de ambientalismo, pretende proteger los intereses rusos y su fortaleza en el mercado energético, Rusia que, mediante Cuba y el ELN intervino en las protestas populistas violentas de Chile, Perú y Colombia, hoy transfiere con ayuda de estos mismos actores y el grupo de Puebla, el mismo virus a Panamá justo en un año preelectoral.

Colombia, que fue la democracia más antigua y estable de Hispanoamérica, está al borde del colapso, después de haber tenido un gobierno que no negoció nada con los criminales entre el 2018 y 2022 pero que al igual que en 2010 no logró mantener una continuidad política electoral.

La saga de la democracia en Colombia empezó cuando Santos abandonó las ideas de seguridad democrática de Uribe que lo eligieron y asesorado por cabilderos de vieja data de organizaciones terroristas como su hermano Enrique Santos, Álvaro Leyva, el cura de Roux, los españoles Enrique Santiago y Baltasar Garzón, y una pila de acólitos de paga e idiotas útiles locales, en procura individual de un Nobel de Paz, salvó a Petro de ir a la cárcel en 2014 y llevó nuestra constitución cual conejillo de indias al laboratorio ideológico cubano entre 2010 y 2017.

Santos traicionó la voluntad y el mandato del constituyente primario que, en el referendo de octubre de 2016 negó los acuerdos de Cuba, pasó por encima de la legalidad, compró el parlamento para reformar la constitución y conceder plena impunidad, curules en el congreso sin pasar por escrutinio alguno, protección y recursos estatales a los más sanguinarios criminales de lesa humanidad de las FARC-EP.

En Cuba acordaron borrar el referente de verdad y legitimidad de nuestra legalidad democrática, otorgarles impunidad a los criminales de lesa humanidad, crear un mecanismo para invertir toda la memoria histórica del país, e instaurar una justicia paralela inquisidora moderna, confeccionada a la medida del terrorismo insurgente y de toda suerte de criminales de lesa humanidad.

A la toma narcocomunista del poder en Colombia, en 2018 se le atravesó Uribe con Duque y luego en 2020 la pandemia. Pero a partir de los disturbios fabricados del 2021, Petro, que nunca aceptó su derrota democrática, organizó los violentos disturbios del 2021, y luego logró engañar al electorado con cantos populistas.

Ojo España, la falsa paz colombiana sirvió de ejemplo a Pedro Sánchez para mantenerse en el poder valiéndose del ideario que otorga impunidad a quienes para delinquir visten la careta del separatismo e indultan a criminales de lesa humanidad.

Hoy en Colombia los territorios nacionales son áreas en plena disputa entre toda suerte de organizaciones narcoterroristas y criminales que controlan las fronteras, los corredores de la droga y las áreas aisladas, mientras Petro y su Gobierno, disfrazan de subsidios a la juventud, una milicianización urbana. Las fuerzas armadas son humilladas y maltratadas por el propio Gobierno al que le reportan, y la Casa de Nariño, el parlamento y buena parte de las cortes, están asechadas y al servicio de un autócrata que está a punto de convertirse en un dictador.

Aquí pasa de todo y no pasa nada. Y aunque ya pocos creen en sus mentiras, utopías y absurdos argumentos, están instaladas las mismas minorías que siempre atrajo, a cargo de ministerios, entidades y demás instituciones del Estado. Petro avanza en su agenda de cambio implantando un caótico sistema autocrático que cancela las libertades democráticas y conduce al totalitarismo.

Los colombianos trabajadores albergamos la esperanza de que la fiscalía y la procuraduría se unan con los destellos de legalidad y justicia que aún queden donde desde hace 38 años la mafia de Escobar y sus secuaces del M-19 terminaron con la vida de honorables juristas con la balanza de la justicia.

Vivimos con la ilusión de que la ley vuelva a ser implacable contra la delincuencia política aliada con el narcoterrorismo del ELN, las FARC-EP, el EPL, el narcoindigenismo y potentes organizaciones criminales como El Clan del Golfo, Los Caparros y docenas más de carteles mafiosos internacionales que favorecen la anarquía.

Mientras Petro esté en el poder, tristemente aumenta la violencia, el homicidio, el secuestro y la inseguridad en todas sus manifestaciones y pagan los inocentes e indefensos. Vamos por el mismo camino de la Revolución Francesa, la Rusa, de Italia fascista, de Alemania socialista, de Cuba, Venezuela, y muchas otras naciones infectadas por la peste que, del comunismo marxista, mutó al narcosocialismo terrorista del siglo XXI.

miércoles, 5 de junio de 2019

Cómo salir de la dictadura judicial


Por José Alvear Sanín*

José Alvear Sanín
Dictador, según el DRAE, es la “persona que se arroga o recibe todos los poderes políticos y los ejerce sin limitación jurídica”. Definición incompleta, porque la dictadura puede ser ejercida también por una camarilla, una familia o un partido. Es una forma odiosa de gobernar, cuando se ejerce contra la expresa voluntad mayoritaria de un pueblo que no puede sacudirse la coyunda, como está ocurriendo en Colombia, donde unos organismos pomposamente llamados “altas cortes” se han arrogado una supremacía sobre las demás ramas del poder, bien sea amedrentando al ejecutivo, anulando con frecuencia sus decisiones o derogando leyes.

Todos estos actos de las cortes, mediante extralimitación jurídica, vienen constituyendo un golpe de Estado permanente, con sentencias absurdas e inapelables. Siguiendo las instrucciones de la extrema izquierda, las cortes se han convertido en los más eficaces ejecutantes del tal “nuevo derecho”, surgido del “acuerdo final”, que conduce al país hacia la revolución, poniendo en obra la funesta hoja de ruta de Timo y Santos.

Con la aparición de la JEP, esta eficaz dictadura judicial se ha vuelto tetracéfala. Contrariamente a lo que cabía esperar de cuatro órganos formados por las peores raposas jurídicas, en vez de estar enzarzadas en discusiones rabulescas e interminables, en la práctica colaboran armónica y coordinadamente con las fuerzas que actúan para la consolidación del narcoestado en el que se está convirtiendo Colombia.

En estas condiciones, la JEP no ha resultado peor que la Corte Constitucional; y la Suprema y el Consejo de Estado no son mejores que las anteriores. La concatenación de sentencias de estos cuerpos en favor de un narcotraficante (o mafioso, como dice el presidente Duque) corrobora el sesgo antijurídico de esos tribunales, mientras el gobierno se aferra en su sesgo “jurídico”, respetando la legalidad que las cortes burlan una y otra vez. Curiosa y trágica ley del embudo, donde siempre se imponen la arbitrariedad y la impunidad.

De pasada quiero llamar la atención sobre el hecho de que siempre que se requiere una decisión favorable a la conjura revolucionaria, estas cortes actúan con pasmosa celeridad, mientras los demás negocios avanzan a paso de paquidermo.

No por peor, sino por llevar más tiempo, sobresale la malicia de la Constitucional, que no solo deroga leyes sino que las “modula”, cuando no ordena al Congreso la expedición de determinadas normas. Como si esto fuera poco, con frecuencia anula o enerva la acción del ejecutivo, o entorpece las relaciones exteriores, para no hablar de su acción corruptora cuando legisla para legalizar y estimular el consumo de drogas psicotrópicas, el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay y el desconocimiento de la voluntad popular expresada en un plebiscito.

Si, por definición, la democracia consiste en el gobierno de las mayorías, respetuoso de las minorías, lo que vemos en Colombia es la imposición deliberada de una agenda política extremista por parte de una camarilla hermética, no elegida por el pueblo, que actúa contra sus sentimientos morales y contra los resultados electorales. En realidad, la Corte Constitucional, de guardián de la Constitución, ha pasado a convertirse en guardián del “acuerdo final con las FARC, supraconstitucional e inmodificable…

Esta camarilla judicial, cerrada y cooptada, no está dispuesta a ceder el poder. Por eso, todo intento de reforma constitucional o judicial está condenado al fracaso. Si vamos al fondo del asunto, estamos frente a un caso de usurpación del poder tan grave y pertinaz como el de Maduro, y si seguimos tolerándolo, llevará a Colombia al abismo.

Las Cortes han cambiado la complicidad con Santos por el sabotaje del gobierno actual, tratando de lograr su colapso. Con ello se suman a la acción de la extrema izquierda, insidiosa y demoledora, con medios, influencers extranjeros como Soros y los inmensos recursos de la narco-subversión.

Eliminar o salir de una dictadura es cada vez más difícil, como lo vemos en Venezuela. Aquí también están cerradas las vías de escape. El “acuerdo final”, implementado con centenares de leyes y decretos inconstitucionales pero avalados por las cortes, está blindado con diabólica astucia. Por tanto, no existe salida “legal” del inescapable laberinto en que han convertido el derecho constitucional.

Aunque no me convencen las comparaciones históricas, porque la Colombia actual poco se parece a la de 1886 (cuando se eliminó de tajo la anterior dictadura masónica), o la de 1957 (cuando se derrotó la de Rojas), el único camino es la apelación directa al pueblo, antes de que sea tarde o bien tarde, para que sea el constituyente primario el que plebiscitariamente otorgue al gobierno la plenitud del poder constituyente. No existe otro camino, porque una Asamblea Constituyente repetiría la composición del actual Congreso, donde la minoría sensata siempre es superada por la mayoría ignara, populista, gárrula, novelera, clientelista, influenciable y caótica, donde no faltan corruptos, asesinos, violadores de menores y narcotraficantes.

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Como con la ideología de género ya no existen padres ni madres, The Independent (mayo 27), habla de “the pregnant person”.