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viernes, 17 de mayo de 2024

Morir solo

José Leonardo Rincón Contreras
José Leonardo Rincón, S. J.

Desde pequeño escuchaba la lacónica sentencia: “el que come solo, muere solo”. Sin duda, era la advertencia perentoria para aprender a compartir con otros lo que uno estaba comiendo. Yo no sé qué fundamentos podría tener la dichosa frase, el hecho es que me acordé de ella por estos días cuando me he enterado de la muerte solitaria de dos personas adultas mayores.

Los casos son diferentes. El primero es el de un hombre solitario y cascarrabias que era propietario de un apartamento en un conjunto residencial. No era una persona asequible y parece que adolecía de un trastorno mental porque cada vez que se cruzaba con alguien lo maltrataba verbalmente, de modo que no era muy deseable encontrarse con él. Durante 12 días nadie supo dónde estaba. Fue uno de los porteros quien dio la señal de alerta: ¿le habrá pasado algo?, ¿lo habrá atropellado un carro y estará en la morgue? Nadie lo sabía y parecía que a nadie le interesara saberlo. La administración se decidió a llamar a los bomberos para acceder a su propiedad porque se le llamaba y no contestaba. Tampoco ningún familiar suyo dio señales en todo ese tiempo. Cuando la diligencia se hace el cuadro con el que se encuentran es muy triste: un hombre sentado en la sala, con unas botellas de vino al lado. Así llevaba casi dos semanas. No se había descompuesto más el cuerpo por el alcohol consumido. Se ve que el infarto fue fulminante y no le dio tiempo de pedir auxilio. Solo vivió, solo lo encontraron.

El segundo caso es el de una mujer, mayor de edad, que toda su existencia vivió sola en su apartaestudio. Su comportamiento fue aparentemente “normal” hasta la víspera de su suicidio, pues sostuvo conversaciones con amigos cercanos como si nada particular estuviese pensando. Lo raro fue advertir al portero que si ella no aparecía en dos dias avisaran a un determinado teléfono y que cuando fueran a entrar usaran tapabocas. El protocolo mortal se cumplió como estaba previsto y cuando los advertidos fueron a ver qué había pasado la encontraron muerta por una ingesta de un veneno mortal. Toda su vida estuvo rodeada de mucha gente que la admiraba y quería, pero eso pareció olvidarse ante tan fatal decisión. Sola encontraron a la que había vivido sola.

Ya ven ustedes tan dantescos cuadros. Lo lamentable del asunto es que es más común de lo que uno podría imaginarse. Y no solo pasa en Bogotá, acaece en todos los países del mundo. Especialmente tan proverbiales como trágicos los recurrentes casos en Estados Unidos y la vieja Europa. Es dramático: centenares de adultos mayores que viven solos y ya no le encuentran sentido a seguir viviendo. Son altas las estadísticas de ancianos suicidas. Queda uno desconcertado y sin mayores palabras qué decir. Qué tristeza, qué dolor tener que vivir uno solo y morir solo. Sin duda, los casos son diferentes, cada persona tiene su propia y sentida historia. Lo que tienen en común es el desenlace trágico de su existencia.

Muchas personas han tomado la decisión de vivir solas, en aislamiento voluntario. Uno se pregunta si a una determinada edad deberían internarse en un geriátrico para tener una asistencia y una ayuda. Me parece terrible morir solo y cuasi abandonado y que los demás se den cuenta solo cuando hiede el difunto. Como dije, los casos son más comunes de lo que uno cree y duele que suceda.

sábado, 14 de marzo de 2020

La cuarentena


Por Andrés de Bedout Jaramillo*

Andrés de Bedout Jaramillo
La única forma de hacerle frente a la transmisión exponencial del coronavirus es la cuarentena o aislamiento de las personas enfermas y de las que hayan tenido algún contacto físico o espacial con ellas y tengan algún grado de riesgo de contagio.

Estar aislado, individual o colectivamente, en un lugar, pequeño, grande, en una casa, un barco, un avión, un barrio, una ciudad, un país, debe generar una sensación muy rara, tu vida, tus costumbres, tus horarios, tus actividades, tu forma de relacionarte con los demás, cambian y tenemos que estar preparados para esos cambios, porque no sabemos en qué momento nos llegue el turno de la cuarentena.

Inclusive lo mejor que podemos hacer para evitar la cuarentena obligada, es pasar el mayor tiempo posible, en cuarentena voluntaria.

La cuarentena voluntaria implica aislarse en su lugar de habitación o de trabajo, o de estudio, reunión, medio de transporte, o en cualquier sitio que implique compartir con otras personas, manteniendo la distancia, usando tapabocas, lavándose las manos con frecuencia, limpiando superficies de uso común, tomando agua, ojalá con limón, haciendo gárgaras con aguas sal, haciendo ejercicio físico y espiritual, aprovechando la soledad que esto implica, para entrar en contacto directo con nuestro Señor Jesucristo y revisar nuestras vidas.

Tener mucho cuidado con el Netflix, los juegos, los malos pensamientos, el sexo, las lecturas, el licor, la droga, el cigarrillo, etcétera, para que no sean estas actividades las que terminen copando la mayoría de tu tiempo en cuarentena.

En la cuarentena es cuando vamos a reaprender a manejar nuestro tiempo, es cuando vamos a regresar a darle valor a lo sencillo, a lo elemental, a lo importante para nuestras vidas.

Vamos a volver a estar en familia, vamos a valorar la salud, nos vamos a acercar a Dios, vamos a cuidar los recursos, vamos a economizar comida, ropa, agua (la reutilizaremos), vamos a aprender a reciclar las basuras, vamos a aprovechar para ordenar y asear nuestra casa, nuestros lugares de trabajo, en fin, el tiempo de la cuarentena, nos va a preparar para el cambio.

Es que el mundo, después de todo lo que está sucediendo, va a cambiar, yo no sé cómo, pero va a cambiar.

Pienso que los países, entrarán en una especie de aislamiento, cerrando fronteras, poniendo cercos sanitarios, económicos y sociales, volviéndose autosuficientes y auto sostenibles, produciendo sus propios bienes y servicios, elementales para satisfacer las necesidades de sus habitantes.

Pienso que la globalización tendrá que ser repensada, en los términos de redefinir el bienestar, el interés general, la felicidad, la importancia del dinero en abundancia para unos pocos, la relación actividades lucrativas vs. trabajos generados y beneficios colectivos, económicos, sociales y ambientales; voy a tratar de poner un ejemplo: estamos convencidos, de que el transporte eléctrico es la salvación; resulta y sucede que el almacenamiento de la energía, combustible para este transporte, es hoy, en baterías de litio y el litio es un mineral, cuya explotación, su transformación en baterías y su disposición final, tiene costos ambientales muy altos, que apenas se están valorando.

Los pueblos aledaños a las explotaciones de litio en Argentina son todos los días más pobres, con menos oportunidades y con menos gente, las fábricas de baterías de litio en China, Corea del Sur y Estados Unidos, son todos los días más grandes, utilizan más litio y producen más baterías para el mundo, baterías que cuando cumplen su vida útil se tienen que botar, generando contaminación peligrosa, porque en el mundo, solo hay una planta recicladora de baterías de litio en Alemania. O sea, descontamino aquí, para contaminar allí. Mucha riqueza económica aquí, para mucha pobreza económica allí. Muchos puestos de trabajo aquí, para mucho desempleo allí.

Esperemos que la ola del coronavirus que está llegando a nuestros territorios y que ya pasó por China y está en todo su furor en Europa, cause el menor daño posible; esperemos que los cercos sanitarios, ayuden a construir cercos ambientales, cercos económicos, cercos sociales, que permitan mejorar las condiciones de vida en forma equilibrada.

Es indudable qué hay materias primas como el petróleo, que no se producen en todas partes pero si es requerido por todos, situación aprovechada por los tres mayores productores: Rusia, Arabia Saudita y Estados Unidos, enfrascados en una guerra de precios, donde Arabia que tiene los menores costos de producción y las mayores reservas, se cansó de ser el que más producción siempre sacrifica, porque seguro ambiciona más riqueza, hoy tienen en ascuas a todas las economías del mundo; capitalistas, socialistas, ricas, emergentes y pobres, incluidos ellos mismos, que también están afectados por la pandemia y la polución.

Este mundo tiene que cambiar, para no desaparecer, nosotros todos tenemos que cambiar, para no desaparecer y dejarles a los vivos, que también van a morir, un mundo mejor.