jueves, 24 de septiembre de 2026

La deforestación de los bosques tropicales, segunda parte

José Hilario López Agudelo

José Hilario López Agudelo
En pasada columna concluí que los bosques tropicales están siendo afectados por la tala y los incendios, y que, en la Amazonía, el mayor bosque tropical del mundo, las bandas criminales asociadas con el narcotráfico son los principales responsables de la destrucción progresiva de este vital bioma, con impactos globales sobre todo el planeta[1].

En esta segunda y última parte me propongo mostrar avances y retrocesos en la lucha por conservar los bosques en los países amazónicos y en la cuenca del río Congo, la segunda selva tropical del planeta. Asimismo, quisiera proponer que, aprovechando la adhesión de nuestro país al Escudo de Las Américas, buscar que Estados Unidos apoye nuestras fuerzas armadas con logistica y tecnología avanzada, para combatir las bandas que están destruyendo el bioma amazónico.

La expansión agrícola fue la principal causa de la pérdida de cobertura forestal en los trópicos, incluyendo tanto la producción de productos básicos para el mercado, como la agricultura de subsistencia. De esto se exceptúa la porción más noroccidental de la Amazonía, caso al que nos referiremos más adelante.

Nuevos datos del laboratorio GLAD de la Universidad de Maryland, disponibles en Global Forest Watch y Global Nature Watch del World Resources Institute (WRI), muestran que la pérdida de selvas tropicales primarias en 2025 se redujo en un 36 % en comparación con 2024. Si bien la reducción es alentadora, el mundo aún perdió 4,3 millones de hectáreas de bosque primario tropical en 2025. La pérdida de bosque primario tropical sigue siendo un 46 % mayor que hace una década.

Gran parte de la reducción en 2025 provino de fuertes descensos en Brasil, que experimentó una disminución del 42 % en la pérdida de bosque primario. Sin embargo, Brasil sigue siendo el país con la mayor superficie de selva tropical deforestada, dada la enorme extensión de sus bosques amazónicos. Otros países con gran extensión de bosques tropicales, como Colombia, Indonesia y Malasia, también registraron tasas de deforestación relativamente bajas o estables en 2025, en comparación con años anteriores. La pérdida de bosques primarios tropicales se mantuvo elevada en países como Bolivia y la República Democrática del Congo.

Durante el cuatrienio 2022 - 2026, en Colombia las tendencias de pérdida de bosques tropicales fueron intermitentes. De lograr la cifra histórica más baja en 23 años de seguimiento durante 2023, en 2024 pasamos a tener un incremento del 43 % a nivel nacional, con un 68 % focalizado en la Amazonia. Las señales de lo que pasó en 2025 vuelven a apuntar a una baja, con el registro de una reducción del 25 % en la Amazonia, entre enero y septiembre, de acuerdo con los boletines del Ideam.

Global Forest Review, atrás citado, destacó a Indonesia como el país que en 2024 logró la mayor reducción mundial en la pérdida de bosques tropicales, frente al año anterior. Sin embargo, un nuevo informe de Mongabay revela que durante 2025 la deforestación volvió a activarse en ese país, el mayor productor mundial de aceite de palma, principalmente en las islas de Borneo y Papúa.

Centrémonos en la Amazonía donde, según un estudio de la Universidad Goethe de Frankfurt, en 2020 la pérdida acumulada del bosque rondaba entre el 17 y el 18 %, advirtiendo que si la deforestación aumenta hasta un 22 – 28 % con un calentamiento global entre 1,5 y 1,9 °C por encima de los niveles preindustriales, la selva amazónica cruzaría un punto de inflexión y dos tercios de su superficie se convertirían en sabana. Este mismo sucederá si la deforestación se mantiene en los niveles actuales, pero el cambio climático eleva la temperatura global hasta los 3,7- 4,0 °C. A esta misma conclusión llega un estudio del Instituto Potsdam para la Investigación sobre el Impacto del Cambio Climático, cuyos detalles también se han publicado en Nature. Mi columna de opinión del pasado mes de mayo se refirió a esta preocupante advertencia, proveniente de estos dos reputados centros de investigación[2].

Frenar la tala y restaurar el bosque, la única salida

La comunidad científica coincide en que detener la deforestación reforzaría sustancialmente la resiliencia del bioma amazónico ante el calentamiento global. Sin embargo, existe un serio obstáculo que impide avanzar en este propósito: la presencia de múltiples grupos armados por fuera de la ley que promueven la tala del bosque para la siembra de coca, las explotaciones mineras (principalmente oro aluvial) y la ganadería extensiva, a lo cual se suma la construcción de las vías de acceso, que apoyen las anteriores actividades. En el caso colombiano se puede afirmar que la mayor parte de dichas actividades están asociadas a las disidencias de las FARC, que en gran parte tiene el control territorial de la Amazonia.

El actual Gobierno Nacional empeñado en restablecer la seguridad nacional podría aprovechar la ayuda que, como parte de su política antiterrorista espera recibir en tecnología y logística de Estados Unidos, se haga extensiva a la protección de nuestros bosques tropicales, empezando por someter a las bandas criminales que están destruyendo el bosque amazónico, lo que afecta la seguridad no sólo de nuestro país sino también los ecosistemas planetarios y de la misma supervivencia de nuestra especie.

Existe un antecedente exitoso con el Plan Colombia, una estrategia de cooperación militar, económica y diplomática acordada entre los gobiernos de Colombia y los Estados Unidos a finales de los años 90 e implementada a partir del año 2000. El plan originalmente fue concebido como de ayuda social y económica para la paz en nuestro país, evolucionó rápidamente hacia un fuerte componente de seguridad antidrogas, que fortaleció la lucha contra el narcotráfico y el debilitamiento de los grupos armados ilegales, principalmente las FARC.

Gracias al financiamiento y la tecnología de EE.UU., las Fuerzas Militares colombianas adquirieron capacidades avanzadas de combate, movilidad aerotransportada e inteligencia electrónica. Las FARC fueron obligadas a replegarse desde el centro del país hacia las fronteras y a la selva amazónica, donde la inteligencia combinada y la precisión de los bombardeos aéreos desarrollados bajo el Plan Colombia lograron abatir, por primera vez en la historia, a sus máximos cabecillas, lo que obligó a esa guerrilla a sentarse a negociar con el Gobierno Santos y a su desmovilización en 2016.

Hoy de las FARC queda un entramado fragmentado de disidencias armadas que no se acogieron al Acuerdo de Paz de 2016, que cuentan con miles de combatientes concentrados principalmente en zonas selváticas y apartadas del centro del país, como el Guaviare, Caquetá y Putumayo, así como en el Departamento del Cauca, que se financian con economías ilícitas como el narcotráfico y la minería ilegal.

Al menos 17 grupos operan en el 69 % la región amazónica, asociados con economías ilícitas como el narcotráfico y la minería ilegal. Estos grupos son los principales causantes de la deforestación de las fronteras compartidas entre países como Colombia, Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela.