Luis Alfonso García Carmona
Tal como lo prometió en
su campaña presidencial, “el tigre” Abelardo comenzó desde el primer día de su
mandato a demostrar que es posible cambiar la manera de gobernar a la que
nos tenían acostumbrados “los de siempre”.
Se encontró con un
monumental obstáculo el primer día hábil de su mandato; el terrible
terremoto que asoló a gran parte del territorio nacional dejando centenares de
muertos, miles de heridos y desparecidos y gran parte de la estructura urbana,
pública y privada, en ruinas en las zonas afectadas. Eso no lo arredró; por el
contrario, sacó a relucir sus condiciones de verdadero líder, que convierte
los problemas en oportunidades y, rápidamente, modificó su agenda para dar
atención prioritaria a la tragedia. No se ha había presenciado en Colombia una respuesta
más inmediata, ordenada y eficaz que la que viene aplicando con la abnegada
colaboración de todo su brillante equipo de colaboradores
Su liderazgo fue,
además, el incentivo para movilizar la generosa ayuda del sector privado y
de países amigos, y para despertar la entusiasta solidaridad de las
gentes buenas de Colombia. Todos, sin distingos de clase o afiliación
política, han aportado sus esfuerzos y sus donativos para paliar o resolver las
urgentes necesidades de los damnificados.
No obstante, la
atención prioritaria que han demandado las poblaciones destruidas y sus
habitantes ha multiplicado su actividad y la de su equipo para iniciar el cumplimiento
de los compromisos adquiridos con sus electores. En materia de seguridad,
despertó a las fuerzas militares y de policía y levantó su moral para conseguir
en un mes y medio lo que la administración Petro no consiguió en cuatro años:
captura y neutralización de capos de los grupos narcoterroristas,
multiplicación de órdenes de extradición firmadas, traslado de capos de los
sitios de privilegio que usufructuaban a sus anchas a cárceles de seguridad sin
privilegio alguno, decomiso de armamento y droga, y desmonte de organizaciones
criminales, etc. Resulta verdaderamente sorprende la contundencia de estos
resultados en tan solo un mes y medio de gestión.
Ha adoptado trascendentales
decisiones sin que le tiemble el pulso y sin descuidar el resto de sus
responsabilidades. Como la de poner punto final a la sinvergüencería
denominada “paz total” que solamente sirvió para aumentar el pie de fuerza
de los terroristas y para incrementar el cultivo de coca, la minería ilegal, el
secuestro, la extorsión y las masacres durante la funesta administración de
Petro.
Puso reglas claras a la
llamada “autonomía universitaria”, convertida en una patente de corso
para refugiar a los vándalos que atacan la fuerza pública y destruyen la
infraestructura urbana.
A los corruptos o
delincuentes de cuello blanco los envió a pagar sus cuentas con la justicia
como cualquier delincuente en cárceles comunes, no en comisarías o
instalaciones militares.
En materia económica,
este gobierno tuvo que revelar la falsedad encerrada en el proyecto de
presupuesto que dejó la pasada administración, la cual omitió deliberadamente
cuantiosas obligaciones que deben ser atendidas sin que existan los
correspondientes ingresos. Ha comenzado el recorte de gastos superfluos
mediante un minucioso estudio de todas las irregulares transacciones
halladas en casi todos los entes del Estado y la cancelación de contratos
de servicios innecesarios que aumentaron en 900 000 las nóminas paralelas
con la sola justificación de obtener adeptos para la elección del candidato de
las FARC.
Con la eficiente
participación de sus ministros encabezados por el vicepresidente, José
Manuel Restrepo, se estudian las estrategias para desencadenar las inversiones
nacionales y extranjeras que produzcan un crecimiento en las áreas
energética, de hidrocarburos, agricultura, minería, industria, turismo y
servicios tecnológicos. Ya empezó el revolcón de Ecopetrol, que había
sido conducido a la bancarrota por Roa y su combo petrista.
Se están arbitrando
recursos que no dejó la pasada administración para poner orden en la salud
con un plan inicial de choque para la atención inmediata de los pacientes de
alto riesgo.
Ni el tema indígena
ha sido olvidado. Cara a cara con los líderes comunitarios de diferentes etnias
fue muy sincero el presidente manifestando su propósito de integrarlos a la
vida nacional con todos los derechos como cualquier ciudadano, pero con
obligaciones de participar en la construcción de la Patria Milagro
poniendo a producir sus tierras y cuidando cada peso que se destine a aliviar
las necesidades de la población indígena.
En una palabra, ha roto
“el tigre” con el clientelismo, y con la cómoda posición de “los de
siempre” de mirar para otro lado mientras los criminales acababan con el
país. No se explica de otro modo la aprobación de propuestas de Petro como la
de reforma a las pensiones, plan de desarrollo, presupuesto desfinanciado,
autorización del exagerado endeudamiento, sin contar con una mayoría
parlamentaria. De igual forma obtuvo la escogencia de sus candidatos en cargos cuya
designación interviene el Congreso. ¿Cómo lo logró? Mediante el soborno o
compra de la conciencia de “los de siempre”, habituados a mamar arrodillados,
como los terneros gordos.
Gracias a la Divina
Providencia contamos con un nuevo estilo de gobierno. orientado al bien
común, no a intereses personales o de grupo. Ha seleccionado profesionales
especializados en las distintas áreas que la administración requiere,
comprometidos con el proyecto de construir la Patria Milagro, sin ambiciones
egoístas. Contra la maledicencia y el afán destructor de sus detractores, ha
actuado con estoica serenidad, dejando que sean sus realizaciones las
que respondan sin enzarzarse en estériles confrontaciones.
A quien aún tuviera
alguna duda sobre el carácter del “tigre” y su indeclinable propósito de cambiar
la desmoralización reinante en la vieja politiquería, le bastaría con repasar
la última alocución presidencial para confirmar los aires de renovación que se
respiran en el alto gobierno.
