Por Luis Alfonso García Carmona (*[1])
“Hay un
límite en que la tolerancia deja de ser virtud”.
(Edmund Burke)
Conclusiones
El esbozo de la realidad nacional que nos hemos permitido exponer nos permite
extraer algunas conclusiones que nos encaminen a la búsqueda de soluciones
eficientes y duraderas a la profunda crisis que atravesamos.
Primera. Como lo hemos demostrado hasta la saciedad, lo que aquí está en juego son
dos visiones contrapuestas sobre el tipo de Estado que Colombia necesita:
a. La que propone
el populismo de izquierda consistente en un Estado totalitario de tipo marxista,
que promueve el odio de clases; que patrocina el crimen y promueve el
narcotráfico; que hostiliza la familia tradicional y la libertad de empresa;
que pretende sustituir las instituciones militares por colectivos armados de
delincuentes afectos al régimen; y, que busca la destrucción de la economía y
el control de la población a través de subsidios y reparto de alimentos;
b. La que
defendemos el resto de colombianos que queremos una Patria donde impere la libertad
y el orden, como lo proclama nuestro escudo; que se respete la dignidad de la
persona humana, sus valores y creencias; con un Gobierno al servicio del bien
común y no de una ideología foránea o de un grupo de fanáticos obnubilados por
un decadente comunismo que ha fracasado en todos los países que lo han ensayado;
que se garantice el derecho a la vida y la seguridad de los ciudadanos y se
castigue a los criminales; que se imparta una justicia imparcial a todos los
colombianos; que los recursos públicos se manejen con honestidad; que la educación
sirva para formar buenos ciudadanos y no para adoctrinar la juventud con falacias
marxistas; y, que se respete la democracia y el Estado de derecho por encima
del fraude y la tiranía.
En consecuencia, la lucha en el caso colombiano debe abarcar dos grandes
escenarios:
a. El rescate del poder para impedir la instalación por la fuerza del
sistema político- económico del Socialismo del Siglo XXI.
b. El rescate de nuestra identidad cultural compenetrada con los
principios de la civilización occidental, democrática e inspirada en los
valores de la cristiandad.
Tercera. Entre nosotros, aunque tanto las encuestas de opinión como las
manifestaciones callejeras arrojan un descontento mayoritario y creciente de la
población con el proyecto de deconstrucción iniciado por el actual régimen, lo
cierto es que poca consciencia existe sobre la necesidad de articular una
racional planificación para detener el dañino proceso.
Es un hecho histórico que en toda sociedad existe una gran diferencia entre
quienes ocupan los puestos de mayor relevancia o aspiran a ejercerlos si tienen
oportunidad (la clase gobernante), y los que no gobiernan ni son capaces de
gobernar (los gobernados). Partamos de la base de que el rechazo generalizado a
la gestión del populismo de izquierda instalado en la Casa de Nariño y a los
profundos cambios culturales que quieren imponer a la sociedad colombiana, carece
de un grupo consciente que encauce la rebelión y señale el camino a seguir.
No existen partidos políticos como tales que sirvan como instrumentos
eficaces para enfrentar a un enemigo que los ha envilecido. Se ha perdido la
credibilidad en la mayor parte de los que se han posicionado como
opositores al régimen.
Tampoco constituye una opción viable esperar que las mayorías carentes de
organización, unidad en los propósitos y en la acción y cuadros directivos,
alcancen –por arte de magia– una victoria sobre un Estado cada vez más
absolutista y tiránico.
Sólo resta convocar a las entidades que, desprovistas de intereses
políticos cortoplacistas y comprometidas con la defensa de los valores y
principios que hacen parte de nuestro patrimonio cultural e histórico, se
atrevan a dar el paso de vencedores para rescatar a Colombia. Bajo el
impulso de estas colectividades, conseguiremos encauzar, coordinar y potenciar
los enormes recursos de millones de manifestantes que desean que su aporte
individual sirva efectivamente para rescatar a su Patria.
Cuarta. Es prioritaria, en consecuencia, la conformación de una organización
que coordine la acción individual y colectiva y establezca las estrategias,
tácticas y liderazgos conducentes para alcanzar la victoria. Lo primero que se
requiere es, en palabras de Agustín Laje, “un grupo consciente de sí mismo
que decide emprender la batalla” (La batalla cultural, Harper collins México,
2022, pag. 37).
Con esas premisas, vale la pena intentar la puesta en marcha de una “Confederación
para el rescate de Colombia”, para la cual se debe convocar a:
a. Centros de pensamiento de orientación democrática (Ejemplos: Alianza
Reconstrucción Colombia, Foro Atenas, Centro Cultural Cruzada, etc.).
b. Grupos de promotores de marchas de protesta contra el régimen.
c. Asociaciones formales e informales de personal retirado de las Fuerzas
Militares, Policía Nacional y antiguo DAS.
d. Grupos Pro-Vida y defensores de la Familia tradicional.
e. Grupos laicos de orientación cristiana.
f. Gremios económicos y grupos empresariales.
g. Asociaciones de profesionales y técnicos.
h. Sindicatos de orientación democrática.
i. Grupos de internautas de orientación democrática y cristiana.
Quinta. La acción inmediata de esta nueva fuerza cívica, popular, nacional e
independiente debe ser el rescate del poder para impedir la destrucción
de nuestra sociedad que en tiempo récord viene adelantando Aureliano y
su camarilla.
¿Cuál sería el medio más adecuado para rescatar a Colombia?
a. Es inaplazable la iniciación de un juicio político contra el presidente
elegido mediante la violación sistemática de las normas electorales, exceso en
los topes permitidos y el ingreso de dineros del narcotráfico a su campaña.
b. Petro no podía ser elegido presidente por haber sido condenado
por delitos, diferente a los de carácter político o culposo, de conformidad con
los arts. 179 y 197 de la Constitución Política.
c. La gestión del actual presidente, como hemos podido constatar en el
análisis precedente, se ha convertido en una sucesión de violaciones al juramento
prestado de cumplir y hacer cumplir la Constitución y la Ley, y a un
permanente incumplimiento de sus deberes como primer mandatario de la Nación.
Es, pues, evidente que no puede continuar desempeñando tan importante cargo.
d. La presentación de la denuncia debe ser acompañada de una gran movilización
callejera coordinada por la Confederación cuya creación aquí se propone,
movimiento que debe ser indefinido hasta que se falle el juicio político.
e. Los directores de este nuevo movimiento deberán prever las acciones a
seguir para hacer seguimiento a cada uno de los congresistas e impedir
que su voto sea manipulado por el soborno gubernamental.
f. Se deberá establecer un centro de difusión a nivel nacional e
internacional para dar a conocer la razón de ser del juicio político y la
verdadera opinión de los colombianos sobre el tema, para neutralizar las
campañas desinformativas y sesgadas que empleará la izquierda multinacional.
Sexta. Truncado quedará todo este esfuerzo si nos conformamos con corregir los
síntomas sin percatarnos que detrás de toda esta hecatombe que vivimos subyace
una profunda crisis moral. Los políticos supeditan el bien común
a sus particulares intereses. Congresistas y magistrados desconocen la voluntad
del constituyente primario y avalan un acuerdo espurio con los mayores
criminales de nuestra historia. Los individuos se erigen a sí mismos como
dioses para decidir sobre la vida o la muerte de un ser indefenso en el vientre
de su madre. El narcotráfico, el vandalismo y el terrorismo se justifican por
ser “delitos conexos” con el delito político. La falacia de la ideología de
género ha permeado nuestra sociedad desde las aulas escolares. Hemos apartado el
conocimiento de Dios y de su mensaje para sustituirlo por el culto al Che
Guevara y a los ídolos de barro de una sociedad materialista. ¿Nos vamos a
quedar impávidos mientras se derrumban los fundamentos de nuestra sociedad?
Es preciso continuar la lucha cultural para la defensa de: la
democracia, los valores cristianos, el amor por la Patria, el bien común
como razón de ser de la acción del Estado, la defensa de la familia
tradicional como base de nuestra Nación, la garantía del derecho a la
vida desde la concepción hasta la muerte natural, el respeto a la dignidad
de la persona humana, la vigencia del Estado de derecho y de una justicia imparcial
y oportuna para todos los colombianos.
La batalla para el rescate cultural de nuestra Nación deberá adelantarse:
a. Desde el Estado, una vez se recupere la conducción de este, modificando
las perniciosas normas implantadas a partir del espurio acuerdo de La Habana.
b. Hay que llevar la batalla cultural a aquellos escenarios que han sido
conquistados por el “marxismo occidental”, vale decir, la escuela, la
universidad, los sindicatos, las iglesias, los medios de comunicación, los
centros culturales, la administración de justicia, el entretenimiento, las
redes sociales, los gremios, las asociaciones profesionales.
En una palabra, cada uno de los individuos que conforman el conglomerado
social deberá mutar en un apóstol del regreso a la cultura del orden, de la
verdad, de la moral, de la justicia y de la dignidad de la persona humana.
Parece una utopía pero no lo es tanto, si al frente de la tarea existe un
grupo consciente como el que se propone en este trabajo. Como colofón
traigo estas palabras que nos sirven de inspiración:
“ … el mundo moderno ha buscado lo bueno por malos caminos;
ha comprometido de esta manera la búsqueda de auténticos valores humanos que
es preciso salvar ahora por la posesión consciente de una verdad más
profunda, por una nueva creación substancial del humanismo “(Jacques
Maritain).
[1] Luis Alfonso García Carmona
es graduado en derecho y ciencias políticas en la Universidad de Antioquia
(Medellín), autor del libro “Reconstrucción nacional” y columnista
habitual de Tradición Viva (España), La Linterna Azul y El Pensamiento al Aire
(Colombia).