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martes, 30 de julio de 2024

Gobierno del mal y la inmoralidad

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Asistimos en medio del estupor –y también de la ingenuidad– al denigrante espectáculo que brinda una camarilla delincuencial instaurada en el poder para ejercer libre e impunemente toda clase de acciones perversas e inmorales, en nombre del “cambio” que se ha vendido a las ignaras masas despreocupadas por los temas de la política.

Con el claro propósito de acelerar la conversión del país en otra nación esclava del sistema marxista-leninista y, de paso, enriquecer a manos llenas, a sus aliados, el régimen de turno se ha ideado toda clase de artimañas para extraer recursos de la corrupción, como si de un pozo sin fondo se tratara, y aplicarlos a esas bien definidas metas en las que se ha comprometido toda la acción gubernamental.

E inventó “el cacas”, los programas de las “ollas comunitarias” y de los “carro-tanques” para suministro de agua a la población de La Guajira. Lo demás, fue coser y cantar: sobrevalorar el costo de los contratos y equipos, escoger los parlamentarios que deberían beneficiarse a cambio de votar favorablemente los proyectos del Gobierno o empantanar el proceso del juicio por indignidad contra el presidente, designar los contratistas que se prestarían para el robo descarado a las comunidades y ordenar a los funcionarios el trámite de las transferencias presupuestales y la elaboración de los actos administrativos y contratos correspondiente, en los que todos a una se beneficiarían jugosamente. Mientras tanto, ¿dónde quedan las necesidades del pueblo? Sólo como una imaginaria referencia de los buenos propósitos del “cambio” que nunca se cumplieron. Pura mentira e inmoralidad.

Esta es la historia, a grandes rasgos, del escándalo llamado de la Unidad de Riesgos, una de las mayores defraudaciones conocidas en la historia criminal de Colombia.

Inicialmente, la actitud del camarada Petro fue la de culpar a los funcionarios, como si no supiéramos que pertenecen a su más cercano entorno. Luego, como buen discípulo de Maquiavelo, cambió su estrategia y pidió perdón al Congreso, admitiendo que solo le cabe en todo este asunto una responsabilidad política por haberlos nombrado. Pero la Constitución, la misma que juró cumplir y defender y que viola a diestra y siniestra, es muy clara al respecto: “Art. 198. El presidente de la República, o quien haga sus veces, será responsable de sus actos u omisiones que violen la Constitución o las leyes.”

En consecuencia, la restauración del orden que más temprano que tarde tendrán que avocar los altos mandos militares en cumplimiento de su función primordial, pasa, en primer lugar, por la separación del cargo de quien lo ejerce y de quien lo acompañó en la extralimitación de gastos por encima de los señalados por la ley.

Pero más allá de lo que el presidente afirme un día, o cambie de táctica al otro, a la hora de revisar las evidencias se podría decir que hay fuertes indicios de que Gustavo Petro es el gran responsable del descalabro. No solo por ser el jefe de Estado, sino porque de cierta manera ha sido el articulador de todo el engranaje que condujo a que cientos de miles de millones de pesos, y tal vez billones, que debían dedicarse a mitigar riesgos, se hayan gastado en darles a congresistas prebendas para aprobar reformas en el Legislativo.

Y, más grave aún, para dar contratos al ELN en Arauca, según lo reveló el propio Olmedo López ante la Corte Suprema y lo conoció el país gracias a Noticias Caracol.

“La plata que parafraseando a Petro se debía utilizar para calmar la sed de los niños de la Guajira, se habría destinado a darle contratos a un grupo armado criminal.” ¿Así o más escandaloso?

Pero volviendo a la responsabilidad más directa de Petro, una pregunta clave es ¿cómo llegó una dependencia relativamente menor como la Ungrd a manejar una caja billonaria?

No estamos hablando de chichiguas. Atención a este dato: en el presupuesto aprobado en 2022 para 2023 se destinaron 657.000 millones de pesos a la Ungrd, pero el cierre presupuestal de 2023 mostró que en realidad esa unidad de riesgos se gastó 2 billones 263.000 millones de pesos. ¡Casi 4 veces más! ¿De dónde salió tanta plata?

El propio presidente Petro fue el que movió las clavijas de la opinión y del Estado para que llegaran billones de pesos al bolsillo de la Ungrd.

Recordemos que Petro estaba con la idea, que para ese entonces parecía absurda, de decretar una “emergencia económica y social” desde antes incluso de que lo eligieran. En marzo de 2022, dijo que la “catástrofe social del hambre” debía mitigarse decretando la emergencia económica.

Pero lo del hambre no le cuajó. Y ya como presidente, en septiembre de ese mismo 2022, comenzó a sugerir que debía declarar emergencia por la crisis climática que traería muchas lluvias. Pero lo de las lluvias tampoco le cuajó.

Y después, en 2023, sacó de la manga otra carta: el supuesto impacto del fenómeno de El Niño sobre la Guajira. Era la emergencia más extraña que se hubiera decretado en Colombia, porque se ha declarado ante eventos catastróficos como la pandemia del covid o la tragedia de Mocoa. Nunca se había decretado una emergencia con base en un pronóstico como lo hizo Petro: “Es absolutamente pertinente decretar la emergencia porque se avecina una calamidad pública. Porque los modelos climáticos nos anuncian la cercanía de una sequía que nunca antes se había visto en La Guajira”.

Era tan evidente el despropósito que la Corte Constitucional tumbó esa emergencia. Hasta ese momento se pensaba que el embeleco de Petro en declarar una emergencia era para poder hacer decretos sin tener que pasar por el Congreso. Pero la historia nos demostró que tal vez lo que buscaba era poder tener plata contante y sonante para poder gastarla según sus intereses.

En el contexto de la narrativa de la emergencia comenzó a lloverle plata a la Unidad de Riesgos. El senador Juan Diego Echavarría, del equipo de Julián Bedoya, propuso que le adicionaran $200.000 millones a la Ungrd, y dicho y hecho.

El modus operandi al parecer les quedó gustando porque luego el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, hizo dos adiciones presupuestales por $700.000 millones cada una: una el 22 de septiembre de 2023 y otra el 11 de diciembre de 2023”. (El Colombiano, Editorial)

Es la consecuencia necesaria de un proceso en el cual quienes tuvieron la potestad de orientar a la opinión pública toleraron la avanzada de las ideas materialistas, la destrucción de nuestros valores tradiciones y el abandono de los derechos fundamentales de la persona humana. Como bien lo expresa Jacques Maritain: Aquí nos hallamos en presencia de ese maquiavelismo impetuoso, irracional, revolucionario, violento y demoníaco, para el que la injusticia sin límites, la violencia sin límites, la mentira y la inmoralidad sin límites, son los medios políticos normales, y que extrae una abominable fuerza de ese carácter ilimitado del mal. Y bien podemos advertir qué clase de bien común es capaz de aportar a la humanidad un poder semejante, que sabe perfectamente cómo no ser bueno, y cuya hipocresía es una hipocresía consciente y feliz, una hipocresía ostentosa y gloriosamente promulgada, cuya crueldad aspira tanto a destruir las almas como los cuerpos y cuya mentira es una perversión total de la función misma del lenguaje”.

miércoles, 8 de mayo de 2024

A las espaldas del Gran Enmermelador

José Alvear Sanín
José Alvear Sanín

No se requiere excepcional perspicacia para asociar la declaratoria de emergencia económica para La Guajira, de julio 2 / 2023, y la decisión de comprar los carrotanques a toda carrera y con increíble sobrecosto, con la oportuna adición presupuestal de $200.000 millones de pesos para la UNGRD, propuesta por 20 representante a la Cámara e incluida presurosamente por el ministro de Hacienda en el presupuesto nacional.

Vale la pena recordar que el actual Gobierno, antes de esa adición, ya había incrementado enormemente los recursos para dicha entidad, aunque ahora sus amigos dicen que ese era un antro de la corrupción más espantosa al servicio de los gobiernos anteriores.

Tampoco exige especial agudeza asociar la emergencia económica de La Guajira con su autor, quien no niega haber nombrado a Olmedo López como director de esa unidad, ni extraordinaria intuición conectar los torrentes de mermelada que embadurnan a los honorables presidentes de ambas Cámaras y a otros 15 de sus colegas, que explican las extrañas mayorías con la que avanzan proyectos de ley absolutamente inconvenientes para sus futuras víctimas, los colombianos todos.

A medida que oímos las grabaciones de Snyder Pinilla, de la alta consejera del Gobierno, Sandra Ortiz, y conocemos las reacciones de las cabezas del Congreso, aumenta el estupor ante la pestilente corrupción y los diarios escándalos que rodean la actual administración.

Se necesita tener la inmoral indiferencia de los miembros de la Comisión de Acusaciones para tolerar tal ignominia y seguir negando la actuación que exigen los hechos contundentes que ellos se obstinan en no ver.

Volviendo a los carrotanques, como Olmedo le dice a Snyder que “por política de Estado” hay que llevar las maletadas de billetes a Calle y Name, es inevitable preguntarnos quién le dio al director de la UNGRD la orden respectiva: ¿el salpicado ministro del Interior o alguien más arriba?

La reacción de Petro es tan lacónica como peregrina. Lamenta haber nombrado a Olmedo, pero dice que todo parece mentira, porque Name ha sido enemigo de sus reformas, etc., ¡de tal manera que sus candorosos oyentes puedan pensar que quien embadurnó a los congresistas es más bien un enemigo del gobierno!

Snyder, con toda razón, teme por su vida. Advierte que no se suicidará (¿recordando a algún coronel?) y pide a Olmedo que diga toda la verdad. Este pide protección a la fiscal (¿confiable?) y anuncia que revelará todos los hechos.

¿Podremos confiar en la veracidad de este sujeto cuando comparezca ante la Fiscalía? ¿Y qué quiere decir Snyder cuando asegura que “Petro dejó solo a Olmedo”?

Por eso es fundamental que los medios todavía independientes no sean enmermelados como tantos otros, porque se vislumbra la venidera operación para desconectar al Gran Enmermelador del escándalo, de manera tal que Olmedo y los funcionarios que se han destituido aparezcan como quienes estaban regando con un niágara de mermelada a los legisladores... quizá para hacer fracasar las reformas.