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lunes, 27 de julio de 2026

El potencial del cobre en Colombia

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

El cobre es la piedra angular de la transición energética hacia las energías renovables no convencionales (solar y eólica). La producción mundial de unos 23 millones de toneladas anuales de dicho metal, que, según proyecciones, en menos de cinco años podría llegar a superar los 30 millones de toneladas, es impulsada por la creciente demanda de tecnologías como las energías eólica y solar, la electromovilidad (principalmente los carros eléctricos) y los sistemas eléctricos avanzados.

La cordillera de los Andes alberga los mayores yacimientos de cobre en el mundo. Chile lidera la producción global, con más de 5 millones de toneladas anuales; Perú le sigue con aproximadamente 2,5 millones, mientras que Ecuador comienza a posicionarse como un nuevo actor emergente.

Los estudios geológicos han evidenciado la existencia de depósitos cupríferos en la cordillera de los Andes, desde Chile hasta Colombia. De acuerdo con el mapa metalogénico elaborado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC), en nuestro país se han identificado ambientes geológicos favorables en los que podrían existir depósitos comerciales de cobre. Colombia se encuentra en la línea del cinturón del Pacífico, franja estratégica con potencial de cobre, en la que se han identificado tres cinturones de pórfidos cupríferos para la exploración y potencial explotación de cobre: Cinturón Occidental –prospectos Acandí, Murindó, Pantanos-Pegadorcito, Andágueda y Piedrancha–; Cinturón Oriental –Andes, Infierno-Chili, Dolores y Mocoa–; Cinturón Central –prospectos El Alacrán, Quebradona, El Pisno, Piedrasentada-Dominical y Mazamorras–. De ellos los más avanzados son Mocoa en el Departamento del Putumayo, Quebradora en el Departamento de Antioquia y El Alacrán en el Departamento de Córdoba.

Según información del Visor Geográfico del Sistema Integral de Gestión Minera, en Colombia se tienen registrados por lo menos 210 títulos activos de mediana y gran escala, que incluyen entre sus minerales objetivo el cobre. Ana Carolina González, directora para América Latina del Instituto de Gobernanza de los Recursos Naturales (NRGI), estima que el 37 % del potencial de cobre colombiano se superpone con reservas forestales de Ley Segunda de 1959, que no permite actividades mineras a menos que el área del título minero sea sustraída temporal o definitivamente, es decir, que se le retire su categoría de reserva. Otro 22 % se encuentra en áreas donde se prohíbe hacer minería, conocidas, en términos técnicos, como áreas excluibles[1]. En total, en cerca del 60 % del territorio nacional está prohibida y/o condicionada toda actividad minera, situación esta que limita el interés inversionista en el gran potencial del cobre colombiano, lo que merece un serio debate público, al que me referiré a continuación.

El gran reto es que en Colombia logremos efectivamente que los proyectos de cobre no se ejecuten dentro de áreas declaradas previamente como excluidas, tales como los parques nacionales, ni en áreas declaradas y delimitadas legalmente como páramos y que, cuando su desarrollo cause impactos mitigables se ejecuten con la adecuada y real participación social, y con beneficios garantizados para las comunidades locales. Además, asegurando que en las áreas donde se realicen actividades mineras se prevengan, corrijan o compensen los impactos a los ecosistemas y al entorno social, para lo cual es fundamental que el Estado colombiano logre un correcto y estricto ejercicio de autoridad ambiental, que se ciña solamente a lo técnico y descarte la ideologización, que contrapone el desarrollo al aprovechamiento racional de los bines naturales; que las empresas que exploten el mineral tengan los más altos estándares en sostenibilidad desde el punto de vista social y ambiental; que no solo se cumplan las regulaciones legales aplicables en Colombia, sino, fundamentalmente, las que globalmente promuevan el desarrollo sostenible a largo plazo, así como acciones concretas contra el cambio climático.

La minería de cobre generaría importantes ingresos para el Gobierno Nacional y las regiones (vía impuestos y regalías), amén de empleo formal en zonas que a menudo requieren mayor inversión estatal. El cobre colombiano debe llegar a generar un encadenamiento productivo: la oportunidad no es solo exportar el mineral con bajo grado de procesamiento (los llamados concentrados), sino avanzar hasta, mediante el proceso de refinación, a producir cobre metálico, creando una cadena de valor completa: transformando el metal en productos terminados como cables o componentes para la industria de la electromovilidad, lo que diversificaría la matriz exportadora del país. Ningún país del mundo se ha enriquecido exportando minerales en bruto, ya que solo la industrialización del producto minero crea desarrollo y bienestar compartido.

Colombia apenas ha tenido una participación marginal en la minería de cobre, a diferencia de sus vecinos como Chile, Perú y Ecuador, que figuran, los dos primeros, entre los mayores productores del planeta. Aunque nuestro país no tiene una tradición destacable en la minería del cobre, existe una mina, El Roble, localizada en El Carmen de Atrato (Departamento del Chocó), que produce y exporta concentrados de sulfuros de cobre, con un contenido aproximado del 18 al 20 % de cobre, que se exporta principalmente a Japón. El proceso incluye minería subterránea, trituración, molienda y concentración por flotación. Sin embargo “se trata de una excepción más que de una regla en el panorama minero colombiano”, según explica el profesor Óscar Jaime Restrepo Baena, investigador del Departamento de Materiales y Minerales de la Facultad de Minas y presidente del Congreso Cobre Colombia, celebrado en dicha Facultad en julio de 2025.

La minería del cobre y su industrialización interna, así como la explotación del gas natural mediante fracking en el Valle Medio del Magdalena, conforman la posibilidad cierta que tiene nuestro país de generar los recursos fiscales que se requieren para atender, entre otras, la crisis fiscal, la transición energética, la crisis del sector eléctrico, la seguridad nacional y la crisis del sistema de salud.



[1] https://www.elnuevosiglo.com.co/internacional/mapa-del-cobre-en-colombia-mucho-potencial-pero-grandes-limitantes. Artículo publicado en el Periódico El Nuevo Sigle el 15 de julio de 2026, con apartes de un estudio publicado por Daniela Quintero y Andrés Díaz Páez en la agencia IPS.

miércoles, 17 de julio de 2024

Entrevista con Darío Montoya Mejía

Antonio Montoya H.

Para la entrevista de la semana en El Pensamiento al Aire, hablamos con el ingeniero industrial Darío Montoya Mejía sobre diversos aspectos de la vida nacional empezando por la propuesta del manejo de etanol que brinda una transición energética limpia y sin los costos que exige la electricidad. No dejes de verlo.

Darío Montoya Mejía, nacido en Medellín, es un ingeniero industrial y especialista en Finanzas y Formulación y Evaluación de Proyectos de Inversión Privada, egresado de la Universidad de Antioquia. Se ha destacado por liderar una transformación del Sena, aumentando la cobertura a más de siete millones de estudiantes por año. Ha sido embajador en Brasil y en el sector privado, se ha desempeñado como director de la Incubadora de Empresas de Base Tecnológica de Antioquia. Trabajó en el diseño de la Política Nacional para la Creación y el Desarrollo de Empresas en Colombia. También fue docente de la Universidad de Antioquia. Adicionalmente, trabajó en la Escuela Latinoamericana de Ingenieros, Tecnólogos y Empresarios (ELITE), ideada por el expresidente Álvaro Uribe, de la cual fue rector hasta 2014, y posteriormente fue presidente del Consejo Directivo. En 2018, fue elegido como rector de la Institución Universitaria Digital de Antioquia.

miércoles, 16 de agosto de 2023

Transición energética, desarrollo y adaptación al cambio climático como propósito nacional

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por: Luis Guillermo Echeverri Vélez

Ponencia presentada en el foro Sostenibilidad y Transición Energética. Pasos necesarios para tener un mejor país

Introducción

Quiero agradecer a Hassan Nassar y a la revista Alternativa por invitarme a este importante foro para plantear ideas de cómo realizar una transición energética lógica y sensata dentro del contexto de compatibilidad entre el desarrollo socioeconómico, el calentamiento global y el cambio climático.

Esta presentación se conceptualiza desde el punto de vista del sentido común, compaginado con la implantación de nuevas tecnologías como elemento necesario en todo proceso transformacional.

No soy técnico ni especialista, pero he tenido la oportunidad de aprender y conocer personalmente la diversidad colombiana y global, y los procesos relacionados con la materia. Desde el Fondo Nacional del Café y Proexport-Colombia, tuve como economista agrícola la posibilidad de hacer unos análisis de todas las regiones y la productividad nacional como país tropical andino y entender lo que ello significa. Desde el directorio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), durante 8 años, pude conocer a fondo 48 países del mundo y analizar sus realidades geográficas, ambientales, políticas y sus condiciones de vida socioeconómicas, y después tuve el gran honor de poder colaborarle al país en la Presidencia de la Junta de Ecopetrol.

En esta ponencia sobre me refiero a varios ejes fundamentales que tienen que integrarse al hablar de transición energética:

·       La compatibilidad de la convergencia tecnológica con el desarrollo humano cultural y socioeconómico.

·       El cuidado y el aprovechamiento de la biodiversidad y las forestas tropicales.

·       El recurso minero-energético en todas sus formas, empezando por el manejo hídrico y la debida exploración, explotación y mitigación ambiental de todo tipo de minerales.

Fundamentos de transición energética: la experiencia en Ecopetrol

Con miras a poder delinear un plan responsable de transición energética de corto, mediano y largo plazo para el grupo empresarial Ecopetrol, que ayudara al país y la región, desde principios del 2019 analizamos con expertos mundiales todas las variables asociadas al cambio climático, al calentamiento global y al desarrollo energético.

Lo hicimos en paralelo al desarrollo de la metodología con la cual iniciamos una transformación integral de todos los flujos de negocio sujetos de mejora; trabajamos con la administración en una arquitectura que nos permitiera un proceso de cambio tecnológico innovativo y acelerado mediante la implantación de sistemas digitales que habilitaron a la empresa a concluir su transición de ser una petrolera bajo modelos de asociación, a ser un grupo regional y global de servicios, dedicado a todo el sector energético a partir del 2021 y con metas claras a 10, 20 y 40 años, que comprendía mejoras críticas en todo el negocio de hidrocarburos, avances en gas y descarbonización e incursión en nuevas formas de generación, transporte y distribución energética.

Entendiendo la importancia de la anticipación a la velocidad del cambio y que el mundo está pasando de la “economía del conocimiento” a la “economía del comportamiento” (Behavioral Economics), emprendimos ese proceso de cambio completamente apalancados en una función tecnológica, para poder hacer mucho más eficiente todo el concepto de parámetros ESG: (Ambiente, Social y Gobernanza y Administración Corporativos).

Nos apoyamos en todos los aspectos de la convergencia digital y tecnológica aplicada en tiempo real a la recolección, proceso y analítica de datos, mediante sistemas de manufactura avanzada y economías circulares, internet de las cosas, inteligencia artificial, robótica, nanotecnología y realidad aumentada, lo cual le garantizó al grupo seguridad física, eficiencia operativa y eficacia financiera, que se vieron reflejadas inmediatamente en la forma en que logramos navegar la depresión que causó la pandemia y en los resultados económicos de los años 2021 y 2022.

Así fue como llegamos al concepto metodológico, operativo y administrativo bajo parámetros T.E.S.G. que trabajamos con denominación de SosTecniblidad®.

Apalancados en el extraordinario talento humano existente en Ecopetrol y sus casi 100 compañías y en tecnologías de punta, se logró en pocos meses terminar de implementar y fortalecer con inversiones intensivas, una transformación muy grande que ya había iniciado la empresa desde 2016, pero requería el compromiso de una junta directiva que desde la primera reunión creó un Comité de Tecnología e Innovación, con el fin de respaldar una administración completamente abierta y enfocada al cambio.

Todo esto se plasmó en la estrategia corporativa del Grupo Empresarial Ecopetrol que se aprobó bajo el nombre de “Plan Estratégico 2040”.

Hablemos de cómo se debe abordar plan lógico para Colombia en materia de transición energética.

¿Qué no podemos y qué podemos y debemos transformar, y cómo?

Empecemos por decir que todas las transformaciones y los cambios positivos, a lo largo de la historia de nuestra civilización, son cambios tecnológicos, y no pertenecen al mundo de la ideología, la retórica ni de la demagogia propia de la política.

Lo anterior quiere decir que la transición energética es un objetivo global de largo plazo, un proceso tecnológico innovativo continuo en el tiempo que requiere mucha inversión económica, y que sea constante y consistente.

Es un proceso de análisis, planeación, desarrollo de conocimiento y capacidad humana, digital y científica dedicada a la adaptación e implementación y compaginación de sistemas innovativos y nuevas tecnologías.

Entendamos también que hay dos tipos de cambios: los que nos impone la naturaleza, y aquellos que son producto de una función de conocimiento científico y tecnológico.

No existen cambios generados por los humanos que no estén relacionados con la ciencia y la tecnología. Los cambios fundamentados en ideologías, por lo general, resultan opuestos a los primeros y definitivamente no pertenecen al mundo especulativo ni a realizades factuales.

El cambio climático tiene dos factores determinantes: Unos exógenos que pertenecen a las dinámicas de la naturaleza universal y sobre los cuales no tenemos control los seres humanos. Otros endógenos que sólo podemos mitigar parcialmente mediante el desarrollo de nuevas tecnologías, su adopción cultural e implantación económica.

Los exógenos: son aquellos factores que dependen más de la rotación de la Tierra, de lo que le pase a la galaxia, de la Luna, del Sol, de en qué punto esté el planeta dentro de unas órbitas elípticas, de cuál es la inclinación y rotación sobre el mismo eje terrestre, todo lo cual determina cambios ineludibles que se van dando en periodos mucho más largos de tiempo, pero que se manifestarán en un momento determinado, de la misma forma en que hoy sabemos que ocurrió y sigue ocurriendo la transformación tectónica de planeta.

Los endógenos: son los que están dentro de la atmósfera y con relación a los cuales, los humanos sensatamente debemos comprender cómo abordar la transición energética como un proceso en el tiempo que atienda dos tendencias inevitables: la descarbonización y la electrificación.

Hablar de transición energética es un proceso complejo y costoso, que para nada se relaciona con el “Abra-cadabra” del abuso que representa un discurso políticamente correcto sobre ambientalismo. Se trata de que encontremos nuevas soluciones tecnológicas que compaginen un proceso gradual de descarbonización, con nuevas formas de proveerle a la humanidad nuevas soluciones que atiendan una creciente demanda energética, eléctrica y calórica o alimenticia.

Por tanto, la transición energética necesariamente depende de que un país tenga los recursos económicos, el talento humano y la infraestructura para implementar las nuevas soluciones de contar con esas energías, de forma compaginada con el cuidado del medio ambiente y con el bienestar y la calidad de vida que nos puede ofrecer esta era del conocimiento. Esto se complica más en países en vía de desarrollo con las complejidades presupuestales propias de un ingreso medio.

Tiene que ser un propósito global, no un tema partidista ni electoral, el propender por no alterar negativamente los ciclos y las fuerzas de esos factores endógenos que determinan la vida en los pocos kilómetros que conforman las tres capas de la biósfera.

Para una ilustración general sobre estos aspectos recomiendo un video en YouTube de “History Channel”, un programa de dos horas que cuenta la historia de la formación del mundo, expresada de una forma bastante lógica y didáctica.

¿Cuál debería ser el plan de transición energética de Colombia y cómo debe engranarse con el plan de un grupo energético que es el que está llamado a ser el abanderado de la energía en el país, a 20, 50 y a 100 años?

A mi juicio es algo que tiene que existir como política de Estado con metas realizables de corto, mediano y largo plazo, que en lugar de eliminar los ingresos estatales que le permiten una sostenibilidad energética en el mediano plazo, utilice esos recursos y los ingresos que generan el petróleo y el carbón para ir haciendo un puente, basado en gas, que conduzca al crecimiento de generación energética por medio de formas existentes y de nuevas tecnologías que aún están por desarrollarse e implementarse a niveles que puedan sustituir lo existente.

Pero aquí ningún político habla de ello con propiedad, sólo utilizan los conceptos básicos acomodándolos a su propia conveniencia. Hablan del cambio climático y la transición energética, como hacen con otras banderas ideológicas minoritarias, como una bandera ideológica sin respaldo en el mundo real para armar un movimiento o un partido desde el cual abusan del erario y engañan al elector y al ciudadano.

Y la retórica populista ideológica no debe ser el camino del cambio en materia de transición energética y menos de la mitigación del cambio climático. Estos son asuntos que tienen que hacer parte de un propósito global no de una sola nación. Debemos entender que la huella ambiental actual de Colombia es simplemente una parte pequeña, tal vez el 0,2% de todo lo que pasa en el ambiente del planeta, de manera que de poco o nada nos sirven políticos hablando por todo el mundo de que van a ser los salvadores del cambio climático y el calentamiento global, cuando nada hacen internamente por combatir aspectos tan críticos como:

a. La deforestación. Que incluye la devastación de la biodiversidad, la depredación de especies en vía de extinción, la contaminante y devastadora minería ilegal no tecnificada y sin mitigación alguna, la explotación ilegal de maderas duras y los atentados terroristas a la infraestructura de transporte de hidrocarburos.

b. La colonización. Muchas veces forzosa y engañosa de zonas aisladas con propósitos de politiqueros y de lucro individual o de colectivos legales o ilegales.

c. Los conceptos de desarrollo indeseado. Como la sustitución de cultivos en zonas aisladas y donde sólo debe haber selva tropical húmeda o proyectos de reforestación natural o comercial.

d. La deforestación para la siembra de cultivos ilícitos. Coca, amapola y mariguana, su proceso, producción y comercialización de cocaína, heroína y cannabis como drogas adictivas, que integran toda la cultura social y económica criminal asociada al narcotráfico y al narcoterrorismo.

Desafortunadamente los políticos en la civilización actual solo tienen un interés personal en el corto plazo, representado en sus políticas de gobierno y no en la formación de políticas de Estado, y ello se relaciona con que el paso por el poder es efímero y carece de la real determinación y capacidad de implementar transformaciones sostenibles.

Hay tres valores prioritarios que deben ser políticas de Estado no banderas de campañas ni simples políticas de un gobierno.

Entonces, ¿qué es lo que hay que cambiar para recorrer en el tiempo un camino a una transición energética, lógica, sensata y sostenible?

Primero. Defender la diversidad y multiplicarla;

Segundo. Defender el agua que es energía, aprender a manejar el recurso hídrico con tecnología y multiplicar la producción o transformación energética;

Tercero. Educar, como el elemento cultural, el valor más importante para que los dos anteriores puedan sostenerse. Entender que tenemos un gran capital humano, inexplotado, subestimado, falto de educación.

Como nación debemos concentrarnos en crear la cultura del mejoramiento ambiental mediante la participación de toda la ciudadanía en la siembra de árboles y en la reforestación y su cuidado, del aprendizaje de idiomas, matemáticas, civismo e ingenierías, en lugar de estar enseñando odio y resentimiento como ha hecho Fecode con la niñez y la juventud.

Debemos dejar de predicar una transición energética prohibitiva y politizada, hay que enseñarle al ciudadano del futuro cómo prepararse científica y tecnológicamente, para poder realizar cambios transformacionales positivos, como el manejo del agua y la generación de energías limpias.

Además, hay acciones que no dan espera

Y voy a tratar de terminar esta intervención, diciendo lo siguiente: en Colombia tenemos que hacer tres cosas:

Primero. Desarrollar responsable, legal, técnica y eficientemente el potencial minero-energético que nos dio la naturaleza cuando creó nuestra variada y accidentada geografía.

Si Colombia quiere tener con qué poder abordar una verdadera transición energética en el tiempo, necesita incentivar y desarrollar al máximo todo el sector minero-energético, pues es la única fuente económica de base para poder progresar y poder invertir en que la nación no sólo proteja, sino que pueda convertirse en un polo de inversión en biodiversidad y energía, y que pueda multiplicarlas, porque eso es lo que nos dio la naturaleza como país tropical-andino.

Este no es un país agrícola en términos comparativos con los subtrópicos o las zonas estacionales, nosotros somos tropical-andino o montañoso y la agricultura y las forestas de nosotros se fundamentan en la fotosíntesis y la exuberancia no en la productividad de cultivos estacionales, por ende es muy limitada y lo seguirá siendo, porque no hay las tierras tractoréales, porque lo que hay son llanos y fronteras de suelos deficientes y ácidos en montañas y en las planicies, y porque allá llega el agua de las épocas de lluvia y destruye todo, o llega una sequía y también se queda parado todo porque no tenemos los manejos de esos flujos de agua.

Segundo. Crear un sistema integrado de manejo de aguas.

Entonces, necesitamos un sistema integrado de manejo de agua y lo que eso valga es financiable en el largo plazo, pues el mundo entero lo necesita.

Primero, hay que abordar el análisis de los flujos hídricos del país y mejorar la medición y la predicción meteorológica y el análisis cuantitativo de todos estos para, sobre esa información y esa data o ese blue print, empezar a construir un sistema integrado de manejo de agua que venga del sur al norte, de las cordilleras a las planicies y a la selva.

Esto implica que haya desarrollo de una infraestructura que necesita el país para tener un manejo adecuado de los grandes flujos perdidos de agua que tiene, y aprovechar que no estamos como muchos otros países o como California llevando del bulto sin agua. Aquí lo que pasa es que la tenemos en abundancia, pero no la sabemos manejar, no tenemos la menor idea de cómo manejarla.

Entonces, aquí tendría que haber ya un sistema integrado de manejo hídrico del país que pueda administrarse en tiempo real, que integre el cuidado de las cuencas, y ello no quiere decir que no se haga minería, sino que se realice bien con tecnologías de punta y se deje de lado ya la doble moral que protege con su silencio la minería ilegal y el daño ambiental sin mitigación de ninguna naturaleza.

Tercero. Emprender el cuidado de la biodiversidad.

Mientras deforestemos para sacar madera, sembrar más coca, para abrir indebidamente fronteras ganaderas, para acabar con la vida animal y vegetal, y no tengamos identificados con información satelital en tiempo real toda esa problemática y no contemos con un verdadero sistema policivo ambiental que sea fuerte, y no empecemos a sellar territorios de selva tropical húmeda, mientras no emprendamos una política de Estado a largo plazo bajo el concepto multimodal que hemos llamado “seal the rainforest”, con tecnología de avanzada y no comprendamos que los polos de desarrollo, y la agricultura de la seguridad alimentaria deben estar cerca de los mercados y de la infraestructura de transporte, y que las poblaciones agrícolas toda la vida han sido nómadas en función de esas oportunidades, seguiremos acribillando la biodiversidad, sembrando el cultivo que mata y afectando el principal pulmón de la humanidad que es el sistema andino-amazónico.

No podemos hablar de biodiversidad cuando se tumban dos hectáreas de bosque tropical húmedo para sembrar una hectárea de coca, y cuando deforestamos las cuencas hídricas para sembrar heroína en la parte alta de las montañas.

Tenemos que entender el valor del trópico donde una foresta si se deja sola sin la presencia del ser humano se restituye y empieza a oxigenar nuevamente en 16 meses o tres períodos de lluvias.

Nada tiene que ver eso con hacer una minería legal y bien hecha y lo mismo pasa con los yacimientos no convencionales, con la extracción del gas y con todos esos elementos que son los únicos que nos pueden dar la riqueza para educar esta gente que luego es la gente que va a evitar que nos convirtamos en nuestro propio hormiguero y que, a la vez, nos convirtamos en una solución para el planeta, en materia energética y en materia de manejo hídrico.

Consideraciones finales

El agua es vida, el agua es energía, y gracias a ello tenemos la gran riqueza que representa la biodiversidad y una capacidad única y variada de generación de energías limpias que debemos financiar en el futuro con los réditos de una juiciosa utilización de la gran riqueza de recursos no renovables que nos otorgó la naturaleza.

Esos recursos enterrados no sirven para nada, por el contrario, bien explotados son el puente al desarrollo y a una sociedad del conocimiento.

Comparen cuánta biodiversidad hay en un bosque europeo o asiático, con cuánta biodiversidad hay en nuestro bosque tropical húmedo que es el ombligo y el abdomen del mundo, y verán que Colombia no solamente está localizado estratégicamente para convertirse en un gran centro (HUB) energético y de vida, de biodiversidad, de estudio, de ciencia, de desarrollo, de nuevas tecnologías, de nuevas ideas. Mientras aquí, localmente, hemos elegido proteger el negocio y la cultura de la cocaína, en los cuales solo nos darnos bala y nos llenamos de odio, dejándole el país a una parranda de delincuentes.

Nacimos como una nación minera y tenemos que poder llegar a ser una verdadera potencia minera que genere los recursos para que la nación pueda proyectarse hacia el futuro y sobre eso construir una infraestructura responsable, educar la gente, cuidar el bosque tropical húmedo, sacar los recursos naturales, hacer el mejor aprovechamiento para que esa transición que llamamos cambio climático, pueda estar acompañada de un gran cambio tecnológico y de una nación de avanzada en la era del conocimiento, en una nación que sea la que lidere todo lo que pase en este epicentro que cubre el Caribe, Centroamérica, los países andinos, incluso Brasil, en materia del manejo del territorio y sus recursos, integrado y bien hecho.

Si no se cuida la biodiversidad y a la vez se activa el sector minero-energético, si no se cuidan y administran los flujos hídricos y se genera más energía limpia por todos los métodos habidos y por haber, si aquí todo sigue sometido a las conveniencias politiqueras, no se puede llegar a nada diferente a la administración de un empobrecimiento exponencial que nos llevará a ser miserables sentados en una gran riqueza.

Ecopetrol se dejó con un plan 2040 que a mi juicio no debe ser tocado y que ya perdió un año en su debida ejecución. Cerraron los pozos petroleros, dijeron que no a los proyectos de ciclo corto, yacimientos no convencionales o el mal llamado “fracking”, les mandaron a los mercados el mensaje de que no van a hacer contratación petrolera hacia el futuro.

Es decir, en tan solo un año hicieron todo lo contrario a lo indicado y que venía siendo crítico para el Estado y el país: dijeron aquí vamos a renunciar a los principales ingresos del Estado, a vivir en la miseria y no nos vamos a abocar a ser una sociedad de conocimiento apalancada en los recursos naturales, en la ciencia y la tecnología que hoy en día tenemos disponible, no vamos a realizar el cuidado de las fuentes hídricas ni vamos a manejar los flujos de agua, ni vamos a proteger todo lo que representa la floresta tropical húmeda para el futuro de la civilización.

miércoles, 10 de mayo de 2023

Entrevista con Ana Isabel Aubad López

Nuestra invitada a la entrevista de la semana de El Pensamiento al Aire es la ingeniera ambiental Ana Isabel Aubad López quien cursó una maestría en Alemania. Mucho de su desarrollo profesional lo ejerció en el campo eléctrico y ahora es una consultora de renombre. Con ella hablamos sobre el cambio climático y economía circular; no te lo pierdas.

Su maestría en Alemania la dedicó a trabajar sobre la economía circular, esa disciplina que busca que los desperdicios que genera cualquier sistema sean reutilizados. En su caso escogió el sector de energía.

domingo, 14 de marzo de 2021

Transición energética

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Por Luis Guillermo Echeverri Vélez*

Documento de contexto para la discusión sobre transición energética en el marco de la Asamblea de Gobernadores del grupo BID que ser realizará en Barranquilla, Colombia durante el presente mes de marzo de 2021.

En el contexto de este importante evento financiero del grupo BID, hay dos trabajos recientemente publicados de gran importancia global y regional, que recomendamos como lecturas complementarias a empresarios, funcionarios públicos, comunicadores, analistas, educadores y estudiantes. Me refiero al libro escrito por el excelentísimo señor presidente de Colombia, Dr. Iván Duque Márquez y por el ministro de Minas y Energías Dr. Diego Mesa Puyo sobre transición energética: “Un legado para el Presente y Futuro de Colombia”, y al libro, “El Nuevo Mapa – Energía, Clima y el Choque de Naciones”, del Profesor Daniel Yergin una autoridad internacional en materia política y económica. (“The New Map” – Energy, Climate, and The Clash of Nations).

Anticipación a la velocidad de cambio: clima, conocimiento y nuevas tecnologías y energía

Transición Energética El Presidente Duque de manera muy clara desde su campaña presentó una aproximación sabia al dilema que existe entre, conocimiento, conservación, el desarrollo socio-económico y la debida mitigación de la inevitable huella ambiental, bajo la sabia premisa de: “Conservar produciendo y producir conservando”. Algo que solo se logra adoptando y adaptándonos a nuevas tecnologías o aplicaciones del conocimiento convergente.

Y es que sin duda la “Conservación del Planeta” y el desarrollo socio económico en aquellas regiones del mundo en que aún vivimos en condiciones de subdesarrollo, en función del progreso y de una expansión global de una economía moderna, sostenible y que utilice la convergencia digital tecnológica y científica, pasan por el mejoramiento en las prácticas de las economías extractivas, el manejo integral del agua, y la viabilidad económica de las otras fuentes alternativas (solar, viento, olas y utilización de hidrógeno, la división de átomos, la biomasa, los aceites vegetales, etc.), y también pasan por la inclusión en toda la ecuación de las nuevas aplicaciones en la utilización de combustibles fósiles y la mejora en el manejo y reciclaje de materiales residuales.

En realidad, la transición energética significa que, de una movilidad y una combustión que dependen hoy del carbón y los hidrocarburos, pasaremos, con gradualidad acelerada y a cuenta de la amenaza climática, a una oferta energética consolidada en diversas formas y proporciones, acorde a la velocidad del cambio de la convergencia tecnológica, pero no, sin la gran incertidumbre sobre el futuro de cuándo, dónde y cuánto decrecerá la importancia y utilización de los hidrocarburos en lo que nos queda de la primera mitad de este siglo.

Nuestra región requiere llegar pronto a un consenso adecuado a las necesidades de desarrollo de nuestras naciones y sus economías, sobre la forma en que se cubran las brechas en infraestructura básica, electrificación, conectividad y conocimiento o educación. Y ello requiere un balance entre lo Energético-Extractivo, el manejo Ambiental-Climático, y el Conocimiento Tecnológico como función de la Conectividad.

En este punto debemos preguntarnos claramente, cuál va a ser el papel de la banca multilateral de desarrollo en este proceso. De manera que estas entidades no pierdan relevancia en su rol de soporte financiero y guía conceptual que garantice que la región contribuya a las soluciones climáticas del planeta y a la vez realice la importancia de su potencial como fuente oxigenante, acuífera y minero-energética.

La transición representa, pasar por una actividad minero-energética responsable que a la vez nos permita financiar el desarrollo de una economía plena del conocimiento y los servicios sistematizados, donde el hombre pasa a valer más dentro de la sociedad por su aporte intelectual que por su trabajo físico.

Las oportunidades en el nuevo mapa: ƒ = (conocimiento + descarbonización + electrificación)

Hoy vivimos entre la preocupación por el papel de la energía frente a la comprensión de la urgencia y la gravedad en materia de cambio climático, lo cual representa un reto impresionante para la economía global de cada nación y en particular para la forma de vida de las personas.

El libro de Yergin nos hace un recorrido por lo que él denomina el “nuevo mapa” que se dibuja en materia geopolítica y energética, en medio de un mundo en crisis y cambiante, donde confluyen alteraciones en oferta y demanda, transformación y transición energética, cambio climático y la disputa entre los grandes poderes políticos y económicos.

La explotación de los yacimientos no tradicionales, a la cual se refiere Yergin como la primer revolución energética de nuestra era, que le permitió a los Estados Unidos recuperar su seguridad energética y reforzar su condición de poder establecido, debe entenderse en nuestra región, como un gran amortiguador y acelerador que nos permite montarnos al trampolín de esa necesaria e inevitable transición energética, sin correr el riesgo de caer en una piscina vacía representada por la posibilidad de no contar con unas reservas probadas y disponibles de petróleo y gas, que puedan atender en el corto, mediano y parte del largo plazo, las necesidades de demanda de nuestra nación, y de una región que aún tiene grandes falencias en materia de desarrollo, movilidad, construcción de infraestructura básica y transformación productiva.

Estos factores sin duda, han acelerado una segunda revolución energética contemporánea en busca de un futuro bajo en emisiones de carbono. Pasaremos entonces por un período impredecible pero obligado, de los combustibles fósiles a las energías renovables, de un ecosistema familiar del transporte convencional a una nueva revolución de la movilidad, y probablemente a nuevas tecnologías como el hidrógeno y la fusión fría.

En diversas geografías, diversas serán las soluciones dentro de un rango amplio de fuentes energéticas, pero sin duda el compromiso con el planeta hace parte tan esencial en nuestra supervivencia como civilización, como la adopción e implementación de la convergencia de conocimientos.

Todo lo anterior lo describe el autor, como un proceso que se ha visto acelerado por la pandemia y por la oscuridad del momento económico global que vivimos.

Si nos queremos imaginar cuál puede ser ese nuevo mapa, debemos analizar que, a lo largo de la historia, siempre hay un poder establecido, un poder emergente, y que en esa primera línea juegan también un papel importante países o regiones que aspiran a ser protagonistas de la lucha por el liderazgo en el mundo. Debemos también proyectarnos a un mundo pos-pandemia, diferente, digital y físico en paralelo, con nuevas formas de vida y cada vez más universal como consecuencia de la interconexión propia de las comunicaciones digitales modernas.

En el siglo pasado, el proceso transformacional fue la industrialización, enfocada en la producción y venta de bienes de capital y consumo, hecho que paulatinamente le dio paso a las economías de servicio y del conocimiento a finales del período.

Durante las guerras mundiales y la guerra fría, era claro cuáles fueron los poderes establecidos, cuáles los emergentes, y cómo se disputó en el mundo el liderazgo como función del desarrollo de la civilización. Y los elementos que acompañaron ese proceso, apalancados en la aparición de la luz eléctrica, el teléfono y los motores a combustión, fueron el carbón y los hidrocarburos, los minerales y una primera generación de tecnología industrial.

Durante el inicio del siglo el poder dominante era el Imperio Británico, los Estados Unidos el emergente, y Alemania se convirtió en un elemento de desestabilización que desencadenó en las guerras mundiales. Luego los Estados Unidos fue el poder establecido y Rusia pasó a ser el poder emergente, dentro del marco evidentemente político ideológico que generó la guerra fría, de la cual emana la competencia por una segunda generación de desarrollos científicos y tecnológicos, como la conquista del espacio, la aviación, las armas nucleares, y el inicio de la revolución de las comunicaciones, la informática y toda una serie de resultados materiales que mejoraron significativamente nuestra calidad de vida.

Observamos que, durante ambos períodos iniciales, al igual que en la guerra fría, siempre se formó un segundo nivel o capa de países emergentes que lograron modelos de desarrollo importantes, durante el periodo de la revolución industrial, en la primera revolución verde de la agricultura, en los períodos de recuperación después de ambas guerras y a partir de la gran depresión al inicio de la década de los 30.

Ejemplos de esas naciones que se industrializaron en diversos momentos fueron, Argentina, Francia, Alemania, Japón, Italia, España, Turquía, Israel y Corea del Sur entre otros otros.

Hoy, las circunstancias que determinan el “Nuevo Mapa” son diferentes. Los elementos que caracterizan el posicionamiento en una nueva ola de desarrollo global, no solo se relacionan con la industrialización a partir del carbón, los hidrocarburos, el hierro y unas tecnologías elementales para aprovechar el acero y otros minerales básicos. La nueva era la representa el conocimiento, la electrificación, y los nuevos factores de desarrollo se fundamentan en la convergencia tecnológica, científica y digital, que habilitan la sostenibilidad ambiental del planeta.

La geopolítica global sin duda está pasando por un periodo de reseteo y actualización conceptual, representado por la disputa por la dominancia energética, el liderazgo en materia de clima y la propiedad intelectual. Factores estos, que van a determinar el juego de poderes dentro de la transición a esa nueva distribución del poder político y económico.

En este orden de ideas, en medio de una tendencia de des carbonización gradual en el tiempo y de electrificación, que demandan la adopción de la economía del conocimiento, Colombia y toda esta región andina y tropical, rica en agua y recursos naturales, al consolidar un conglomerado eco-energético de distribución y transporte de energías, tiene una oportunidad histórica de abrir una ventana al futuro. Oportunidad que le puede permitir entrar a hacer parte de ese segundo nivel de naciones con mayores posibilidades de desarrollo, y con las cuales necesariamente van a tener que contar los países que están en ese primer nivel, y se disputan el liderazgo dentro de lo que Yergin describe como el nuevo mapa.

Hoy el manejo político mundial está sujeto a una guerra fría entre los EE.UU., como el poder establecido y China como el poder emergente. La relación entre estos dos colosos, está cambiando de un periodo de mutua atracción, a uno de rivalidad estratégica. China emprende un desafío frontal al liderazgo Yankee, muy específicamente centrado en una expansión global tecnológica, comercial y en su manifestación de querer control militar del llamado “Mar del Sur de China”, que representa la ruta más crítica del comercio mundial.

China ya es el primer socio comercial de Latinoamérica y el segundo del hemisferio, además de ser un gran inversionista en temas energéticos y tecnológicos a nivel global. Miremos tres indicadores simples sobre las tendencias tecnológicas y de conocimiento que afectarán el futuro inmediato, y donde vemos la posición clara de China en: solicitudes de patentes por país, la cantidad de satélites en órbita y las compañías líderes en conectividad 5G.

Solicitudes de patentes

Satélites

Compañías líderes en 5G

Hoy el progreso del mundo pareciera depender en la pos-depresión, del buen entendimiento cultural entre los líderes del poder establecido y el poder emergente. Entre tanto, China y Rusia pasaron de un antagonismo a una relación de mutua conveniencia temporal en materia energética, ya que la nueva realidad demográfica y una geografía fragmentada en comparación con las 2/3 partes del siglo pasado, hacen que el país que lidera Putin dependa hoy de sus exportaciones de hidrocarburos a China y especialmente a Europa del Este.

Por otro lado, encontramos los problemas heredados de la resolución de la primera guerra con relación al mapa del Oriente Medio, marcados por las diferencias étnicas y religiosas entre Yihadistas y los grupos revolucionarios iraníes, y la conjunción con occidente representada en las posiciones político-económicas que han mantenido Israel y Turquía mediante sus relaciones tecnológicas y comerciales regionales y globales.

La India al igual que Brasil son gigantes que aún están ocupándose de solventar sus problemas internos, pero que cada día empiezan despertar más preguntas, sobre cuál va a ser su papel en una sociedad globalizada, desde el punto de vista del intercambio de conocimiento y la convergencia digital, tecnológica y científica que representa esta nueva era del conocimiento.

Observamos cambios en los patrones de refinación, en los mercados energéticos europeos y globales. Observamos cambios en los patrones de calificación de la financiación de proyectos y empresas, y observamos cambios en el manejo corporativo de las industrias energéticas en general. Es por ello que el grupo Ecopetrol S.A., este año ha adoptado y adaptado los estándares internacionales E.S.G. (Environment, Social & Governance) y los ha potencializado con la inclusión de las mejores tecnologías de punta aplicables a cada uno de estos tres factores, obteniendo como resultado que somos la primera empresa en incorporar en su ADN corporativo dos conceptos fundamentales: Estándares T.E.S.G., y una lógica operativa identificada con el concepto transformacional de SosTECnibilidad.

TESG


SosTECnibildiad: ƒ = (Sostenibilidad + Tecnología)n

En Ecopetrol hemos definido SosTECnibilidad como, “el modelo de contribución y generación de valor a la sociedad que, a través de Soluciones Innovadoras y Tecnológicas, propende por armonizar el desarrollo económico, social y ambiental bajo un marco de gobierno transparente y ético”.

Es un mecanismo de creación y contribución de valor, que, mediante la sistematización y digitalización de conceptos y procesos, descentraliza, personaliza y elimina intermediaciones innecesarias, acelerando resultados y eficiencias de manera escalable, oportuna.

Sostenibilidad

El trabajo sobre transición energética del presidente Duque, el ministro Mesa y su equipo

Empezaremos diciendo que la banca de desarrollo multilateral y en especial el BID, debe tomar conciencia de las consecuencias de la transición energética y el nuevo mapa, para la región y los países prestatarios, y debe apoyar sus iniciativas verdes, en materia de cambio climático, descarbonización y transición energética, mitigación ambiental, los desarrollos transicionales como la distribución, transformación, transporte y acceso al servicio del Gas como mecanismo que permite mejorar el indicador de necesidades básicas insatisfechas (NBI) y como función de reducción de pobreza multidimensional, la producción más limpia de hidrocarburos y energías renovables, la explotación legal de recursos naturales, y los sistemas de monitoreo de la huella ambiental para evitar deforestación, colonización, minería ilegal, y todos los ejercicios de economía circular que nos lleven a generar desarrollo mientras preservamos, mitigamos y aumentamos el potencial de nuestra naturaleza, biodiversidad e hidrología.

He aquí el valor inconmensurable del trabajo que vienen orientando el Presidente Duque y todo su gabinete con la ayuda y soporte del sector energético nacional desde la conformación de la misión de sabios.

El libro que se presenta ante la Asamblea de Gobernadores del BID hoy en Barranquilla, Transición Energética: Un legado para el presente y el futuro de Colombia, representa la instauración de la transición energética en Colombia como una realidad, y como una política pública de Estado en función de la transformación y el desarrollo de nuestra nación. Con prólogos de Mauricio Claver presidente del grupo BID y del reconocido autor Daniel Yurgin, el trabajo demuestra, cómo a pesar de las dificultades de la pandemia, este gobierno liderado por el presidente Duque, ha logrado que estemos ante un cambio real y tangible que ya lleva un buen camino recorrido.

Se evidencia con datos de resultados, cómo el mecanismo de subastas energéticas ha demostrado idoneidad en materia de incorporación de energías renovables a una matriz cada vez más diversa. Y se trata con mucha propiedad, el asunto no menor, de la complementariedad de los energéticos con relación al largo plazo de la transición energética, como garantía de una movilidad sostenible y con eficiencia en calidad, costos, distribución, disponibilidad, almacenamiento y trazabilidad.

El trabajo en mención, representa una hoja de ruta para la inclusión de nuevas tecnologías que modernicen el sector energético, y coloca al usuario como el centro de la transformación. Involucra las necesidades energéticas del individuo, la familia, las empresas y el propio Estado, dentro de una misión de garantizar una transformación de vida mediante un sistema energético fundamentado en factores de equidad.

Discute también el plan integral de cambio climático en el sector energético y plantea el detalle de las acciones de política pública que apuntan a una consolidación efectiva y eficiente de este importante componente de todo el conjunto minero-energético y de manejo de los recursos naturales, que, sin duda, es líder de la economía nacional.

Finalmente, el panel de discusión al que se refiere este documento como marco lógico, incluye como participantes y expertos, a los doctores: Diego Mesa Puyo, Ministro de Minas y Energía de Colombia; Agustín Aguerre del Grupo BID, y Ricardo Mourinho del EDB.