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lunes, 27 de julio de 2026

El potencial del cobre en Colombia

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

El cobre es la piedra angular de la transición energética hacia las energías renovables no convencionales (solar y eólica). La producción mundial de unos 23 millones de toneladas anuales de dicho metal, que, según proyecciones, en menos de cinco años podría llegar a superar los 30 millones de toneladas, es impulsada por la creciente demanda de tecnologías como las energías eólica y solar, la electromovilidad (principalmente los carros eléctricos) y los sistemas eléctricos avanzados.

La cordillera de los Andes alberga los mayores yacimientos de cobre en el mundo. Chile lidera la producción global, con más de 5 millones de toneladas anuales; Perú le sigue con aproximadamente 2,5 millones, mientras que Ecuador comienza a posicionarse como un nuevo actor emergente.

Los estudios geológicos han evidenciado la existencia de depósitos cupríferos en la cordillera de los Andes, desde Chile hasta Colombia. De acuerdo con el mapa metalogénico elaborado por el Servicio Geológico Colombiano (SGC), en nuestro país se han identificado ambientes geológicos favorables en los que podrían existir depósitos comerciales de cobre. Colombia se encuentra en la línea del cinturón del Pacífico, franja estratégica con potencial de cobre, en la que se han identificado tres cinturones de pórfidos cupríferos para la exploración y potencial explotación de cobre: Cinturón Occidental –prospectos Acandí, Murindó, Pantanos-Pegadorcito, Andágueda y Piedrancha–; Cinturón Oriental –Andes, Infierno-Chili, Dolores y Mocoa–; Cinturón Central –prospectos El Alacrán, Quebradona, El Pisno, Piedrasentada-Dominical y Mazamorras–. De ellos los más avanzados son Mocoa en el Departamento del Putumayo, Quebradora en el Departamento de Antioquia y El Alacrán en el Departamento de Córdoba.

Según información del Visor Geográfico del Sistema Integral de Gestión Minera, en Colombia se tienen registrados por lo menos 210 títulos activos de mediana y gran escala, que incluyen entre sus minerales objetivo el cobre. Ana Carolina González, directora para América Latina del Instituto de Gobernanza de los Recursos Naturales (NRGI), estima que el 37 % del potencial de cobre colombiano se superpone con reservas forestales de Ley Segunda de 1959, que no permite actividades mineras a menos que el área del título minero sea sustraída temporal o definitivamente, es decir, que se le retire su categoría de reserva. Otro 22 % se encuentra en áreas donde se prohíbe hacer minería, conocidas, en términos técnicos, como áreas excluibles[1]. En total, en cerca del 60 % del territorio nacional está prohibida y/o condicionada toda actividad minera, situación esta que limita el interés inversionista en el gran potencial del cobre colombiano, lo que merece un serio debate público, al que me referiré a continuación.

El gran reto es que en Colombia logremos efectivamente que los proyectos de cobre no se ejecuten dentro de áreas declaradas previamente como excluidas, tales como los parques nacionales, ni en áreas declaradas y delimitadas legalmente como páramos y que, cuando su desarrollo cause impactos mitigables se ejecuten con la adecuada y real participación social, y con beneficios garantizados para las comunidades locales. Además, asegurando que en las áreas donde se realicen actividades mineras se prevengan, corrijan o compensen los impactos a los ecosistemas y al entorno social, para lo cual es fundamental que el Estado colombiano logre un correcto y estricto ejercicio de autoridad ambiental, que se ciña solamente a lo técnico y descarte la ideologización, que contrapone el desarrollo al aprovechamiento racional de los bines naturales; que las empresas que exploten el mineral tengan los más altos estándares en sostenibilidad desde el punto de vista social y ambiental; que no solo se cumplan las regulaciones legales aplicables en Colombia, sino, fundamentalmente, las que globalmente promuevan el desarrollo sostenible a largo plazo, así como acciones concretas contra el cambio climático.

La minería de cobre generaría importantes ingresos para el Gobierno Nacional y las regiones (vía impuestos y regalías), amén de empleo formal en zonas que a menudo requieren mayor inversión estatal. El cobre colombiano debe llegar a generar un encadenamiento productivo: la oportunidad no es solo exportar el mineral con bajo grado de procesamiento (los llamados concentrados), sino avanzar hasta, mediante el proceso de refinación, a producir cobre metálico, creando una cadena de valor completa: transformando el metal en productos terminados como cables o componentes para la industria de la electromovilidad, lo que diversificaría la matriz exportadora del país. Ningún país del mundo se ha enriquecido exportando minerales en bruto, ya que solo la industrialización del producto minero crea desarrollo y bienestar compartido.

Colombia apenas ha tenido una participación marginal en la minería de cobre, a diferencia de sus vecinos como Chile, Perú y Ecuador, que figuran, los dos primeros, entre los mayores productores del planeta. Aunque nuestro país no tiene una tradición destacable en la minería del cobre, existe una mina, El Roble, localizada en El Carmen de Atrato (Departamento del Chocó), que produce y exporta concentrados de sulfuros de cobre, con un contenido aproximado del 18 al 20 % de cobre, que se exporta principalmente a Japón. El proceso incluye minería subterránea, trituración, molienda y concentración por flotación. Sin embargo “se trata de una excepción más que de una regla en el panorama minero colombiano”, según explica el profesor Óscar Jaime Restrepo Baena, investigador del Departamento de Materiales y Minerales de la Facultad de Minas y presidente del Congreso Cobre Colombia, celebrado en dicha Facultad en julio de 2025.

La minería del cobre y su industrialización interna, así como la explotación del gas natural mediante fracking en el Valle Medio del Magdalena, conforman la posibilidad cierta que tiene nuestro país de generar los recursos fiscales que se requieren para atender, entre otras, la crisis fiscal, la transición energética, la crisis del sector eléctrico, la seguridad nacional y la crisis del sistema de salud.



[1] https://www.elnuevosiglo.com.co/internacional/mapa-del-cobre-en-colombia-mucho-potencial-pero-grandes-limitantes. Artículo publicado en el Periódico El Nuevo Sigle el 15 de julio de 2026, con apartes de un estudio publicado por Daniela Quintero y Andrés Díaz Páez en la agencia IPS.

martes, 19 de mayo de 2026

La Amazonía podría transformarse en sabana

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

Nature, en su edición online del día 7 del mes de mayo, publicó un artículo con los resultados de una investigación de Nico Wunderling et al de la Universidad Goethe de Frankfurt, titulado Deforestation-induced drying lowers Amazon climate threshold (“La sequía provocada por la deforestación reduce el umbral climático del Amazonas”)[1].

El referido estudio revela que en 2020 la pérdida acumulada del bosque amazónico rondaba entre el 17 y el 18 %; además advierte que si la deforestación aumenta hasta un 22-28 % con un calentamiento global entre 1,5 y 1,9 ºC por encima de los niveles preindustriales, la selva amazónica cruzará un punto de inflexión y dos tercios de su superficie se convertirán en sabana. Ese mismo escenario sucederá si la deforestación se mantiene en los niveles actuales, pero el cambio climático eleva la temperatura global hasta los 3,7- 4 °C. A esta misma conclusión llega un estudio del Instituto Potsdam para la Investigación sobre el Impacto del Cambio Climático, cuyos detalles también se han publicado en Nature.

La Amazonía actúa como un inmenso sumidero de carbono, absorbiendo aproximadamente 1.500 millones de toneladas de CO2 al año. La vegetación y los suelos amazónicos almacenan entre 90 y 140 mil millones de toneladas de CO2 lo que ayuda a evitar que este gas de efecto invernadero llegue a la atmósfera y acelere el calentamiento global. Además de capturar CO2, la Amazonía regula los patrones climáticos globales mediante la liberación de vapor de agua, generando los llamados "ríos voladores" que influyen en el régimen de lluvias en la Región Andina, donde se encuentra la mayor parte de la población suramericana. Recuérdese el racionamiento de agua en la ciudad de Bogotá y municipios vecinos entre abril de 2024 y abril 2025, causado por el debilitamiento de los ríos voladores que se precipitan en el páramo de Chingaza, donde se encuentran los principales embalses que dispone el acueducto de Bogotá.

El estudio de la Universidad Goethe revela que la Amazonía recicla la mitad de su propia lluvia, y que perder ese mecanismo podría arrastrar a regiones situadas a miles de kilómetros hacia una espiral de sequías imparables. El problema consiste en que la pérdida de masa forestal, unida al calentamiento global, interrumpe el reciclaje de la lluvia, desestabiliza la humedad de la zona y provoca un peligroso efecto en cadena con consecuencias para todo el ecosistema y para el resto del planeta. "La deforestación hace que la Amazonía sea mucho menos resiliente de lo que habíamos previsto anteriormente. Reseca la atmósfera y debilita la propia generación de precipitaciones del bosque", denuncia Nico Wunderling, coautor del estudio de la Universidad Goethe, atrás citado. A lo que agrega, “Incluso un calentamiento adicional moderado podría entonces desencadenar efectos en cadena en grandes partes del bosque”.

Johan Rockström, también coautor del referido estudio de la Universidad Goethe, comenta: “La selva amazónica ha desempeñado un papel fundamental en la estabilización del sistema terrestre como sumidero de carbono, regulador del ciclo del agua y hogar de la biodiversidad terrestre más rica del planeta, pero la deforestación continuada está socavando esta estabilidad, lo que acerca al bosque a un punto de inflexión".

Frenar la tala y restaurar el bosque, la única salida

La comunidad científica coincide en que detener la deforestación reforzaría sustancialmente la resiliencia del bioma amazónico ante el calentamiento global. Sin embargo, existe un serio obstáculo que impide avanzar en este propósito: la presencia de múltiples grupos armados por fuera de la ley que promueven la tala del bosque para la siembra de coca, explotaciones mineras (principalmente oro aluvial) y ganadería extensiva, a lo cual se suma la construcción de las vías de acceso, que apoyen las anteriores actividades. Según el presidente Lula da Silva, en la Amazonía operan hasta 17 organizaciones criminales compitiendo por el control del territorio.

La V Cumbre de presidentes de los Estados Miembros del Tratado de la Cuenca Amazónica (OTCA) reunida en Bogotá en 2025, antesala de COP30 que se celebró a finales de 2025 en Belém de Pará, debatió el papel que los países amazónicos van a jugar para proteger la mayor selva y pulmón del mundo. En lo relativo a la presencia de grupos armados, el informe “Amazonía en disputa. Seguridad climática y conflictos socioambientales en la Amazonía noroccidental”, presentado por la V Cumbre de la OTCA, hace un llamado urgente a los Estados, la sociedad civil y la comunidad internacional a actuar de manera decidida ante una realidad crítica.

La Amazonía noroccidental, en su mayor parte territorio colombiano, compartido con Ecuador, Perú y Brasil es una región que cumple una función estratégica vital dentro del gran bioma amazónico. En la cuenca hidrográfica del río Putumayo y en parte del denominado Trapecio Amazónico se conforma la conexión entre las altas montañas andinas y la planicie amazónica. Justamente estas dos subregiones, las más vulnerables por su valor ecosistémico y geopolítico de la Amazonía, se han convertido en territorios en disputa por múltiples actores al margen de la ley, atraídos por actividades ilegales, que compiten por la extracción de los bienes naturales, generando una crisis multidimensional que amenaza no sólo la vida y el equilibrio ambiental, sino también la democracia, la seguridad climática y la estabilidad regional.

La realidad de una Amazonía en disputa remite a un complejo escenario de confrontación territorial multisectorial. No se trata únicamente de un conflicto entre actores legales e ilegales, sino de una lucha por el significado mismo del territorio, su uso, su gobernanza y su futuro. Según la OTCA, en el centro de esa disputa confluyen múltiples conflictos, que van desde disputas entre los mismos grupos del crimen organizado y entre las comunidades nativas y en las mismas instituciones gubernamentales.

Crisis Group, una organización International no gubernamental, acaba de publicar un artículo titulado “El saqueo de la selva: blindar a la Amazonía del crimen organizado”[2], que empieza por afirmar que el crimen organizado se ha convertido en un importante obstáculo para la preservación de la Amazonía. Las organizaciones criminales se expanden y conectan libremente por toda la cuenca, infiltrándose en organismos estatales, empresas formales y comunidades. Por ello, a los gobiernos nacionales se les dificulta lograr la colaboración de las comunidades para hacer frente a tan diversas dinámicas ilegales. El crimen organizado se ha convertido en uno de los principales obstáculos para los esfuerzos por frenar la destrucción ambiental en la Amazonía y salvar uno de los ecosistemas más importantes del planeta. “Lo que antes era principalmente un desafío de conservación se ha convertido en una crisis de gobernanza y seguridad, lo que hace mucho más difícil que los Estados cumplan sus planes de protección ambiental”, expresa Bram Ebus, coautor del artículo de Crisis Group, atrás referido.

Dos actores principales hacen frente a la expansión del crimen organizado: las comunidades indígenas y las fuerzas estatales. Las primeras son el blanco más vulnerable a la violencia de los grupos criminales, mientras tanto las agencias de seguridad estatales sólo esporádicamente combaten las operaciones criminales, sin llegar a desmantelar el aparato financiero que sustenta estas redes ni emprender acciones contra sus cabecillas. Las operaciones de seguridad rara vez se coordinan con las comunidades indígenas.

Lograr una efectiva cooperación entre las fuerzas de seguridad estatales y las guardias indígenas es un desafío fundamental para la seguridad en toda la Amazonía; además es el mecanismo más prometedor para detener a los grupos ilegales. Muchas guardias indígenas (grupos de protección comunitarios creados para defender a sus pueblos, territorios y modos de vida) afirman querer colaborar con las autoridades nacionales para protegerse de los grupos criminales. Estas comunidades podrían detectar actividades ilícitas, alertar a los funcionarios estatales y coordinar una respuesta con las fuerzas de seguridad. En los territorios indígenas yanomami del norte de Brasil, por ejemplo, donde este tipo de colaboración ha tenido éxito, la deforestación y la actividad delictiva han disminuido sustancialmente. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la desconfianza mutua, el temor a la colusión criminal y la falta de recursos dificultan la colaboración. Una mayor cooperación entre ambos (guardias indígenas y autoridades nacionales) debe ser el pilar de una campaña para proteger la Amazonía del crimen organizado.

Salvar la Amazonía no es sólo responsabilidad de los ocho países a los que pertenece este valioso bioma, de cuya conservación depende la estabilidad del planeta. OTCA debería ser nuestro vocero ante los organismos multilaterales para, juntamente con los gobiernos de los países amazónicos, crear un plan de defensa de la Amazonía, con el propósito de fortalecer financiera y logísticamente las fuerzas militares nacionales, en su lucha contra los grupos delictivos que controlan el territorio y promover el desarrollo social de las comunidades nativas, para que asuman la gobernanza del territorio y la protección de los ecosistemas naturales.

martes, 21 de abril de 2026

La geopolítica del petróleo

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

La guerra de Irán es una típica guerra de control por parte de Estados Unidos de las grandes reservas petroleras del estado islámico, con impactos que están afectando la geopolítica y la economía mundiales. Es un hecho incuestionable que el petróleo es el instrumento del poder geopolítico del gran capitalismo, una poderosa arma para golpear adversarios en la pugna por la preeminencia por el poder mundial, que además pone en grave riesgo la transición energética hacia las energías renovables no convencionales, principalmente las energías solar y eólica, el mayor reto de nuestra civilización. Los altos precios del petróleo causados por el bloqueo a las exportaciones de Irán favorecen principalmente a EE. UU., el mayor productor y exportador mundial de hidrocarburos, y de paso fortalece la economía de Rusia, otro gran productor y exportador de hidrocarburos, y aleja la posibilidad de la paz en Ucrania.

En esencia, el petróleo ha sido fundamental para el desarrollo del capitalismo, lo cual, en gran parte, explica las guerras del petróleo y el fracaso de las Conferencias de las Partes de la ONU, las denominadas COP´s, en su intento por comprometer a las grandes potencias petroleras con la sustitución de los combustibles fósiles.

Para tratar de entender la relación simbiótica entre el petróleo y poder del capitalismo, repasemos algo de la historia:

La segunda revolución industrial iniciada a mediados del siglo XIX (la primera fue la del carbón, iniciada en Inglaterra a finales del Siglo XVIII), empezó en EE. UU. con la perforación en 1859 del primer pozo petrolero en Titusville - Pensilvania para la producción masiva de queroseno y, más tarde, de gasolina.

El desarrollo tecnológico que impulsó el petróleo dio lugar a una profunda transformación de la sociedad y de las relaciones internacionales, a raíz de las innovaciones tecnológicas que implicaron la utilización de nuevas fuentes de energía, como el gas o el diésel, combustibles esenciales para la generación de electricidad. Todo esto se combinó con la aparición de nuevos materiales y sistemas de transporte, tal como sucedió primero con el automóvil y más tarde con el avión. Esto tuvo sus consecuencias en la manera en que se estructuró la sociedad, y afectó tanto al factor trabajo como al sector educativo, así como el tamaño, organización y gestión de las empresas. El gran impulso industrial y tecnológico que brindó el uso masivo del petróleo en EE. UU. hizo que a mediados del Siglo XX este país llegara a ser la primera potencia mundial, liderazgo que aún conserva.

Como consecuencia de la segunda revolución industrial se produce una escalada de las rivalidades entre países en la esfera internacional. Esto explica el colonialismo de los europeos en África y Asia en su afán de búsqueda de recursos minerales, en especial petróleo. A esto cabe agregar como el acelerado desarrollo económico y social hace que varíe la importancia geográfica de determinadas zonas. De esta forma lo que, aunque al momento resultó ser una ventaja geográfica, en otro se convierta en irrelevante o incluso en una desventaja. Esto es lo que ha ocurrido con territorios en los que existen yacimientos de gas y petróleo, lo que reorganizó las relaciones geopolíticas a escala mundial. Casos como Oriente próximo y Venezuela ilustran la situación, que algunos califican como la maldición del petróleo.

Un buen ejemplo de colonialismo es la historia de Anglo-Persian Oil Company Ltd., fundada en 1909, posteriormente renombrada como British Petroleum Co (BP). Esta multinacional es una de las las mayores empresas de energía del mundo. La historia de BP está asociada con la corrupción de los monarcas iraníes, quienes durante varias décadas vendieron los recursos del país a extranjeros para financiar sus lujosos estilos de vida. Aunque Irán (conocido anteriormente como Persia) nunca fue formalmente una colonia o protectorado inglés en el sentido jurídico estricto del término; sin embargo, estuvo bajo una fuerte influencia y ocupación de facto por parte del Imperio Británico (y de Rusia) desde el siglo XIX hasta mediados del XX.

La primera crisis petrolera mundial comenzó en octubre de 1973, provocada por el embargo de la OPEP a países occidentales, principalmente EE. UU., que apoyaron a Israel en la guerra del Yom Kipur. Esto causó un aumento del precio del barril de petróleo en más del 300 %, provocando escasez, estanflación (inflación y recesión) en Occidente, lo que significó el fin de la expansión económica de posguerra.

La Revolución Iraní de 1979 desencadenó la segunda crisis petrolera mundial, generando una caída drástica en la producción de crudo de Irán (aprox. 4.8 millones de barriles diarios menos para enero de 1979) y el pánico del mercado. Esto causó que los precios del petróleo se duplicaran con creces, pasando de 13 a 34 dólares por barril, así como una severa escasez energética global. La actual guerra de Irán está generando la tercera crisis petrolera mundial.

En conclusión, los bienes naturales, como el gas y el petróleo, adquirieron una importancia estratégica para el sostenimiento del poder político-militar de las principales potencias internacionales, lo que ha llevado a que su control sea esencial en la lucha geopolítica por la hegemonía mundial. Si un país no desarrollado es rico en hidrocarburos y/o minerales estratégicos va a estar permanente amenazado por las grandes potencias; si no los tiene, cada crisis lo obliga a importarlos a mayores precios, situación que hoy está sufriendo Colombia con las importaciones de gas natural, gasolina y urea.

viernes, 27 de marzo de 2026

Palabras de gratitud

José Hilario López

José Hilario López

Señor ingeniero Gerardo Dominguez, presidente de la Sociedad Antioqueña de Ingenieros y Arquitectos-SAI y demás miembros de su Junta Directiva, apreciados colegas, amigos, Carolina mi hija, aquí presente.

Nuevamente me sorprende mi querida SAI con este homenaje a quien, como yo, que solo tengo como mérito haber tratado de cumplir lo que me correspondía por haber tenido el privilegio de nacer en un hogar de padres, que me inculcaron el amor por el trabajo y el estudio, lo que se llamaba “cumplir con el deber”.    

Vengo de un hogar de un obrero de la construcción librepensador, amante de la cultura y respetuoso, como el que más, de las ideas de los contrarios y de una madre campesina, conservadora de las virtudes de nuestros ancestros montañeros. Ambas herencias conforman mi sustrato ético e intelectual.

El Liceo Antioqueño de la Universidad de Antioquia y la Escuela de Minas me abrieron las puertas, para que pudiera seguir avanzando en el modelaje de ese bagaje intelectual y ético que traía desde mi infancia, tarea esta que he tratado de mantener hasta hoy, ya casi al límite de mi existencia. El cumplir con el deber aprendido de mis padres se transformó en “Trabajo y Rectitud”, emblema de La Escuela de Minas, propuesto por el ingeniero Juan de la Cruz Posada, uno de los fundadores y primer presidente de la SAI y adoptado por nuestro padre fundador y primer rector, el ingeniero Tulio Ospina.

La industria petrolera internacional, donde inicie mi ejercicio profesional y un breve paso por el Ministerio de Minas, me permitieron enfrentar lo que tal vez haya sido mi mayor reto profesional: empezar a trabajar con el excelso grupo de ingenieros de la gran empresa de ingeniería de consulta Integral en el aprovechamiento de los recursos hidráulicos, con que  Madre Naturaleza dotó a nuestro país, en especial al Departamento de Antioquia.  Con orgullo puedo decir que tal vez fui el primer geólogo colombiano que se formó en la escuela de trabajo conjunto, aprendiendo y haciendo, con grandes ingenieros en la nueva disciplina profesional, que luego sería la ingeniería geológica. Aquí presente en esta Asamblea se encuentra el  ingeniero Tomás Castrillón, mi primer jefe y maestro en Integral, también distinguido como socio destacado de la SAI, para quien pido un caluroso aplauso.

La SAI con sus Martes de la SAI ha sido el foro del libre examen y debate sobre aspectos técnicos y geopolíticos relativos a nuestra profesión, así como de los problemas nacionales e internacionales, todo lo cual nos capacitado para entender en algo el mundo en que nos ha tocado vivir. Veo con mucha satisfacción como las nuevas generaciones de ingenieros se integran a esta tradición y que espero sigan mejorando, como respuesta a los acelerados cambios tecnológicos y culturales que nos están llegando con la globalización.

Recuerdo con mucha gratitud la encomiable labor en pro de nuestra profesión del ingeniero Álvaro Villegas, como presidente durante varias décadas de la SAI, un destacado empresario y estadista, a quien tanto le debemos como ingenieros comprometidos con la suerte de nuestro país. Un caluroso aplauso para el insigne ingeniero Álvaro Villegas.

Mi esposa Victoria, mi compañera desde nuestra lejana juventud, es parte esencial en esta gratificante tarea que, sin modestia, podría   calificar mi vida, que también veo replicada y mejorada en mis cuatro hijos.

Muchas gracias por su compañía y por su paciencia.

Nota: Discurso leído durante la Asamblea Ordinaria de la SAI, celebrada el pasado 16 de marzo, cuando se me otorgó la distinción como socio destacado.

lunes, 16 de marzo de 2026

La filosofía como terapia en tiempos difíciles

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

Dos grandes amenazas se ciernen sobre la vida en nuestro planeta y la paz mundial: la supervivencia de nuestra especie amenazada por el cambio climático, mejor definido como impacto global, y el deterioro del ordenamiento jurídico internacional por el regreso a la ley del más fuerte. Como si esto fuera poco, en nuestro país se está agudizando la confrontación entre los extremismos de derecha e izquierda, que ya sabemos la tragedia que ha significado para nuestro pueblo, ahora agravada por las bandas armadas asociados con el crimen organizado.

Aunque la filosofía no resuelve problemas, si es una gran ayuda para entender situaciones complejas, que nos puede ayudar a construir espacios de serenidad que fortalezcan nuestro ánimo para resistir la adversidad. Para este propósito, la lectura de Immanuel Kant y Albert Camus, dos de mis filósofos de cabecera, acuden en mi apoyo: Kant con sus tres preguntas sobre lo que debemos hacer para mejorar nuestra calidad de vida y Camus, con sus ensayos sobre los extremismos que le tocó vivir a la Europa de entreguerras del Siglo XX, enfrentada a los radicalismos del nazismo, el fascismo y el comunismo.

Empiezo con Kant.

Immanuel Kant (1724-1804) nació y vivió en Königsberg (entonces Prusia, hoy Rusia). Es un pensador clave de la Ilustración, escuela de pensamiento que juntamente con la Revolución Francesa y la separación de poderes de Montesquieu, crearon las bases del Estado moderno. Varios de los principios que conforman la estructura de la sociedad actual fueron aportadas por el filósofo prusiano. Por ejemplo, sus consideraciones sobre lo que debería ser el fundamento de unas sanas relaciones entre las naciones orientaron la creación de la ONU en 1947. Si hoy damos por hecho que la investigación debe ser soportada por métodos de trabajo científicos, y que la ética no puede ser un simple capricho (“me apetece y lo hago”), se lo debemos a Kant.

En su famoso libro Crítica de la razón pura, Kant hace un triple planteamiento sobre cómo llegar a una forma práctica de ordenar nuestra vida. Tres preguntas que nos pueden también servir de brújula para ver cómo vivir mejor. Reflexionemos sobre estas tres preguntas.

Pregunta 1. ¿Qué puedo saber? (y qué no)

Para Kant, conocer no es imaginar. Implica que necesitas experiencia, reglas y comprobación. Exactamente lo que han aplicado los científicos. "Sapere aude" (atrévete a pensar) es el reto que nos hace Kant. Nos pide respeto por la verdad, porque sin esta base moral todo lo que pisemos se vuelve polvo. Podemos saber mucho del mundo que nos rodea y las leyes que lo ordenan, pero no podemos convertir en hecho real cualquier idea que nos consuele o nos dé miedo.

Con esta primera pregunta Kant nos previne contra dos errores habituales: la ingenuidad (creo en todo lo que me digan, sin antes hacer mi propia verificación de los datos o hechos) y el cinismo (nada es verdad). Y algo fundamental, aceptar que cuando nuestras convicciones choquen con la tozudez de la realidad, hay que cambiar de opinión. La humildad ante las imitaciones de nuestra mente para entender la “ordenada complejidad” de la naturaleza, incluida la vida, puede traernos algo de sosiego.

Pregunta 2. ¿Qué debo hacer?

La idea central de esta segunda pregunta es la autonomía moral. En toda circunstancia debemos actuar con rectitud. Pero no porque nos estén mirando o juzgando, ni solo por un premio o por temor a un castigo. Es imperativo actuar de manera correcta porque reconoces una norma que podría valer para cualquiera. Esa es la lógica del famoso imperativo categórico kantiano: Mis decisiones no han de depender del capricho del momento, sino de un criterio que me haga sentir bien conmigo mismo.

Y aquí algo aplicable a nuestro actual momento colombiano: cuando vivimos en un mundo de políticos corruptos por los que votamos, significaría que nosotros también somos corruptos, si tuviéramos la oportunidad.

Pregunta 3. ¿Qué me cabe esperar?

Para Kant, la esperanza es una forma racional de mirar hacia delante vinculada a cómo actuemos ahora, lo que para nuestro filosofo solo se logra si tomamos en serio la moral. Este mandato se pude mirar en sentido religioso o laico. En ambos casos, la idea central es que la esperanza nace de la responsabilidad. Si tratas bien a tus semejantes es probable que ellos también te traten bien.

“Si no vives una vida con sentido, todo lo demás puede fallar" .Esta es una de las afirmaciones que Arash Arjomandi y Rosa Rabbani hacen en su libro ¿Efímeros e inmortales[1]. Para esta pareja (ella (psicóloga y el humanista) la felicidad no es un estado emocional pasajero ni un logro externo, sino el resultado de reconocer que el ser humano posee una dimensión espiritual, que necesita ser cultivada con la misma disciplina con que abordamos la vida intelectual. Solo cuando entendemos este engranaje y lo trabajamos, puede surgir una plenitud que no se desvanece ante el primer contratiempo.

Sigo con Albert Camus y sus ensayos sobre los extremismos.

Para este escritor y filósofo, premio nobel de literatura, Principio del formulario, “La intolerancia, la estupidez y el fanatismo pueden combatirse por separado, pero cuando se juntan no hay esperanza". Así resume sus vivencias durante los tiempos entreguerras del Siglo XX, la reaparición de lideres autoritarios con efectivas campañas de propaganda populista pueden llevar el mundo al desastre, igual o peor de lo que aconteció en Europa con el nacismo y el comunismo durante siglo pasado.

Cuando los otros no se abren a debatir ni a pensar en otra solución que no sea la suya, la lucha está perdida, dice Camus. “La intolerancia cierra el diálogo, la estupidez renuncia a pensar y el fanatismo convierte las ideas en armas. Cuando las tres se refuerzan mutuamente la convivencia se vuelve casi imposible”, afirma el profesor y divulgador vasco Iñaki Iral.

Camus se declaraba impotente ante esa tormenta perfecta: “Nos asfixiamos entre las personas que creen que tienen toda la razón”. Cuando los otros no se abren a debatir ni a pensar en otra solución que no sea la suya, la lucha está perdida.

El remedio contra la intolerancia solo puede estar en la educación. “Camus creía profundamente en una educación que enseñara límites, mesura y responsabilidad”, explica el profesor Iral. Sólo una buena educción que nos prepare para convivir en la diferencia puede garantizar la paz y la sana convivencia, tanto social como entre naciones.

Aunque sea poco lo que las anteriores reflexiones expliquen sobre la complejidad del mundo que nos ha tocado vivir, ni mucho menos traigan soluciones, si pueden ayudarnos a fortalecer nuestro ánimo y sobre todo para aceptar que “hay cosas que no puedo cambiar”, como nos enseñan los estoicos y lo repiten día a día los Alcohólicos Anónimos en la sabia “Oración de la serenidad”.

Nota: en mi columna anterior titulada “Los extremismos amenazan la democracia en Colombia”[2] mostré mi preocupación por la polarización entre las políticas de derecha e izquierda que estaban agudizándose en esta campaña electoral. Para mi desengaño, las elecciones del pasado ocho de marzo confirmaron mis temores.

martes, 23 de diciembre de 2025

Gasificación y metanación de carbones

José Hilario López Agudelo

José Hilario López Agudelo

En mi pasada columna me referí a la grave situación que está afrontando nuestro país ante el déficit de gas natural de producción nacional, requerido para atender la demanda interna, con la consecuente necesidad de acudir a mayores volúmenes de importación de gas licuado, lo que significa mayores costos para lo usuarios.

La gasificación es una tecnología de punta para la industrialización del carbón, mediante un proceso denominado metanación para producir un gas de síntesis, que puede ser usado para producir metano sintético, con las mismas propiedades del gas natural. La metanización de carbones es un proceso industrial ya existente en las cercanías de grandes yacimientos de carbón y plantas industriales, que lo requieren como combustible, tales como EE. UU. (Great Plains) y Alemania.

Un grupo de investigadores de la Facultad de Minas de Universidad Nacional, sede Medellín, en asocio con sus pares de las universidades de Antioquia y Pontificia Bolivariana, como parte del proyecto de industrialización de los carbones antioqueños ha logrado construir, en una de planta piloto, un gasificador que opera a altas presiones. La siguiente fase del proyecto se orienta hacia la producción de metano sintético (MS), con miras a la instalación de una planta a escala industrial que atienda la necesidad del energético en el suroeste antioqueño y el sur del Valle de Aburrá, con carbones producidos por la minería existente en la denominada cuenca del Sinifaná. El MS representa una alternativa estratégica para el fortalecimiento de la seguridad energética regional, al permitir el aprovechamiento de recursos carboníferos locales y su integración con la infraestructura de transporte existente para el gas natural. A su vez, el proyecto podría motivar el interés nacional para el aprovechamiento de los carbones de La Guajira y el Cesar para generar metano sintético, lo que también fortalecería la seguridad energética nacional.

A continuación, se presenta un esquema resumido del proyecto de investigación para la producción de MS en el suroeste antioqueño.

Aspectos metodológicos y conceptuales

En la actualidad el proyecto ha avanzado hasta lograr disponer, en la planta piloto, de un gasificador de lecho fluidizado a alta presión de gas de síntesis, con miras, en principio, a llegar a producir industrialmente MS. Para este propósito se han dimensionado, simulado y diseñado los equipos de cracking, filtración, desulfuración y metanación. La etapa siguiente requiere investigación adicional para reducir emisiones de CO2 en el proceso de combustión del carbón y del sistema de metanación del gas de síntesis.

Adicionalmente, se hará un estudio de disponibilidad de suministro de carbones, provenientes de la minería existente en la cuenca del Sinifaná, para atender la demanda, en una primera etapa, de la futura planta de producción de metano sintético y de su localización más conveniente. Se incluirá también un estudio de las reservas de carbón existentes en la misma cuenca del Sinifaná, reconocidas en los municipios de Venecia y Fredonia. A la fecha, el proyecto ha validado la operación del gasificador a alta presión a escala piloto, mientras que la fase siguiente se orientará al escalamiento del proceso de metanación, así como al perfeccionamiento del proceso para la reducción de emisiones de gases y partículas contaminantes de la atmósfera.

Para el Departamento de Antioquia la crisis del gas natural es de extrema gravedad, ya que EPM, el comercializador del combustible en nuestro departamento, no parece haber logrado concretar los contratos de suministro de gas natural para atender la demanda regional. Para el mercado atendido por EPM en sus más de 1 450 000 usuarios, el faltante por contratar ascendería al 30 % de la demanda, equivalente a 17 GBTUD (Gigas BTU /día), que incluye demanda residencial, comercio, pequeña y gran industria. En otras palabras, para el corriente año EPM sólo habría asegurado el 70 % de su demanda de gas; para 2026 el faltante de contratos de abastecimiento será mucho mayor. Todo lo anterior basado en información divulgada por EPM en octubre 31 de 2024[1].

Presupuesto

Para financiar el proyecto de metanación de los carbones antioqueños, atrás descrito, se precisa arbitrar recursos por unos cuatro mil millones de pesos colombianos ($4 000 000 000), con los cuales se cubrirían: la instalación de la planta piloto de metanación, los insumos y materiales requeridos, los salarios del grupo de investigadores universitarios, así como los honorarios de los asesores externos. El plazo para la realización del proyecto propuesto se estima en doce meses.

Idealmente el proyecto de investigación para la mecanización de los cupones de la cuenca del Sinifaná podría ser financiado por EPM, quien, en nuestro concepto, debería ser el dueño de la futura planta de metanación de los carbones de la cuenca del Sinifaná.

A mis pacientes lectores y amigos: Feliz Navidad y mucha esperanza en un próspero año nuevo.

martes, 4 de noviembre de 2025

Colombia requiere un presidente estadista

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

El Estado puede verse como la empresa más importante de un país, ya que su objetivo es gestionar los recursos para el bienestar común, mientras que las empresas privadas son el motor económico del país, generadoras de ingresos fiscales y empleo. El término estadista se refiere a la aptitud de un dirigente para conducir el Estado hacia asegurar el bienestar y seguridad de sus habitantes. La relación entre el Estado y las empresas privadas es simbiótica: el Estado necesita las empresas para financiarse, y las empresas necesitan un Estado que les garantice la infraestructura y el marco jurídico para operar. En nuestro caso colombiano, la seguridad es el primer derecho que la ciudadanía y el empresariado reclama del Estado: sin seguridad para la vida y la propiedad de las personas naturales y jurídicas es imposible garantizar el pleno goce las libertades republicanas y el orden democrático, esenciales para el bienestar general.

Ante la polarización y caos en que se encuentra sumergido nuestro país, principalmente por causa de la carencia de verdaderas políticas públicas y propósitos nacionales en la agenda de los últimos gobernantes, considero que, independientemente de nuestras propias tendencias ideológicas y preferencias, ante la inminencia del próximo cambio de gobierno es imperativo evaluar desapasionadamente las calidades de estadista de los aspirantes que el próximo debate se disputarán el derecho a ejercer la jefatura del Estado colombiano.

Aunque no soy politólogo, ni he ejercido la política activa, excepto algunas veleidades adolescentes, como simple ciudadano preocupado por los graves males que ha tenido que sufrir el país, en especial durante estos últimos sesenta años, me he propuesto evaluar, desde mi perspectiva y criterios, dichas calidades de los dirigentes que hasta ahora aparecen en la larga lista de aspirantes a competir en la próxima contienda electoral por la Presidencia de la República.

En una primera evaluación, de manera preliminar, he incluido los siguientes factores para cualificar la aptitud como estadista de los actuales precandidatos:

1. Conocimiento de la realidad socioeconómica del país y de sus posibilidades de desarrollo y aprovechamiento de sus recursos humanos y naturales.

2. Capacidad de unir a la mayoría entorno a un propósito nacional.

3. Sensibilidad social.

4. Capacidad de liderazgo.

5. Experiencia en cargos directivos en la administración pública, en especial en organismos relacionados con el manejo de las finanzas públicas.

6. Experiencia en gestión empresarial, pública y/o privada.

7. Capacidad de conciliar y concertar acuerdos dentro de la diferencia, esencia de la democracia liberal.

8. Pulcritud en el manejo de los recursos públicos.

De acuerdo con una muy ligera evaluación, los precandidatos que cumplen parte o la mayoría de esos requisitos, advirtiendo que los he ordenado alfabéticamente y, por tanto, cuyo puesto en la lista de ninguna manera reflejan prioridad, son los siguientes:

Mauricio Cárdenas Santamaría. Estudios de doctorado en economía en la Universidad de California, exministro de Estado.

Sergio Fajardo Valderrama, doctorado en matemáticas en la Universidad de Wisconsin-Madison, exgobernador de Antioquia y exalcalde de Medellín.

Claudia López Hernández, doctorado en ciencias políticas de la Universidad Northwestern en Evanston, Illinois, exsenadora de la República y exalcaldesa de Bogotá.

Juan Carlos Pinzón Bueno. Máster en ciencias económicas por la Pontificia Universidad Javeriana; máster en políticas públicas por la Universidad de Princeton; y máster en defensa y seguridad Nacional por la Escuela Superior de Guerra de Colombia; exministro de Estado.

Germán Vargas Lleras. posgrado en administración pública de la Universidad Complutense de Madrid, exsenador de la República, exvicepresidente de la República y exministro de Estado.

Confiemos que ante la gravedad y caos en que se encuentra el país, encontremos un verdadero estadista, que con la mayor vocación de servició asuma la responsabilidad de reorientar el destino nacional, dejando atrás los odios y polarizaciones que nos están conduciendo al caos y la desesperanza. ¡La patria por encima de los partidos y las pugnas creadas o heredadas!

Entre los mencionados precandidatos, me inclino por alguien que no agudice la peligrosa polarización política a que nos ha sumergido la pugna entre uribistas y petristas.

Como lo demuestran las encuestas de opinión, la mayor parte de los colombianos nos ubicamos en el centro político y diría algo más, rechazamos la polarización a que nos quieren involucrar los movimientos extremistas de derecha y de izquierda. En estas condiciones creemos que ha llegado el momento de reclamarle a los dirigentes que han asumido la responsabilidad de conducir el mayoritario, aunque disperso centro del espectro político, que entiendan la urgencia de empezar a construir consensos y puentes con sectores de la política tradicional, con los cuales se pueda encontrar coincidencias.

En mi opinión el doctor Sergio Fajardo es el precandidato que mejor encarna las aspiraciones de quienes creemos que en estos momentos lo que más conviene a nuestro país es un gobierno de centro que apacigüe la polarización política entre los extremismos de derecha e izquierda y que, a la vez, mediante conciliaciones y acuerdos con las distintas fuerzas e intereses que conforman  el mundo político y demás fuerzas vivas de la nación, impulse las reformas sociales y económicas que claman las grandes mayorías de desprotegidos que conforman la población colombiana.

jueves, 9 de octubre de 2025

Pragmatismo y purismo en la política

José Hilario López
José Hilario López

Acabo de escuchar el podcast Atemporal No 194 que incluye una entrevista con el filósofo colombiano Andrés Mejía Vergnaud, donde entre otros, analiza la diferencia entre pragmatismo y purismo, tema este de mucho interés para la actualidad política colombiana, polarizada entre dos extremos irreconciliables, petrismo y uribismo, mientras que el centro, liderado por el precandidato presidencial doctor Sergio Fajardo, parece desdibujado por la confrontación, donde cada bando acusa a su contario con los peores epítetos.

El más grave riesgo de esta pugnacidad es que la gran mayoría de nuestra población, en especial la juventud, llegue a convencerse de que si todo está corrupto en la institucionalidad política colombiana hay que buscar otras alternativas antidemocráticas, encabezadas por regímenes populistas, de izquierda o de derecha, que ya bien sabemos hacia donde conducen.

Para empezar, es necesario definir lo que se entiende por pragmatismo y purismo.

El pragmatismo prioriza la utilidad y las consecuencias prácticas de las ideas y acciones, sosteniendo que la verdad y el valor de un concepto se miden por su eficacia y funcionalidad en el mundo real. Sin embargo, el pragmatismo, como tal, debe estar enmarcado dentro de ciertos límites éticos y morales: no todo es válido para obtener el objetivo que se considere útil. Nunca los medios pueden justificar el fin, aunque este funcione.

Todo lo que se haga en la vida debe tener un propósito, una razón de ser y no hacer las cosas «porque sí», es decir, tienen que cumplir con un objetivo. Básicamente, excluyendo las obligaciones, estos propósitos se podrían clasificar en cuatro grandes categorías: resolver un problema, satisfacer una necesidad y facilitar la vida o satisfacción personal.

Por otro lado, el purismo defiende un principio, una práctica o una doctrina en su estado más puro, rechazando cualquier cambio, concesión o compromiso. Mientras el pragmatismo busca la flexibilidad y el mejor resultado, el purismo se aferra a la ortodoxia y principios inalterables e innegociables.

El pragmatismo es la preferencia por lo práctico o útil. A su vez, el purismo es una tendencia a defender el mantenimiento de una doctrina, una práctica, una costumbre, etc., en toda su pureza, sin admitir cambios ni concesiones. Dos posiciones, que, aunque aparentemente antagónicas, pueden llegar a acuerdos en torno a objetivos comunes.

En mi concepto, la confrontación política de los extremos en la actual contienda electoral que se adelanta en nuestro país ha traspasado los límites éticos y morales, hasta y tal punto que está rozando ya las fronteras de la violencia, si es que ya no estamos sumergidos en ella. El centro político, por su lado. podría estar llegando a los extremos del purismo, al considerar que todo lo relacionado con la política tradicional está manchado de corrupción.

Los extremos no suelen ser buenos y encontrar puntos intermedios nos puede beneficiar. En la vida real no todo es blanco o negro, sino que hay un amplio espectro de grises (aunque, a veces, demasiado amplio).

En mi opinión, el centro afín a la socialdemocracia es la única alternativa para civilizar la política, para que mediante acuerdos programáticos con movimientos cercanos posibilite implementar las inaplazables reformas sociales, que permitan superar las desigualdades y demás males que mantienen en el atraso y desesperanza a las grandes mayorías de nuestro pueblo. A propósito, es conveniente recordar el concepto del justo medio aristotélico, que mejor se traduce en el dicho popular: lo mejor es enemigo de lo bueno. En política de nada sirve estar en el lado de las buenas y sanas prácticas, si el poder lo ejercen quienes tienen otros intereses, para lo cual, de ser necesario, se apoyan en regímenes autocráticos y la violación de los derechos humanos, como ya se tienen en nuestras vecindades y, de pronto, sea también nuestro destino.

Lo que realmente conviene en estos momentos a nuestro país sería una combinación entre el pragmatismo enmarcado en limites morales y éticos y un purismo moderado, fuera de los extremos del maniqueísmo, que se empecina en su convicción que sostiene que yo y mi grupo somos los únicos dueños de lo correcto, y todo lo demás es corrupto e inaceptable.

Por regla general en la vida personal y colectiva, es imperativo tratar de hacer las cosas lo mejor posible, así nos señalen de ser perfeccionistas y exigentes. La coherencia entre lo que se proclama y lo que se practica es aplicable tanto a los demás como a mí mismo. Esto definiría el lado más “purista” de la política, pero en busca del bien común, a veces es necesario conciliar con opositores en pro del interés general. En política de nada sirve tener la razón, si se pierde el poder de decisión, como puede, de nuevo, sucederles a las fuerzas agrupadas en el centro para afrontar la actual confrontación electoral.

Como lo demuestran las encuestas de opinión, la mayor parte de los colombianos nos ubicamos en el centro político y diría algo más, rechazamos la polarización a que nos quieren involucrar los movimientos extremistas de derecha y de izquierda. En estas condiciones creemos que ha llegado el momento de reclamarle a los dirigentes que han asumido la responsabilidad de conducir el mayoritario, aunque disperso centro del espectro político, que entiendan la urgencia de empezar a construir consensos y puentes con sectores de la política tradicional, con los cuales se pueda encontrar coincidencias. Como lo he sostenido en anteriores artículos, en la política tradicional también se encuentran dirigentes de “buena voluntad”.

lunes, 15 de septiembre de 2025

China se consolida como gran potencia mundial

José Hilario López
José Hilario López

El pasado mes de julio, Goberna Reports publicó un interesante artículo titulado «El sueño chino hacia 2049: ¿Cómo China planea ser la mayor potencia del mundo?”, documento que permite develar aspectos de la estrategia que desarrolla el gran país asiático para consolidar su liderazgo mundial[1]. Los países del Tercer Mundo, en especial Latinoamérica, cuyas economías orbitan alrededor del imperio norteamericano, desde ya deberán diseñar y poner en marcha su estrategia para afrontar los desarrollos geopolíticos globales que se avecinan.

¿Qué es el «sueño chino»?

Desde cuando Xi Jinping, en 2012, asumió el liderazgo del Partido Comunista Chino, el concepto de «Sueño chino» se ha convertido en el núcleo simbólico del discurso oficial del Estado. Más que un plan económico, se trata de una narrativa nacional que articula identidad, orgullo y ambición, proyectando el retorno de China a una posición central en el sistema internacional. La fórmula clave es el «gran rejuvenecimiento de la nación china», lo que implica que para 2049, el país no sólo deberá ser rico y poderoso, sino también culturalmente influyente, respetado globalmente y unido internamente. Xi lo ha descrito como un sueño colectivo con raíces históricas profundas, que no pertenece a un individuo, sino a todo el pueblo chino.

El «Sueño chino» está estructurado en dos etapas estratégicas: primero, consolidar una «sociedad modestamente acomodada», meta que se dio oficialmente por cumplida en 2021 y segundo, transformar a China en un país socialista moderno para 2049. Esta segunda etapa incluye metas tan amplias y ambiciosas como la equidad social, la autosuficiencia tecnológica, el poder militar y el liderazgo global. El relato tiene, por tanto, una lógica de progresión acumulativa, donde cada avance sirve como punto de apoyo para la siguiente ofensiva estructural. En este sentido, la narrativa del «sueño chino», que funciona como una estructura de storytelling (contar historias para comunicar mensajes y conectar emocionalmente con el electorado), es un elemento fundamental para el éxito de cualquier proceso, donde el pasado actúa como origen, el presente como fase de lucha, y el futuro como clímax colectivo.

Pocas naciones en el siglo XXI han articulado una visión de largo plazo tan clara y ambiciosa como China. El llamado «sueño chino» no es simplemente un eslogan de desarrollo económico o de propaganda política: es un relato histórico, geopolítico y civilizatorio que conecta el pasado imperial con una proyección de grandeza hacia el año 2049, fecha en la que se conmemorará el centenario de la fundación de la República Popular China. En esa simbólica fecha, el Partido Comunista Chino se ha propuesto que el país se consolide como la potencia más avanzada, poderosa e influyente del planeta. Esta visión abarca no solo el ámbito económico o militar, sino también el tecnológico, cultural y diplomático.

Para entender realmente su alcance, es necesario observar las coordenadas estratégicas que lo sustentan. Desde reformas estructurales como Made in China 2025 hasta la expansión global de la Nueva Ruta de la Seda, China ha tejido una arquitectura de poder que combina planificación, innovación y ambición nacionalista. Es el resultado de una lectura paciente del tablero internacional, pero también de una acumulación territorial y simbólica basada en ocupación progresiva de espacios de influencia, una táctica que en cualquier contexto político se asemeja a formas avanzadas de activismo estratégico.

¿Será China la mayor potencia en 2049?

Responder a esta pregunta requiere mirar más allá de las métricas convencionales del poder. En términos de PIB en paridad de poder adquisitivo, China ya superó a Estados Unidos. En términos nominales, podría hacerlo entre 2030 y 2040, según distintas proyecciones. Sin embargo, el liderazgo global no se define sólo por economía o tecnología, sino por la capacidad de influir en normas, valores y decisiones estratégicas de terceros países. En ese terreno, China avanza, pero aún enfrenta resistencias considerables, especialmente en Europa, América Latina y sectores de Asia. La narrativa del «modelo chino» –basado en eficiencia sin democracia– todavía genera desconfianza en democracias liberales que ven en él un riesgo estructural para el equilibrio internacional.

Por otro lado, China lidera cada vez más el grupo de países que conforma el denominado BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que totalizan aproximadamente el 40 % del PIB mundial (en paridad de poder adquisitivo) y cerca del 51 % de la población global. La población combinada de estos países supera los 3300 millones de personas.

La responsabilidad de nuestros países tercermundistas, en especial de Colombia, no es necesariamente impulsar políticas anti-Estados Unidos, nuestro primer socio comercial, para alinearse con la emergente China. Una sana política sería afianzar nuestra soberanía y en cada caso elegir aquella alternativa que mayores beneficios y seguridad nos ofrezcan.

De ninguna manera se debería temer el regreso del péndulo del poder al continente asiático, cuna de nuestra cultura occidental. Históricamente China nunca fue un imperio guerrerista ni colonialista, a diferencia de los imperios occidentales (Roma, Inglaterra, España y Estados Unidos). Una nueva cultura liderada por China podría significar un mundo más armonioso, pacífico y respetuoso de las soberanías nacionales y de la libre determinación de los pueblos.