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jueves, 8 de septiembre de 2022

Vigía: plebiscito refrescante

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda*

En octubre del 2019, Diosdado Cabello amenazó con una brisita bolivariana que recorrería la región y que “se convertirá en huracán”. Eran los años de Sebastián Piñera y los días de la quema del Metro, el saqueo de supermercados, la incineración de iglesias y la destrucción de instalaciones gubernamentales en Chile. Pero el rotundo triunfo del Rechazo sobre el Apruebo, ha enviado un refresco de democracia a los países latinoamericanos como Colombia, que entra al segundo mes de un primer mandatario procedente de la extrema izquierda y quien se ha rodeado de personajes con antecedentes pocos claros, con “ignorantas” e ignorantes. Es parte de su ethos: la ilicitud.

Por supuesto que la historia en el país austral no ha terminado. Gabriel Boric, quien se abrazó en Bogotá con Petro el día de la posesión de este, ahora está debilitado por el resultado de una nueva constitución que consagraba, entre otros conceptos, el de la unicameralidad, la plurinacionalidad indígena y el derecho al aborto, el agua y la salud. Una pandemia nunca vista en el mundo moderno, una inflación histórica del 13 % anual con un crecimiento de casi cero y una crisis en la seguridad que bordea el 50 %, llevaron a un “voto silencioso” que floreció inesperadamente en los sectores populares de Santiago.

Chile, el país con el mejor desempeño macroeconómico de la región, es emblemático. La Constitución de Pinochet que data de 1980, con por lo menos una veintena de reformas que han desfigurado la carta original, con el texto actual firmado por el expresidente Ricardo Lagos quien en 2005 sacó algunos de los puntos más autoritarios y con una propuesta de la Bachelet (2014 - 2018) que no pudo cuajar, es de todo menos militarista: no existe hoy en día una constitución pinochetista, como la mamertada criolla proclama. Al respecto, el pasado lunes antes del mediodía, el presidente colombiano tuiteó: “Pinochet está vivo en ciertos sectores políticos de América, en todos aquellos que piensan que hay que eliminar físicamente a su rival”.

De acuerdo. Pero primero, hay que recordarle al mandatario su oscuro pasado de la década de los 90, como narcoterrorista del M-19; segundo, lástima que no diga lo mismo de su amigo Chávez, ni de su sucesor Maduro en Venezuela y tercero, que no olvide que todo pinochetismo genera violencia.

El caos, la corrupción y el narcotráfico, integran esta novedosa preocupación político-delincuencial, violentada por los mapuches de la Araucanía, Coordinadora Arauco-Malleco (CAM) que, a principios de agosto, reivindicó un atentado incendiario contra un bosque en Lumaco. Los extremistas araucos han realizado 54 ataques en lo que va corrido del 2022. Dicho sea de paso, los indígenas caucanos en 8 departamentos del suroccidente colombiano ya llevan más de 48 horas esperando el Esmad para el cumplimiento del ultimátum de 48 horas, dado por los ministros de Defensa y Agricultura.

Claro que el país del Sur es muy diferente a este trópico: los mallecos asesinaron a un policía federal en 1997 mientras el pasado fin de semana, emboscaron y masacraron vilmente a 7 de nuestros policías en el Huila. Además, Colombia es el primer productor mundial de cocaína y en Chile solo la trafican y consumen.

En Chile y en Colombia, lo político y sus instituciones generan desconfianza. No es de extrañar, entonces, lo que sucedió en el plebiscito del Cono Sur, pues hasta la izquierda neogranadina, representada por el senador del Pacto Histórico Álex Flórez, videograbado cuando insultaba a la policía en Cartagena, es un desafuero que le puede costar muy caro, dada su investidura. Pero aquí, como allá, se difunde a los mensajeros y no el mensaje.

Finalmente, en Chile se impuso la sensatez y la cordura, en un país que se aleja de los extremismos ideológicos, especialmente el de la izquierda plurisexual, igualitaria, abortaria y ancestral. Con entrevistas con sus presidentes del Senado, el relevo de 5 de sus ministros más cercanos y la promesa de un acuerdo nacional, Boric enfrenta este demoledor golpe.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Chile y su enseñanza

Antonio Montoya H.
Por Antonio Montoya H.

Recientemente, en Chile, obtuvo el triunfo en las elecciones presidenciales el candidato de la izquierda Gabriel Boric, estudiante de derecho, manifestante en las calles por mucho tiempo, hombre que no ha ocupado cargo público alguno y sin experiencia empresarial. Así, representando a la izquierda, quiere cambiar el destino de ese país, resultado que veremos con el trascurrir de los meses y años siguientes.

Allá se tuvo la experiencia en el año 1970, con un hombre preparado, médico, intelectual y de izquierda, un soñador que fue candidato a la presidencia tres veces antes de obtener el triunfo. Hablamos de Salvador Allende, quien impetuosamente instauró el cambio y se perdió la industria, se cerraron los hospitales, se encareció el costo de la vida, se abandonó el agro productor, en fin, en pocos años se dio un golpe de estado y los militares encabezados por Augusto Pinochet, se tomaron el país. Y se originó una desbandada de la izquierda por todo el mundo. Pinochet gobernó con mano fuerte, fue reelegido y luego dejó el poder, pero continuó con el mando del ejército y, como siempre ocurre, luego de estar muchos años idolatrado por su pueblo, cayó en desgracia, fue sometido a juicio, perseguido y condenado. Hoy no se reconoce su trabajo en defensa de la institucionalidad, en la creación de empleo e industria, se habla del como si fuera ave de mal augurio.

Espero y deseo que no se repita la historia y este presidente logre mantener el crecimiento y desarrollo de Chile, y termine con la vandalización de las ciudades, que tanto daño hace a una nación, crisis de la que fue parte activa.

¿Por qué un país como Chile cae nuevamente en la izquierda?, es una pregunta difícil de explicar, pero puedo decir que influyó mucho la pandemia, que generó desempleo, hambre y cierre de empresas, además, también se debe considerar la caída en las encuestas del presidente Piñeres y la promesa de una nueva constitución que se está formalizando a través de la constituyente que allí se aprobó.

Esta enseñanza, deseo traerla a colación en este articulo porque nosotros, en Colombia, hemos sido gobernados por personajes de izquierda en Bogotá y Cali, y los mal llamados independientes, en otras ciudades como Medellín y Pasto, sin olvidar el departamento del Magdalena, con resultados desastrosos en sus gobiernos, sobre todo en Bogotá y Cali, terrible, sin coherencia administrativa, despilfarro, empobrecimiento de las ciudades, promoviendo manifestaciones, cierre de vías, daños a la propiedad. Ellos, así y todo, quieren gobernar el país, qué esperanza.

Tengan claro y no se les olvide que la izquierda, el comunismo, llegan al poder para quedarse, entronizarse y no soltarlo sino por las malas. Cierran Congreso, cambian la Constitución y viene el acabose. Sin miedo se los digo si llega a ganar lo que representa Gustavo Petro, el país, se divide, viene el conflicto y se acaba.

También digo sin temor que Antioquia no admite gobiernos que nos vulneren los derechos, nos acaben con el tejido empresarial, con la innovación, con el respeto por la propiedad privada, la libertad de movimiento, la libre expresión, el empleo y el desarrollo social. Puede verse reflejada esa vocación de liderazgo e independencia en la lucha que se tiene con el proceso revocatorio para sacar un alcalde que no genera confianza, ni respetabilidad.

Ciudadanos, es hora de reflexionar y pensar con seriedad en qué país desean vivir, en el que promete y no cumple como el liderado por la izquierda populista, que no ha generado a través de sus líderes una sola empresa, no ha generado un solo empleo, porque han vivido de la burocracia, la misma que desean acabar, la que ellos utilizan para vivir y allí, devengando como congresistas, sin pagar un solo día de cárcel, los que secuestraron, mataron, violaron, extorsionaron y que ahora se hacen pasar como demócratas cubiertos en las sombras de la democracia que ellos mismo combatieron y quisieron destruir. Es un oscuro futuro el que nos depara Petro y sus secuaces, Timochenko y su banda de terroristas protegidos por la JEP; vaya país el que vamos a tener, sin democracia, sin libertades.

Tenemos la opción del otro país en el que vivimos hoy, al que sin duda alguna hay que hacerle reformas de fondo, quieran o no quieran los congresistas actuales, en el que la justicia opere, que las cortes sean independientes y no elegidas por el Congreso, que no existan ternas del presidente, en fin, donde la rama judicial sea independiente, piense en Colombia y no en intereses propios, que sea aquella justicia que dé tranquilidad y confianza.

Que el congreso se disminuya a la mitad, que existan una serie de requisitos para ser elegido congresista, la sola edad no basta, que trabajen todo el año, que se castigue la inasistencia, y que estudien y analicen qué es lo que sirve en miles de leyes que se aprueban sin sentido y no tienen ningún interés para el ciudadano, es decir, que tengamos menos leyes pero que sean eficaces se cumplan.

Que tengamos más autonomía en las regiones, administrativa y fiscal, que el centro no sea Bogotá, sino que las regiones o departamentos tengan sus propios tributos y de ellos envíen un porcentaje a la capital, pero no todo, o casi todo, como ocurre hoy, y que las asambleas y concejos sean el centro del gobierno, fortaleciendo la vida en los municipios.

Hay que estar de acuerdo todos en lo fundamental, que es que la corrupción tanto pública como privada se extirpe de la mente de cualquier persona, que el que sea funcionarios públicos es porque quiere servir al país.

Si hacemos esto y actuamos en orden y disciplina tendremos un país democrático, respetuoso de la ley y con desarrollo social, un país donde todos tengamos espacio, y la muerte y la violencia desaparezcan.

Que lo que pasó en Chile, Perú, Nicaragua, Cuba y Venezuela, y lo que va a suceder en Brasil, no nos asuste, y nosotros tomemos decisiones contrarias a las impuestas en dichas naciones.

jueves, 10 de septiembre de 2020

¿Es viable la opción electoral en Venezuela?

Coronel John Marulanda (RA)

Por John Marulanda*

Ingenuos los que crean que una dictadura de izquierda va a entregar el poder en unas votaciones organizadas por su aparato electoral y bajo su control policial y judicial. Elecciones hizo el tan criticado dictador de derecha Pinochet, y entregó el poder. Varias elecciones hizo el tan alabado dictador de izquierda Fidel y hace 60 años que no suelta el poder, ni aun desde el otro mundo.

El ahogamiento económico de Estados Unidos tiene al gobierno boqueando, pero Rusia, China, Irán, Siria se las apañan para darle pequeños soplos de aire que le permitirán sobrevivir, hasta que recupere “legitimidad” con las elecciones arregladas para el 6 de diciembre. Para ese entonces ya Trump habrá sido reelecto, espero, y es probable que acciones más directas se empeñen contra un país que se ha convertido en una verdadera amenaza de seguridad para Colombia, en primer lugar, toda la región y Estados Unidos. Brasil está tomando medidas.

Para cualquier cambio político serio que se prevea en Venezuela, el militar será un factor principal y decisivo, y su rol sería la menos mala opción, no exenta de violencia y sangre, pues los radicales marxistas-leninistas chavistas no están dispuestos a entregar su revolución dialogando. Habría que tomar medidas drásticas, como las que su maestro Fidel adoptó cuando logró el poder.

Pero un mando militar que puede ver la miseria de sus conciudadanos en un país rico por naturaleza y que sabe que tendrá pocas probabilidades de tener un retiro tranquilo y libre, es muy vulnerable moral y psicológicamente. No en vano la ridícula operación Gedeón buscaba echar a rodar, según sus voceros, la bola de nieve de la insurrección castrense.

A pesar de los llamamientos del comandante del Comando Sur y de otros personajes de diverso origen y con diferentes intereses, el paso al frente de los militares para la restauración de la democracia y la libertad no se da, debido a su involucramiento en redes de crimen organizado, de corrupción y por el temor de que la Dirección de Inteligencia y Contrainteligencia Militar (DGCIM), manejada por especialistas cubanos, detecte titubeos, dudas, reuniones inoportunas o expresiones inadecuadas, que lleven a su arresto acusados de traición y a su condena en las mazmorras del helicoide.

Algunos argumentan que las FFAA venezolanas, durante 20 años sometidas a la propaganda y la retórica castro-chavistas, ya están con su cerebro lo suficientemente lavado para morir con la camarilla de Miraflores. No lo creo. Su estructura de mando y control está fracturada y debilitada y Venezuela no es una isla como Cuba. Colombia sigue recibiendo disidentes uniformados, que no desertores, que ven al otro lado de la frontera inmediata, un mundo de libertad y oportunidades, no exento de dificultades, claro, mientras en su propio suelo no tienen sino hambre y miseria.

En Colombia, precisamente, cuando se conoció la vinculación del presidente Samper con el cartel de Cali, el señor mayor general Ricardo Emilio Cifuentes Ordoñez, comandante de la Segunda División del Ejército, haciendo gala de dignidad y honor institucional, renunció a su brillante carrera y cargo, y manifestó públicamente que lo que me dicta mi conciencia, mis principios, convicciones, simplemente consiste en que el presidente de la República no merece mi respaldo”.

Bolivia es otro caso emblemático en estos tiempos de pandemia viral y mamerta en la región. A pesar de crear la Escuela antimperialista, obligar a sus militares a rendirle honores al asesino Che y entrenarlos bajo la supervisión cubana y venezolana, Evo no logró que los soldados avalaran su apetito dictatorial. En una posición ejemplar, como guardianes de la Constitución y escuchando el clamor del pueblo, pusieron en fuga al filo inca pederasta. Sin aparato propagandístico y con la gran prensa en su contra, mantuvieron su dignidad patriótica y su honor republicano. Buenos ejemplos para los Generales venezolanos, que ostentan alamares, laureles y doradas medallitas, en medio de la pocilga en que han convertido a su otrora brillante patria.  

En Venezuela, no habrá transición a la democracia con motivo de las próximas elecciones. Y los militares tienen la palabra.