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jueves, 12 de noviembre de 2020

Vigía: Biden, buenismo y geoestrategia

John Marulanda
Por John Marulanda*

Lo que hace a Estados Unidos la democracia paradigmática, son sus sólidas instituciones, de manera particular la justicia y las FFMM, que le dan valor a la ciudadanía norteamericana. Mientras jueces y soldados mantengan su naturaleza y carácter, la república sobrevivirá a pesar de los sacudones políticos.

En un probable gobierno de Biden, la institucionalidad responsable de la seguridad estadounidense deberá lidiar con un renovado “buenismo” estilo Obama, y sus implicaciones para nosotros, los del sur.

Latinoamérica y la seguridad de EEUU

“Ninguna otra región del mundo impacta la seguridad y la prosperidad de US tan directamente como Latinoamérica y el Caribe”, enfatiza Evan Ellis, investigador del Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de US. Y de esta región, el núcleo geopolítico integrado por Venezuela y Colombia es el más crítico para la seguridad de la potencia.

El petróleo sigue siendo causa y origen de los mayores conflictos e inestabilidades del mundo contemporáneo (Bergier, Thomas, 1968) y Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo. Y Colombia es el primer productor mundial de cocaína, asunto sobre el cual el escritor Roberto Saviano (“CeroCeroCero”, 2014) advierte: “El gran mercado que todos están esperando es el chino: cuando el ciudadano medio chino, empleado u obrero, pueda consumir cocaína, quien posea en ese momento ‘el gramo chino’ va a gobernar al mundo”. El gigante asiático posee las mayores clase media y millonarios del orbe, lo cual le da sentido al aviso del autor italiano.

Caracas, que le adeuda unos 60 mil millones de dólares, le acaba de pedir a China ayuda económica, tecnológica y científica, en una clásica movida imperial cuando de intervencionismos se trata. Coincidencialmente, militares chinos ahora forman parte de un nuevo Consejo Militar, Científico y Técnico, en el que también participan rusos, iraníes y, por supuesto, cubanos. En Bogotá, la inversión directa de Beijing saltó a los 1.000 millones de dólares, particularmente en comunicaciones, pero también en infraestructura y energía. (La inversión de US en este país es de 6.571 millones). En ambas naciones, sectores de valor estratégico, están cayendo en manos de China (“serio competidor”, como la cataloga Biden) que, sin prisa, pero sin pausa está colonizando el patio trasero de US con dinero, negocios, cultura y diplomacia, mientras Washington despliega su poderío naval en otras partes del mundo, particularmente en el mar del sur de China y en el estrecho de Taiwán. Lo militar chino arribará a la región a su tiempo, aunque ya ha hecho avances significativos.


Romanos, US y China

 

Biden ha prometido tres billones de dólares de ayuda económica para fortalecer el desarrollo comercial y económico de la región y probablemente no sea complaciente con Cuba o Venezuela, dado el arrollador caudal votante latino especialmente en La Florida. Y no podrá desoír el llamado de atención de sus militares y organismos de seguridad, debiendo tomar medidas con Rusia, su “oponente” como la califica, que vende trebejos mortíferos a Venezuela y con Irán que deambula gestionando extremismo islamista en toda la región. Para desencanto de la izquierda regional, podría incluso ser más radical que el propio Trump quien, de continuar, deberá insultar menos y tomar medidas más severas.

 

Porque gobiernos, estúpido como el de Miraflores y cauteloso como el del palacio de Nariño, están abonando el terreno para que el rival de la Casa Blanca, avance inexorablemente, convirtiéndose en el principal reto a la seguridad norteamericana.

 

No importa que el temperamental Trump o el octogenario Biden y su exuberante Kamala, la de pantalones, manifiesto “progre” y nexos periféricos con intereses chinos, se agiten en dos extremos del elástico político, si las instituciones militares y de seguridad se mantienen centradas en sus misiones históricas y constitucionales, de manera clara y firme. Con esta condición, Washington podrá ejercer muchos años de poder global y ver su declinación lejana. Pero maniobras políticas contemporizadoras, débiles o erradas pueden perder Latinoamérica, su frontera próxima, como, y lo digo simbólicamente, los romanos perdieron la suya en Teutoburgo (año 9), batalla que oficializó su decadencia imperial, ante los lloriqueos de César Augusto en los pasillos de la Casa Blanca, perdón, de su palacio en Roma. Solo que, en este bosque latinoamericano, la Clades Variana se está librando lentamente, sin un solo disparo, aplicando las recomendaciones que hizo Sun Tzu desde hace unos 2.500 años.

sábado, 6 de abril de 2019

Colombia en la mira rusa

Por el coronel John Marulanda*
Coronel John Marulanda
La Política de Seguridad y Defensa de este gobierno determina como amenaza a la Seguridad Nacional, “la injerencia de potencias ajenas al hemisferio”, entiéndanse Rusia y China. Igualmente, el documento declara la necesidad de elevar “el nivel estratégico de la relación del país con potencias aliadas con las cuales existen intereses comunes”, entiéndase USA, fundamentalmente. El reciente comunicado ruso, advirtiendo sobre cualquier avance armado contra su aliada Venezuela, caldea aún más el hervor de la guerra sicológica entre potencias sobre un asunto geoestratégico vital para Colombia.

Actualmente, Moscú ha venido acrecentando su presencia militar en la esfera cercana de influencia de Washington. Nicaragua, Cuba y de manera especial Venezuela, son el trípode caribeño que sostiene al Kremlin en América Latina, en medio del cual está Colombia. Managua recibirá corbetas misileras prometidas por Putin mientras Unidades de Spetnaz (Fuerzas Especiales) campean en Managua. La Habana protege la instalación de modernas antenas de espionaje electrónico. Desde Caracas, misiles rusos S-300 apuntan al cielo colombiano; tanques T-72, proan hacia Paraguachón; Sukhois, tienen en sus miras blancos críticos del país y municiones calibre 5.56 y 7.62 para AK-47, ruedan por las comunas de Medellín, Cali y Bogotá. El brazo armado de las narcofarc, exhibió en el Cauca hace algún tiempo misiles antiaéreos Iglá y hoy intimida, extorsiona, secuestra y asesina con fusiles Kalashnikov.

Frente al “mal interpretado” ultimátum de la Asamblea Rusa, la respuesta serena pero enérgica de nuestro canciller es una declaración de principios que desde hace mucho necesita la cultura política del país. Porque a Colombia durante 8 años la irrespetó cualquier extranjero aparecido miembro de alguna ONG u organismo internacional; vinieron funcionarios de otros países, europeos especialmente, a decirnos a quién elegir, cómo legislar y a embutirnos la impunidad de los depredadores marxistas-leninistas, con recomendaciones que ni tienen cabida en sus propios países; mercenarios seudoacadémicos fueron alquilados para tratar de vendernos falacias sobre las bondades socialistas del siglo 21.

Cuando de intervención militar se trata, Rusia no vacila: Cuba en 1962, Afganistán en 1979, Moldavia en 1993, Georgia en el 2008, Ucrania en 2014, Siria en 2015. Y cualesquiera que sean los siguientes avances rusos en la región, aunados a los inmensos progresos comerciales de China, su astuta aliada antinorteamericana, tendrán serios efectos en Colombia. Sin desechar oportunidades comerciales, económicas y tecnológicas con Pekín y Moscú, debemos dejar en claro que pertenecemos a la civilización occidental, capitalista, cristiana, liberal y demócrata.

sábado, 30 de marzo de 2019

Minga ¿geoestratégica?


Por el coronel John Marulanda*

John Marulanda
El muy visible desembarco de tropas y aprestos militares rusos el pasado sábado en Maiquetía, agrega otra dosis de riesgo a una situación hasta ahora de guerra sicológica pero que coquetea con limites prebélicos. Si Moscú decide montar una base militar permanente en apoyo a Maduro y su banda, Washington sentirá seriamente amenazados sus intereses y podría acelerar una intervención militar, antes ¨de que su oponente se asiente definitivamente en sus fronteras cercanas.

En Siria, Estados Unidos siempre quiso sacar del poder a al-Ashad, pero la presencia rusa lo impidió y se generó lo que hoy todos conocemos. Se puede pensar que el Kremlin planearía aplicar el mismo método para Miraflores, aunque no es lo mismo la logística de Rusia para Damasco que para la lejana Caracas, aun contando con el apoyo de La Habana y Managua. Si Putin solo quiere seguir pelándole el colmillo al Tío Sam y mantener una pequeña fuerza que disuada, retarde o complique una eventual intervención armada de Trump es probable que, a estas alturas, se desencadene una seria confrontación armada interna la cual, por su naturaleza y dadas las proximidades geográficas, fácilmente arrastraría a Colombia y/o Brasil, con el aliento de USA, naturalmente.

El mismo sábado se informó el desplazamiento de baterías misilísticas antiaéreas rusas de mediano alcance S-300 en Caracas, y la presencia de la vicepresidenta Rodríguez en el estado Guárico, sede principal de la artillería de campaña, de una división de blindados del Ejército y en donde, supuestamente, los rusos acantonarían sus hombres y aprestos. El lunes, el senador Marcos Rubio trinó sobre los rumores de un submarino ruso llegando a Puerto La Cruz. Solo rumores.

Por otra parte, el jueves 21 se registró el zarpe de su base en Norfolk, Virginia, del portaviones Harry S. Truman (CVN 75) y el portahelicópteros Bataan (LHD 5) que transporta una fuerza expedicionaria de Marines. Este último buque fue utilizado como prisión de terroristas (2001) y como apoyo en el terremoto de Haití (2010). Ambos navíos de guerra navegan en el Atlántico en entrenamientos rutinarios.

En este tablero geoestratégico que se enreda cada día más, es válido preguntarse si las organizaciones indígenas del Cauca, con territorio, justicia, seguridad, economía y costa marítima propios, que comparten la política chavista y la acción narcofariana, son parte incidental o estructural del anterior escenario regional, ahora que el narcoterrorista alias Iván Márquez desde Venezuela llama a una minga nacional.

sábado, 9 de marzo de 2019

Izquierda radical, narcotráfico y giro político en América Latina

John Marulanda
“Nuevas y viejas guerras” (1), de la académica británica Mary Kaldor, se presenta como un texto revelador sobre la naturaleza de los nuevos teatros de operaciones bélicas. El trabajo describe los elementos constitutivos de estos escenarios, marcadamente más insidiosos y perjudiciales que los clásicos. Y aun cuando los procesos de construcción de poder a partir de la actividad ilícita han sido apropiadamente documentados a lo largo de la historia, en estos nuevos conflictos se entremezclan la participación de ejércitos regulares, estructuras del crimen organizado, economías de guerra, banderías políticas, corrupción, ideologías, grupos armados irregulares, redes sociales, capitales subrepticios y violación masiva y sistemática de derechos humanos. Lo anterior deviene en una oportunidad inmejorable a efectos de ejemplificar la realidad de la América Latina, el subcontinente más peligroso de acuerdo con Naciones Unidas, que exhibe una tasa de homicidios promedio de 25 episodios por cada 100 mil habitantes, cuando la media global es de 7, y contando con cinco de las diez ciudades con la mayor cantidad de asesinatos en el globo. Adicionalmente, la región produce el 97% de toda la cocaína que se consume en el mundo; y las ganancias del narcotráfico alimentan movimientos armados de la extrema izquierda, como los casos del elemento remanente de Sendero Luminoso en Perú, el EPP (Ejército Paraguayo del Pueblo) y FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), que han administrado cuotas de poder geopolítico en la región y mantienen vínculos con el Primer Comando de la Capital y el Comando Vermelho en Brasil, los carteles del Golfo y Jalisco Nueva Generación, en México.

Siendo que el Crimen Organizado Transnacional (COT) íntimamente emparentado con el narcotráfico como telón de fondo, la proliferación de la minería ilegal, más de 60 millones de armas ilícitas circulando en la región, el tráfico de personas, falsificación, extorsión, secuestro y otras violaciones, la captura del poder por parte del crimen y sus fabulosas cantidades de dinero, estas no son consecuencias que sorprendan a analistas entendidos. En este contexto, se inserta el desastroso balance de dos décadas de gobierno a cargo de la izquierda política, rea de corrupción, malversación, saqueo y despilfarro de las arcas del Estado, y el consecuente deterioro del bienestar público. Emblemáticos son los casos de Inácio «Lula» da Silva, Cristina Fernández de Kirchner, Michelle Bachelet, Rafael Correa y ahora Nicolás Maduro Moros, para no mencionar las dictaduras de los Castro, Daniel Ortega y el gobierno autoritario de Evo Morales. La regencia del comentado socialismo del siglo XXI o chavismo, bajo la orientación estratégica del Foro de Sao Paulo, motivó a tales gobiernos a ejercitar una tutela discrecional de las finanzas estatales en aras de la revolución y, en el proceso, enriquecer las arcas partidistas, personales y familiares. Esta recurrente descomposición gubernamental debió complementarse, en alguna instancia ¾y de hecho, así lo hizo¾ con las extendidas y alambicadas redes del contrabando de estupefacientes, rey absoluto de la corrupción y disparador primario de la inseguridad continental.

Por estas horas, resulta certero calificar al régimen venezolano como una narcodictadura. A través del territorio de ese país, circulan grandes porciones de la producción de cocaína originada en la República de Colombia, operatoria que, actualmente, “puede cifrarse en torno de las 1.500 toneladas métricas”, sentencia el coronel de ejército (reserva activa) de Colombia, John Marulanda. “La camarilla que gobierna desde Miraflores y sus círculos íntimos han sido acusados por la justicia de los Estados Unidos de América, bajo el delito de contrabando de estupefacientes”, agrega el oficial.

Por su parte, el coronel (R) del ejército de Ecuador, Mario Pazmiño, añade una muestra que ilustra el poderío de la influencia del crimen organizado en el ámbito del espectro decisional del Estado: “La infiltración del crimen organizado en las estructuras estatales pueden dar lugar a decisiones que comprometen la estabilidad, no solo de un Estado en particular, sino de la región. La presencia de la Base de Manta, desde 1998 hasta el 18 de septiembre del 2009, era un estorbo para las actividades delictivas de los carteles de drogas colombianos y mexicanos, que la veían como el cerebro tecnológico que permitía un mejor control e incautaciones a gran escala de cargamentos aéreos, marítimos y terrestres de cocaína”. Acto seguido, Pazmiño agrega: “Su clausura, entonces, era necesaria y su principal beneficiario eran las FARC, como parte de la estructura del narcotráfico. Este grupo consolidó acercamientos y acuerdos con funcionarios del correísmo, en donde ambos resultaban ganadores: el grupo narcoterrorista apoyaría la campaña electoral de 2006 de Rafael Correa con recursos económicos, amén de realizar actividades proselitistas en la frontera, mientras que Correa, una vez nombrado como presidente, debía sacar la Base con el argumento de afectación a la soberanía nacional”.

Completa el coronel Pazmiño: “En rigor, la decisión que condujo a la clausura de la Base de Manta se encuentra próxima a cumplir una década, y sus efectos, que favorecieron las actividades del crimen organizado, no han dejado de pasar factura. Y a los hechos servirá remitirse: Ecuador es hoy uno de los más importantes centros de acopio y plataforma internacional de distribución de alcaloides. La geografía ecuatoriana contabiliza dos de los cuatro más importantes corredores internacionales de la droga (el Corredor del Pacífico y Amazónico)” (2).

Esta corrupción narcoideologizada y los resultados administrativos negativos han abonado el terreno para que la derecha, en contraposición a la izquierda corrupta, retome el poder en la región, en un mapa político que, conforme lo ilustra el coronel del ejército argentino Pablo Quiroga, ha cambiado su color (3). “El giro comienza con la victoria electoral del ingeniero Mauricio Macri en la Argentina, diciembre del 2015. En Ecuador, Lenín Moreno rompería relaciones con la izquierda, acercándose a la cosmovisión de los Estados Unidos de América. Hacia noviembre de 2017, tuvo lugar la victoria del aspirante conservador Sebastián Piñera en la República de Chile. Contexto que se completa con el triunfo del capitán Jair Messias Bolsonaro en la República Federativa del Brasil. No obstante, ello, el protagonismo del ex uniformado Bolsonaro en el referido giro político regional no consigna, necesariamente, un retorno de los militares a la actividad política en el subcontinente. En los hechos, luego de los gobiernos de facto, Brasil legó un proceso de orden político y de industrialización consolidado, y el cargo de Ministro de Defensa ha quedado en manos de un militar; mientras tanto, Chile ha legado no solamente un parlamento que simpatiza con lo actuado, sino también una legislación progresiva de presupuesto de defensa, sustentada en un sistema de regalías sobre la exportación y comercialización del cobre en los mercados internacionales. En contrario, la República Argentina se enfrentó a la movilización de 1978 y se involucró en la Guerra de Malvinas, recorrido que selló con una salida apurada del gobierno castrense. A la hora del quebranto, puede certificarse que el caso de Jair Bolsonaro en Brasil y su gabinete militar se enmarcan en una excepción que difícilmente pueda trasladarse a los países de la región”, señala el coronel Quiroga. “Relacionada la variable militar como elemento de presión y poder, decididamente es factible consignar que han abandonado esos espacios, inclinándose a la subordinación plena al poder político democráticamente elegido, en los países de interés”, concluye el oficial argentino.

En otro andarivel ¾que ocupa hoy las primeras planas de los periódicos del globo¾,Venezuela, origen mediato y consecuencial del giro ideológico-político actual, transita un estado de conmoción. ¿Podría caer en un gobierno militar que eventualmente restableciera un régimen democrático de derechas o, lo que es peor, podría esta nación mutar en un proscenio de confrontación geoestratégica, acaso una nueva Guerra Fría (conforme lo advirtiera el matutino estadounidense New York Times en 2014)? “Todo aquel que confunda la participación de otros actores de peso como la Federación Rusa, la República Popular China, la República Islámica de Irán o, peor aún, continúen soñando con un golpe de estado, he de advertirles que la enajenación y control de este tema ha quedado en manos de los Estados Unidos, a partir del exitoso liderazgo que ha certificado el vicepresidente de ese país, Mike Pence, en donde ninguna de las hipótesis previamente mencionadas está siendo considerada”, subraya el coronel (retirado) del ejército de Chile, Christian Slater. “A criterio de comprender los hechos que hoy tienen lugar en Venezuela, se vuelve estrictamente necesario centrar la atención en el rol del vicepresidente estadounidense, quien ha visitado América Latina en tres oportunidades. En lo que constituye una clara política de Estado desde la Casa Blanca de Donald Trump, la mano derecha del presidente de los EE.UU., inadvertidamente y sin involucrarse en las polémicas situaciones que afectan a su jefe, ha puesto esmero en obtener el respaldo de Brasil, Ecuador, Chile, Perú, Colombia, Argentina, Panamá y Guatemala. Todas ellas, naciones que hoy se han alineado, no por obra de la casualidad ni de la coincidencia, con el gobierno estadounidense, apoyando al joven y recientemente proclamado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó Márquez, y dejando en una frágil situación de poder no solo a Nicolás Maduro Moros, sino también a las fuerzas armadas y al poder judicial de ese fallido y tirano régimen de izquierda”, concluye el oficial chileno.

A partir de lo mencionado, queda entonces delineado un claro vínculo entre el Crimen Organizado Transnacional, el narcotráfico, el poder político de filiación izquierdista, y el resurgimiento de la derecha en los sistemas de gobierno de la región bajo análisis.

Para el coronel (RA) colombiano John Marulanda, la referida relación se presenta emparentada con los gobiernos, sean estos de izquierda o de derecha, teniéndose como consideración que una de las obligaciones fundantes en cualquier sistema de gobierno se sintetiza en garantizar la seguridad de sus asociados, y que el narcotráfico ocupa el rol de generador primigenio de inseguridad e inestabilidad en la totalidad de las naciones de la región. “Un ejemplo: uno de los retos críticos de la flamante administración de izquierda de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México, país que el año pasado registró un récord histórico de homicidios, ha sido orientado hacia la disminución de los elevados índices de violencia. En tal sentido, preocupa que el presidente, dado el fracaso de la gendarmería creada en gobiernos anteriores, implemente metodologías extraídas del manual castro-chavista, de confesión comunista, conformando una guardia nacional, reproduciendo la ruta elegida por Hugo Chávez Frías en su momento”, comparte el coronel Marulanda. “Si el propósito es lidiar realmente con esta amenaza común del narcotráfico, que deslegitima el arco institucional de los Estados a partir de la corrupción, y que destruye el tejido social a través de la violencia, aún está por verse cómo funcionará en el terreno el esfuerzo colaborativo entre la administración Duque, de derecha, presidente del país principal productor de cocaína, y López Obrador, de izquierda, jefe de Estado de la nación que contabiliza los cárteles de la droga más importantes”, puntualiza Marulanda.

Referencias

(1.) Kaldor, Mary (2012). New & Old Wars: Organized Violence in a Global Era (3rd ed.). Stanford, California: Stanford University Press. ISBN 9780804785495

(2.) y (3.) Mapas adjuntos

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El Consorcio Geoestratégico Latinoamericano (CGLAT) reúne a ex oficiales militares y policiales reconocidos por su experiencia en planificación estratégica, en temas de inteligencia y geopolítica. Sus opiniones en los medios de comunicación han constituido destacados aportes a la comunidad de defensa de los gobiernos regionales que, en algunos casos, han derivado en trabajos de consultoría para firmas privadas nacionales, regionales y multinacionales, relacionadas con la Seguridad Corporativa y la Defensa.

Autores del presente documento (correos electrónicos de contacto incluidos)

Coronel (R) Christian Slater, Ejército de Chile
Coronel Pablo Quiroga, Ejército de Argentina
Coronel (R), Mario R. Pazmiño S., Ejército de Ecuador
Coronel (RA) Jhon Marulanda, Ejército de Colombia

*Los análisis por ellos compartidos no reflejan necesariamente la opinión oficial de las instituciones de la Defensa de sus respectivos países.