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viernes, 27 de diciembre de 2024

Año Nuevo, vida nueva

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

“Año Nuevo, vida nueva, más alegres los días serán… Año Nuevo, vida nueva, con salud y con prosperidad”, canta el éxito bailable de La Billo´s, que junto al de “faltan cinco pa’ las doce y el año va a terminar, me voy corriendo a mi casa a abrazar a mi mamá" o "yo no olvido el año viejo...", se constituyeron en los clásicos de la jornada de medianoche que suenan en todas las emisoras, exacerban la adrenalina y ponen a medio mundo a llorar emocionado como si se fuera a acabar el mundo y no el año.

Y es que el final del año suscita un síndrome apocalíptico que pone a correr contra reloj a todos, como si efectivamente se fuera a acabar el mundo el 31: hay que entregar, hay que cerrar, hay que hacer lo que no se hizo cuando se debía haber hecho. ¡Qué obsesión, qué nervios, qué estrés!

Entonces, como lo he criticado de un tiempo para acá: ¿qué diferencia hay entre la noche del 31 de diciembre y el 1 de enero con el 12 y 13 de abril o el paso de la medianoche del 21 y 22 agosto? Ninguna, y si se quiere, toda a la vez, porque el sentido y la significación no la tiene la fecha en sí, sino la que nosotros hemos querido darle. Un 7 de febrero a nadie le dice nada, pero para mí sí, es fiesta, es aniversario de celebración de la vida, así que la carga emocional que le da relevancia se la pongo yo o es la que ha decidido asignarle la sociedad, la cultura, la religión.

Eso es lo que pasa con el 31. Culmen de un ciclo, cierre de una temporada que comenzó 12 meses atrás y que puso límites, definió tiempos, puso plazos para cumplir metas y objetivos. Ha sido necesario hacerlo. Establecer esos parámetros, esos encuadres, esas cercas temporales, ayuda a medir, a planear y también a evaluar. Mentalmente es el corte de una etapa y también el darse la oportunidad de comenzar otra. Lo cotidiano y rutinario se transforma en algo especial, único, novedoso, extraordinario. Saber terminar y saber comenzar. Morir y nacer de nuevo.

Así las cosas, ciertamente, como lo dice el ritmo tropical, Año Nuevo puede significar vida nueva. Es cierre que abre, que diferencia y distingue, como del Adviento a la Navidad, o de la Cuaresma a la Pascua, de la bacanal entierro de Joselito a la austera y penitente ceniza. Son etapas, son ciclos necesarios que deben darse, vivirse, celebrarse. Ocasión de evolución, madurez y crecimiento. Somos los mismos, pero en realidad no somos los mismos, todo depende de nuestro libre albedrío y de lo que decidamos hacer de acuerdo con nuestras posibilidades.

Es costumbre por estos días augurarse un feliz año, desearse lo mejor, enviarse bendiciones, anhelar tiempos mejores. Hay que trabajarlo, hay que lucharlo hasta conseguirlo. No es suerte, no son agüeros de nuestro folclor (las 12 uvas, los calzones amarillos, la vuelta con la maleta, las papas debajo de la cama, entre otras). A Dios rogando y con el mazo dando, es decir, binomio ideal, llave efectiva, socio ideal, parcero inmejorable. Juntos vamos lejos, mejor, más eficientes y rápidos. Amigos todos: ¡feliz año 2025!

martes, 14 de enero de 2020

De cara al porvenir: atrás quedó la Navidad


Por Pedro Juan González Carvajal*

Pedro Juan González Carvajal
Como dice el estribillo de la canción decembrina, “Otro año que pasa y yo esperando y yo esperando”. Después de un diciembre que pasa como un relámpago y que se inició con una exitosa alborada, no queda si no reconocer que las campañas contra esta actividad son inocuas y que solo falta que el Estado asuma la organización, diseño y costo de unos juegos pirotécnicos de alto nivel en cada punto de concentración poblacional de la ciudad, manejados por expertos y que se conviertan en un espectáculo seguro y bonito para todos.

En ese orden de ideas sigo esperando que mejore el clima, que se terminen las obras en proceso y las obras inconclusas y que los nuevos gobernantes comiencen con pie derecho.

Sigo esperando que el gobierno central gobierne, que la justicia funcione, que la salud atienda y que la educación sí sirva para alguna cosa.

Sigo esperando que los triunfos de nuestros artistas y deportistas continúen, que superemos del todo la contingencia de Hidroituango y que nos vaya bien en la Copa América.

Sigo esperando que acabemos con la corrupción, que superemos la pobreza y que alcancemos la equidad.

Sigo esperando que los ciudadanos nos comportemos como gente civilizada y que los funcionarios gubernamentales entiendan que son funcionarios al servicio de los ciudadanos.

Sigo esperando que nuestros dirigentes no politicen a las fuerzas militares y de policía y tampoco politicen la carrera diplomática ni las relaciones exteriores.

Sigo esperando que no asesinen niños ni mujeres y que se respeten los derechos de los estudiantes, de los obreros, de los periodistas, de los jueces, de los policías, de los militares, de los campesinos y de los ciudadanos del común.

Sigo esperando que la clase dirigente actúe como tal y que no caiga en pequeñeces, ni que sus intereses personales atenten contra los intereses generales.

Sigo esperando que todos los colombianos valoremos la riqueza natural de nuestro país y que conjuntamente la sepamos cuidar y aprovechar.

Sigo esperando que todos entendamos en qué consiste eso de ser buen ciudadano, y que el respeto, la tolerancia y la solidaridad reinen entre todos nosotros.

Sigo esperando que el proceso de paz y el proceso de restitución de tierras avancen con normalidad y actuemos como miembros de un modelo democrático.

Sigo esperando que los políticos y los empresarios valoren los reclamos de la población, en su mayoría razonables.

Sigo esperando la imparcialidad, objetividad, transparencia y seriedad de los distintos medios de comunicación.

Sigo esperando que a partir del conocimiento y del reconocimiento entendamos la calidad de país que heredamos y que debemos cuidar con esmero.

Sigo esperando que todos entendamos que nuestra casa común es frágil y que es responsabilidad de todos cuidarla y exigir a los tomadores de decisiones que actúen, pero ya.

Sigo esperando que se configuren verdaderos partidos políticos que permitan la supervivencia y desarrollo de nuestra maltrecha democracia.

Sigo esperando que entendamos que somos ciudadanos del siglo XXI, a pesar de que nuestras instituciones y algunos dirigentes actúen como si vivieran en los siglos XIX y XX.

Sigo esperando que el pretenciosamente llamado sistema educativo forme ciudadanos con plena conciencia geográfica e histórica.

Sigo esperando que todos los colombianos volquemos nuestra mirada hacia el campo, si es que consideramos que todavía podemos llegar a tener futuro.

Sigo esperando que solo haya una sola Colombia, la rural y la urbana, y que todos comprendamos de hacemos parte de una misma sociedad.

Sigo esperando que esta espera no sea infructuosa. ¡Un buen 2020!