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miércoles, 28 de febrero de 2024

¿"Congelación" o aceleración del simulacro?

José Alvear Sanín
Por José Alvear Sanín

Quienes quieran creer, después de los resultados del “proceso de paz con las FARC”, que el actual con el ELN es una “negociación”, tienen que ser, primero, tontos, o, segundo, cómplices.

Con el antecedente del “acuerdo final” entre Timo y Santos, es imposible que alguien de buena fe pueda pensar que esos seis años de conversaciones en La Habana hayan sido cosa distinta de un simulacro de negociación, cuando lo que se hizo fue engañar al país mientras se fortalecía la subversión, se debilitaban las defensas, se adormecía la opinión con la promesa de la paz, preparándola para tragar los sapos y culebras de las 316 páginas en las que se detallaba la entrega de buena parte de la institucionalidad a la guerrilla narco-chavista y a sus mentores intelectuales e ideológicos en Bogotá.

El resultado de la refrendación expedita y espuria (fast-track) del tal “acuerdo final” fue la aceptación, por parte de la clase política, del “Gobierno de transición”, la JEP, la Comisión de “la Verdad”, la entrega de ingentes recursos del presupuesto al Secretariado y la toma de los mecanismos electorales.

El resultado inevitable de tanta torpeza fue la elección de Petro, cuya mayoría se logró con el constreñimiento electoral en la más remota periferia cocalera y con el muñequeo de la Registraduría.

A partir de agosto 7 de 2022, quien ejerce el Gobierno viene conquistando el poder político paso a paso y sin retroceder jamás, indemne frente a sus inconcebibles, intolerables y cotidianos escándalos familiares y políticos...

Una vez conquistado el poder político en las elecciones de 2022, falta cambiar el modelo económico y social. De eso se trata con el ELN, nada más ni nada menos.

Con la experiencia del anterior simulacro, ahora se hace creer al país que hay una dificilísima negociación entre Gobierno y ELN, la guerrilla más radical, extremista e inflexible, además, de corte pol-potiano.

En vez de aceptar la falacia de que hay “negociación”, hay que reconocer que tanto el Gobierno como el ELN son actores dirigidos dentro del principio del internacionalismo proletario, desde La Habana, por el movimiento comunista clandestino que allí tiene su jefatura continental.

La farsa avanzará hasta que, en la correlación de fuerzas, la ventaja del Gobierno permita firmar el “acuerdo vinculante” con el ELN, sin temor de reacción eficaz por parte de sectores castrenses ni de movimientos cívico-militares.

A pesar de la tan cacareada “congelación” del proceso con el ELN, preparatoria de nuevas concesiones del gobierno a esos subversivos, el Comité de Participación Ciudadana (dominado ampliamente por organizaciones comunistas de fachada), sigue preparando el “acuerdo vinculante”, que ha de sustituir la Constitución con la mera firma de Petro y de Eliécer Herlindo, sin necesidad de plebiscito, referendo ni refrendación parlamentaria, como se convino entre Petro y el ELN, en presencia del jefe de ambos grupos, Raúl Castro, en La Habana, el 9 de junio de 2023.

La tal congelación es otro distractor mediático, destinado a una opinión estólida que anhela lo que llaman paz pero que solamente es entrega.

lunes, 26 de febrero de 2024

Editorial: sucesos de la semana No. 37

Para esta semana, en su editorial de El Pensamiento al Aire, Antonio Montoya H., reseña el nombramiento de Laura Sarabia como directora del Departamento Administrativo de la presidencia; la caída de la inversión privada en el país; los súper poderes que busca Gustavo Petro sobre las vigencias futuras del presupuesto; la renuncia de Efraín Cepeda a la presidencia del Partido Conservador; el hecho de que todavía no se elija fiscal general de la nación, y concluye comentando la fractura de los diálogos con el ELN. No dejes de verlo.

jueves, 1 de diciembre de 2022

Vigía: un museo militar en una ciudad remota

Coronel John Marulanda (R)
Por John Marulanda (R)

Visitar museos militares en todo el mundo ha sido una de mis pasiones. En Beijing, Moscú, Roma, París, Madrid, Lisboa, Londres y en todas las capitales latinoamericanas, entre otras ciudades, delectar paso a paso cada uno de los episodios que marcan la historia de cada país, es parte integral de mi cultura personal. No es de extrañar que estos espacios dedicados a la memoria histórica de las gestas armadas de cada nación ejerzan tan poderosa atracción sobre mí, miembro de la Academia Colombiana de Historia Militar.

El museo Centro Histórico del Oriente de Yopal, ciudad capital del departamento de Casanare, fronterizo con Venezuela, me causó una grata impresión en medio de la incertidumbre que reina en Colombia. Reconstruido en una instalación médica que había sido deteriorada por gente de la calle, el suboficial y los soldados encargados del esfuerzo han transformado esta otrora ruinosa instalación en un museo militar de primera clase, que muestra el dolor de las víctimas de la violencia en esta vasta área del Oriente nacional, integrada por Arauca, Casanare, Meta, Vaupés y Vichada. El recorrido que hicimos por sus diferentes salas estuvo siempre guiado por el sargento segundo de ingenieros Héctor Leonel Zabala, apoyado por tres guías soldados profesionales y quienes encontraron en la memoria histórica la razón de ser de su servicio a la Patria.

Antecedentes prehispánicos con indígenas y su cosmogonía; la mita, la encomienda, las misiones jesuíticas de Caribabare, Tunapuna, Chita, Támara, Morcote, Pauto “Ad maiorem Dei gloriam”; la conquista, la independencia, reconquista con sus respectivos fusilamientos; Bolívar, Santander, el Pantano de Vargas y el coronel Juan José Rondón “Salve Usted la Patria”; la República con patria boba y todo lo conocido; la vida política con asesinatos de líderes como Jorge Eliécer Gaitán “No soy un hombre, soy un pueblo”; la violencia de los Llanos con Guadalupe Salcedo, Eduardo Franco, José Alvear Restrepo, 41 comandantes más y el teniente general Gustavo Rojas Pinilla; la aparición de las drogas y sus respectivos capos como Carlos Lehder “droga: la bomba nuclear de los pobres” y otros; el oleoducto Cañolimón-Coveñas y la resurrección elena, hasta la violencia actual en Arauca que tiene el récord de homicidios con una estadística chocante de más de 92 muertos por cada 100 mil habitantes, están vívidamente representados a lo largo de la circularidad del museo. Varias líneas de tiempo, litografías, muchos videos testimoniales, crónicas, fotos, maniquíes con los vestidos y uniformes de cada época, armas antiguas y modernas por doquier, aperos, herramientas, curiosos botines de cabuya para caballos y mulas que debían trasegar por áreas rocosas y en fin, toda la parafernalia cívico militar sistemáticamente montada y mostrada con periodicidad, incluyendo el aspecto religioso, conforman este museo al que asisten un gran número de visitantes diarios y que en su primera etapa nos muestra la cultura llanera.

Es una huella histórica de una región de política conservadora y cuartel de Los Buitragueños o Martín Llanos, autodefensas de los llanos, no exenta del accionar narcotraficante de las FARC y el ELN, este último fortalecido en Arauca después de su desastre de Anorí en 1972, y actualmente dizque en diálogos de paz con el gobierno del izquierdista Petro.

Las instalaciones del Museo fueron cedidas por el Concejo Municipal al general Helder Giraldo, para entonces comandante de la Octava División, acantonada en Yopal y hoy comandante general de las Fuerzas Militares.

Difícil encontrar en una ciudad capital remota como esta, un museo de las víctimas, palabra que parece estigmatizar a una de las más queridas y apreciadas instituciones de Colombia, junto con los empresarios y la Iglesia.