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miércoles, 3 de diciembre de 2025

Francachela y comilona y la cocina en llamas

Luis Guillermo Echeverri Vélez

Dice el adagio: “Lo que nada nos cuesta volvámoslo fiesta”. El asunto no es de izquierdas y derechas. Aquí el desfalco y la bacanal estatal la pagan los impuestos de un sector productivo incapaz de soportar la dura carga tributaria. A Colombia se le está quemando la cocina y el futuro depende de que no continúen en el poder ni queden libres, los líderes del narcoterrorismo y sus perniciosos aliados políticos.

La inconciencia e irresponsabilidad con que se conducen hoy el Estado y las instituciones asociativas políticas y gremiales hace que la sociedad colombiana se tambalee en medio de una borrachera electoral donde se baila con la criminalidad al son de la ilegalidad y se corre el riesgo de consolidar un régimen comunista.

La clase política disfruta de tremenda francachela electoral atendiendo perversas ideas de estrategas políticos extranjeros, a quienes poco les importa el futuro del país. Y el Gobierno protagoniza una grotesca comilona presupuestal cocinada en la paila por donde circula un volumen de recursos ilícitos sin precedentes.

La total ausencia de legalidad y justicia hace que un país lleno de biodiversidad, agua y energía desperdicie su talento humano y pierda el tren del desarrollo en plena era del conocimiento, donde la computación cuántica se mide en “Qubits”, unidades que calculan simultáneamente tantas partículas como se puedan observar en el universo.

El incendio del vecino ya pasó la frontera y el país carga con la miseria humana creada y desplazada por el castrochavismo y la ruina de la economía formal que está vencida por los volúmenes de dineros que se tranzan por debajo de la mesa, el costo de la inseguridad, y el efecto de la desconfianza inversionista en el sector productivo.

El mercado financiero está inundado por una formación de capitales ilícitos alimentada por el producido de la exportación y lavado de cuatro mil toneladas de cocaína, de la minería ilegal, el contrabando físico y técnico, trece billones de remesas año y los retiros de dólares por cajero.

La banca nacional hizo un pacto tácito de no agresión con el Gobierno, que le permite limpiar cartera gracias a los flujos que recibe del movimiento de la economía clandestina, que tienen al país entero gastando al debe de manera peligrosa.

No olvidemos que seguimos siendo el país de origen de la cocaína y de gran parte de la minería ilegal, que en parte se distribuían al mundo a través de Venezuela y en parte desde Colombia a carteles mexicanos. Hoy a partir de la intervención americana en el Caribe buena parte de ese negocio ilegal se está tranzando directamente en Colombia con todo tipo de mafias y carteles internacionales bajo el auspicio del gobierno, la fiscalía y las fuerzas armadas.

El gasto del Estado en política no atiende los límites de la ley de garantías y descuenta el riesgo de que la justicia les haga pagar sus ilícitos, en un país donde las decisiones en favor de la legalidad no pasan de ser un caramelo escaso.

Queda por verse qué nos espera en materia de transparencia electoral, pues Colombia está en manos de un tirano que tiene a su favor el haber comprado parte del legislativo, injiere en la fiscalía, en los demás órganos de control, las fuerzas armadas y la capacidad de inteligencia y presión fiscal, y en parte de las cortes, y que insiste en quedarse en el poder o en entregarlo a alguno de los candidatos que ya anunciaron que le garantizarían impunidad.

Vivimos en medio de un ámbito politiquero, clientelista y corrupto como el común denominador del ejercicio de la cosa pública y hace falta una representación gremial capaz de poner a raya un gobierno destructor. Muchas de las grandes empresas, especialmente las que contratan con el Estado, siguen creyendo que sus problemas se solucionan haciendo lobby individual y fletando parlamentarios para las elecciones venideras.

Mientras un centenar de oportunistas se sacan los ojos unos a otros, nos distraen con aquello de que si la izquierda o la derecha, cuando el ataque político del gobierno comunista disfrazado de izquierda a quienes puedan hacerle contrapeso va desde el asesinato a la protección de asesinos como gestores de paz y la judicialización de familiares inocentes para ablandar oposición.

¿Hasta cuándo nos van a durar la opresión narcoterrorista y la borrachera de escándalos políticos frente a una sociedad que necesita soluciones a sus problemas?

Tengamos claro que el único caballo que tiene la democracia, capaz de aguantar la distancia y derrotar el comunismo, es Uribe acompañado de todo el sector productivo colombiano.

P.D. Toda mi solidaridad al presidente Uribe y a su familia, difamados, perseguidos y maltratados por la dialéctica que caracteriza la propaganda con que el comunismo culpa siempre a la oposición de todos los males que le causa a una nación. Conozco desde mi infancia a Santiago Uribe Vélez y a toda su familia y doy fe de sus calidades como ser humano y persona honorable.

miércoles, 19 de junio de 2024

Corrupción y despilfarro de los recursos públicos

Luis Alfonso García Carmona
Luis Alfonso García Carmona

Como regla de oro en lo que concierne al gasto público, establece nuestra Constitución: Artículo 189. Corresponde al presidente de la República como jefe de Estado, jefe del Gobierno y suprema autoridad administrativa: (…) 20. Velar por la estricta recaudación y administración de las rentas y caudales públicos y decretar su inversión de acuerdo con las leyes.”

Debe entenderse en armonía con esta sabia admonición de la Carta: Artículo 366. El bienestar general y el mejoramiento de la calidad de vida de la población son finalidades sociales del Estado. Será objetivo fundamental de su actividad la solución de las necesidades insatisfechas de salud, de educación, de saneamiento ambiental y de agua potable.”

Ha preferido el mandatario actual de los colombianos obrar a su capricho en materia tan delicada como es la administración de los bienes y rentas del Estado. Procura, por todos los medios, tomar el control de los más importantes recursos monetarios del Estado (como es el caso del ahorro pensional de los colombianos, los multimillonarios recursos del sistema de salud, etc.,) para aplicarlos a sus proyectos políticos enderezados a la implantación de un sistema socialista, con alta participación del Estado en la vida social, en el que la mayor parte de la población dependa de los subsidios estatales. Esto es lo que se desprende de sus discursos, trinos, proyectos y decisiones administrativas. Por supuesto, las inversiones que tiene proyectadas no corresponden a las señaladas en la ley y se está violando el mandato constitucional del artículo 189.

Se ha dedicado gran proporción de lo recaudado al derroche administrativo, a la compra de conciencias o sobornos para que sean aprobados los proyectos del Gobierno o para entorpecer el juicio político que cursa en su contra, y, en general, a la sucia actividad de la corrupción. Son 15 los escándalos originados en la actividad del régimen petrista que cubren una amplia gama de normas constitucionales y legales infringidas[1].

martes, 10 de septiembre de 2019

Construir, destruir, construir


Por Antonio Montoya H.*

Antonio Montoya H.
Eso es lo que estamos viendo en la ciudad, en los últimos días, en forma notoria, porque por todo Medellín, desde hace algunos años parece que es una constante abrir huecos, cerrarlos, construir aceras, tumbarlas, y así sucesivamente. Esas decisiones son de la Secretaría del Medio Ambiente y la Secretaría de Infraestructura , y por consiguiente del señor Alcalde de la ciudad.

No es un cuento y se observa en forma más que evidente con lo que está ocurriendo en la Avenida Oriental que atraviesa el centro de la ciudad. Allí se realizó una verdadera obra de ornato y embellecimiento con un corredor verde que implicó una gran inversión, que se mostró con orgullo al país y que le valió el reconocimiento ciudadano porque demolió el adefesio arquitectónico de las llamadas pirámides que fueron construidas por otra administración y que fueron siempre rechazadas en la ciudad.

También resaltamos que ambientalmente mejoró la calidad de la vida en el centro, volvieron las aves a posarse en los árboles y miles de personas que pasan a diario por esos lugares hoy disfrutan de la belleza del ambiente. Nuevamente llegamos a creer en la ciudad de las flores.

Pero llegó la horrible noche nuevamente: un día cualquiera del mes de agosto iniciaron nuevos trabajos en ese sector de la Avenida Oriental y un poco también en la vía hacia El Poblado. Vimos con estupor que estaban quitando la vegetación recién sembrada, también las rejas y la división en cemento que servía de protección para que las personas no se pasaran de un lado a otro poniendo en riesgo la vida y dañando el paisaje construido.

De todo ese desastre que están realizando, dan explicaciones a la ciudadanía y entre ellas una que sorprende: —es que por allí pasará el Metroplús y se construirán 5 estaciones (Barrio Colón, Sandiego, San José, La Playa y Catedral). A simple vista, parece lógico y diría uno que el desarrollo y el bienestar general prima sobre la estética, pero este es un caso que no se puede explicar y mucho menos aceptar. Existe una evidente ligereza y despilfarro del dinero público al destruir una obra que demoró varios meses, que afectó la movilidad en grado sumo, que hizo largo y penoso el recorrido por la ciudad de los vehículos y transporte público y que apenas unos meses después la destruyen. Nos preguntamos por qué, si ya se sabía que el Metroplús pasaría por ese sector, no hicieron la construcción a la par o reservaron los espacios de las estaciones. Nos habríamos evitado muchas molestias, tanto la alcaldía como los ciudadanos.

No es aceptable, que un alcalde que lidera una ciudad que lo respeta, permita que sus funcionarios cometan tan absurdos errores, que deja mal parada a la administración, porque la prevención y la planeación ha sido, en Medellín, realizada con responsabilidad y seriedad.

Ya se iniciaron las nuevas obras, es decir construirán nuevamente. Esperamos que, en pocos meses, cuando estén terminadas no salgan a decir que por ahí no eran las estaciones y volvamos a tumbar y a construir.

Juicio señores, Medellín no puede perder el rumbo.