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martes, 28 de junio de 2022

De cara al porvenir: a cicatrizar las heridas y a trabajar

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

Por fin terminó la bien denominada contienda electoral y ya tenemos nuevo presidente… ¡Siquiera! Qué espectáculo tan bochornoso han tenido estas recientes campañas y jornadas electorales donde la mala educación, la falta de escrúpulos y la falta de propuestas serias fueron parte del común denominador de todos los precandidatos y de los dos candidatos que finalmente llegaron a la instancia final.

Es de suponer que, con estos resultados, donde no se ha apoyado a ningún candidato, sino que se ha jugado, por un lado, con el “contra-Petrismo” y por el otro lado con el “contra Rodolfismo”, este esquema haya llegado a su fin y que no nos tengamos que resignar con el ganador que hasta ayer era contrincante y que desde el día de la elección ha debido comenzar a trabajar en la cicatrización de las heridas que ha dejado este combate. Que trabaje como nuestro presidente, el presidente de todos los colombianos sin excepción. ¡Esa es la democracia!

A un lado –y ojalá hayamos aprendido la lección–, debe quedar la promoción de la polarización del país que no deja nada positivo ni nada por rescatar.

Quienes hayan sido agentes de polarización deben buscar otras opciones de activismo político por el bien de la Patria que tanto dicen querer y defender.

Ahora es que se deben precisar las propuestas concretas y las estrategias a llevar a cabo para sacarlas adelante dentro del marco del respeto por la institucionalidad y de la constitucionalidad vigentes.

Adiós a los lugares comunes y a los discursos políticamente correctos. Todos esperamos ansiosos los esquemas para recobrar la confianza general en las instituciones, para erradicar la pobreza, para lograr la equidad, para alcanzar la justicia social y para desarrollar por fin un Estado de Derecho donde los principios constitucionales de la participación y de la descentralización dejen de ser una quimera y se vuelvan por fin una realidad.

“Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza” dice el pensamiento popular. Ojalá la elección de cuerpos directivos en el nuevo Congreso y la necesidad del nuevo gobierno por construir una coalición que le dé algún espacio de gobernabilidad, no se conviertan en los escenarios que nos lleven de nuevo por los caminos tortuosos y vergonzosos ya recorridos donde la mermelada, la mantequilla, la grasa o cualquier otro tipo de pócima, ha sido el detonante preliminar de la corruptela que ha de acompañar, si este es el caso, al nuevo período de gobierno.

Ojalá los temas que deben manejarse como “asuntos de Estado”, respaldados en las respectivas “políticas de Estado”, demuestren la seriedad del nuevo Gobierno. La defensa y el ejercicio de la soberanía nacional, las relaciones con los países vecinos, la posición integral y coherente con respecto al tema del narcotráfico, las posturas que se asuman con respecto a los conflictos internacionales, las estrategias a respaldar y a implementar para enfrentar el cambio climático y la integración a la economía y al comercio mundial, serán los hitos que signarán en el tiempo el legado del nuevo gobierno y la calificación del nuevo gobernante como simple presidente o como estadista.

Ya estamos cerca a transitar por la primera cuarta parte de este siglo y se requiere de un buen timonel y de una buena tripulación para que las tormentas y los nubarrones que hoy están presentes o que nos acechan tanto a nivel planetario como en el ámbito regional y local, no den al traste con las ilusiones, las expectativas y las esperanzas del pueblo colombiano.

No hay espacio para más frustraciones ni dilaciones. ¡Se requieren resultados y pronto!

¡Buen viento y buena mar al nuevo gobierno!

miércoles, 9 de marzo de 2022

Un beso de Judas a plena luz del día

José Alvear Sanín*
Por José Alvear Sanín*

La traición deja provecho transitorio al que la comete, pero queda lastrado con una vergüenza que lo persigue ya para siempre. Si eso les ocurre a los pequeños traidores, que sufren luego el desprecio en su estrecho círculo laboral, comercial, lúdico o deportivo —como pasa con el esquirol, el falso quebrado, el tahúr y el portero del autogol convenido, todos despreciables—, ¿qué diremos entonces de los grandes traidores?

La historia está llena de ellos. Por hoy baste recordar a Jacob, que privó de la primogenitura a su hermano, a cambio de un plato de lentejas; a Bruto y Casio, que asesinaron a su jefe, amigo y protector. Y saltándonos algunos siglos donde también abundaron, recordemos solamente a Benedict Arnold, general americano que se pasó a los ingleses, para llegar hasta Pétain, Laval y Quisling, quienes al servicio de los nazis gobernaron sus países hasta alcanzar el despreciable apelativo de collaborateurs.

Tanto Shakespeare, deprecando a los asesinos de Julio César, como Dante, han situado moralmente la traición donde corresponde. En el Inferno comparten con Dite el más profundo y horrendo círculo Bruto, Casio, y el peor de todos, Judas Iscariote.

Llegando a estas líneas, el menos malicioso de los lectores se dará cuenta de que me acerco a César Gaviria. Es verdad que ese individuo no es, hasta ahora, figura histórica destacable, pero si con su traición al país llega Petro a la presidencia, el daño que le hará a Colombia será tan gigantesco como aterrador.

El beso de Judas al Señor se dio en la oscuridad de la noche, mientras el de Gaviria a Colombia tuvo lugar a plena luz del día, en un lugar que antes no ofrecía lentejas en su menú y en presencia de fotógrafos y reporteros.

Dejando de lado la grotesca hipótesis de una Vicepresidencia para la hijita querida, dijeron ellos que el encuentro era dizque para conversar sobre “coincidencias” entre ambos acerca de la urgencia de un “capitalismo” de tipo social y de una reforma tributaria para mejorar la suerte del pueblo…

Muchos, preocupados por una posible presidencia del terrorista y hombre de las bolsas, temíamos las componendas de políticos logreros con él, después de agosto, pero Gaviria ha convertido esa atroz posibilidad en una realidad.

Desde luego, no es él solamente, porque los Galán, Luis Pérez, Alejandro Gaviria, Roy Barreras, Benedetti, la Teodora, De la Calle, Juan Manuel Santos, etc., están haciendo cola para “colaborar”; pero la diferencia entre los de esa caterva y Gaviria Trujillo radica en la investidura que este ostenta como director del Partido Liberal, una de las fuerzas que, a partir del Programa Liberal de 1848, y del Conservador de 1849, a lo largo de 172 años, han construido la democracia colombiana y la grandeza de la patria.

Es posible que para muchos valga más un plato de lentejas que esos nobles y elevados conceptos que no se traducen en pesos, ni en proficuos contratos, ni en abultadas comisiones, ni en curules, ni en el goce transitorio que produce la libido imperandi.

¡Cómo puede el partido de Mosquera, Benjamín Herrera, Rafael Uribe Uribe, Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos, Alberto y Carlos Lleras, López Michelsen y Virgilio Barco, caer hasta el nivel intelectual del estilista capilar!

¡Cómo es posible que el hombre ungido por el hijo en el entierro de Luis Carlos Galán, asesinado por la mafia, se incline ahora ante el poder político del narcotráfico y el Foro de Sao Paulo!

Para ser recordado, Eróstrato quemó el templo de Diana, y César Gaviria entregó el país al castro-petrismo. ¡Pobres credenciales para la Historia!

***

El gran reportaje con el doctor Remberto Burgos de la Espriella, en La Barbería de William Calderón, nos presenta no solo al gran médico, sino también al pensador, defensor de la vida y a uno de los hombres que hacen falta en la primera línea de la política, ahora dominada por enanos morales.

martes, 4 de mayo de 2021

De cara al porvenir: bloque de búsqueda

Pedro Juan González Carvajal
Por Pedro Juan González Carvajal*

En 1989 se estableció en Colombia una estrategia particular para atacar al Cartel de Medellín y posteriormente para capturar a Pablo Escobar, después de que este se fugara de la cárcel de máxima seguridad en Envigado.

Esta estrategia consistió en la conformación de un Equipo Élite de la Policía y el Ejército Nacional dedicada única y exclusivamente al logro de estos objetivos. A este Equipo Élite, a partir de 1992, se le denominó Bloque de Búsqueda, cuyos resultados operacionales se asocian al logro de los objetivos para los cuales fue creado.

A mediados del decenio pasado, se configuró la Operación Agamenón para enfrentar y desmantelar al denominado Clan del Golfo y a partir del 2020 se estableció la exitosa figura de Bloque de Búsqueda para dar con sus cabecillas.

Se ha demostrado que, con la necesaria voluntad política, con los recursos económicos y tecnológicos adecuados, y con perseverancia, estas estrategias han dado los resultados esperados.

La eficacia de esta estrategia radica en la definición de un objetivo, la definición de una estrategia, el aporte de los recursos necesarios y la voluntad de las partes para sacarla adelante.

Ante el cáncer creciente y la voracidad de la corrupción, ha faltado la voluntad política y la presión ciudadana para enfrentarla y erradicarla de una vez por todas.

Habrá que tomar medidas extremas y establecer condiciones de excepción para combatirla. Si hay que hablar de pena de muerte, pues hay que hablarlo. Si tenemos que configurar un Bloque de Búsqueda para ubicar, perseguir y castigar a los corruptos, pues hay que hacerlo. El ejemplo de Singapur es singular y extremo: en menos de 50 años salieron de la pobreza extrema y dieron el salto al mundo desarrollado y en ese período lograron no solo erradicar la corrupción, sino, además, crear una cultura de no corrupción entre la sociedad.

La voluntad de poder integra no solo el compromiso, sino la capacidad de actuar de manera efectiva. En Colombia nos ha faltado conciencia de la dimensión y las implicaciones del problema, la voluntad política de la sociedad y los gobernantes de turno y el compromiso de actuación para el logro del resultado esperado.

El no enfrentar este flagelo nos condena al subdesarrollo y nos convierte a todos en cómplices, activos o pasivos.

La erradicación de la corrupción debe convertirse para Colombia, en un objetivo nacional de primer orden. Esta lucha debe ser frontal y debe contar con la colaboración de todos los ciudadanos de bien y que caiga quien tenga que caer, y que pague el que tenga que pagar.

No podemos seguir siendo estrangulados y asfixiados como sociedad y como país por unos ladrones que hoy se pavonean burlándose de todos nosotros y de nuestro casi inexistente aparato de justicia.

Debemos fortalecer a nuestra justicia y debemos despolitizarla para que sean los más preparados, los más idóneos y los más probos quienes la organicen, la administren y la ejerzan.

¡Sin justicia no hay sociedad! Todos debemos aprender a querer y a respetar a la institución y a sus miembros y reivindicar el ejercicio sagrado y la función fundamental del señor juez. Y digo señor juez y no simplemente juez, pues este servidor es instrumento de la justicia y debe ser reconocido como pilar fundamental de la sociedad y baluarte de los principios democráticos.

Qué pereza una nueva campaña presidencial esta vez llena de precandidatos hablando babosadas y esquivando de manera irresponsable, miedosa y miope, el enfrentar los problemas que son. Propongo con toda la fuerza del espíritu que el tema central de la campaña sea la estrategia que cada uno de los aspirantes propone contra la corrupción, no en el sentido retórico de cómo se refieren al asunto, sino, de su compromiso abierto y a viva voz para acabar con este flagelo. Lo demás, a mí, personalmente, no me interesa.

Nota: es lamentable que se sepa con anterioridad que hay un altísimo porcentaje de certeza que habrá un rebrote después del día del paro, otro después del día del trabajo y otro después del día la madre, por la indisciplina social y la falta de respeto y solidaridad de los miembros de la sociedad. Como diría Echandía, “¡País de cafres!”.