José Alvear Sanín
En la elección presidencial del próximo 31 de
mayo se presentarán tres tendencias:
1. La ideológicamente conservadora de Abelardo
de la Espriella (tergiversada dizque como “extrema derecha”).
2. La heteróclita de “centro” (donde la única
centrista es Paloma Valencia).
3. La comunista de Cepeda.
No hay duda de que, si Cepeda pasa a la segunda
vuelta, será derrotado por la suma de los partidarios del costeño y la
payanesa, salvando así a Colombia de la revolución narco-castro-estalinista.
Esta perspectiva aterra, desde luego, a la
extrema izquierda. Por tanto, el comunismo apelará a todas las formas de lucha
electoral y armada, sin olvidar la propaganda negra ni la desviación descarada
de billones del presupuesto. No les basta con lo anterior, porque también se apelará
al apoyo de los “idiotas útiles”, es decir aquellos que, posando siempre de
“demócratas progresistas”, nunca votarán por un personaje de la derecha.
Por prejuicio ideológico, unos, por
componendas, otros, muchos de nuestros “centristas” están dispuestos a votar
por el comunista, antes que, por un demócrata partidario de la legalidad, la
libertad y el orden.
Supongamos que el 31 de mayo queden Paloma de
primera y Cepeda de segundo. Ante ese posible resultado, Abelardo ha dicho que
apoyaría a la candidata para evitar el advenimiento de la revolución…
En cambio, si Abelardo supera a Cepeda, es de
esperar que Paloma vote por él en segunda vuelta.
Hasta aquí todo parece claro y el país respira
con optimismo, pero ahora empieza a aflorar lo que yo llamo “la tentación
allendista”.
Recordemos la tragedia de Chile en 1970. Como
los democristianos y los conservadores no se unieron ante el peligro comunista,
Allende superó por unos pocos votos a un personaje muy respetable, el doctor
Alessandri, conservador, y el democristiano Tomic quedó de tercero.
En esas condiciones, el Senado tenía la
facultad constitucional de escoger entre los dos primeros, y Alessandri
manifestó que, si lo elegían, a continuación renunciaría para que ambos
partidos democráticos pudieran elegir un presidente correcto, en una nueva
elección.
Pero, en la Democracia Cristiana operaron los
reflejos “progre”, “socialdemócratas”, “pluralistas” y “conciliadores”, y, por
tanto, optaron por pactar con el candidato comunista, de manera que Allende se
comprometió a respetar la Constitución y la Ley…, pero tan pronto tomó
posesión, empezó la revolución desde La Moneda, y llegaron el desastre
económico, la violencia y la hambruna…
Los “de centro” en Colombia ya saben que Galán
y Oviedo han manifestado que jamás votarán por Abelardo; y como no hay duda de
que estos dos idiotas útiles prefieren entenderse con Cepeda, es oportuno
preguntarnos qué camino tomarán los otros “centristas” después de la primera
vuelta.
Desde luego, Claudia Nayibe (que ahora dizque
es “de centro”), no puede ocultar su cepedismo, y lo mismo puede decirse de
Fajardo, eterno receptor de reposición de votos.
No me atrevo a señalar a otros de “los
centristas”, pero sospecho que muchos de ellos están dispuestos a preferir un
convenio con Cepeda, para que este prometa, hasta en notaría, respetar la
Constitución, en vez de acompañar el proyecto de recuperación económica y moral
que encarnan De la Espriella y Restrepo.
Aunque nuestros “centristas” carecen tanto de
votos como de prestigio, la tentación allendista añade una nueva incógnita al
debate presidencial, porque si se concreta, puede debilitar al candidato
correcto en la segunda vuelta, al robustecer la candidatura comunista en el
momento de máximo peligro.
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