José Hilario López Agudelo
Así
lo señala el más reciente estudio sobre la Evaluación de la Declaración sobre
los Bosques, elaborado por la consultora Climate Focus en colaboración con una
coalición de organizaciones de la sociedad civil y centros de investigación.
Este informe, que se publica anualmente, examina la evolución de la pérdida de
bosques en comparación con el período de referencia 2018 - 2020. Su principal
objetivo es monitorear los compromisos internacionales para frenar y revertir
la deforestación global de cara al año 2030 y garantizar la rendición de
cuentas por parte de los actores implicados.
En
su edición de octubre de 2026, el documento destaca una histórica reducción del
15 % en la deforestación mundial durante 2025, un avance impulsado
principalmente por una disminución del 33 % en la pérdida de bosques en
América Latina. Este progreso se debe, en gran medida, a políticas efectivas
que lograron frenar la expansión ganadera y proteger la Amazonía y otras áreas
forestales de importancia crítica. No obstante, los autores advierten sobre la
vulnerabilidad de estos logros, que podrían revertirse debido al auge de
líderes políticos de ultraderecha en la región. Estos gobiernos tienden a
priorizar la expansión agrícola y del sector hidrocarburos, amenazando
directamente los ecosistemas forestales, especialmente el bioma amazónico.
Erin
Matson, autora principal del informe y consultora de Climate Focus, subraya que,
aunque los avances en la reducción de la deforestación son viables, estos
resultan extremadamente frágiles. Según Matson, los cambios bruscos en las
políticas ambientales suelen coincidir con la llegada de nuevos gobiernos que
desmontan o revierten iniciativas previas alineadas con objetivos forestales.
Esto incluye recortes de financiación a programas de aplicación de la ley e
incluso el sabotaje directo mediante mensajes públicos desalentadores.
El
informe destaca específicamente a Brasil y Colombia. En Brasil, la caída en la
deforestación relacionada con la expansión agrícola en la Amazonía fue posible
gracias al fortalecimiento de la vigilancia ambiental, apoyada por tecnologías
de monitoreo satelital en tiempo real. Además, menciona el relanzamiento del
plan gubernamental contra la deforestación impulsado por Luiz Inácio Lula da
Silva. Sin embargo, Matson aclara que las próximas elecciones presidenciales
entre Lula y Flávio Bolsonaro el 25 de octubre serán decisivas para el futuro
de la Amazonía, especialmente en un contexto global donde las amenazas
climáticas son cada vez más urgentes.
En
columnas anteriores ya he destacado cómo los esfuerzos de Lula han permitido
avances significativos en la protección ambiental. Sin embargo, estas
conquistas están ahora bajo amenaza debido a las políticas expansionistas
promovidas por su rival Flávio Bolsonaro. Por su parte, Flávia Corleto,
analista jurídica del Climate Policy Initiative, recuerda que, durante la
administración de Jair Bolsonaro, padre de Flávio, los recortes presupuestarios
y el desmantelamiento sistemático de entidades ambientales paralizaron el Plan
de Acción para la Prevención y Control de la Deforestación en la Amazonía
Legal. Esto se tradujo en un marcado incremento en las tasas de deforestación
entre 2019 y 2021.
Actualmente,
tanto organizaciones nacionales como internacionales siguen con interés y
preocupación la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro. Según un análisis del
Observatório do Clima Brasil, el programa político de Lula contiene 16
compromisos medioambientales positivos de los 28 considerados claves para el
país. Por el contrario, Bolsonaro solo incluye uno entre sus propuestas.
En
Colombia, si bien se alcanzaron mínimos históricos en términos de deforestación
para 2023, se reportó un alza en 2024. A pesar de ello, el informe de Climate
Focus reconoce los esfuerzos colombianos para limitar la expansión ganadera y
proteger reservas forestales clave como la Amazonía. Sin embargo, Corleto
advierte respecto a las declaraciones del presidente Abelardo de la Espriella
sobre promover una mayor exploración petrolera y gasífera, iniciativas que
podrían representar riesgos inminentes para los bosques del país. Aunque de la
Espriella planea ampliar la frontera agrícola en 1.5 millones de hectáreas y
revitalizar el sector petrolero durante su gobierno, ha asegurado públicamente
que estas iniciativas no afectarán directamente a la región amazónica,
priorizando zonas productivas fuera de este bioma crítico para el equilibrio
ambiental global.
El
actual gobierno colombiano ha realizado promesas concretas en materia ambiental
que merecen reconocimiento. En el marco de la estrategia ABC (Agua,
Biodiversidad y Comunidades), presentada como parte del denominado
"milagro ambiental", se busca combatir la degradación forestal
mediante la "persecución penal de los financiadores de la
deforestación". Como experiencia personal, sé que el vicepresidente José
Manuel Restrepo ha manifestado su respaldo, al menos en principio, a nuestra
iniciativa de fomentar el proyecto de gas natural no convencional en el
Magdalena Medio, comenzando con los pozos piloto Kale y Platero. Además, el
presidente ha asegurado que se tomarán todas las precauciones necesarias para
el uso del fracking en esta región.
En
este contexto, corresponde reconocer los esfuerzos donde son debidos. Confiemos
en que el Gobierno Nacional avance en la implementación de sus políticas contra
la deforestación en la Amazonía y mantenga aquellas iniciativas que ya han dado
resultados positivos.
Aunque
el cambio de gobierno en países clave para la lucha contra la deforestación
representa un desafío, se considera que ciertas políticas y progresos podrían
sostenerse en el tiempo. Si bien ninguna estructura institucional garantiza una
completa inmunidad ante alteraciones políticas, un diseño adecuado puede hacer
más difícil desandar lo avanzado y desvincular la ejecución de estas políticas
de los ciclos electorales. La verdadera clave está en lograr que las
estrategias ambientales exitosas se consoliden como políticas estructurales
estables e irreversibles.