lunes, 19 de octubre de 2026

La extrema derecha pone en peligro avances contra la deforestación en América Latina

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

Así lo señala el más reciente estudio sobre la Evaluación de la Declaración sobre los Bosques, elaborado por la consultora Climate Focus en colaboración con una coalición de organizaciones de la sociedad civil y centros de investigación. Este informe, que se publica anualmente, examina la evolución de la pérdida de bosques en comparación con el período de referencia 2018 - 2020. Su principal objetivo es monitorear los compromisos internacionales para frenar y revertir la deforestación global de cara al año 2030 y garantizar la rendición de cuentas por parte de los actores implicados.

En su edición de octubre de 2026, el documento destaca una histórica reducción del 15 % en la deforestación mundial durante 2025, un avance impulsado principalmente por una disminución del 33 % en la pérdida de bosques en América Latina. Este progreso se debe, en gran medida, a políticas efectivas que lograron frenar la expansión ganadera y proteger la Amazonía y otras áreas forestales de importancia crítica. No obstante, los autores advierten sobre la vulnerabilidad de estos logros, que podrían revertirse debido al auge de líderes políticos de ultraderecha en la región. Estos gobiernos tienden a priorizar la expansión agrícola y del sector hidrocarburos, amenazando directamente los ecosistemas forestales, especialmente el bioma amazónico.

Erin Matson, autora principal del informe y consultora de Climate Focus, subraya que, aunque los avances en la reducción de la deforestación son viables, estos resultan extremadamente frágiles. Según Matson, los cambios bruscos en las políticas ambientales suelen coincidir con la llegada de nuevos gobiernos que desmontan o revierten iniciativas previas alineadas con objetivos forestales. Esto incluye recortes de financiación a programas de aplicación de la ley e incluso el sabotaje directo mediante mensajes públicos desalentadores.

El informe destaca específicamente a Brasil y Colombia. En Brasil, la caída en la deforestación relacionada con la expansión agrícola en la Amazonía fue posible gracias al fortalecimiento de la vigilancia ambiental, apoyada por tecnologías de monitoreo satelital en tiempo real. Además, menciona el relanzamiento del plan gubernamental contra la deforestación impulsado por Luiz Inácio Lula da Silva. Sin embargo, Matson aclara que las próximas elecciones presidenciales entre Lula y Flávio Bolsonaro el 25 de octubre serán decisivas para el futuro de la Amazonía, especialmente en un contexto global donde las amenazas climáticas son cada vez más urgentes.

En columnas anteriores ya he destacado cómo los esfuerzos de Lula han permitido avances significativos en la protección ambiental. Sin embargo, estas conquistas están ahora bajo amenaza debido a las políticas expansionistas promovidas por su rival Flávio Bolsonaro. Por su parte, Flávia Corleto, analista jurídica del Climate Policy Initiative, recuerda que, durante la administración de Jair Bolsonaro, padre de Flávio, los recortes presupuestarios y el desmantelamiento sistemático de entidades ambientales paralizaron el Plan de Acción para la Prevención y Control de la Deforestación en la Amazonía Legal. Esto se tradujo en un marcado incremento en las tasas de deforestación entre 2019 y 2021.

Actualmente, tanto organizaciones nacionales como internacionales siguen con interés y preocupación la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro. Según un análisis del Observatório do Clima Brasil, el programa político de Lula contiene 16 compromisos medioambientales positivos de los 28 considerados claves para el país. Por el contrario, Bolsonaro solo incluye uno entre sus propuestas.

En Colombia, si bien se alcanzaron mínimos históricos en términos de deforestación para 2023, se reportó un alza en 2024. A pesar de ello, el informe de Climate Focus reconoce los esfuerzos colombianos para limitar la expansión ganadera y proteger reservas forestales clave como la Amazonía. Sin embargo, Corleto advierte respecto a las declaraciones del presidente Abelardo de la Espriella sobre promover una mayor exploración petrolera y gasífera, iniciativas que podrían representar riesgos inminentes para los bosques del país. Aunque de la Espriella planea ampliar la frontera agrícola en 1.5 millones de hectáreas y revitalizar el sector petrolero durante su gobierno, ha asegurado públicamente que estas iniciativas no afectarán directamente a la región amazónica, priorizando zonas productivas fuera de este bioma crítico para el equilibrio ambiental global.

El actual gobierno colombiano ha realizado promesas concretas en materia ambiental que merecen reconocimiento. En el marco de la estrategia ABC (Agua, Biodiversidad y Comunidades), presentada como parte del denominado "milagro ambiental", se busca combatir la degradación forestal mediante la "persecución penal de los financiadores de la deforestación". Como experiencia personal, sé que el vicepresidente José Manuel Restrepo ha manifestado su respaldo, al menos en principio, a nuestra iniciativa de fomentar el proyecto de gas natural no convencional en el Magdalena Medio, comenzando con los pozos piloto Kale y Platero. Además, el presidente ha asegurado que se tomarán todas las precauciones necesarias para el uso del fracking en esta región.

En este contexto, corresponde reconocer los esfuerzos donde son debidos. Confiemos en que el Gobierno Nacional avance en la implementación de sus políticas contra la deforestación en la Amazonía y mantenga aquellas iniciativas que ya han dado resultados positivos.

Aunque el cambio de gobierno en países clave para la lucha contra la deforestación representa un desafío, se considera que ciertas políticas y progresos podrían sostenerse en el tiempo. Si bien ninguna estructura institucional garantiza una completa inmunidad ante alteraciones políticas, un diseño adecuado puede hacer más difícil desandar lo avanzado y desvincular la ejecución de estas políticas de los ciclos electorales. La verdadera clave está en lograr que las estrategias ambientales exitosas se consoliden como políticas estructurales estables e irreversibles.