Rafael Uribe Uribe
Estados
Unidos insiste en su compromiso con la democracia en América Latina, pero los
hechos sugieren una historia distinta: el chavismo continúa en Venezuela, el
castrismo conserva el control de Cuba y la dictadura de Daniel Ortega domina
Nicaragua.
Venezuela
sigue siendo una incógnita.
Tras la captura de Maduro y Celia, y las presiones diplomáticas, Delcy
Rodríguez y Diosdado Cabello mantienen posiciones de poder. A Jorge Rodríguez,
presidente de la Asamblea Nacional, lo sacan de la lista OFAC, aunque todos
fuesen señalados como grandes capos del Cartel de los Soles.
Mientras
tanto, millones de venezolanos permanecen desplazados, cientos de presos
políticos no han sido liberados y grupos terroristas colombianos continúan
refugiándose en Venezuela. La pregunta es inevitable: ¿fracasó la estrategia
estadounidense o falta voluntad para propiciar un cambio de régimen?
Amigos
venezolanos, bien informados y conectados, confían en una transición política,
en elecciones en junio de 2027 y dan razones para explicar el aplazamiento del
regreso de María Corina Machado. Pero persiste otro enigma: Washington condena
los abusos contra la democracia, pero muchos creen que antepone su interés en
los recursos venezolanos.
La
guerra con Irán ha elevado la importancia del petróleo para la seguridad
energética y la estabilidad de los mercados. A ello se suma el valor creciente
de las tierras raras, esenciales para los equipos electrónicos y la transición
energética. Esta convergencia refuerza la sospecha de que la defensa de la
democracia podría quedar subodinada a las prioridades de Estados Unidos.
El
caso de Cuba es más complejo.
Seis décadas después de la llegada de los Castro al poder, el sistema permanece
intacto. Las sanciones no han producido los resultados esperados y la población
sigue atrapada entre severas restricciones económicas y la ausencia de
libertades políticas. Aunque parece agotada, la dictadura conserva su
estabilidad en manos de un títere que le reporta al “Cangrejo”, nieto de Raúl
Castro.
Nicaragua
transita un camino parecido.
La concentración del poder, la persecución de opositores y de la Iglesia
católica, la intención de eliminar las elecciones y el desgaste de las
instituciones democráticas han provocado condenas internacionales sin efectos
prácticos. Tras bambalinas, Rosario Murillo dirige ese proceso.
Como
reza el refrán, “tras de cotudos, con paperas”: a los pueblos sometidos
a regímenes autoritarios se suma una política estadounidense que parece
anteponer sus intereses estratégicos a la democracia en la región, sobre sus
propios principios declarados. Ojalá me equivoque y todavía no comprenda la “paciencia”
que pide Marco Rubio ni el optimismo de mis amigos venezolanos.
El Rincón de Dios
“Por sus frutos los conoceréis”. Mateo 7:16
