Luis Alfonso García Carmona
Reconozcamos el enorme
esfuerzo que realiza el gobierno nacional, con la generosa colaboración de la
empresa privada y de algunas entidades internacionales, para atender los
enormes daños materiales que nos dejó el pasado terremoto.
Al mismo tiempo debemos
ser conscientes de la magnitud de la reconstrucción que rebasa la capacidad de
un Estado que, en lugar de estar preparado para cualquier catástrofe, había
sufrido el saqueo de sus recursos por cuenta de un régimen populista, inepto y
corrupto.
Llover sobre la leche
derramada no represente solución alguna y, en consecuencia, debemos ser
creativos y buscar fórmulas que permitan, a bajo costo y con mano de obra de
los propios damnificados, ofrecer rápidas respuestas especialmente a las comunidades
más alejadas y con menos recursos.
Desde hace muchos años
se ha utilizado en muchos países un sistema de construcción con base en
bloques de tierra compactados a presión que se han convertido en una
solución práctica, pues son de fácil elaboración, utilizan materiales
que se encuentran por doquier, y permiten construir viviendas y otras
edificaciones sismorresistentes en poco tiempo. En Colombia es fácil
encontrar asesoría para este proyecto en: www.terram.com.co/redescubre-la-arquitectura-de-tierra-bloques-de-tierra-comprimida-en-colombia/
Podemos convertir la triste
experiencia de esta dolorosa tragedia en un llamado a participar activamente
en los problemas comunitarios y a no quedarnos a la espera de una ayuda
oficial como si fuéramos los únicos perjudicados.
Son las autoridades
locales las llamadas a organizar las pequeñas comunidades veredales o de
barrios que quedaron semidestruidos, para que reciban la asesoría
necesaria, los equipos y materiales, y la motivación para crear una inmensa
masa de colombianos dispuestos a trabajar por su propio bienestar, de la mano
de sus gobernantes.
