martes, 13 de octubre de 2026

Bolsonaro es un peligro para la Amazonía

José Hilario López Agudelo
José Hilario López Agudelo

El pasado domingo, Flávio Bolsonaro venció en la primera vuelta al presidente Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil. Según todos los pronósticos, esto le asegura el triunfo en la segunda vuelta programada para el próximo 25 de octubre. Se trata de malas noticias para la democracia liberal en Latinoamérica y la conservación del bioma amazónico. Aquí solo abordaré el segundo tema.

En Brasil, durante el actual mandato de Lula da Silva (2023 - presente), la deforestación se redujo un 20,6 % en 2025 en comparación con 2024. Se perdieron 984 794 hectáreas de vegetación nativa, concentrándose un 29,39 % en la Amazonía brasileña. Este importante logro es fruto de políticas públicas consistentes que comenzaron en 2003, durante el primer mandato de Lula, y gracias a su liderazgo han demostrado su eficacia por más de dos décadas.

El primer gobierno de Lula (2003 - 2007) se caracterizó por combinar pragmatismo económico y políticas sociales en beneficio de las grandes masas empobrecidas del país. Parte de su estrategia incluyó modificar los modelos de negocio en la frontera forestal, alcanzando con creces el objetivo de reducir la deforestación en un 80 %. Durante su segundo mandato (2007 - 2010), Lula cumplió dos metas importantes en la protección de tierras y ecosistemas: logró consenso entre colonos, expertos, académicos y ganaderos para aprobar una ley de tierras, legalizando con criterios progresivos las ocupaciones y fortaleció las instituciones ambientales. Así, con ayuda internacional, dotó a las instituciones brasileñas de capacidad técnica y territorial para seguir frenando la deforestación de la Amazonía.

En 2019, Brasil eligió a Jair Bolsonaro, padre de Flávio, quien durante su gestión promovió políticas de flexibilización y redujo significativamente el presupuesto del control ambiental, debilitando o disolviendo entidades como el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y el Plan de Prevención y Control de la Deforestación (PPCDAm), creado por Lula en su primer gobierno.

Comparar la deforestación en la Amazonía brasileña bajo las administraciones de Jair Bolsonaro y el actual gobierno de Lula muestra el choque entre dos modelos políticos e institucionales opuestos. Mientras Bolsonaro priorizó la expansión agrícola y promovió la minería a través de desregulación, Lula ha devuelto la prioridad a la fiscalización y al cumplimiento de las metas climáticas. En enero de 2023, al iniciar su tercer mandato, Lula restableció el Fondo Amazonía, un mecanismo que utiliza donaciones extranjeras para combatir la deforestación y proteger los ecosistemas. Esta iniciativa había sido congelada por Bolsonaro.

En una nueva fase del PPCDAm, Lula incorpora lecciones aprendidas de las cuatro fases anteriores. Mientras que antes se enfocaba en aplicar multas por deforestación, ahora se pone mayor énfasis en promover medios de vida sostenibles. Entre las acciones más destacadas, esta nueva fase impulsa la agroforestería, la bioeconomía y el ecoturismo para crear alternativas sostenibles para familias que dependen de prácticas insostenibles, como la ganadería extensiva o la tala sin planificación.

La reforestación y restauración del hábitat son componentes básicos en los futuros paradigmas de uso del suelo, haciendo hincapié en el empoderamiento de pueblos indígenas y comunidades tradicionales. Estos son vitales para el éxito del programa, porque sus derechos son inalienables y aportan conocimientos tradicionales al diseño e implementación de nuevas iniciativas. La nueva fase busca establecer alianzas sólidas entre agencias gubernamentales, ONG, empresas privadas e instituciones de investigación para aprovechar experiencias y recursos que mejoren la vigilancia y aplicación de leyes. El objetivo es abordar causas estructurales de la deforestación, como la tala ilegal y el creciente interés por tierras para cultivar soya.

Al reconocer el papel crucial de la titulación de tierras para detener el acaparamiento, la nueva fase está acelerando la regularización de la tenencia de la tierra en favor de las comunidades forestales, los asentamientos agrarios y la agricultura familiar. Además, esta etapa subraya la necesidad de crear mecanismos financieros, incentivos económicos y regulaciones que hagan que la producción sostenible sea más atractiva que los modelos extractivos. Esto incluye estrategias para implementar REDD+ (un marco global de mitigación del cambio climático, creado por la ONU para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la deforestación y la degradación forestal en los países en desarrollo).

Al comparar las políticas contra la deforestación de la Amazonía brasileña entre las administraciones de Jair Bolsonaro y el actual gobierno de Lula, se evidencia un choque directo entre dos modelos políticos e institucionales opuestos. Mientras que durante la gestión de Bolsonaro se priorizó la expansión de la frontera agrícola mediante la desregulación, el mandato de Lula ha devuelto el enfoque a la fiscalización y el cumplimiento de las metas climáticas, impulsando nuevas medidas y propuestas clave para detener la deforestación de la Amazonía. Se busca alcanzar una deforestación neta cero para 2030, por ejemplo, con la creación del Fondo Bosques Tropicales para Siempre, un mecanismo que pretende recompensar económicamente a los países que protejan o restauren sus bosques tropicales.

Por otro lado, la campaña presidencial actual de Flávio Bolsonaro incluye propuestas para fortalecer los mecanismos de mercado y expandir la frontera agrícola en la Amazonía, con énfasis en cultivos agroindustriales como la soya, en detrimento de las políticas proteccionistas del ecosistema promovidas por Lula. En Indonesia, el principal impulsor de la deforestación en los bosques tropicales es el cultivo de palma de aceite.

Expertos analistas y organizaciones científicas, como Mongabay Latam e Infobase, han señalado contradicciones y debilidades en el discurso de campaña de Flávio Bolsonaro. Entre ellas se destacan la falta de claridad en los planes de conservación forestal, llegando incluso a evitar el uso explícito de términos como "Amazonía" o "deforestación".

Además, la misma campaña atribuye la pérdida del bosque amazónico únicamente a las economías ilegales y propone un enfoque militarizado para el control territorial. Sus promesas de flexibilizar las leyes restrictivas responden principalmente a su base electoral, compuesta en gran parte por el poderoso sector agroindustrial. Esto genera preocupación acerca de un posible aumento de la deforestación, lo que pondría en riesgo la vida en el planeta.

Colombia debería analizar la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva en su esfuerzo por disminuir la deforestación en la Amazonía brasileña, y considerar cómo podrían aplicarse a nuestra situación.