José Hilario López Agudelo
El
pasado domingo, Flávio Bolsonaro venció en la primera vuelta al presidente Luiz
Inácio Lula da Silva en las elecciones presidenciales de Brasil. Según todos
los pronósticos, esto le asegura el triunfo en la segunda vuelta programada
para el próximo 25 de octubre. Se trata de malas noticias para la democracia
liberal en Latinoamérica y la conservación del bioma amazónico. Aquí solo
abordaré el segundo tema.
En
Brasil, durante el actual mandato de Lula da Silva (2023 - presente), la
deforestación se redujo un 20,6 % en 2025 en comparación con 2024. Se
perdieron 984 794 hectáreas de vegetación nativa, concentrándose un 29,39 %
en la Amazonía brasileña. Este importante logro es fruto de políticas públicas
consistentes que comenzaron en 2003, durante el primer mandato de Lula, y
gracias a su liderazgo han demostrado su eficacia por más de dos décadas.
El
primer gobierno de Lula (2003 - 2007) se caracterizó por combinar pragmatismo
económico y políticas sociales en beneficio de las grandes masas empobrecidas
del país. Parte de su estrategia incluyó modificar los modelos de negocio en la
frontera forestal, alcanzando con creces el objetivo de reducir la
deforestación en un 80 %. Durante su segundo mandato (2007 - 2010), Lula
cumplió dos metas importantes en la protección de tierras y ecosistemas: logró
consenso entre colonos, expertos, académicos y ganaderos para aprobar una ley
de tierras, legalizando con criterios progresivos las ocupaciones y fortaleció
las instituciones ambientales. Así, con ayuda internacional, dotó a las
instituciones brasileñas de capacidad técnica y territorial para seguir
frenando la deforestación de la Amazonía.
En
2019, Brasil eligió a Jair Bolsonaro, padre de Flávio, quien durante su gestión
promovió políticas de flexibilización y redujo significativamente el
presupuesto del control ambiental, debilitando o disolviendo entidades como el
Instituto Brasileño de Medio Ambiente y el Plan de Prevención y Control de la
Deforestación (PPCDAm), creado por Lula en su primer gobierno.
Comparar
la deforestación en la Amazonía brasileña bajo las administraciones de Jair
Bolsonaro y el actual gobierno de Lula muestra el choque entre dos modelos
políticos e institucionales opuestos. Mientras Bolsonaro priorizó la expansión
agrícola y promovió la minería a través de desregulación, Lula ha devuelto la
prioridad a la fiscalización y al cumplimiento de las metas climáticas. En
enero de 2023, al iniciar su tercer mandato, Lula restableció el Fondo
Amazonía, un mecanismo que utiliza donaciones extranjeras para combatir la
deforestación y proteger los ecosistemas. Esta iniciativa había sido congelada
por Bolsonaro.
En
una nueva fase del PPCDAm, Lula incorpora lecciones aprendidas de las cuatro
fases anteriores. Mientras que antes se enfocaba en aplicar multas por
deforestación, ahora se pone mayor énfasis en promover medios de vida
sostenibles. Entre las acciones más destacadas, esta nueva fase impulsa la
agroforestería, la bioeconomía y el ecoturismo para crear alternativas
sostenibles para familias que dependen de prácticas insostenibles, como la
ganadería extensiva o la tala sin planificación.
La
reforestación y restauración del hábitat son componentes básicos en los futuros
paradigmas de uso del suelo, haciendo hincapié en el empoderamiento de pueblos
indígenas y comunidades tradicionales. Estos son vitales para el éxito del
programa, porque sus derechos son inalienables y aportan conocimientos
tradicionales al diseño e implementación de nuevas iniciativas. La nueva fase
busca establecer alianzas sólidas entre agencias gubernamentales, ONG, empresas
privadas e instituciones de investigación para aprovechar experiencias y
recursos que mejoren la vigilancia y aplicación de leyes. El objetivo es
abordar causas estructurales de la deforestación, como la tala ilegal y el
creciente interés por tierras para cultivar soya.
Al
reconocer el papel crucial de la titulación de tierras para detener el
acaparamiento, la nueva fase está acelerando la regularización de la tenencia
de la tierra en favor de las comunidades forestales, los asentamientos agrarios
y la agricultura familiar. Además, esta etapa subraya la necesidad de crear
mecanismos financieros, incentivos económicos y regulaciones que hagan que la
producción sostenible sea más atractiva que los modelos extractivos. Esto
incluye estrategias para implementar REDD+ (un marco global de mitigación del
cambio climático, creado por la ONU para reducir las emisiones de gases de
efecto invernadero causadas por la deforestación y la degradación forestal en
los países en desarrollo).
Al
comparar las políticas contra la deforestación de la Amazonía brasileña entre
las administraciones de Jair Bolsonaro y el actual gobierno de Lula, se
evidencia un choque directo entre dos modelos políticos e institucionales
opuestos. Mientras que durante la gestión de Bolsonaro se priorizó la expansión
de la frontera agrícola mediante la desregulación, el mandato de Lula ha
devuelto el enfoque a la fiscalización y el cumplimiento de las metas
climáticas, impulsando nuevas medidas y propuestas clave para detener la
deforestación de la Amazonía. Se busca alcanzar una deforestación neta cero
para 2030, por ejemplo, con la creación del Fondo Bosques Tropicales para
Siempre, un mecanismo que pretende recompensar económicamente a los países que
protejan o restauren sus bosques tropicales.
Por
otro lado, la campaña presidencial actual de Flávio Bolsonaro incluye
propuestas para fortalecer los mecanismos de mercado y expandir la frontera
agrícola en la Amazonía, con énfasis en cultivos agroindustriales como la soya,
en detrimento de las políticas proteccionistas del ecosistema promovidas por
Lula. En Indonesia, el principal impulsor de la deforestación en los bosques
tropicales es el cultivo de palma de aceite.
Expertos
analistas y organizaciones científicas, como Mongabay Latam e Infobase, han
señalado contradicciones y debilidades en el discurso de campaña de Flávio
Bolsonaro. Entre ellas se destacan la falta de claridad en los planes de
conservación forestal, llegando incluso a evitar el uso explícito de términos
como "Amazonía" o "deforestación".
Además,
la misma campaña atribuye la pérdida del bosque amazónico únicamente a las
economías ilegales y propone un enfoque militarizado para el control
territorial. Sus promesas de flexibilizar las leyes restrictivas responden
principalmente a su base electoral, compuesta en gran parte por el poderoso
sector agroindustrial. Esto genera preocupación acerca de un posible aumento de
la deforestación, lo que pondría en riesgo la vida en el planeta.
Colombia
debería analizar la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva en su esfuerzo por
disminuir la deforestación en la Amazonía brasileña, y considerar cómo podrían
aplicarse a nuestra situación.