jueves, 8 de octubre de 2026

La UPB en sus 90 años

Andrés de Bedout Jaramillo
Andrés de Bedout Jaramillo

Tuvimos la oportunidad de compartir con el padre Diego Marulanda, rector de la UPB, en una reciente reunión de la Tertulia de Antioquia. Con él estuvimos analizando los temas de la educación privada y su importancia en el contexto nacional, la virtualidad y la inteligencia artificial y, lo más importante, qué están pensando los jóvenes de hoy y cuáles son sus preferencias.

Me sentí muy orgulloso y agradecido con mi universidad, de la cual egresé hace 50 años, al verla vigente, actualizada y muy activa en el concierto educativo nacional.

La UPB hace parte del G8, grupo de ocho universidades que se reúnen frecuentemente para compartir experiencias y repensar la educación en este mundo tan dinámico y cambiante. Hace parte también del grupo que articula al sector gobierno con la academia y el sector empresarial y gremial, donde se acomete el estudio de nuestro presente y futuro, con resultados para Medellín y Antioquia que son ejemplo nacional.

El gobierno anterior arremetió contra la educación privada, desconociendo realidades como la de la UPB, donde el 78 % de sus estudiantes pertenecen a los estratos 1, 2 y 3. Desconoció el acogimiento que brinda la universidad privada, y muy especialmente la UPB, a los jóvenes de todas las regiones del país, incluidas las comunidades negras e indígenas, para los cuales destina, de su propio presupuesto, importantes recursos que apalancan el cumplimiento de los sueños de muchísimos jóvenes colombianos.

Es una realidad la disminución de las tasas de natalidad, con el consecuente envejecimiento de la población, lo que ha obligado a nuestra UPB a repensar su colegio de bachillerato y primaria, que ha pasado de unos 7000 a 2500 estudiantes, con énfasis en esas primeras etapas de la vida que definen comportamientos y preferencias. A esto se suman los 25 000 estudiantes de carreras técnicas y profesionales, y más de 3000 profesores que conforman una planta de más de 4000 empleados en las diferentes sedes, trabajando en un ambiente donde se abren paso los conceptos de la regeneración como obligación común de conservar y reconstituir el medio ambiente que tanto hemos deteriorado los humanos, ávidos por satisfacer nuestras diferentes necesidades, dándole rienda suelta a la investigación y al desarrollo de las ideas de estudiantes y docentes que puedan contribuir al bien común.

Están trabajando duro en la promoción de cursos para nosotros, los mayores, que ante la escasez de jóvenes debemos prepararnos en nuevas tecnologías como la I. A. para suplir necesidades del mercado laboral. Es curioso ver cómo los estudiantes hoy están muy orientados a buscar soluciones a los problemas sociales; los vemos en las comunas de la ciudad estudiando los temas sociales y proponiendo alternativas. Los vemos inquietos, buscando relacionarse. Hoy prefieren la presencialidad a la virtualidad, cuando creíamos que después de la pandemia la virtualidad había llegado para quedarse.

Se destacan inventos en el área de la salud, que podrían reemplazar al marcapasos; en el área del medio ambiente, en los temas de aires acondicionados, manejo de residuos e inventarios y regeneración de especies animales, entre otros, que adquieren gran importancia en estas superpobladas urbes en las que vivimos.

La gran disminución en el apetito de nuestros jóvenes por estudiar ingenierías obliga a pensar muy bien con qué técnicas se suplirán estos profesionales, supremamente indispensables para el desarrollo de nuestro país. A ello se suma el análisis de por qué existe un desmedido apetito de nuestros jóvenes por el Derecho y la Administración; ya ni las 40 facultades de Derecho que existen alcanzan.

Estamos muy agradecidos con los rectores sacerdotes. Recuerdo a monseñor Félix Henao, a monseñor Londoño y a los demás sacerdotes que, hasta el padre Diego, han regentado nuestra UPB, manteniéndola siempre en los primeros lugares de la educación superior. Que nuestro Señor Jesucristo los siga iluminando siempre en esta importante labor.