lunes, 10 de agosto de 2026

Nuevo ciclo, nuevos retos

José Leonardo Rincón, S. J.
José Leonardo Rincón, S. J.

Esta semana se hizo pública la decisión de mis superiores de ponerme al frente de dos entidades de servicio social en el campo educativo: la Fundación Carlos González y Fe y Alegría de Colombia.

La Fundación de Servicio Social Carlos González, hasta 1984, se conoció como la Fundación Escuelas Gratuitas Populares y fue fundada por el jesuita que inspira su nombre en la década de los años 40, es decir, tiene más de 80 años de existencia. Su primera sede estuvo en el barrio Olaya donde funcionaba el célebre Consultorio Médico Especializado Jesucristo Obrero. Con la ayuda de las Hermanas Vicentinas también dio origen a dos colegios campestres en el sur de Bogotá: el colegio Santa Catalina Laboure en el barrio Olaya y el Colegio Santa Luisa Marillac en el barrio Timiza. Durante un corto tiempo funcionó una casa de retiros y el Instituto Técnico Francisco Javier Mejía, en Salamina, Caldas. De todo ese conjunto de obras hoy día solo existe el colegio Santa Luisa, una institución escolar muy reconocida por su calidad educativa.

Con la Fundación ya había trabajado yo a mediados de los años 80 en la pastoral del Consultorio. Y como presidente de Acodesi, a finales de los 90, le abrimos las puertas de la red a los colegios Santa Catalina y Santa Luisa. Ahora asumo la dirección de esta bella obra con la tranquilidad de contar con un valioso equipo de laicos.

Por su parte, Fe y Alegría de Colombia existe desde 1971, aunque había sido fundada en Venezuela en 1955 por José María Velaz, un jesuita paladín de la educación popular que hoy ha llevado su sueño a hacerse realidad en 22 países en cuatro continentes. Autodenominado “movimiento de educación popular”, su famoso lema “donde termina el asfalto empieza Fe y Alegría” busca dignificar la persona humana ofreciéndole una propuesta de educación de calidad a través de jardines y guarderías, escuelas y colegios, centros de desarrollo comunitario, entre otras iniciativas. A través de donaciones y ayudas que van desde colectas y rifas (¿recuerdan el día del corazoncito?) hasta provectos con agencias internacionales, alianzas y convenios con entidades públicas y privadas y socio natural del Ministerio de Educación. Aunque colaboraron generosamente por muchos años cerca de 40 comunidades religiosas, hoy la mayoría de sus líderes son laicos muy comprometidos con su ideario.

Con Fe y Alegría mis vínculos se remontan a 1974 cuando de niño bartolino salía con un tarro metálico a recoger monedas para el día del corazoncito y vendía boletas de la rifa de un vehículo. Ya como jesuita en distintos momentos he tenido contactos de diversa índole: dando charlas y retiros, invitándola a la Asistencia de Educación para dialogar con la Javeriana y la red de colegios de Acodesi, participando 6 años en sus asambleas internacionales en mi calidad de presidente de la Flacsi y más recientemente participando en la Junta Fronteras que monitorea las uniones temporales que Fe y Alegría tiene con la Compañía de Jesús. En mi comunidad comparto con el padre Daniel Villanueva el jesuita que coordina internacionalmente la Federación.

A ambas instituciones llego con la conciencia de que debo aprender mucho todavía y que me han puesto allí para servir, con el plus de hacerlo a los sectores populares de nuestro país, lo cual considero una gracia de Dios. Pido sus oraciones por mi para este nuevo ciclo, para estos nuevos retos.