José Leonardo Rincón, S. J.
Esta
semana se hizo pública la decisión de mis superiores de ponerme al frente de
dos entidades de servicio social en el campo educativo: la Fundación Carlos
González y Fe y Alegría de Colombia.
La
Fundación de Servicio Social Carlos González, hasta 1984, se conoció como la
Fundación Escuelas Gratuitas Populares y fue fundada por el jesuita que inspira
su nombre en la década de los años 40, es decir, tiene más de 80 años de
existencia. Su primera sede estuvo en el barrio Olaya donde funcionaba el
célebre Consultorio Médico Especializado Jesucristo Obrero. Con la ayuda de las
Hermanas Vicentinas también dio origen a dos colegios campestres en el sur de
Bogotá: el colegio Santa Catalina Laboure en el barrio Olaya y el Colegio Santa
Luisa Marillac en el barrio Timiza. Durante un corto tiempo funcionó una casa
de retiros y el Instituto Técnico Francisco Javier Mejía, en Salamina, Caldas. De
todo ese conjunto de obras hoy día solo existe el colegio Santa Luisa, una
institución escolar muy reconocida por su calidad educativa.
Con
la Fundación ya había trabajado yo a mediados de los años 80 en la pastoral del
Consultorio. Y como presidente de Acodesi, a finales de los 90, le abrimos las
puertas de la red a los colegios Santa Catalina y Santa Luisa. Ahora asumo la
dirección de esta bella obra con la tranquilidad de contar con un valioso equipo
de laicos.
Por
su parte, Fe y Alegría de Colombia existe desde 1971, aunque había sido fundada
en Venezuela en 1955 por José María Velaz, un jesuita paladín de la educación
popular que hoy ha llevado su sueño a hacerse realidad en 22 países en cuatro
continentes. Autodenominado “movimiento de educación popular”, su famoso
lema “donde termina el asfalto empieza Fe y Alegría” busca dignificar la
persona humana ofreciéndole una propuesta de educación de calidad a través de
jardines y guarderías, escuelas y colegios, centros de desarrollo comunitario,
entre otras iniciativas. A través de donaciones y ayudas que van desde colectas
y rifas (¿recuerdan el día del corazoncito?) hasta provectos con agencias
internacionales, alianzas y convenios con entidades públicas y privadas y socio
natural del Ministerio de Educación. Aunque colaboraron generosamente por
muchos años cerca de 40 comunidades religiosas, hoy la mayoría de sus líderes
son laicos muy comprometidos con su ideario.
Con
Fe y Alegría mis vínculos se remontan a 1974 cuando de niño bartolino salía con
un tarro metálico a recoger monedas para el día del corazoncito y vendía
boletas de la rifa de un vehículo. Ya como jesuita en distintos momentos he
tenido contactos de diversa índole: dando charlas y retiros, invitándola a la
Asistencia de Educación para dialogar con la Javeriana y la red de colegios de
Acodesi, participando 6 años en sus asambleas internacionales en mi calidad de
presidente de la Flacsi y más recientemente participando en la Junta Fronteras
que monitorea las uniones temporales que Fe y Alegría tiene con la Compañía de
Jesús. En mi comunidad comparto con el padre Daniel Villanueva el jesuita que
coordina internacionalmente la Federación.
A
ambas instituciones llego con la conciencia de que debo aprender mucho todavía
y que me han puesto allí para servir, con el plus de hacerlo a los sectores
populares de nuestro país, lo cual considero una gracia de Dios. Pido sus
oraciones por mi para este nuevo ciclo, para estos nuevos retos.
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