jueves, 6 de agosto de 2026

Los que nunca se van de La Playa

Fredy Angarita
Fredy Angarita

Lunes, diez de la noche.

La avenida La Playa está más silenciosa de lo habitual, tal vez porque el fin de semana quedó atrás y Medellín volvió a la rutina. Ya no está el mismo flujo de personas ni el bullicio de las tardes, solo quedan algunos caminantes apresurados, un vendedor que recoge sus cosas, el ruido lejano de un bus y el viento moviendo las hojas de los árboles.

Mientras camino, pienso que no soy el único que observa la ciudad, hay otros que llevan décadas haciéndolo, no llegan tarde, no se marchan, no desvían la mirada.

Han visto amaneceres, lluvias torrenciales, desfiles, protestas, enamorados, comerciantes, músicos, habitantes de calle, estudiantes y turistas. Han contemplado una Medellín que cambia de rostro con cada generación, mientras ellos permanecen inmóviles.

Son los próceres, artistas y dirigentes antioqueños convertidos en bronce. Monumentos frente a los que miles de personas pasan todos los días sin detenerse a preguntar quiénes fueron.

José Félix de Restrepo continúa vigilando una ciudad donde todavía hablamos de libertad.

José Manuel Restrepo sigue contemplando cómo Medellín escribe, cada día, una nueva página de su historia.

María Martínez de Nisser continúa desafiando al tiempo con la misma serenidad con la que desafió una guerra.

Carlos E. Restrepo observa una ciudad que casi ha olvidado a quienes dedicaron su vida a fortalecer lo público.

Pedro Justo Berrío, el hombre que soñó escuelas y caminos, contempla ahora avenidas llenas de motocicletas, edificios y pantallas que, muchas veces, parecen más importantes que las personas.

Mariano Ospina Rodríguez sigue viendo una Medellín que nunca deja de transformarse.

A veces imagino que, cuando cae la noche y el ruido disminuye, comienzan una conversación silenciosa entre ellos.

¿Me gustaría preguntarle a Pedro Justo Berrío quién cree que es hoy el hombre más justo de Medellín?, a Débora Arango quisiera preguntarle cuántos artistas ha visto entrar y salir de Bellas Artes?, ¿habrá encontrado entre ellos a alguien dispuesto a incomodar a la sociedad con la misma valentía con la que ella lo hizo?. Quizá cada monumento guarda una pregunta distinta para la Medellín de hoy. No están allí únicamente para recordarnos el pasado, también están para medir el presente.

Esta noche alguien parecía observar la ciudad desde el mismo lugar que ellos. No llevaba uniforme, ni traje, ni una placa con su nombre.

Sentado y recostado sobre el pedestal de uno de los monumentos, las piernas recogidas, la cabeza apoyada sobre una mano, una botella de gaseosa a sus pies… que creo saber que contiene.

No sé en qué pensaba, quizá no pensaba en nada, quizá simplemente descansaba después de caminar toda la ciudad.

Mientras lo observaba, imaginé que, por primera vez en mucho tiempo, aquellos próceres dejaron de mirar el tránsito, los edificios y las luces. Lo miraban a él.

Qué pensaría José Félix de Restrepo, quien dedicó buena parte de su vida a defender la libertad, al ver que todavía existen hombres cuya mayor preocupación es encontrar dónde pasar la noche.

Qué respondería Pedro Justo Berrío, que impulsó escuelas y caminos, al descubrir que algunos ciudadanos siguen buscando un lugar donde descansar sin ser expulsados.

Qué escribiría José Manuel Restrepo si tuviera que registrar esta escena para la historia de Antioquia.

Y qué anotaría María Martínez de Nisser en su diario si, en lugar de describir una batalla del siglo XIX, tuviera que contar la batalla silenciosa de quienes sobreviven en las calles de Medellín.

Tal vez ese sea el verdadero sentido de los monumentos, no conservar intacta la memoria de quienes representan. Sino obligarnos, aunque sea por un instante, a levantar la cabeza y preguntarnos qué pensarían ellos de la ciudad en la que nos hemos convertido.

Porque la avenida la Playa no solo conserva esculturas, conserva testigos y una ciudad no se mide únicamente por los nombres que decide grabar en el bronce, también se mide por aquellos cuyos nombres nunca llegarán a escribirse sobre él.

Esta noche el único monumento vivo era él.