Luis Alfonso García Carmona
Cómo no recordar, en
este histórico momento que vivimos, la edificante historia bíblica de la Tierra
prometida a la que fue conducido el pueblo israelita por Moisés,
después de 40 años de vagar por el desierto en medio de toda clase de
penalidades, rebeliones e incomprensiones.
Guardadas las debidas
proporciones, durante varias décadas cayó nuestra amada patria en un proceso de
descomposición moral que nos condujo al ominoso régimen de extrema izquierda
que, gracias a la Divina Providencia, llega a su fin.
Fue sometida nuestra
sociedad a toda clase de vejámenes en el período más oscuro de nuestra historia
republicana. Hoy estamos a las puertas del promisorio futuro con el que siempre
hemos soñado: un país donde se respete el orden y la convivencia; donde
la protección del sagrado derecho a la vida sea el primer deber del
Estado; donde las relaciones entre los asociados y las de estos con el Estado
se rijan por los valores espirituales contenidos en la palabra de Cristo y
en los principios democráticos; donde la justicia sea igual para todos
y obre contundentemente y sin contemplaciones para castigar el delito y para
garantizar la libertad de los inocentes; donde la educación, desde la
familia y la escuela, esté orientada a la formación de buenos ciudadanos,
competentes para desempeñarse con éxito en el mundo empresarial y laboral;
donde los recursos del Estado sirvan para garantizar seguridad, justicia
y bienestar a todos los gobernados y no para llenar las faltriqueras de los políticos
de turno; donde se exploten adecuadamente los recursos naturales para
brindar oportunidades de desarrollo a todas las regiones; donde la actividad
económica cuente con la seguridad, la protección y la ayuda del Estado para
generar oportunidades de empleo digno a la fuerza laboral; donde los servicios
públicos, la salud, la seguridad social, la construcción de vivienda, el
fomento de la cultura y del deporte llenen las aspiraciones de la población
y no sean otros focos de corrupción; donde la población más vulnerable reciba
la solidaridad del Estado para que goce de una vida acorde con su
dignidad; donde el Estado sea más pequeño pero más eficiente, para que
pueda construir las obras de infraestructura necesarias para el desarrollo
económico, la transformación del campo, las vías fluviales o férreas, las
carreteras, los puertos, los sistemas de riego, las generadoras de energía, etcétera.
Esa es la Patria
Milagro que hoy nace ante nuestros ojos, después de haber llegado a la
desesperanza y la incertidumbre.
Claro está que, en esta
nueva era, auspiciosa y promisoria, no solamente tendremos derechos sino
también obligaciones.
No podemos permitir que
los enemigos de la patria, aquellos que se dedican a sabotear los
designios de la democracia, a incitar delictuosamente a la violencia y a
intentar la reconquista del poder por medio de la combinación de todas las
formas de lucha, socaven el propósito mayoritario de los colombianos de
crear la Patria Milagro.
No nos convirtamos en
idiotas útiles de sus torvas intenciones cuando nos quieran utilizar como
altavoces para reproducir sus mentirosas proclamas y discursos de odio.
Apliquemos a ellos la campana del silencio y sigamos adelante con
nuestra noble causa.
Respaldemos en todo
momento y lugar, desde el rol que desempeñemos como padres, empresarios,
estudiantes, empleados, amas de casa, profesionales, etcétera, las propuestas
de los Defensores de la Patria. No podemos permitir –como ha pasado en
Brasi y en otros países– el retorno del régimen comunista, mentiroso y
violento, al poder.
Por el contrario, comuniquemos
con datos en la mano todo el desastre que se está encontrando en el empalme
con el régimen que agoniza. Difundamos sin vergüenza y sin pausa los logros que
empieza ya a mostrar el programa de la Patria Milagro. Podemos documentarnos
diariamente en nuestro portal www.alianzareconstruccioncolombia.org,
el cual puedes guardar para mayor facilidad como favorito en tu ventana de
“marcadores”.
Conquistemos con buenas
razones y comprensión a los que equivocadamente votaron contra el candidato
Abelardo de la Espriella. Según sus propias palabras, gobernará para
todos, sin ninguna consideración política o de otro orden.
Hoy es un gran día para
celebrar. Colombia se salvó del comunismo. La patria está en las mejores manos.
Las propuestas de gobierno están enderezadas al bien común. Los pasos
iniciales nos demuestran a las claras hacia dónde va el país en la “era del
tigre”. ¡Estamos firmes por la Patria!
