Luis Alfonso García Carmona
Con el correr de los
días se agiganta aún más la perspectiva de la gesta patriótica librada por Abelardo
de la Espriella y los Defensores de la Patria para derrotar en las
urnas al candidato del gobierno más corrupto y pernicioso de toda nuestra
historia.
Atrás quedó el
argumento de que la victoria fue tan solo de 250 000 votos, una vez que se
ha comprobado la monumental corrupción patrocinada por el gobierno petrista,
en favor del perdedor, a través de toda clase de trampas como la de reparto de
dineros en vísperas electorales, la profusa celebración de contratos para
aumentar la burocracia, las concesiones a guerrilleros para que colaboraran en
la campaña, el constreñimiento a los votantes en zonas apartadas y la ilegal
participación en política por parte del presidente en medio de la mayor
impunidad.
Se abre, por supuesto,
un paréntesis de esperanza para el pueblo colombiano, confirmado por los
anuncios del presidente electo y de su brillante equipo sobre las medidas que
adoptarán para revertir el monstruoso daño que deja como legado la extrema
izquierda.
Pero dejaríamos de ser
responsables si no advertimos que la corrupción que padecimos durante 4 años tiene
su origen mucho antes de la época electoral. Los mismos ciudadanos que
votaron en esta oportunidad volverán a hacerlo dentro de 4 años y lo harán
muchos de ellos bajo las mismas presiones de la falacia comunista. Ya asoman
las primeras señales de la estrategia que adelantará la oposición. Comienzan
por desconocer la legitimidad de las elecciones para pasar al intento del golpe
de estado que preparan con sus aliados, los facinerosos de todos los
pelambres. Desarrollarán una narrativa falaz y sin pausa contra todas las
actuaciones del nuevo mandato y, al final, encontrarán en la “batalla del
lenguaje” los instrumentos para manipular a las masas y regresar al poder.
Paralelamente al
desarrollo del completo programa de gobierno enmarcado como la “Patria
Milagro”, debemos todos, el gobierno y los ciudadanos de a pie,
complementar el triunfo obtenido en las urnas con la victoria en la batalla
cultural.
Quienes influyen en la
formación de los futuros ciudadanos, tienen en sus manos el destino del país y
la solidez del sistema democrático. Me atrevería a proponer unas cuantas
acciones básicas al respecto:
a. Intervención a fondo
en la educación para desterrar el adoctrinamiento en la doctrina marxista
y en la teoría LGTB. Intensificar la enseñanza de principios y valores
espirituales sobre la honestidad, la responsabilidad, el respeto por los
derechos ajenos, el progreso personal a través del esfuerzo y del mérito, el
amor por la patria, la solidaridad con los necesitados, el respeto al Estado de
derecho y a los principios democráticos.
b. Protección a la
familia,
como el punto de partida para la formación de los futuros ciudadanos. Hay que
dar especial protección a las madres solteras, establecer sistemas para que
obtengan ingresos suficientes como emprendedoras o madres cuidadoras, y
proporcionarles facilidades para su educación. Mientas la población permanezca
en la ignorancia será fácilmente manipulada por los populistas sin escrúpulos
ni moral. Fortalecer la institución familiar penalizando el aborto y rodeando
de ayuda a las solteras embarazadas.
c. La izquierda
aprovecha el nuevo lenguaje con el cual pretende seguir instrumentalizando
a las masas poco informadas. No puede caer la democracia en la ingenuidad de
seguir patrocinando eventos dizque culturales o de entretenimiento que tienen
un sesgo abiertamente izquierdista. Asimismo, se encuentran multitud de ONGS,
corporaciones, publicaciones, centros de estudio, etcétera, con disfraz
intelectual o comunitario, que reciben ayudas estatales para financiar su
proselitismo. Los medios de comunicación estatales como los que tienen
presencia en las redes sociales, la televisión y la radio deben asumir el papel
de educadoras de la sociedad con programas acordes con la defensa del Estado de
derecho, la convivencia pacífica, la búsqueda del bien común y el sistema
democrático
Recientemente el
escritor Pierre Claire, en su artículo titulado “La infiltración
cultural que sobrevive a las derrotas electorales” expresa:
“Este
mecanismo interesa directamente a una región donde la derecha encadena
victorias electorales espectaculares desde hace 3 años, de Colombia a Perú o
Argentina. Ganar una elección es recuperar un edificio; reconquistar el país o
el lenguaje es una obra mucho más lenta y difícil que cualquier mandato
presidencial.
Si las
nuevas derechas latinoamericanas no libran también esa batalla cultural en las
escuelas, la universidad, los medios o las administraciones, terminarán
gobernando sin gobernar realmente.
Los
mandatos que los ciudadanos van a considerar decepcionantes por alejarse de las
promesas iniciales serán como un simple paréntesis, teniendo en cuenta que la
izquierda nunca ha sido derrotada de verdad.”
