José Hilario López Agudelo
La
Formación La Luna es una de las unidades geológicas más importantes del
Valle Medio del Magdalena y de Colombia, depositada hace aproximadamente 90
millones de años en ambientes marinos de aguas profundas, lo que permitió la
acumulación y preservación de grandes cantidades de materia orgánica,
provenientes de la abundante fauna marina que existió en ese hábitat. En la
Formación La Luna se encuentra el yacimiento no convencional de hidrocarburos -gas
natural y crudo- más prospectivo de Colombia, considerado el tercero en volumen
de reservas y potencial de extracción en el hemisferio occidental.
Por
efecto de fuerzas tectónicas durante el paroxismo andino del Terciario Superior
(etapa de máxima intensidad y levantamiento acelerado la Cordillera de los
Andes), una parte de los hidrocarburos contenidos en la Formación La Luna, a través
de fracturas migró hacia rocas areniscas de las formaciones Lisama y La Paz del
Terciario Inferior, que por su alta porosidad permitieron la acumulación del
petróleo[1].
Las formaciones Lisama y La Paz conforman el yacimiento de petróleo más
importante de Colombia, explotado por métodos convencionales desde 1918, cuando
La compañía estadounidense Tropical Oil Company descubrió el primer pozo
comercial del país (Infantas No. 1) en el corregimiento de El Centro, en
Barrancabermeja. A partir de 1951, Ecopetrol asumió el control directo de los
campos y la refinería entregados por Tropical.
En
el Corregimiento de Casabe (Municipio de Yondó, Departamento de Antioquia) en
el mismo Valle Medio del Magdalena), en 1941 la compañía holandesa Shell
descubrió el Campo Casabe un nuevo campo petrolero, geológicamente similar al
campo vecino de Barrancabermeja, hoy también operado por Ecopetrol.
Las formaciones Lisama
y La Paz son reconocidas por almacenar los grandes yacimientos
de petróleo de la cuenca del Valle Medio del Magdalena en los campos De Mares/Infantas en Barrancabermeja,
Yariguí-Cantagallo, localizado a unos 20 km al noroeste de Barrancabermeja, en los
municipios de Puerto Wilches (departamento de Santander) y Cantagallo (departamento
de Bolívar) y de Casabe en el Municipio de Yondó (departamento de Antioquia). La cuenca del Valle
Medio del Magdalena tiene una extensión de 34.400 km2,
donde se dispone de la infraestructura requerida, incluyendo oleoducto y gasoducto,
para el desarrollo de un nuevo campo productor de hidrocarburos no
convencionales, contenidos en la Formación La Luna, explotable mediante la técnica
de fracturación hidráulica, conocida como fracking.
Como afirmé en mi
anterior columna, Colombia enfrenta una crisis inminente de soberanía
energética. Con reservas de gas natural que apenas superan los 5 años. El
déficit de gas natural en Colombia representa cerca del 39 % de la demanda
nacional. El país dejó de ser autosuficiente y actualmente importa una tercera
parte del gas que consume, con una caída del 16,8 % en las reservas
probadas y una drástica reducción en la producción nacional, lo que exige
concentrar todos los esfuerzos para evitar la dependencia de importaciones
costosas y nuevos incrementos en las tarifas. A corto plazo las prioridades
deben orientarse a agilizar los trámites para poner en operación comercial el
proyecto mar adentro (offshore) Sirius y desarrollar el promisorio campo del Valle
Medio del Magdalena.
El desarrollo de
los proyectos gasíferos Sirius (localizado mar adentro, frente a las costas de
la Goajira) y Valle Medio del Magdalena pueden aportar gran parte de los
recursos para financiar la transición energética sustentable hacia las energías
renovables no convencionales, energías solar y eólica, sin afectar la justicia
ambiental para los sectores populares.
Para
la puesta en marcha del proyecto gasífero no convencional del Valle Medio del
Magdalena se han propuesto dos pozos piloto, que se localizarían en el Municipio
de Puerto Wilches, que permitan reducir al máximo los riesgos asociados a la
práctica del fracking, en especial las eventuales afectaciones de los acuíferos
de agua dulce que podrían ser contaminados durante la operación comercial del campo.
Los dos pozos piloto propuestos son: Pozo Kalé, adjudicado a Ecopetrol y Pozo Platero, adjudicado a la
asociación Ecopetrol y ExxonMobil.
Los
objetivos principales de estos dos pozos piloto, que en realidad deberían
llamarse pozos exploratorios, son los siguientes; 1) Determinar el potencial de
hidrocarburos contenidos en la Formación La Luna. 2) Evaluar la viabilidad técnica y económica de
desarrollar una explotación comercial del yacimiento, mediante la técnica de
fracking y 3). Definir si es seguro usar esta técnica sin causar daños
ambientales irreversibles. A la información que aportarán los pozos piloto propuestos,
se suma toda la experiencia acumulada por Ecopetrol durante los últimos 75 años
en la explotación convencional del gran campo petrolero del Valle Medio del
Magdalena.
Registremos
con gran complacencia las declaraciones del futuro ministro del Ambiente, el biólogo
Fabio Arjona, cuando, en entrevista con Blu Radio del pasado 3 de julio,
sostuvo que “la principal tarea que tendrá su administración en materia de
explotación de hidrocarburos será hacer un fracking responsable con la ayuda de
los otros ministerios”. Esto debe interpretarse como dar vía libre al pozo
piloto y a la posibilidad de la explotación comercial del gran futuro campo
petrolero del Magdalena Medio por métodos no convencionales (fracking).
Esperamos que el futuro gobierno del presidente Abelardo de La Espriella
acierte en el nombramiento de un buen ministro de Minas y Energía.
[1] Esta hipótesis, no canónica en la
comunidad geológica, explica la migración del petróleo del Valle Medio del
Magdalena desde la Formación La Luna hacia formaciones terciarias. Para el
autor resulta la más plausible, ya que se basa en eventos ampliamente
aceptados. Para este columnista toda
investigación debe partir de la formulación de la hipótesis más simple hacia lo
más complejo, no al contrario.