Alberto Lleras Camargo fue uno de
los grandes presidentes de Colombia (1958-1962) cuando terminó la Dictadura de
Gustavo Rojas Pinilla y dio comienzo a la colaboración patriótica entre los
partidos Conservador y Liberal, el llamado Frente Nacional, diseñado por los
Acuerdos de Benidorm y Sitges, para que el país retornara a la vida civilizada
y democrática, y avanzara en una paz constructiva y duradera que terminara con
la violencia política que amenazó la existencia republicana entre 1934 y 1957.
Lleras Camargo siempre leyó sus
discursos para no dejarse llevar por la emoción de la masa. Liberal hasta la
médula, y girando un poco a la Izquierda. Ese Lleras Camargo le fue leal a
Alfonso López Pumarejo (1942-1946) en su segundo Gobierno, al punto de sofocar
un golpe de Estado durante el cual fue detenido López en Pasto. Cuando López
Pumarejo renunció en este Gobierno, Alberto Lleras Camargo terminó el mandato.
Alberto Lleras Camargo fue un
gran periodista, fundador de la OEA y su primer secretario general. Escribió en
noviembre de 1957: “…en el mundo hay dos grandes revoluciones industriales
en marcha: la capitalista, iniciada hace ciento cincuenta años, la comunista,
apenas hace unos treinta y cinco. La lucha entre esas dos revoluciones es
implacable, pero los instrumentos son idénticos, y curiosamente, ciertas
finalidades se aproximan cada vez más. Sólo que la capitalista produce en una
atmósfera de libertad, todo género de máquinas, bienes, servicios, de los
cuales deriva satisfacción y provecho tanto el que los produce como el que los consume
y emplea. Y la otra, al menos hasta ahora, se parece cada vez más a las
religiones bárbaras que sacrificaban continuamente seres humanos, cosechas y
ganados para apaciguar la inexhausta cólera de dioses de inescrutables
designios. Así, la revolución industrial capitalista tiene un aire alegre y un
ritmo optimista. Una competencia frenética y estimulante ofrece todos los días
nuevas máquinas y una serie de juguetes de dudoso interés práctico, que, sin
embargo, no son obligatorios para nadie, ni hacen otra cosa que producir más
trabajo, más salarios, más consumidores de juguetes. La vida, dentro de ese
ambiente, puede hacerse pueril, menos honda y sabia que lo que fue la de
ciertas castas sociales que heredaron las ventajas del ocio fecundo. Pero la gran
masa tiene por primera vez estos juguetes, y no conoció otros. La revolución
industrial comunista trabaja con la misma intensidad para producir, torpemente,
los mismos juguetes, servicios y bienes. Pero cada una de sus fábricas tiene
que apoyarse sobre millares de hombres armados, cárceles, persecuciones,
violencia estatal, porque es el Estado el empresario sin competencia interna
posible, y porque todo el poderío industrial no es sino uno de los resortes de
un mecanismo político de dominación minoritaria.” (Alberto Lleras Camargo;
Nuestra Revolución Industrial; Aedita Editores Ltda. Cromos; 1957; Pags 20 y
21)
Esta es la coyuntura en la que
estamos sometidos todos los colombianos este próximo 21 de junio: capitalismo o
comunismo.
Quería tener una mujer de presidenta
de Colombia y por esa razón, además de estar más en el Centro Político, voté
por Paloma Valencia y por Juan Daniel Oviedo. No llegaron a la segunda vuelta
presidencial. Creo, en mi opinión, que las dos vueltas presidenciales tienen un
objetivo: en la primera vuelta se vota por quien uno quiere; en la segunda
vuelta se vota contra quien uno no quiere.
Así las cosas, siendo una persona
del Centro Político, considerando los argumentos del Dr. Alberto Lleras
Camargo, dos veces presidente de Colombia, quien a pesar de estar en orillas
muy diferentes decidió viajar a Europa para reunirse con su enemigo político,
Laureano Gómez, para pacificar el país y poner el hombro juntos, hago público
mi voto en esta segunda vuelta presidencial por la fórmula Abelardo de la
Espriella y su excelente vicepresidente, José Manuel Restrepo. Estos
representan el capitalismo. Los otros dos representan el comunismo.
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