Luis Alfonso García Carmona
Ha ganado Colombia.
Hemos ganado todos los colombianos, aún los que no votaron por Abelardo, pero
que vivirán en un país mejor, con más oportunidades para todos si se confirma
este resultado el próximo 21 de junio.
Lo primero que
descubrimos fue el nacimiento, por primera vez, de un movimiento popular,
no maquinado en los lujosos salones de la capital, sino en las calles y plazas
de todas las regiones. No se trata de una “empresa electoral” como
tantas que se forman para llevar un grupo de amigos al poder y desde allí
repartirse lo que pueden del presupuesto, la nómina y las prebendas del Estado.
Defensores de la Patria, por el contrario, es la expresión
multitudinaria de un pueblo hastiado de la explotación sufrida bajo el yugo de anteriores
gobiernos, exacerbada a límites imposibles de soportar en el régimen actual.
No podía haber surgido
este fenómeno en nuestra historia política sin la sabia conducción de su líder,
Abelardo de la Espriella. Logró llegar al corazón de las gentes con su
lenguaje directo, con la explicación de sus propuestas sin concesiones a lo que
se conoce como “políticamente correcto”, con su inteligencia excepcional para
sortear las dificultades y controvertir a sus oponentes, con su ejemplo de vida
dedicada a su familia, a la defensa de sus creencias, y su exitosa experiencia
en la administración empresarial.
Se destapó sin ningún
rubor el maquiavélico propósito del régimen de perpetuarse en el poder para
convertir a Colombia en otro país esclavo del comunismo. Para ello se
eligió, como heredero de Petro, a Iván Cepeda el amigo y colaborador de
las FARC; se dedicaron a saquear los fondos de Estado y a contratar toda
clase de empréstitos para financiar la compra de votos. Tanto el presidente
como sus ministros y funcionarios regionales del Pacto Histórico se han
dedicado descaradamente a hacer política en favor del heredero. Nunca se había
presenciado un derroche igual de corrupción y de malversación de dineros públicos
con fines electorales. Paralelamente, los grupos guerrilleros, aliados del Gobierno,
pues este los ha beneficiado con la falaz política de la “paz total”, se han
encargado de tomarse gran parte del territorio nacional hasta el punto de que
allí, ningún candidato diferente a Cepeda puede entrar ni hacer difusión de sus
propuestas. La población ha sido amenazada para que vote por el candidato de
los narcoguerrilleros. Cada votante debe tomar foto a su voto antes de depositarlo
en la urna para demostrar que está cumpliendo con el constreñimiento.
Se ha librado la
batalla más difícil para la democracia en Colombia. Un movimiento que arrancó
con el grito desesperado de “fuera Petro” en los estadios y calles de
Colombia tuvo que convertirse en pocos meses en la primera fuerza política
del país, en contra de los desvalorizados partidos políticos, los grandes
capitales, los medios de comunicación, la maquinaria oficial, los grupos de
narcotraficantes y un sector de colombianos que no comprendieron inicialmente
todo lo que se juega Colombia en esta elección.
Pudo más el tesón de
Abelardo, a quien todos conocen ahora como “el tigre” y la pasión patriótica de
10.000.000 de compatriotas dispuestos a jugárselo todo por esta Patria que nos
pidió ayuda en sus horas más oscuras. El macabro plan de Petro fracasó. Contaba
con derrotar a la democracia colombiana en la primera vuelta, pero algo se
interpuso en su torvo camino. Estoy seguro de que fue la mano del Creador y
la protección de la Santísima Virgen María. Es hora de que empecemos a orar
por este rayo de esperanza que el amor divino nos ha enviado. Una prueba más de
que este es el único amor eternamente fiel, que jamás nos desamparará. Pidamos
también para que su obra de amor concluya con la derrota de la amenaza
inminente del comunismo en la segunda vuelta.
