José Alvear Sanín
El comportamiento de los medios colombianos me
hace recordar la pregunta de Winston Churchill sobre Irlanda, durante la
guerra: ¿neutral contra quién?
Una cosa es que los medios deban ser veraces y
objetivos, y otra bien diferente la simulación, tanto de lo uno como de lo
otro. Siguiendo la falacia de que todas las opiniones son respetables, han
elaborado una cierta “neutralidad” acomodaticia y clandestina, que llega
incluso a una productiva complicidad, especialmente en sus relaciones con los
poderes públicos.
Desde luego, entre dos posiciones respetables,
los medios deben informar con verdad e imparcialidad a sus lectores,
suscriptores y oyentes, lo que es bien diferente de la neutralidad entre
posiciones que moralmente exigen tomar partido.
No estoy reflejando una actitud de tipo moral o
religioso, obligatoria para los creyentes, porque quiero referirme apenas al
ámbito de la política donde —como lo explicó didácticamente De la Espriella a
una periodista sesgada— no siempre lo legal coincide con lo moral y ético.
Cuando se trata, por ejemplo, de la defensa del
orden constitucional, los medios no pueden ser neutrales entre quienes
defienden la concepción del Estado de derecho y aquellos que se comprometen con
la abolición violenta del orden legítimo, para imponer la revolución comunista.
En Colombia, temas fundamentales como la
inviolabilidad de la vida, el cumplimiento de la Constitución, la defensa de la
propiedad privada, el imperio de la seguridad ciudadana, el monopolio estatal
de la fuerza, la preservación de un modelo económico racional, etc., no se
discuten entre opiniones sólidas y respetables. Por el contrario, la controversia
se motiva desde puntos de vista políticos o de conveniencia económica. Las
conductas más reprobables escapan a la censura de los opinadores profesionales,
y las iniciativas más perjudiciales se tratan como meros asuntos de trámite
rutinario. Por ejemplo, los partidos de extrema izquierda revolucionaria son
contemplados como opciones válidas dentro de una óptica dizque “pluralista”,
omitiendo su carácter nefasto y destructor de todo lo perfeccionable que el
país ha construido en siglos.
Los gringos hablan de hawks and doves
para referirse al contraste entre quienes participan en debates. Así opera la
“neutralidad” de nuestros medios, donde para la promoción de las iniciativas
más dañinas, escogen buitres, gallinazos y gavilanes de extrema izquierda, con
el fin de enfrentar débiles golondrinas… para, de esa manera, desorientar, en
especial esas teleaudiencias que no tienen conocimiento profundo de ningún
asunto y todo lo oyen en el sopor de quien oye llover después de cenar.
Ahora bien, un electorado al que hacen creer
que el ideólogo de la subversión y candidato de las guerrillas es un caviloso
filósofo y defensor de los derechos humanos, acaba aceptando un monstruo de
odio, resentimiento y fanatismo como candidato normal y posible presidente.
No es el momento de citar los centenares de
casos en los que la neutralidad de los medios equivale a prender una vela a
Dios y otra al diablo, conduciendo a la desinformación generalizada, a la
indiferencia mental y al conformismo que ha hecho posible que todo un país
tolere cuatro años de corrupción e infamia.
En ese clima deletéreo van a transcurrir los
próximos y definitivos veinte días, bajo un gobierno criminal, dispuesto a
desconocer los resultados electorales. Y si Petro, finalmente da su ansiado
autogolpe, no faltarán aves carroñeras, capaces de defender el aplazamiento de
los comicios y la constituyente que vendrá “para que sean posibles unas
elecciones libres”.
¡Con tales medios masivos, antes no nos ha ido
peor!
.jpg)