Luis Guillermo Echeverri Vélez
Dice
el adagio popular: “más vale camino conocido que sendero desconocido e
incierto por recorrer”. Después de la traición a la seguridad democrática y
al electorado colombiano, aquí puede pasar de todo antes, durante y después de
unas elecciones, pero suponiendo que se surtan normalmente los comicios, hay
que hacerse algunas consideraciones y preguntas.
Nos
preside un revolucionario desquiciado que está violando la ley de garantías
mediante el aparato propagandístico del Estado sin reparo judicial alguno. Está
la democracia entrampada y asediada por quienes ejercen el poder a nombre del
mal llamado progresismo o Pacto Histórico afiliado al SSXXI, cómplices de la
violencia de las grandes organizaciones subversivas narcoterroristas conectadas
con el terrorismo internacional.
Petro
es capaz de cualquier cosa por fuera de la ley con tal de que no lo metan a la
cárcel después de auspiciar todo tipo de crímenes y acciones tendientes a la
destrucción económica e institucional del Estado, del sector productivo y del
capital humano del país. El Gobierno insiste en la realización de una Asamblea
Nacional Constituyente que imponga el cambio del modelo de libertades
democráticas por la consolidación y ejercicio del poder bajo una dictadura
constitucional totalitaria, y Cepeda, que cuenta con una fuerza política
parlamentaria propia, trata de deslindarse de las FARC-EP, y ahora le propone
al país productivo y a los gremios la “gran trampa chavista”: que consiste en
la extensión de su falsa “paz total” al empresariado por medio de un “acuerdo nacional
vinculante”.
Si
ganan Petro y Cepeda, Colombia entra de forma inmediata en la consolidación del
modelo Castro-chavista que generó el ALBA sobre las bases ideológicas que
llevaron a Cuba, Nicaragua y Venezuela a la miseria. Pero veamos qué puede
pasar en el país si pierde el progresismo.
Es
previsible que, si gana alguno de los candidatos que compiten en representación
de la democracia, ese progresismo obre de la misma forma en que lo hizo en 2018
cuando Petro, Bolívar y Cepeda no reconocieron la victoria democrática de
Duque, tuvieron a su gobierno y a la sociedad asediados durante todo el mandato
y trataron de tumbar el Gobierno en 2021, con la diferencia de que ahora van a
tener manejo de los organismos de control, las cortes y otras instituciones del
Estado. Y en estas condiciones y considerando que las fuerzas armadas
constitucionales están desmotivadas, mal dotadas, sin armamento adecuado y no
tienen inteligencia, transporte, ni supremacía aérea, hay que preguntarse:
¿A
cuál candidato le queda más difícil sacar del poder democrático a los violentos
neocomunistas? ¿Al que representa una extrema derecha que no ha existido desde
los años 50, que no tiene experiencia política ni representación parlamentaria,
ni en las cortes y en los entes de control; o a una mujer transparente e
insobornable, con experiencia parlamentaria, respaldada por la credibilidad de
Uribe como el líder regional que más ha defendido la democracia latinoamericana
contra la destrucción Castro-chavista sistemática de nuestras naciones, y que
además tiene un partido consolidado con amplia representación política?
¿Quién
puede llevar más fácil al país a entrar en una autocracia o una dictadura de
extrema, lo cual puede desembocar en una nueva forma de guerra civil? o ¿a
quién le queda más fácil buscar respaldo de Washington e internacional para
llegar a una solución democrática por la vía política contando con el respaldo
de la credibilidad de Uribe?
Colombia
tiene una tradición democrática defendible de más de 200 años, y una cosa es
tener una presidente respaldada por la credibilidad internacional de Uribe que
se sume al grupo de mujeres transparentes como María Corina Machado, Cayetana
Álvarez de Toledo, Laura Fernández, Isabel Díaz Ayuzo y otras líderes valientes
que están dando la batalla cultural por la libertad de las democracias
occidentales; y otra muy distinta, es luchar sin una credibilidad acreditada
contra los enfrentamientos y disputas de poder por los territorios donde operan
el narcotráfico y la minería ilegal que de manera casi inevitable ocurrirán
después de las elecciones entre más de una docena de organizaciones criminales
narcoterroristas.
Este
es un llamado a reflexionar y a votar con cabeza fría, sin fanatismos, a apoyar
al gran contradictor político del progresismo internacional, al guerrero
probado más consistente en la lucha sin tregua contra el terrorismo, la
insurrección, el narcotráfico y toda la corrupción y criminalidad que de estas
actividades ilegales se desprenden, a quien siempre ha demostrado con su lucha
que a pesar de que todos los pronósticos le sean adversos “No hay causa
perdida”.
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