Luis Alfonso García Carmona
Seamos conscientes de
que estamos frente a unas elecciones atípicas, en las que no se decide
solamente sobre el relevo de un partido en el Gobierno o el cambio de
presidente. Seamos claros: lo que está en juego es la clase de país que
queremos. La continuidad del régimen narcocomunista, el deterioro de la
seguridad, el caos en la economía, la exacerbación de la corrupción, el colapso
de los servicios de salud y la falta de ética en el manejo de los asuntos
públicos, o, por el contrario, la lucha sin pausa contra la droga, el desarme
de los grupos narcoguerrilleros, la implantación de una verdadera
justicia, la recuperación de la economía, la rebaja de las cargas
tributarias, la generación de empleo y el bienestar para todos.
Los partidarios del continuismo,
es decir, el régimen neocomunista, con sus aliados guerrilleros,
narcotraficantes, sindicalistas de Fecode y fanáticos del Pacto
Histórico, a falta de argumentos para justificar el pésimo legado de su
“desgobierno” se han inventado una serie de falacias que aquí vamos a desnudar:
1. Todos los desastres
que ocurren por acción u omisión del régimen, de inmediato son atribuidos a
otros, principalmente a lo que ellos denominan la “extrema derecha”. Todos
los colombianos de bien nos conmovimos ante la crueldad de las masacres
cometidas en el Cauca, donde asesinaron más de 20 pasajeros de un bus y dejaron
48 heridos de gravedad. ¿Saben qué dijo el candidato de las FARC y de Petro? “Resulta
profundamente preocupante que estas acciones terroristas se presenten en
regiones del sur del país donde existe un amplio respaldo ciudadano a nuestro
proyecto político. Surge una inquietud legítima sobre si, además de causar daño
y zozobra en la población, estos hechos buscan generar un clima de miedo que
favorezca intereses de sectores de extrema derecha empeñados en desestabilizar
el país y entorpecer el desarrollo democrático del proceso electoral.
Solicito a las autoridades esclarecer con rigor este contexto y posibles
motivaciones".
¿De verdad cree eso el
señor Cepeda, o es que nos cree absolutamente imbéciles a los colombianos, que
sabemos que la responsable de la violencia en el Cauca es las FARC, el mismo
movimiento que apoya su candidatura? Mientras se perpetraba este horrible
genocidio, Petro celebraba su cumpleaños con sus amigotes y no cumplió ni con
el deber elemental de preocuparse por esta trágica violación del orden
público, como es su deber constitucional. Pero, sin tener ninguna prueba,
al lunes siguiente, durante el consejo de ministros, profirió la siguiente
acusación: “No me extraña que los grupos del Cauca estén tratando de
sabotear elecciones. ¿Qué es lo que quiere la junta del narcotráfico? “Que
la extrema derecha gobierne a Colombia como en Ecuador”. Vuelve con la
historieta de la “extrema derecha” y repite su referencia a una “junta del
narcotráfico “que sólo existe en su calenturienta imaginación. Como dice el
refrán popular, primero cae el mentiroso que el cojo. Las disidencias de las
FARC (Estado Mayor Central), bajo el mando de alias 'Iván Mordisco',
reconocieron su responsabilidad en el atentado con explosivos en la Vía
Panamericana (Cauca, Colombia) que dejó un autobús de pasajeros y otros
vehículos afectados, resultando en al menos 20 civiles muertos. El grupo armado
admitió que el ataque, perpetrado con un cilindro bomba en el sector El Túnel
(Cajibío), fue una acción de su estructura armada. En un comunicado,
calificaron el asesinato de los pasajeros como un "error táctico sin
justificación". ¿En qué quedan, entonces, las falsas acusaciones de
Cepeda y Petro contra lo que llaman “la extrema derecha”?
Aclaremos de una buena
vez que en Colombia no existe una extrema derecha, Ese es el adjetivo que
utilizan los enemigos del país para estigmatizar a quienes no sigan sus maléficas
doctrinas. En los presentes comicios hay tres tendencias con alguna posibilidad
de llegar al poder: a) Los “Defensores de la Patria” que propugnan por
el orden, la seguridad, la protección de la familia, la recuperación del
sistema de salud, el castigo a los criminales. b) El continuismo del
régimen narcocomunista de Petro, encarnada en su heredero Iván Cepeda,
candidato de las FARC y c) Los que se autodenominan “de centro” con su
candidata Paloma Valencia. Aquí la única extrema que existe es la de la
izquierda coherente con su ideología marxista y con postulados como el de la
lucha de clases, el totalitarismo y la eliminación de las libertades.
2. Se ha utilizado para
engañar a los incautos la bandera de la paz. Así lo hicieron para
vendernos el humillante Acuerdo de La Habana, que no nos ha dejado sino
violencia, miseria, corrupción e impunidad. Ya descubrimos que la paz total de
Petro no era para conseguir la convivencia entre los que pensamos diferente
sino para milicianizar al país, sembrar el terror en campos y ciudades, y
perpetuar a la extrema izquierda en el poder. No somos tan estúpidos como nos
creen estos campeones de la mentira y el engaño.
3. No solamente el petrismo
acude a estas falacias para engañar al electorado. También entre quienes
debieran hacer oposición cerrada al régimen, se busca captar votos con el
truco de la polarización. Empecemos por precisar que la polarización exige
dos bandos enfrentados violentamente. En Colombia solamente tenemos un agresor,
el régimen petrista que, en lugar de gobernar para todos los colombianos
como lo establece la Constitución, se ha dedicado a perseguir a todos los que
no comparte su ideología y a destruir todos los sectores de la sociedad. Ante
ese persistente ataque a nuestras instituciones y nuestras creencias, tenemos
derecho a defendernos, pero ello no constituye, de ningún modo, una
polarización.
4. Asimismo, se ha
echado mano de la unión y del pluralismo como panaceas para
conseguir el país ordenado que ansiamos todos. Estas no dejan de ser otras
peligrosas trampas con un oculto propósito. La unión no es, por sí misma, una
garantía de mejoramiento. ¿Cuántas coaliciones, alianzas, acuerdos partidistas
han resultado un fiasco? Lo que importa no es la unión, sino para qué se pacta,
cuáles son sus objetivos, con quiénes se debe pactar y con quiénes no es
posible hacerlo. Eso ya lo aprendimos sobradamente los colombianos. Lo mismo
ocurre con el pluralismo. Sumar en un amasijo a representantes de
diferentes corrientes para que sean estos los que gobiernen en el caso de que
triunfen en las elecciones no haría sino aumentar el caos. ¿Cómo se puede
garantizar la seguridad y la lucha contra la impunidad con representantes del santismo,
padre del Acuerdo de La Habana y de la JEP? ¿Se podrá revertir los daños
causados por la administración de Petro con representantes de los partidos que
hicieron parte de la coalición de Gobierno y aprobaron las reformas a la salud,
a las pensiones, al régimen laboral, y autorizaron a Petro a incrementar el déficit
fiscal? Todos esos partidos que ahora apoyan a Paloma fueron los socios de
Petro para destruir al país y ahora dizque hay que apoyarlos en nombre del
“pluralismo”. Si lo hacemos, incurriríamos en la extrema imbecilidad y
no estamos preparados para ello. Preferimos pertenecer a la extrema
coherencia con nuestros valores cristianos, con nuestros principios democráticos,
con la rigurosa aplicación de la ley a los delincuentes, con la protección al
niño y a la familia, con la ayuda al pequeño emprendedor y al gran empresario
para que puedan generar empleo, con la eliminación total de los cultivos
ilícitos, con la aplicación de una justicia honesta y oportuna, con la
persecución al contrabando y la corrupción y con la creación de la patria
milagro” en la que podamos trabajar y progresar todos los colombianos.
