Luis Alfonso García Carmona
A un poco menos de un
mes y medio para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, se asoma
un poco de claridad sobre el destino futuro del país, aunque persisten serias
incertidumbres que nos generan preocupación.
Se ha ido consolidando
el movimiento popular con mayor posibilidad de derrotar al narcocomunismo que
representa Iván Cepeda, candidato del Gobierno, de la narcoguerrilla y
de las ilegales guardias indígenas. Los “Defensores de la Patria” no es
simplemente un slogan de campaña, sino un movimiento popular
nacido del rechazo casi unánime del pueblo, hastiado de los abusos del
poder por parte de un régimen tiránico y de unas trapisondas electoreras de
quienes nos han conducido a esta catastrófica crisis. Sin el patrocinio de los
obsoletos partidos de siempre, sin el apoyo de los grandes inversionistas y en
contra de toda la maquinaria oficial y de sus aliados, Abelardo de la
Espriella continúa ganándose el fervor de la gente con su lenguaje sencillo
pero contundente, y con su inquebrantable voluntad de derrotar a la izquierda
narcocomunista y desterrar de la gestión pública la corrupción, el
clientelismo, y el aprovechamiento de los recursos estatales en beneficio de
unos pocos, como acostumbran los politiqueros de siempre.
Ha calado profundamente
este lenguaje en las gentes buenas de Colombia, que somos la mayoría. Así lo ha
demostrado con 5.200.000 firmas de apoyo a su candidatura, llenando todos los
espacios donde se presenta y difundiendo sus mensajes de esperanza por las
redes sociales. Contra todos los cálculos, las encuestas fletadas y la guerra
sucia armada por sus contradictores, la victoria electoral del “tigre” es cada
día más probable.
Mientras tanto, en el “palomismo”
se juntaron los escasos apoyos electorales de quienes aparecían en la cola del
favoritismo, no para vencer a Cepeda sino para evitar la llegada de Abelardo a
la primera vuelta, pero han cometido varios errores monumentales que el pueblo
soberano les cobrará en las urnas:
1) Desde su inicio la
consulta fue infiltrada por el santismo como lo evidencia el
haber designado al jefe de campaña de Santos para dirigir la de la consulta.
Varios de sus ministros (Mauricio Cárdenas, Juan Carlos Pinzón, David Luna)
participaron en la consulta. ¿Cómo pueden los colombianos acompañar a los
amigos de Santos, quien entregó el país a las FARC y otorgó curules gratis
en el Congreso a sus cabecillas?
2) Recogió la consulta
otros activistas llamados “progresistas” que han defendido valores
contrarios a los principios cristianos y democráticos que forman parte de
nuestro patrimonio cultural e ideológico, tales como David Luna, quien está a
favor del matrimonio igualitario, la cannabis recreativa, el aborto y la
eutanasia, y a Enrique Peñalosa, eterno candidato del Partido Verde.
3) Siguiendo la vieja
práctica de las componendas políticas para conseguir respaldos electoreros a
cambio de la renuncia a los valores tradicionalmente practicados,
seleccionó la candidata como fórmula vicepresidencial a Juan Daniel Oviedo,
quien defiende: a) el funcionamiento y la financiación de la JEP, para
prolongar la impunidad y el despilfarro; b) continuar los inútiles diálogos
con los grupos de narcoguerrilleros y terroristas en lugar de aplicarles la
ley rigurosamente; c) garantizar los supuestos derechos de la comunidad
LGTBQI+ tales como el matrimonio gay, la adopción de niños por parejas del
mismo sexo, la educación sexual “inclusiva” desde la más tierna infancia, y la
“hormonización” química de niños en situaciones excepcionales de identidad de
género. ¿Podrá alguien que se llame cristiano o que se haya identificado con
nuestros valores fundacionales, votar por la coalición del “palomismo”? El
efímero momento de gloria que significó el triunfo en la consulta se esfumó con
la huida de quienes no comulgamos con estas perversas ideologías ni
permitiremos jamás que sus defensores lleguen a la presidencia.
4) No entiende el
“palomismo” por qué salieron corriendo las masas del Centro Democrático hacia las
toldas de Abelardo, ni por qué, quienes han defendido al partido y a sus jefes,
como Fernando Londoño o Eduardo Mackenzie, retiraron públicamente su respaldo a
la candidatura de la dupla Valencia - Oviedo. Para mitigar esa pérdida están
ahora dedicados a buscar el apoyo de todos los partidos que han apoyado al
gobierno de Petro (La U, Partido Liberal, Partido Conservador) y activistas de
cualquier procedencia, Ya su ideología no importa, sólo los votos que promete
aportar. El error consiste en creer todavía que los votos son transferibles
como moneda de cambio. Cada colombiano es dueño de su voto y no votará por
quienes venden su pensamiento a cambio de un plato de lentejas.
Se perdió la
oportunidad de formar una gran coalición de verdaderos opositores al petrismo,
como lo propuso Abelardo en diciembre del 2025. Solamente nos resta votar
por esta candidatura que, no solamente está dispuesta a derrotar al narcocomunismo,
sino también a desterrar al crimen, la corrupción, y todo el triste legado del
régimen y de sus aliados, para que juntos, los colombianos de a pie, los que
nunca hemos vivido de la infame politiquería, construyamos la “patria
milagro” que dejaremos a nuestros hijos y nietos.
