viernes, 13 de marzo de 2026

La república de las fobias

Fredy Angarita
Fredy Angarita

El 15 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra la Islamofobia[1], una fecha creada por las Naciones Unidas desde el 2022, para recordar que el miedo también puede transformarse en discriminación. ¿Será que en estos catorce días que lleva la guerra se va a tener presente esta fecha?

Las fobias no solo viven en los conflictos religiosos. También parecen haberse instalado en la política. Vamos a hacer un breve recuento de algunas de ellas.

En Colombia la política se parece cada vez más a un diccionario de fobias
[2]
. No de esas que se estudian en los manuales clínicos, sino de las que se incuban en los pasillos alfombrados del poder, donde el miedo no se diagnostica, pero se practica todos los días.

Hay miedo a perder el cargo, miedo a perder la influencia, miedo a perder la próxima elección. Y en ese inventario silencioso aparecen viejas palabras que describen mejor la política que muchos discursos: demofobia, el temor a la gente cuando deja de aplaudir; diquefobia, el miedo a la justicia cuando esta comienza a tocar la puerta, y atiquifobia, el miedo a fracasar cuando el país empieza a mirar con lupa a quienes gobiernan.

Mientras tanto, el escenario político colombiano se reorganiza como una partida de ajedrez que todavía no revela todas sus jugadas. Las fórmulas vicepresidenciales se insinúan como pactos que buscan tranquilizar regiones, equilibrar partidos o domesticar electores inquietos. No siempre nacen de la afinidad política; muchas veces nacen del cálculo.

Al mismo tiempo, en el Congreso se libra otra batalla, menos visible, pero igual de feroz: la de quienes entran y la de quienes van a salir. Cada elección legislativa despierta una ansiedad que, en términos médicos, podría llamarse atiquifobia electoral: el miedo a que el apellido ya no alcance, a que la maquinaria se oxide.

Y en medio de ese movimiento hay algo que pesa más que cualquier estrategia: las sillas vacías. No solo por la ausencia física de algunos congresistas salpicados por el escándalo de la UNGRD, sino por el símbolo que dejan. Porque una silla vacía en política nunca está realmente vacía. Está llena de sospechas, de silencios y, sobre todo, de esa vieja compañera del poder: la diquefobia, el miedo a que la justicia deja de ser un rumor para convertirse en destino.

En la política colombiana abundan las fobias al pueblo, a la justicia y al fracaso. La única que parece haber desaparecido es la catagelofobia: el miedo a hacer el ridículo.



[1] Islamofobia: miedo, odio, prejuicio o discriminación sistemática hacia el Islam y los musulmanes.